Thursday, March 22, 2007

LA MUERTE ME DA RISA

LA MUERTE ME DA RISA

Por José Dávila A.




-Desde que naces empiezas a morir. Yo soy quien muevo el segundero de tu vida y decido cuando detenerlo. Soy la muerte...
Sí, soy tu sombra, vigilo tus pasos y me unto a tus huesos. Duermo y respiro a tu lado. Jamás te abandono; se quién eres, qué haces, cómo piensas, hacia dónde vas. Soy, en pocas palabras, tu vigilante, juez y verdugo.
-Simplemente tu existencia es cuestión de tiempo, de la casualidad o de capricho. Todo depende del humor con que me despierte cada mañana. Y no es para menos, después de la pesada carga que algún despistado me impuso desde el primer segundo de la tan discutida teoría del Big Bang.
-Por desgracia soy inmortal desde hace más de 15 mil millones de años y no he gozado de un solo día de descanso. Jamás me han pagado horas extras y ya ni hablemos de unas cortas vacaciones en una playa paradisíaca o el pago generoso de un aguinaldo a fin de año. La despiadada explotación de que he sido objeto demanda de una exhaustiva revisión de la Ley Universal del Trabajo. ¿En dónde se han arrinconado mis derechos humanos? ¡Estoy harta! ¡Sí, estoy harta de que siempre me maldigan! ¡De que siempre se me invoqué con sentimientos de venganza! ¡De que me apiade de quien sufre sin salvación! ¡De que siempre tenga la culpa de que cualquier ser viviente exhale su último aliento! Bonita cosa. Se me condena sin presentación de pruebas. ¡Vaya, hasta se me culpa de la gripe aviar! Esto no es justo. Mientras el mismo el universo envejece, yo juego el papel de Dorian Gray.
-A fin de cuentas, tengo el poder infinito: Ningún ser viviente de cualquier raza o especie jamás ha podido ni puede ni podrá evadirme. Y no hablemos de la humanidad que desde Adán y Eva, o desde el famoso eslabón perdido, siempre se me ha invocado para bien o mal. Eso sí, nadie se equivoca en desear que le corte al pescuezo a otro y no así mismo porque que me temen. Aprecian la vida porque les gusta vivir. Hay muchos placeres que disfrutar, como tentaciones desafiar.
-Se puede ser malo o bueno; eso es de cada cual. Ahí no interfiero. Cada quien es como desea ser. Simplemente vigilo y si me simpatiza le concedo el tiempo que demanda para conocerse a sí mismo. Si me cae mal, de un guadañazo le cortó la cabeza sin mayor explicación. Al respecto, debo reconocer el genio de los geniales retratistas que me han proporcionado una imagen tétrica; con negro gabán y capucha o con el esqueleto al aire, pero siempre con una sonrisa más enigmática que la Giocanda. ¿Por qué? ¿Acaso lo has pensado? ¿No has reparado en ello? Mi indefinida gesticulación de mordaz alegría es el símbolo de mi inmenso poder. Nadie se me escapa vivo...
-¡La vida es bella!, piensan unos. ¡La vida es miserable!, aseguran otros. La vida hay que vivirla con alegría mientras exista tiempo, yo concluyo. ¿O no...?
-¿Y los más? Los pobres ignorantes creen que yo me presentaré cuando lleguen a viejos y de remate, jubilados... ¡Ay, cuánta estupidez! En pleno siglo XXI , el hombre todavía no entiende la razón de mi existencia. Al caso, sólo unas preguntas: ¿Qué harían si yo no existiera? ¿Qué harían si nadie muriera, si mis colegas del Apocalipsis no me echaran una manita con las guerras, la hambruna, las plagas, los infartos al miocardio y los cigarros? Deben entenderme, sin mí, el mundo sería una locura, simplemente ya habría reventado de tantos hombres, mujeres y niños apiñados unos sobre otros, como pirámides humanas hasta llegar al cielo.
-Sería un monstruoso hormiguero desordenado, sin deseo de ofender a las hormigas de las cuales el hombre podría aprenderles mucho de su increíble organización y sabiduría. Entonces, la Tierra se desplomaría del sistema solar por el incalculable sobrepeso y cualquier vestigio de civilización desaparecía. Claro, por supuesto, de un tajo yo tampoco existiría. No obstante, en pleno tercer milenio tus congéneres aún se rebanan el seso tratando de entender el misterio de la vida, el porqué late el corazón. Si existe o no la buena fortuna...
-¡Basta de sandeces! ¿Cuándo aprenderán que yo soy el mantiene el equilibrio de la vida en la Tierra? Ah, pero la sabiduría es sinónimo de terquedad; todavía buscan en la ciencia la fórmula para preservar la vida sobre la muerte. En esta materia, algo han avanzado, pero nunca será lo suficiente. La ciencia médica ha progresado mucho y me había ganado tanto terreno, que cuando la gente la podía matar a los 45 años, hoy me sobreviven hasta los 70 y los 80. Es por ello que les invente el Sida...
-Además, como nunca les ha bastado los desastres que desencadeno aliado con la naturaleza, ahora he tenido que inventar un nuevo ingrediente: el terrorismo. ¿Quién puede adivinar que en un buen día tu vecino se ha convertido en un hombre bomba? ¿Acaso no soy genial? De no obrar en consecuencia, el agotamiento de abarrotar cementerios ¡me va a reventar!
-Ve y grita al mundo entero que naciste porque yo lo decidí ¡y punto final! Yo soy tu amo. Bien pude arrancarte el aliento desde el útero de tu madre. Pero no lo hago porque me gusta ver como vas creciendo, pensando, obrando, decidiendo, amando, reclamando, ignorando, protestando, luchando y ¿por qué no?, matando... Y cuando invades mi exclusividad, entonces te mato.
-Quiero confesarte algo: respeto a los que desafían a la vida y tienen agallas para conquistar lo que aparente ser invencible. A ellos les concedo un poco más de vida. En cambio aborrezco a los suicidas. ¡Esos condenados locos no me piden permiso de morirse! Nada mas me descuido un poquito y ¡ zaz! Ya se lanzaron de la azotea de un edificio, bajo las llantas de un autobús a o los rieles del Metro. ¡Malditos e irresponsables cobardes que jamás me pidieron permiso para sucumbir!
-Pero a los que definitivamente no soporto es a los mexicanos que se mofan de mi hasta el hartazgo. Empezando por los apodos con que me han bautizado: “La Calaca”, “La Pelona”, “La Tilica”, “La Huesuda” “La Difunta”.
-Además todos los años celebran mi cumpleaños el dos de noviembre para celebrar grandes francachelas al pie de la tumba de sus difuntos. Ahí los puedes ver, entre que limpian las lápidas y las adornan con flores de cempasúchil, empiezan a tomar tequila a cuello de botella. Mientras encienden velas, cirios y veladoras en torno a la tumba, más “alumbrados” se ponen. Y cuando acaban de poner sobre un mantel pan, sopas, enchiladas, fruta, tortas de frijoles, dulce de calabaza, cigarros y cántaros de pulque, ya están cantando canciones de puro despecho. Y así se pasan toda la noche brindando a mi salud, y yo nada más viendo de antojadizo y deseando echarme un tequilazo entre esternón y costillar.
-Pero hay otras clases de agravio. Reproducen mi calavera con azúcar Mis ojos son lentejuelas de colores y me pintan la nariz con el último grito de la moda. Además en la frente me bautizan con todos los nombres del calendario de Galván: Lencha, Pancho, Jesús, Tito, Manolo, Paco, Pablo, Maquias, Telésforo, Manuela, Emilia, Erika, Pepe, Juan, Tomás y otros que ya no recuerdo, en tanto que sus babosos chiquillos me lamen o me muerden hasta liquidarme. ¡Qué irreverencia!
-Por otra parte hacen ataúdes de madera con un hilito por abajo; cuando lo jalas se abre la tapa del féretro y aparezco como una idiota caricatura. ¡Soy su hazmerreír! Hay otros que me conceden inteligencia y me recrean con un libro en la mano, abrazando a un doctor, porque estos matasanos son mis socios, y los más avezados forman un mariachi de pueblo de puros esqueletos. Hay me tienes tocando el violín, la guitarra, el guitarrón, la trompeta, las maracas, un saxofón, el trombón, la tambora y el clarinete. Y todos, todos estos mexicas, se disfrazan en el Hallowen de muertos y calaveras para asustar a la gente en la calle y pedir dulces y comida a las puertas de cada casa. ¿De cuando acá me han visto echarme un chocolate o comerme un tecojote?
-Y lo que menos resisto es que todavía cuentan chistes a mis costillas y dicen “quererse morirse de la risa! ¡Es el colmo! De veras, en una más de estas celebraciones me voy a morir.

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