<?xml version='1.0' encoding='UTF-8'?><?xml-stylesheet href="http://www.blogger.com/styles/atom.css" type="text/css"?><feed xmlns='http://www.w3.org/2005/Atom' xmlns:openSearch='http://a9.com/-/spec/opensearchrss/1.0/' xmlns:georss='http://www.georss.org/georss' xmlns:gd='http://schemas.google.com/g/2005' xmlns:thr='http://purl.org/syndication/thread/1.0'><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062</id><updated>2012-02-16T14:51:11.864-08:00</updated><title type='text'>La Posada del Cuentero</title><subtitle type='html'></subtitle><link rel='http://schemas.google.com/g/2005#feed' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/posts/default'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default?max-results=100'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/'/><link rel='hub' href='http://pubsubhubbub.appspot.com/'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><generator version='7.00' uri='http://www.blogger.com'>Blogger</generator><openSearch:totalResults>97</openSearch:totalResults><openSearch:startIndex>1</openSearch:startIndex><openSearch:itemsPerPage>100</openSearch:itemsPerPage><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-4734287819334345538</id><published>2009-09-19T12:56:00.000-07:00</published><updated>2009-09-19T13:01:54.340-07:00</updated><title type='text'>EL HOMBRE QUE OLÍA A PESCADO</title><content type='html'>EL HOMBRE QUE OLÍA A PESCADO&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-El niño huele raro –advirtió la nana, refiriéndose al pequeño Lucio&lt;br /&gt;-Cámbiale el pañal –sugirió la mamá&lt;br /&gt;La nana obedeció; con ternura aseó al bebé y volvió a insistir.&lt;br /&gt;-No es el pañal, señora; el niño huele raro..&lt;br /&gt;-Entonces báñalo, por favor.&lt;br /&gt;-Ya lo bañé.&lt;br /&gt;-Pues báñalo otra vez.&lt;br /&gt;Una hora más tarde, la nana repitió.&lt;br /&gt;-El niño huele un poquito mal.&lt;br /&gt;-¿Lo bañaste bien?&lt;br /&gt;-Sí, y muy bien, señora.&lt;br /&gt;-¿Qué quieres decirme?&lt;br /&gt;-Huele como a pescado, señora.&lt;br /&gt;Así se marcó la vida de Lucio. Una vida extraña, triste y desolada. Una existencia secuestrada de libertad y sentenciada al destierro.&lt;br /&gt;Poco tiempo después de su nacimiento, le bañaron y le bañaron hasta acabarse los jabones. Cuando se pensaba que el hedor  por fin desaparecía, inclemente retornaba. La suerte estaba echada: fuese niño, adolescente, joven o un hombre hecho y derecho,  arrastraría tan severo estigma. En la misma medida que Lucio crecía, el olor en el aliento, el sudor y la orina, se tornaba más penetrante. Difícil resultaba mantenerse a su lado; pese a todo.  los padres confiaban en el tiempo: Su organismo corregiría lo incorregible.&lt;br /&gt;Consultaron una larga cadena médica con eslabones de pediatras, especialistas y curanderos.. Cada uno de ellos especulaba; tan insólita emanación corporal podría derivarse por falta de higiene, gingivitis, infección urinaria o alguna desconocida enfermedad del hígado o el riñón. En pocas palabras, no tenían respuesta. Terminaban por encogerse de hombros&lt;br /&gt;Con el paso del tiempo, Lucio nunca se acostumbró al fastidioso olor a pez. Pronto empezó a sufrir las consecuencias: cuando salía a la calle, los gatos, relamiéndose los bigotes, lo asediaban con el hambre retratada en la mirada. La solución fue comprarle un perro guardián, el cual, renuente, lo defendía a causa de su nobleza y lealtad, más no por la desagradable emanación del pequeño amo.&lt;br /&gt;. Al tener  de origen descompuestas las glándulas odoríferas, Lucio nunca tuvo amigos con quien jugar. Vivía enclaustrado; la soledad era apenas mitigada por la ocasional compañía de la madre, quien no podía evitar taparse las narices con un pañuelo. El padre, igual que los demás, se alejaba. Cuando se intentó enviarlo a la escuela primaria, le expulsaron aún antes de inscribirlo. Entonces conoció el profundo sentimiento del rechazo. En el barrio se le conocía como “El apestado”, porque en realidad apestaba. Así las cosas,  se resistía a salir de casa; no soportaba las brutales burlas o los gestos de condena del vecindario. &lt;br /&gt;En tanto, se había dado a la búsqueda de inútiles remedios: hacía buches de hierbabuena, hojas de azahar y té de eucalipto; con desesperación restregaba su cuerpo con detergente, lo rociaba con alcohol y lociones baratas, lo untaba con cremas, talco y bicarbonato. Por unos instantes parecía haber encontrado la solución, hasta orinar en el baño; como por obra de magia resucitaba el legado conferido.&lt;br /&gt;Olía a pescado y empezó a creer que era un pescado. Una mañana, cuando nadie le veía, fue hasta a la sala y metió la cabeza en la pecera para convivir con cinco alegres pescaditos de vivos colores; quizá podrían ser los únicos compañeros.  Los pececillos le vieron con asombro y pensaron que se trataba de un loco más de la especie humana. Displicentes, le dieron la espalda y navegaron hasta el polo opuesto. Triste, Lucio regresó a la celda.&lt;br /&gt;En el más consumado ostracismo, segundo a segundo, hora tras hora, día tras semana, mes a mes de cada uno de los años acumulados, se preguntaba incesante: “¿Por qué huelo a pescado?” Cuando alcanzó la adolescencia, también le alcanzó el insomnio y empezó a comprender que no era un ser humano, sino un fenómeno. Como tal debía aceptarse. A medida que se desarrollaba, más se agudizaba el olor.&lt;br /&gt;Con un claro sentimiento de vergüenza, de vez en cuando se aventuraba al exterior. Tenía ansias de liberación; deseaba que  el sol le reanimara el espíritu, el viento le golpeara la cara, y la lluvia le refrescara el pensamiento. Quienes lo atisbaban, de inmediato brincaban a la acera contraria, se tapaban las narices, corrían como si vieran al diablo o se metían a las casas. Lucio no era ajeno: sufría y al incrementarse su estrés, atrás  dejaba  una maloliente estela aún más densa. Imposible le resultaba establecer superficiales relaciones personales. Se sentía solo en el mundo.&lt;br /&gt;Entonces tuvo una idea brillante: recurrió a los basureros municipales. Los pepenadores, acostumbrados a la pestilencia, se extrañaron, pero humildes le ofrecieron amistad. A consecuencia de ello las cosas empeoraron; cuando llegaba casa ya no olía a pescado, ¡olía a rayos! Padre y madre, impotentes, sentenciaron nueva reclusión.&lt;br /&gt;No era necesario adivinar que la juventud de Lucio estuviera asociada a síntomas depresivos, de baja autoestima, de frustración y explosiones de ansiedad. Vedado tenía el camino al amor; las mujeres no le resistían. A final de cuentas se convirtió en un personaje mudo. Empero, no podía seguir prisionero de cuatro paredes, las cuales, si tuvieran voz y voto, ya le habrían dado una patada en el trasero.&lt;br /&gt;Al bordear los límites de la esquizofrenia, resolvió valerse por sí mismo. Explicó su decisión y abandonó el hogar. Recorriendo calles, barrios y plazuelas, buscaba una ocupación solitaria para no incomodar a nadie. Antes de cualquier presentación fumaba cigarro tras cigarro y el humo lo exhalaba  entre las ropas, sin olvidarse de los sobacos. Pueril intento El resultado final, era de suyo repetitivo. Sin embargo, alguien le contrató como velador en una fábrica: el olor a pescado muerto ahuyentaría al ladrón más avezado. Luego de una semana, los muros de la empresa se impregnaron de la roñosa esencia de Lucio y le despidieron sin previo aviso.&lt;br /&gt;Después, un ducho buscador de extrañezas, le recomendó con el dueño de un circo. Si en el programa ya tenía a “La mujer araña”, al “Hombre boa”, al “Niño de dos cabezas” o al “Minitauro de Jacaltzingo”, ¿por qué no enrolar al primer “Pescado humano”? De inmediato se aceptó la sugerencia; sin duda sería un éxito. Lucio debía acostarse boca abajo sobre una mesa cubierta con un mantel de color azul mar, para que meneara la cola y las aletas dorsales; después se convulsionaría como lo hacen todos los marlines apresados por el anzuelo..&lt;br /&gt;El hombre pescado, aceptó. Para el día del estreno, le diseñaron un grotesco disfraz de pez espada de color tornasolado tan rabón que el pico le quedó empotrado en la frente como un unicornio. Al verle, la gente estalló en risa.. A la señal del cirquero, acompañado por el redoble de un tambor y de fondo la música de “Las Valquirias”,  Lucio empezó a coletear; tan burdas eran las sacudidas de las aletas y la famosa espada que el público empezó a rezongar. El abucheo se generalizó, amenazando bronca. De pronto, tal como estaba planeado, sucedió: Lucio empezó a transpirar y el olor a extenderse por el lunetario, las plateas y las galerías. La gente dejó de silbar; asqueada abandonó la carpa. “El pescado humano” no respondió a la expectación deseada y esa misma noche fue decapitada la audaz incursión circense.&lt;br /&gt;Cuando caminaba solitario por un baldío, le abordó un hombre protegido por una máscara antigás. Lucio se sobresaltó, pero de inmediato el enmascarado le tranquilizó y se identificó como Fujiro Takama, empresario japonés, quien le  explicó que a los hijos del sol naciente les gusta mucho el pescado crudo, en especial las ballenas. Para tal efecto, le propuso adquirir los derechos de autor del “Pescado humano” para fabricar en serie el primer muñeco escatológico de la historia. Lucio no sabía si reír o llorar. Su vida era un desastre y ni siquiera conocía la causa de tanta desgracia.&lt;br /&gt;Tras incierto vagabundear, una mujer le olfateó, le alcanzó y le confesó: “Tú hueles igual a  mí”. Lucio no lo podía creer. No era el único apestoso en el globo terráqueo. Aquella persona, cuyo nombre jamás conoció, le informó. “Tú eres víctima del síndrome de olor a pescado, una inusual enfermedad genética derivada del hígado incapaz de metabolizar la trimetilamina, una sustancia química originada por bacterias intestinales en un proceso natural. También le fue franca: “No existe ningún tratamiento para sanar la enfermedad. Escasamente existen de 200  a 300 casos en todo el orbe. “¡Ah! -le advirtió por último- entre más te angusties, más olerás”&lt;br /&gt;Saber la verdad, le reconfortó. Ahora estaba cierto del futuro. Se empleó en una pescadería en donde con inusitado furor y admirable destreza degollaba, destripaba y fileteaba pescados. Por vez primera en su existir, nadie le rechazaba. En la bodega todos hedían rancio.&lt;br /&gt;Así transcurrió la oscura vida de Lucio, destazándose a sí mismo...&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-4734287819334345538?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/4734287819334345538/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=4734287819334345538' title='1 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/4734287819334345538'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/4734287819334345538'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2009/09/el-hombre-que-olia-pescado.html' title='EL HOMBRE QUE OLÍA A PESCADO'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-2296616398761074079</id><published>2009-09-19T12:53:00.001-07:00</published><updated>2009-09-19T12:53:50.964-07:00</updated><title type='text'>VAMPIROS DE NUEVA GENERACIÓN</title><content type='html'>VAMPIROS DE NUEVA GENERACIÓN.&lt;br /&gt;Por   José Dávila A.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Soy un vampiro “light”&lt;br /&gt;Me gusta la hemoglobina, pero embasada. Cierto que no tiene el mismo sabor que la natural a causa de los conservadores que le mezclan para prolongar su fecha de caducidad; sin embargo, me evito el mal sabor de boca que me produce hincar un cuello grasoso y mugriento.&lt;br /&gt;¡Qué asco por Dios! ¿Cómo es posible que le gente no se bañe? En el pasado bañarse era un exquisito ritual. La gente era hermosamente limpia. ¡Ah, qué tiempos aquellos! Degustar un colmillazo en un desnudo hombro femenino, terso, limpio, con olor a lavanda fina, era un agasajo. Un auténtico manjar digno de los dioses del Olimpo.&lt;br /&gt;Hoy se recurre a lociones y perfumes “piratas” para disimular la peste que emana de los sobacos. ¡Qué horror!&lt;br /&gt;La sangre es para mí como el agua para el ser humano.&lt;br /&gt; La consumo todos los días. Sin embargo, se presentan épocas de sequias para lo cual ya cuento con una reserva de emergencia. Mi insaciable gusto por ella, en un pasado reciente, no encontraba límites. Siempre existían nuevos candidatos para ser degustados, sin importar credo, sexo,  raza o color. La sangre era la sangre. ¡Era un verdadero festín!&lt;br /&gt;Basta decir, para no quedarme corto, que he succionado sangre real. Bueno, todavía así se autoproclaman  seres privilegiados cuyo dudoso abolengo deriva de un nombramiento hecho a la medida en cualquier imprenta clandestina. Basta proporcionar tu primer apellido para que en un abrir y cerrar de ojos te expidan un comprobante que respalda las raíces de de un impresionante árbol genealógico, como si tramitaras la credencial de elector.&lt;br /&gt;Además, tengo tarjeta de crédito universal para todos los bancos de sangre en el mundo. Por lo tanto, no me preocupa ni el desayuno ni el almuerzo ni la comida o la cena. De igual forma, prevenido como siempre, en una congeladora tengo reservada una estimable dotación de sobres con plaquetas certificadas.&lt;br /&gt;Por supuesto que ignoro si soy pariente de los primeros vampiros humanos que se originaron en Persia, de las pinturas rupestres de hombres luchando contra extrañas criaturas que intentan hincar sus colmillos en  sus pescuezos, del mítico Drácula o de la “Condesa Sangrienta”, Elizabeth Bathory, famosa aristócrata húngara acusada de secuestrar y torturar a numerosas jovencitas hasta su muerte, con el objetivo de bañarse y de beber su sangre. Creía que, de esta manera, preservaría su juventud y su belleza.&lt;br /&gt;Es por ello que, después de cada “alimento” me cepillo rabiosamente los colmillos, hago gárgaras con carbonato de calcio, mantengo al día mis citas médicas con el Seguro Social, y, bimestralmente, recurro a la hemodiálisis para depurar mi torrente sanguíneo de toxinas renuentes que navegan  por mi sistema circulatorio.&lt;br /&gt;En resumen soy un vampiro discreto en extremo escrupuloso. Formo parte de una generación  elitista que  discrimina a drogadictos o candidatos en vías de contraer  Sida o  el AH1N1.&lt;br /&gt;Más vale prevenir que lamentar…&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-2296616398761074079?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/2296616398761074079/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=2296616398761074079' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/2296616398761074079'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/2296616398761074079'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2009/09/vampiros-de-nueva-generacion.html' title='VAMPIROS DE NUEVA GENERACIÓN'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-6049184743878388746</id><published>2009-04-13T16:53:00.000-07:00</published><updated>2009-04-13T16:55:55.659-07:00</updated><title type='text'>LOS DOS COMPADRES</title><content type='html'>LOS DOS COMPADRES&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por José Dávila Arellano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No hay más amigo que Dios, ni más pariente que un peso…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Y eso, de “ónde” lo saco compadre Celedonio?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ah, pues de un buen libro que leí, compadre Lucio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así se iniciaba la conversación del par de compadres en  la cantina “Los Tinacales”, antes de pedir la tercera ronda de sus bebidas espirituosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Y a qué se debe la mención, “compa”?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pues que de ahora en adelante cada quién paga su cuenta –dijo con firmeza Celedonio.&lt;br /&gt;-¡Es  que ya no confía en mi compadre Celedonio!- protestó Lucio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Cómo voy a confiar si siempre tiene a flor de boca una excusa para ni siquiera pagar la propina: “que se le olvidó la cartera, que no ha cobrado su quincena, que le prestó dinero a doña Meche y no se lo ha devuelto,  que su señora lo dejó sin un peso mientras dormía, que la próxima vez va por su cuenta y no sé cuántos más pretextos, compadre..?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ah qué desconfiado se me ha vuelto  usted. Todo lo que me dice que le dije, es cierto, como el oro es oro, y la burra rebuzna a las seis de la mañana.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-El sordo no oye pero bien que lo compone. Pues ya lo sabe  compadre Lucio, lo que leí es pura ley si no deseamos perder la amistad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Es que ya no soy su amigo, “compa” Celedonio?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pues bien ha bien visto, “compa” Lucio, pues la mera verdad creo que ya no, y  que nomas  se aprovecha de mis gentilezas. Piensa mal y acertaras…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué, qué dice?  ¿Acaso  ya no soy su “best friend”?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Mire, sin que se ofenda, un amigo, lo que se dice un amigo, nace con el tiempo; el que siempre está con usted en las buenas y las malas, codo con codo; el que lo felicita cuando tiene éxito, el que lo consuela en momentos de dolor, el que lo apoya en temporada de vacas flacas,  el que no pide prestado sino está cierto de pagar el favor; el que respeta  a la mujer ajena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Compadre Celedonio, ¿pero que me está diciendo? Acaso yo…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Espéreme, Lucio, espéreme tantito; más vale gota que dure y no chorro que se acabe, y  yo todavía  no acabo: amigo es el que visita al enfermo que se lo quiere llevar la calaca; el que le lleva flores al panteón,  el  que brinda por su alma en  Navidad y  le desea buena suerte el  Año Nuevo.  Ese es un amigo compadre ¿Ahora me entiende?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Pero si  usted todavía no se ha muerto! Dígame en ¿qué le he fallado?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Mire, por principio de cuentas ni siquiera nos conocíamos sino es porque mi vieja,  que siempre anda de mitotera, me propuso para bautizarle su escuincle. Como quien dice nos hicimos compadres “light”. ¿Para qué tanto brinco estando el suelo tan parejo?  Mire Lucio, nos hicimos compadres de mentiritas, sin antes existir amistad de verdad. Vaya, ni siquiera fuimos compañeros de escuela.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pero yo ya le tengo ley de la buena.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Cuál  ley compadre? Lo cortés no quita lo valiente… A ver, no es cierto que olvidó el día de mi cumpleaños.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pues sí…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Y el día de mi santo?-Pues sí…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Me fue a ver al hospital cuando me enfermé?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Se enfermó? No sabía compa Celedonio…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-El sordo no oye, pero bien que compone.  ¿Acaso le llevó un pedazo de pan a mi vieja  mientras estaba encamado?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;--No piense usted mal.  La verdad es que estoy mal de la memoria, pero no de este corazón que bien le aprecia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Lo que pasa es que está enfermo del bolsillo.-¿Cómo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿A poco ya no se acuerda que desde hace dos años me debe cien pesos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ya ve. No le digo que ando enfermo de la memoria…&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-6049184743878388746?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/6049184743878388746/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=6049184743878388746' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/6049184743878388746'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/6049184743878388746'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2009/04/los-dos-compadres.html' title='LOS DOS COMPADRES'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-4175009267633252224</id><published>2009-04-06T00:42:00.000-07:00</published><updated>2009-04-06T00:43:03.822-07:00</updated><title type='text'>ATRACCIÓN FATAL</title><content type='html'>ATRACCIÓN FATAL&lt;br /&gt;Por José Dávila Arellano&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Por Dios, esto es una ratonera!&lt;br /&gt;En efecto, se trata de  una  trampa, una impresionante marea humana.&lt;br /&gt;Son, cientos y cientos de miles y miles de jóvenes enloquecidos por un concierto al aire libre de música metálica. Tantos, que sería una locura tratar de calcular el número de asistentes.&lt;br /&gt;Es un mar de cabezas; una masa humana presa de oleajes desbocados  que presagian una tormenta irremediable.&lt;br /&gt;El estruendo es ensordecedor. Se ha entablado un duelo entre el retumbar de las monumentales bocinas dispuestas por toda explanada y el griterío de la multitud delirante.&lt;br /&gt;Se antoja una guerra sin cuartel en torno a un entarimado iluminado con  deslumbrantes haces de luz de reflectores giratorios y fuegos de artificio.&lt;br /&gt;Son rostros  enloquecidos, delirantes, ansiosos.  Al compás de un juvenil cuarteto que revoluciona la “nueva” música, la muchedumbre no canta, aúlla desbocada al compás de un ritmo que para de cabeza hasta a los más sordos.&lt;br /&gt;¿Los autores? Sólo cuatro jovenzuelos: baterista, pianista y dos guitarristas.  Sin embargo, a lo largo de su exitosa gira mundial, como un poderoso imán, atraen  desbordadas muchedumbres&lt;br /&gt;Desde la noche anterior, ha arribado una riada de “fans”, pernoctando a cielo abierto en un intento de conquistar la mejor ubicación posible. Todos quieren ser los primeros. Y llegan y llegan y llegan. La peregrinación amenaza con no tener fin. Por doquier se prenden fogatas para atemperar el desplome de la temperatura. Abrigos, bufandas, cobertores, chamarras, suéteres. Todos se protegen como su inventiva les da a entender y resisten estoicos, como inermes soldados defendiendo una trinchera sin fusil.&lt;br /&gt;Después de todo, el concierto justifica cualquier sacrificio.&lt;br /&gt;El amanecer es prometedor y la luz del alba descubre la invasión humana. El espacio está a reventar y no hay sitio para un alma más.  No obstante, siguen arribando jóvenes que empujan y empujan hacia el frente hasta compactar el gentío. La trampa se ha cerrado: imposible escapar. Poco a poco, lentamente, uno a uno va quedando inmovilizado. Imposible, siquiera, levantar un brazo.&lt;br /&gt;“¡Por favor, no empujen! ¡No empujen!  !Nos van a matar!”&lt;br /&gt;Cuando el sol alcanza el cenit, se corre el telón y estallan las primeras notas musicales,  agudas, desequilibradas, rechinantes. Entonces despierta un monstruoso vocerío.  Se ha iniciado un indescriptible combate de decibeles.&lt;br /&gt;“¡Calma, tranquillos…!”&lt;br /&gt; La algarabía raya en la locura y el oleaje  de rostros plenos de éxtasis y felicidad, se va transformando en ansiedad, histeria y… miedo. Ahora se torna violento, tan violento que apaga las súplicas de auxilio.&lt;br /&gt;“¡No aplasten! ¿Dejen respirar!  ¡Basta, basta…!”&lt;br /&gt;En efecto, no se puede respirar. Las olas de cuerpos prensados van y viene sin control. Es un espectáculo dantesco.  Una tortura inesperada, un diabólico manicomio.&lt;br /&gt;“¡Piedad, por todos los santos, piedad!”&lt;br /&gt;Demasiado tarde; la estridencia musical impide la escucha de suplicas, lamentaciones, y el rezo de un padrenuestro…&lt;br /&gt;La asfixia emerge siniestra Los más débiles han extraviado su enajenación  inicial.&lt;br /&gt;Aplastados, lentamente  mueren de pie…&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-4175009267633252224?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/4175009267633252224/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=4175009267633252224' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/4175009267633252224'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/4175009267633252224'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2009/04/atraccion-fatal.html' title='ATRACCIÓN FATAL'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-7385750800339512763</id><published>2009-03-24T13:16:00.000-07:00</published><updated>2009-03-24T13:17:18.551-07:00</updated><title type='text'>CARTA A MI HIJA</title><content type='html'>CARTA A MI HIJA.&lt;br /&gt;Por José Dávila A.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El tiempo se agota, hija mía.&lt;br /&gt;Ha llegado el momento en que te escriba esta carta. Una carta que siempre he dejado pendiente pensando que aún sobraban años, días y horas, para escribirla. ¡Cuánto tiempo perdido, por Dios!&lt;br /&gt;Tú bien sabes que soy un hombre que no descubre fácilmente sus sentimientos,  un hombre de pocas palabras que  prefiere expresarse con hechos. Qué equivocación… ¡Ahora me arrepiento mil veces de no decirte una y otra vez a voz en cuello cuánto te quiero!&lt;br /&gt;Todos nacemos, vivimos y morimos.  Este cartabón que se repite tenazmente, se llama vida. De las dos primeras ya me complací. Y ahora estoy muy cerca de la última. No hay reclamos ni arrepentimientos. Disfrute de  tiempos increíbles, plenos de amor, aventura, tranquilidad, paz, tristeza y armonía. Por supuesto que existieron muchos y dolorosos descalabros. Sin embargo, tuve suerte: Me desenvolví  en un mundo sin miedo, sin amenazas, secuestros o ejecutados. Se podía transitar por las calles de día y de noche sin temor alguno. Y sobre todas las cosas, hija mía, se vivía con respeto.&lt;br /&gt;¡Cómo desearía heredarte ese mundo increíble!&lt;br /&gt;Hoy se vive diferente: tienes que estar permanente en guardia. Sin embargo sigue vigente la máxima de que “el que obra bien, bien le va”. Estoy cierto, como jamás lo había estado, que te espera con gran provenir. No lo dudes. Y cuando suceda, no te olvides que te lo dijo tu viejo.&lt;br /&gt;Ya  soy hombre grande, bien lo sabes. Mis huesos rechinan, pero mi mente está despierta y mi corazón de león aún ruge y reclama más vida.&lt;br /&gt;Ahora tengo la preciosa oportunidad de dejarte este legado, de mi puño y letra, en donde te heredo mi único tesoro: mi amor inmortal. Porque bien sé y que Dios me perdone, que dondequiera  que viaje mi alma siempre estará cuidándote, arropándote, como cuando eras mi niña y se mantendrá en constante vigila durante tu progreso como ser humano.&lt;br /&gt;Hoy eres toda una mujer y una madre ejemplar.  En tu yo interno, en diálogo con tu alma, ahora comprendes lo difícil que es educar a los hijos; proporcionarles los principios básicos de una vida recta, honesta, productiva.  Quizá sus caprichos o travesuras ya te empiezan a sacar canas y te  hierve el estómago cuando les aplicas un castigo.&lt;br /&gt; Sin embargo, ese es el rol que en ocasiones veces tenemos que desempeñar. Educar no es cosa fácil. Nadie nos enseña cómo hacerlo. Se aprende en el camino  sin cargar culpas ajenas cuando obras de buena fe. Sin embargo, el gusanillo de la conciencia nos interroga si obramos bien o mal. El secreto es balancear ambas actitudes, porque la una va amarrada a la otra. Si actúas con justicia no hay espacio para el remordimiento. Y un día, llegará la recompensa…porque siempre llega.&lt;br /&gt;Ahora soy un hombre viejo, pero pleno de orgullo de tener una hija ejemplar como tú. Al verte feliz, amorosa, celosa de tu hogar, honrada, responsable,  amante de tu esposo, incansable en perseguir las metas que te has propuesto, doy gracias al cielo.&lt;br /&gt;Todo en esta vida, mi amor, se resume en una palabra: actitud.&lt;br /&gt;Mi cuerpo se encorva, pero no la voluntad de vivir. Es una llama que no se extingue porque aún me siento joven y con un inmenso gozo por la vida. No te preocupes por mí hija adorada,  porque bien sabes que rechazo la derrota. Sólo Dios dirá la última palabra…&lt;br /&gt;Impaciente, aguardo el día de que nuestras miradas otra vez se encuentren y, por favor, no digas nada si ves que se me escapa. una lágrima…&lt;br /&gt;Tu padre.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-7385750800339512763?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/7385750800339512763/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=7385750800339512763' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/7385750800339512763'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/7385750800339512763'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2009/03/carta-mi-hija.html' title='CARTA A MI HIJA'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-4960061374735354650</id><published>2009-03-06T16:28:00.000-08:00</published><updated>2009-03-06T16:29:13.949-08:00</updated><title type='text'>NUBARRONES NEGROS</title><content type='html'>NUBARRONES NEGROS&lt;br /&gt;Por José Dávila A.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El mundo entero es rehén de la debacle financiera.&lt;br /&gt;Analistas reconocen que la crisis económica que vio la luz a fines del 2008, ha emergido despiadada en el primer trimestre del presente año y auguran que, si nos va bien, se darán conatos de recuperación hasta diciembre próximo.&lt;br /&gt;Tal se puede reafirmar, amigo mío, después de resumir  la información que acapara los titulares de  la prensa, radio y televisión, que por su obvia naturaleza provoca incertidumbre, preocupación y una  buena dosis de angustia. La época en la cual pastaban tranquilas las vacas gordas, ha concluido.&lt;br /&gt;Así pues, día a día nos ametrallan malas noticias. Veamos:&lt;br /&gt;“Depresión bursátil; el mercado retrocede antes los temores de que se agudice la crisis global”. “Se desploma el índice de confianza del consumidor”. “El Down Jones en la montaña rusa”. “Subasta de dólares para dar certidumbre a las operaciones financieras”. “Revelaciones de estafas en Wall Street”. “Más de cinco millones de trabajadores desempleados”. “Caen acciones de Citigroup, la otrora entidad financiera más grande del mundo”. “Se pierden utilidades; 32.5% en los bancos”. “Preocupante aumento de la cartera vencida”. “La Bolsa de Nueva York cae a su índice más bajo”. “Se elevan las tasas de desempleo”. “Paros nacionales de trabajadores”. “Galopante carestía en productos básicos”. “Demanda generalizada de alza de salarios”. “El dólar se encarece; el euro le gana”. “Estampida de precios a la alza”. “Proliferación de la delincuencia organizada; aumentan los secuestros, y las ejecuciones”. “Funcionarios corruptos de cuello blanco, desenmascarados”. “Danza de millones de dólares para frenar especulaciones”. “La industria automotriz en riesgo; demanda rescate financiero”.&lt;br /&gt;Y apenas es el principio…&lt;br /&gt;¡Sólo falta que el cielo nos caiga encima…!&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-4960061374735354650?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/4960061374735354650/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=4960061374735354650' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/4960061374735354650'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/4960061374735354650'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2009/03/nubarrones-negros.html' title='NUBARRONES NEGROS'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-3729567403952357181</id><published>2009-02-24T15:46:00.000-08:00</published><updated>2009-02-24T15:47:06.778-08:00</updated><title type='text'>LOS FATAMAS</title><content type='html'>LOS FANTASMAS&gt;&gt; Por José Dávila A.&gt;&gt;&gt; Sí, era un payaso, un payaso joven...&gt;&gt; Se disfrazaba con una peluca de largos rizos rojos. Su cara estaba&gt; pintada de blanco con la clásica nariz de bola roja; gruesas cejasde&gt; color negro, círculos azulados en las mejillas, y una boca negra y&gt; amarilla dibujándole una colosal sonrisa de oreja a oreja. Vestíaun&gt; saco holgado de cuadros morados y blancos; camisa rosa con lunares&gt; morados y corbatín de moño de seda rojo; un pantalón verde conrayas&gt; naranjas, zancón y con cintura suelta enganchada de tirantesnegros;&gt; un par de zapatos blancos de voluminosa puntera rojinegra,idénticos&gt; a los que usaba su tío Ignacio en el circo de arrabal.&gt;&gt; Cuando se prendía la luz roja del semáforo, él se aparecía frente a&gt; los coches. Rápido, con saltos grotescos, intentaba capturar la&gt; atención de los malhumorados automovilistas.&gt;&gt; Bajo aquella atrevida indumentaria se escondía un cuerpo fuerte,&gt; duro, atlético. Torso expandido, cuello de tronco, brazos de hierroy&gt; piernas que eran dos columnas de granito. Cuando en el gimnasio se&gt; ejercitaba frente al espejo, los músculos le brincaban conasombrosa&gt; facilidad a lo largo y ancho de toda su humanidad. Largas horas, el&gt; payaso, le dedicaba al levantamiento de pesas.&gt;&gt; En el barrio de Nativitas le apodaban "El Monstruo" y en la casalo&gt; llamaban Luis Ángel. Hijo único, de 21 años de edad, luego de&gt; reprobar la escuela preparatoria, se negó a seguir estudiando y se&gt; convirtió aprendiz de mecánica en el pequeño taller de coches que&gt; tenía su padre. Sin embargo, según él, se preparaba para ser galánde&gt; cine. Las tareas automotrices las compaginaba con las visitas al&gt; gimnasio, en donde hacía cuerpo para lucir bien en la pantalla. Sin&gt; embargo, el sueldo de principiante era bajo y la jornada agotadora.&gt; Pronto se hartó de hacer "talachas".&gt;&gt; –Estudias o trabajas. ¡En esta casa no quiero vagos! –advirtió&gt; tajante el padre.&gt;&gt; –Pues ni lo uno ni lo otro –respondió mandón el hijo y agarrócamino&gt; para los estudios de cine, convencido de trabajar en la primera&gt; película que le propusieran.&gt;&gt; Luego de largos meses de desilusión y fracaso en el mundo&gt; cinematográfico, su presentación artística fue en la esquina de&gt; Puente de Alvarado y Guerrero, céntrico y conflictivo crucero vialen&gt; donde se le escapaba la existencia.&gt;&gt; Lanzando pelotitas al aire, haciendo magia con un viejo sombrero de&gt; fieltro gris, y desapareciendo el as de espadas bajo el sobaco, sin&gt; saberlo, empezó a conformarse, a perderse todos los días en oleadas&gt; de automóviles y transeúntes estresados.&gt;&gt; Nubes de humo, calores asfixiantes y olores podridos, le envolvían.&gt; Entre gritos, maldiciones y bocinazos, extraviaba la identidad. En&gt; cada alto del semáforo, ofrecía su actuación, plana y breve.&gt;&gt; Nadie le aplaudía ni se reía; menos aún, le veía de verdad. Luis&gt; Ángel era un fantasma en un escenario gris, cruento y mundano. Sin&gt; embargo, luego de tres o cuatro horas de tráfago, alcanzaba areunir&gt; algunos pesos.&gt;&gt; Después de todo a Luis Ángel no le iba tan mal: no madrugaba, no&gt; cambiaba mofles ni parchaba llantas; no checaba tarjeta, no tenía&gt; jefe ni pagaba impuestos al fisco. Feliz de la vida, cumplido el&gt; horario, se iba al gimnasio a pulir figura, a forjar volumen, sin&gt; importarle que doña Meche, la cocinera de la fonda de don Erasto,&gt; diario le echara en cara:&gt;&gt; -Vergüenza te debía de dar Luis Ángel: ¡tan joven y aventando&gt; pelotitas en la esquina! Prefieres hacerla de cirquero que buscarte&gt; un trabajo de verdad. ¿De qué te sirve lo garrudo?&gt;&gt; -Usted no sabe nada doña Meche, ya está antigua –respondía&gt; indiferente el payaso.&gt;&gt; En la esquina opuesta, en el jardín de San Fernando, todas las&gt; mañanas tres mujeres otomíes, bajo la sombra de un árbol, sesentaban&gt; a platicar, a coser muñecas de trapo, a ver pasar el día, y a comer&gt; pedazos de zanahorias tiernas. Marcaban su territorio con bolsas de&gt; ropa vieja, pedazos de pan duro, cacharros de cocina, mamilas,&gt; sonajas, y juguetes rotos para entretener a la chamacada.&gt;&gt; Sin preocupación, la vida les pasaba por encima. De la primera&gt; indígena, un bebé mamaba de un seno agotado; de la segunda, un&gt; chiquillo sucio y moquiento dormía sobre el faldón; de la tercera,&gt; dos de sus chamacos culebreaban entre los automóviles.&gt;&gt; El mayor, acaso siete años de edad, como robotito, pedía para una&gt; torta. La menor, una niña de escasos cinco años, con el moco defuera&gt; y un pedacito de franela, tan pequeño como su corazón, simulaba&gt; limpiar el espejo lateral de los coches y pedía para el refresco.&gt;&gt; Ellos también eran fantasmas de la gran ciudad; fantasmas con la&gt; niñez robada, con la identidad perdida y la ilusión secuestrada.Era&gt; difícil atenderles y fácil negarles la caridad.&gt;&gt; En tanto, al otro lado del crucero, el joven payaso se echaba los&gt; pesos a la bolsa.&gt;&gt; Cansado de limosnear en vano, el chiquillo tomó de la mano a la&gt; hermana y la llevó bajo la fronda del árbol. Buscó rápido en una de&gt; las bolsas y sacó un cartoncito con pastillas de pintura de agua.&gt; Seguro de sí, primero escupió sobre la roja, luego sobre la negra,y&gt; después sobre la blanca, la amarilla y la azul. A continuación tomó&gt; un pincel mocho, para restregarlo en las pastillas hasta sacarcolor.&gt; Se acercó al rostro de la niña y le empezó a pintar: las cejas&gt; negras, la nariz y los cachetes rojos y la boca azul, blanca y&gt; amarilla.&gt;&gt; -¿Pa' qué me pintas?–preguntó.&gt;&gt; Señalando al payaso, le respondió: "Pa' que de grande seas como ély&gt; ganes mucho dinero...".&gt;&gt; Luego, teniendo por espejo la ventanilla de un automóvil, éltambién&gt; se pintó las cejas negras, la nariz y los cachetes rojos, y la boca&gt; azul, blanca y amarilla.&gt;&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-3729567403952357181?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/3729567403952357181/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=3729567403952357181' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/3729567403952357181'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/3729567403952357181'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2009/02/los-fatamas.html' title='LOS FATAMAS'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-4312924208364643164</id><published>2009-02-09T16:33:00.000-08:00</published><updated>2009-02-09T16:34:19.493-08:00</updated><title type='text'>MEMORIAS DEL PASADO</title><content type='html'>MEMORIAS DEL PASADO&lt;br /&gt;Por José Dávila Arellano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En mi casa no hay televisión, ni control remoto. Tampoco X Box, ni computadora y por consecuencia imposible soñar con internet.  De igual manera se carece de un iPod, consola de “cidis”, celular, cámara digital, y mucho menos un  Home Theather.&lt;br /&gt;Nada de  nada. Vaya, ni siquiera un triste teléfono de mesa. Sin embargo, se vive bien…&lt;br /&gt;Sólo existe un radio sobre una mesita de la recámara. Es un radio austero: un cajón de madera barnizada, una bocina oculta tras una tela de terciopelo carmesí, de pequeño cuadrante y dos perillas: una para calibrar el sonido y la otra  para controlar el dial que sintoniza  tan sólo tres estaciones radiofónicas.&lt;br /&gt;Son tiempos tranquilos, tiempos en que las horas discurren lento.  Tiempos en los que se prevalece un cielo azul inmaculado, tiempos en donde se convive con respeto y decencia; tiempos en que se puede jugar en la calle o caminar a altas horas de noche sin temor alguno. Tiempos sin presiones, ni premuras ni depresiones ni calamidades ni amenazas ni secuestros o ejecuciones.&lt;br /&gt;El aparato es un lujo que se permitió mi padre con dos propósitos: tener acceso a las noticias y como vínculo de unión familiar entorno a una programación que se concentra la mayor parte del día en escuchar música clásica y por la noche, programas de acción y de miedo.&lt;br /&gt;Mi hermano y yo, por supuesto que nos abstenemos de prenderlo durante el día: la música de “buen gusto”...aburre. Sin embargo, por la noche, ya en cama, las circunstancias son diferentes.&lt;br /&gt;¿Los  programas preferidos?: las aventuras de Carlos Lacroix y su secretaria Margot, mujer de hierro que siempre  obedece el mandato de su jefe  investigador. “¡Dispara, Margot, dispara!” Y dispara sin perder tino. ¡Qué maravilla!&lt;br /&gt;Cosa distinta resulta escuchar las narraciones de miedo del “Monje Loco” o “La Momia”: siniestros relatos  con fondo de impactante música de órgano, aullidos de lobo, risas cavernosas y un chirriante arrastrar de cadenas, que nos hace temblar  debajo de las cobijas, pero con la oreja siempre atenta al desenlace de la historia.&lt;br /&gt;Época del despertar a la vida y poner los ojos en las niñas quinceañeras con faldas hasta los tobillos. Días inciertos que hacen latir fuerte el corazón y provocan relámpagos de intranquilidad. Miradas desmayadas que se evaden cuando topan con la jovencita que ya nos roba el sueño. Pánico de tocar su mano y fugaz placer cuando tímido le tomas por el  brazo para atravesar la calle.  El contacto de su tersa piel, estremece y deseas que perdure para siempre. ¿Declararle tu amor? ¡Imposible! La simple idea aterra, porque no sabes cómo empezar cuando la boca se seca atenazada por los nervios. Entonces, cómplices los dos, inician un secreto intercambio epistolar a través de una tercera persona.&lt;br /&gt;Amores platónicos, amores escondidos, amores que duelen. Dudas que asaltan y maniatan sentimientos en flor. Y ella también es presa de la inquietud, de revelar su impaciencia. La sola idea espanta…&lt;br /&gt;Armarte de valor, cuesta mucho trabajo. La sombra del rechazo amordaza y te prometes  en vano que le declararás tu amor al día siguiente. Y cuando llega la hora de la verdad, retrocedes y postergas. Y así pasan los días, las semanas, hasta que por fin, tartamudeando confiesas y temes la respuesta. &lt;br /&gt;Una tímida aceptación te sorprende, te hace volar a las nubes y te dispara el insomnio al pensar en darle el primer beso. Ella, nerviosa, lo desea y aguarda. “¿Cuándo, cuándo será?”, se preguntan los dos en silencio. “¿Acaso pecaremos?”&lt;br /&gt;Es el hombre quien debe tomar la iniciativa, la mujer ¡nunca!&lt;br /&gt;¿Cómo resolver el problema? Se requiere una buena dosis de valor. Decisión es lo que falta.&lt;br /&gt;Al fin encuentras una solución: pedírselo por escrito. Retorno a los recados secretos. Ella lo abre y lee. Se ruboriza y con la mirada clavada en el suelo, acepta.&lt;br /&gt;Tímido te acercas; ella cierra los ojos, levanta el rostro y abre sus delicados labios. El primer beso lo consumas…en su mejilla.&lt;br /&gt;Son tiempos tranquilos, tiempos en que las horas discurren lento.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-4312924208364643164?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/4312924208364643164/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=4312924208364643164' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/4312924208364643164'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/4312924208364643164'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2009/02/memorias-del-pasado.html' title='MEMORIAS DEL PASADO'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-1703706007811648166</id><published>2009-02-07T11:03:00.000-08:00</published><updated>2009-02-07T11:04:21.503-08:00</updated><title type='text'>EL TRITURADOR</title><content type='html'>EL TRITURADOR&lt;br /&gt;Por José Dávila Arellano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Calles sucias y oscuras de barriada olvidada, tan olvidada que ya nadie se acuerda de su nombre cuando en el pasado fue una prometedora unidad habitacional.&lt;br /&gt;Casas arrumbadas, abandonadas. Muros oscuros y carcomidos. Ventanas ciegas, lúgubres. Techos vencidos. Sin embargo, aún hay quien sin horizonte alguno, habita en algunas de ellas. Son los miserables, los apátridas.  En conjunto, semejan fantasmas mudos, doblegados, que deambulan y se dispersan al amanecer de cada día, para retornar como sombras al anochecer y  arrinconarse en el silencio de su miseria.&lt;br /&gt;Después de medianoche  es común la presencia de una camioneta negra.  Misteriosa, siempre rueda lento. Transita por las mismas cuadras y dobla en las mismas esquinas, sin perder rumbo, hasta esfumarse en la oscuridad de un callejón. Antes de las primeras luces del alba, retorna por la misma ruta. Rodar lento  envuelto en un velo siniestro.&lt;br /&gt;Tal presencia intimida y nadie se aventura a cuestionar  su origen y destino. Quienes conocen el motivo tampoco se atreven a develarlo. La vida les va en ello. En el ambiente se respira un aire de aprensión, de advertencia, de maldad.&lt;br /&gt;En su interior siempre viajan cuatro personas. Los vidrios polarizados impiden vislumbrar  las facciones de sus rostros. No hablan. Sólo miran al frente. Al llegar a su objetivo, bajan rápido, abren la cajuela, sacan un bulto que semeja  un ser humano; no es en sí un ser humano: es un cadáver. Insensibles, penetran en una casa con portón de madera y remaches de fierro. Desaparecen  en cuestión de segundos. A simple vista no es difícil adivinar que están perfectamente entrenados para cumplir su misión con limpieza, sin tropiezo alguno. Minutos después, reaparecen en la calle, abordan el vehículo y se retiran sin premura alguna. Son integrantes de un cartel de narcotraficantes.&lt;br /&gt;Así, todos los días, semanas, meses, años quizá…&lt;br /&gt;En la misteriosa vivienda se aloja un hombre maduro. Rostro duro, insensible. Mirada torva, intimidatoria. Se le conoce con el apodo de “El Triturador”; se dedica a desintegrar cuerpos humanos. Él no hace preguntas. No le interesa saber quién es la nueva víctima, en qué laboraba, el por qué lo asesinaron, ni tampoco si era rico pobre, soltero o casado. Simplemente cumple con su tarea.  A cambio recibe una sustanciosa mesada.&lt;br /&gt;En un barril hierve agua y la mezcla con dos  o tres costales de sosa cáustica. La fórmula depende de la masa corporal del “encargo”. Previsor a la agresiva contaminación ambiental, se protege el rostro con una máscara, el cuerpo con un grueso mandil y las manos con guantes  de asbesto. Su aspecto se torna aún más diabólico.&lt;br /&gt;Cuando la mezcolanza  está lista, es el momento de vaciar en su interior al candidato en turno. ¿Él tiempo de cocción?: promedio de ocho horas. Dantesco espectáculo resulta presenciar cómo se zarandea el cuerpo; escenas escalofriantes que sólo un desequilibrado mental puede atestiguar. Finalmente todo queda reducido  a una especie de revoltijo lechoso. ¿Los únicos residuos? Acaso dientes postizos y  uñas de manos o pies, restos que rociará con gasolina y les prenderá fuego..&lt;br /&gt;Vanidoso de su tarea, sin temor a ser descubierto, lleva un registro puntual de su “profesión”: una bitácora que rebasa  ¡tres centenas de cadáveres!&lt;br /&gt;Quizá podría pensarse que es una locura poseer una prueba contundente del perverso proceder. Sin embargo, avieso, el Triturador sabe perfectamente que no se le puede acusar de asesinato o cómplice del mismo. Legalmente, disolver cuerpos humanos no es delito grave…&lt;br /&gt;Al respecto, reflexiona con sangre fría: “¿Acaso en los panteones no existen crematorios?”&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-1703706007811648166?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/1703706007811648166/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=1703706007811648166' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/1703706007811648166'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/1703706007811648166'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2009/02/el-triturador.html' title='EL TRITURADOR'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-1537703890854432962</id><published>2009-01-29T10:40:00.001-08:00</published><updated>2009-01-29T10:40:59.031-08:00</updated><title type='text'>EL ABUELO</title><content type='html'>EL ABUELO.&lt;br /&gt;Por José Dávila A.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Ya es un hombre entrado en años”, propone con sutileza el manual de las buenas costumbres, para no recurrir a la palabra ¡anciano!&lt;br /&gt;En efecto, es un anciano pero no viejo. Como dicen en el  rancho, “un viejo correoso”.  Cierto, ya se encorva y le rechinan las coyunturas, pero se conserva bien: mentalmente lúcido,  peina demasiadas canas, hace su vida independiente y  se las averigua solo, porque vive solo.&lt;br /&gt;Así lo desea, aunque en muchas ocasiones la soledad le abruma. Entonces vive de los buenos recuerdos que le han regalado sus cuatro hijos y 16 nietos.&lt;br /&gt;En días pasados cumplió 75 años bien vividos.  Así lo considera cuando la nostalgia le hace voltear al pasado. Por supuesto que enfrentó malos momentos, pero el fiel de la balanza se inclina con mucho a una existencia que le regaló grandes satisfacciones.&lt;br /&gt;En uno de estos momentos de reflexión, que inusitadamente se presentan y provocan dudas sobre el  proceder a lo largo de  la  vida, le fue entregado en su hogar un sobre de mensajería. En su interior se encontró con una gran sorpresa: se trataba de una cartulina multicolor con motivos festivos y en donde siete de sus nietos que viven en la gran ciudad de México y que tenía largo tiempo de no visitarlos,  escribían  de su puño y letra un mensaje de felicitación.&lt;br /&gt;Así pues empezó  a leer por orden de nacimiento. Desde la nieta  mayor, hasta el nieto menor:&lt;br /&gt;“¡Feliz cumpleaños! ¿Qué te parece un año más de vida? ¡Qué emoción! Va ser otro año de  aventuras y nuevas experiencias. Te deseo lo mejor y que te la pases increíble. Nunca dejes de sonreír y dar las gracias por todo lo que tenemos, Te quiero mucho. Te mando un abrazo y un beso”&lt;br /&gt;“Abuelito Pepe: ¡Feliz cumpleaños abuelito!  Muchísimas felicidades; te deseo mucha salud y  ¡te quiero mucho! Un abrazo”.&lt;br /&gt;“¡Abuelito: ¡Feliz cumpleaños! ¡Wow! Que te la pases muy “padre” y te deseo lo mejor para este año: salud, amor, cariño, etc. Todas esas cualidades que ya las tienes, que las refuerces más. Pásatela increíble. ¡A todo dar! Ja, ja,ja. Te quiero muchísimo”.&lt;br /&gt;“¡Qué tal abuelito? ¿Si adivinas quién soy? Te voy a tocar las “mañanitas” con mi violín, cuando vaya para allá a visitarte. Te deseo un feliz cumpleaños”.&lt;br /&gt;“¡Felicidades abuelito! Espero que sigas así. Que te vaya muy bien en tu fiesta. Felices 75. ¿Quién crees que soy?”&lt;br /&gt;“Felicidades, muchas felicidades abuelito”.&lt;br /&gt;Y finalmente, un remate que le dejó con un nudo en la garganta y provocó que una lágrima corriera por su rostro.&lt;br /&gt; “Felicidades abuelito ¿Cuántos años cumpliste? Espero que no te mueras…”&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-1537703890854432962?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/1537703890854432962/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=1537703890854432962' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/1537703890854432962'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/1537703890854432962'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2009/01/el-abuelo.html' title='EL ABUELO'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-4035132600950471897</id><published>2009-01-21T17:27:00.001-08:00</published><updated>2009-01-21T17:27:59.115-08:00</updated><title type='text'>EL CERRO PELÓN</title><content type='html'>EL CERRO PELÓN&lt;br /&gt;Por José Dávila A.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El abuelo Matías, patriarca del pueblo “Los Encinos”, sentenció: “Fue un diluvio despiadado como en  el día del señor San Francisco  en 1897. Igual de endiablado el maldito,  Parecía enfermo de corajina que deseaba acabar con todo…y así lo hizo”. &lt;br /&gt;Antes del desastre, en  las boscosas  faldas del “Cerro Pelón”   había florecido una industriosa comunidad que dependía de tres aserraderos para su  subsistencia. A lo largo de cada nuevo día no se paraba de talar árboles y los retoños, como por obra de magia, volvían a renacer y en pocos tiempo alcanzaban otra su vez su enorme estatura.&lt;br /&gt;Los primeros leñadores que se asentaron en el boscaje, pronto descubrieron tan increíble prodigio  Lo consideraban un don que el cielo les regalaba y todos los domingos le daban  gracias al Altísimo&lt;br /&gt;Era un fenómeno inusual para el cual no existía respuesta. Sin embargo, si el monte era tan pródigo ¿por qué fue bautizado como el “Cerro Pelón? La razón era muy sencilla. Su morro estaba tan rasurado como la cabeza de un monje.&lt;br /&gt;El milagro pronto  se difundió y los caseríos desperdigados en la región quedaron abandonados, convirtiéndose en  pueblos fantasmas.  Quienes moraban  en ellos emigraron al imponente macizo en busca de fortuna, convirtiéndose en una plaga que tiraba árboles por doquier.&lt;br /&gt;Ante la diaria peregrinación de hombres hambrientos de abandonar la pobreza, los primeros colonos en arraigarse llegaron a la conclusión que debían evitar que la muchedumbre terminara por colmar hasta la más pequeña brecha. Por lo tanto se formó un consejo de leñadores que organizaron brigadas armadas para impedir el arribo de nuevos colonizadores que amenazaban con acabar con la abundancia que brindaban los generosos bosques.&lt;br /&gt;Las amenazantes bocas de las escopetas de doble cañón y las pistolas prestas para abrir fuego a quien osara romper el cerco de seguridad, intimidó a los lugareños, quienes regresaron a sus hogares rumiando su amargura consciente de ser víctimas de un acto de injusticia.&lt;br /&gt;Los colonos del Cerro Pelón, dueños absolutos de un tesoro sin igual, no deseaban compartir la fortuna con la que habían topado. De esta manera, aserraban por secciones y diariamente salían al mercado carretadas de grandes tablones.&lt;br /&gt;La tala se trabajaba ladera tras ladera. Al concluir con la primera, se continuaba con la segunda y la tercera en forma de círculo; mientras, atrás ya crecían los nuevos arbustos que pronto se convertirían en adultos aptos para el filo de las hachas. Así pues, la madera nunca se acababa, convirtiéndose en una infinita fuente de riqueza.&lt;br /&gt;Sin embargo, el ecosistema no estaba de acuerdo; su presencia era para que todo mundo lo disfrutara y no se convirtiera en rehén de un puñado de taladores que incluso estaba dispuesto a matar quien enfrentara el  cinturón armado que se había establecido. De esta manera, empezó a regatear sus dones. Los árboles que eran talados indiscriminadamente ya no volvían a renacer. La  desaparición de lo que se consideraba un regalo de Dios, no fue obstáculo para el afán de enriquecimiento que nublaba la razón humana e impulsaba  a proseguir devastando los bosques.&lt;br /&gt; Pronto recibirían un inesperado castigo.&lt;br /&gt;Fue una noche tormentosa de las que ya no se tenía  recuerdo…Llovió  sin conceder descanso. .El cielo estaba furioso y liberaba su cólera. Un chaparrón azotaba al Cerro Pelón  La población, con el miedo en el alma,  aguantaba  en sus casas. Entonces no valía plegaria que existiera.&lt;br /&gt;-La verdad no tuvo misericordia  de Dios -advirtió  el viejo Matías, al tiempo que  con los dedos de su mano derecha  hacía la señal de la cruz  y se santiguaba  empezando por la frente y proseguía en orden descendente  por la nariz, ambos lados  de la boca, la barbilla y finalmente el pecho. Aseguraba que el implacable temporal era otro  diluvio universal: “Llueve que llueve, tanto así,  que no se veía para arriba. Entonces empezó todo: se hizo un silencio mortal y la montaña empezó a temblar. Después,  muy despacio, sin asomo de prisa, lentamente se fue hundiendo como si se la tragara un pantano, arrastrando consigo casas y colonos. No existía salvación para nadie. No había por dónde escapar”.&lt;br /&gt;El anciano hizo una pausa y después con el susto en la boca, expresó: “Fue horrible, señor. El Cerro Pelón se hundía y se hundía despacio, muy despacio, como si no tuviera prisa y alargara la agonía de quienes no supieron compartir su riqueza. Por dondequiera se escuchan lamentos de terror y suplica, En tanto, seguía hundiéndose hasta desaparecer  de la faz de la tierra, dejando tras de sí  un tenebroso aullido de agonía. Entonces dejó de llover…&lt;br /&gt;Al siguiente amanecer no se encontró ni huella de él. Sólo una  desolada llanura.&lt;br /&gt;-¿Qué cómo me salvé de morir sepultado? Ay, señor; por fortuna soy tan viejo que no puedo  levantar ni pico ni hacha. ¿Entonces para qué  iba a subir al Cerro Pelón? Pero de algo sí estoy cierto: soy  el único que vio como se hundió y que tarde o temprano, la tierra también me tragará. Lo sé. Soy el único que falta…&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-4035132600950471897?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/4035132600950471897/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=4035132600950471897' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/4035132600950471897'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/4035132600950471897'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2009/01/el-cerro-peln.html' title='EL CERRO PELÓN'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-184193834985678995</id><published>2009-01-20T17:07:00.000-08:00</published><updated>2009-01-20T17:08:11.916-08:00</updated><title type='text'>LA RECESIÓN ECONÓMICA</title><content type='html'>LA RECESIÓN ECONÓMICA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por José Dávila A&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desde que en el  recién finado año 2008, políticos, economistas, videntes, agoreros, pregoneros, adivinos, hechiceros, incluyendo  el socorrido gremio de los brujos, han recurrido  a la palabrita “blindar” en un intento por proporcionar seguridad  a la ciudadanía  ante los pronósticos de que el recién nacido 2009  será un año en  extremo difícil, nuestro héroe, Filomeno Poca Suerte, decidió “blindarse” contra las negativas repercusiones de una inminente recesión económica.&lt;br /&gt;Y decidió “blindarse” porque la  famosa palabrita le hizo gracia al ponerse  de moda en todos los círculos  oficiales, políticos, sociales y medios de comunicación. Sin embargo, ¿por dónde  empezar?  Inquieto, Filomeno al no  comprender a ciencia cierta el significado del vocablo, decidió indagar en el diccionario:&lt;br /&gt;“Blindar: acorazar y proteger con planchas de diversos materiales contra agentes exteriores como proyectiles, radiaciones, etc.”&lt;br /&gt;-Ahora empiezo a entender –razonó con admirable intuición. Sin embargo, decidió investigar aún más:&lt;br /&gt;“Blindaje: revestir con chapas metálicas de protección: blindar un carro de combate”.&lt;br /&gt;-¡Como los taques  Sherman M4 que invaden la franja Gaza! –exclamó Poca Suerte.&lt;br /&gt;De esta manera, empezó a percibir que los bancos mercantiles, para impedir una estampida de recursos económicos por parte de sus cuentahabientes, aseguraron estar “blindados” contra cualquier emergencia que pudiese presentarse en el futuro.  Así pues, las inversiones de su membrecía  estaban “amuralladas” y no corrían ningún riesgo.&lt;br /&gt;-Buena decisión –aprobó no sin cierto regodeo.&lt;br /&gt;Al mismo tiempo, el gobierno, en voz de su presidente en turno, aseguraba estar “blindado”   para que no sufriese menoscabo la economía nacional.&lt;br /&gt;-Entonces no hay nada que temer –dedujo con admirable convicción.&lt;br /&gt;A la par, la  élite empresarial, a través de su vocero oficial, hacía alarde de estar “blindada” desde el año pasado por aquellos de las “condenadas moscas”. Sin embargo,  se sabía tras bambalinas que ya habían puesto a buen resguardo su riqueza  patrimonial, obviamente, “blindada”.&lt;br /&gt;-Más vale prevenir que lamentar –afirmó “Fili”, como le decían de cariño en casa.&lt;br /&gt;Por supuesto, las Cámaras de Comercio también habían saltado a la palestra  publicando grandes desplegados en los medios impresos, informando que su “blindaje” a favor de sus distinguidos socios, estaba protegido a prueba de indeseables  vaivenes de la veleidosa moneda nacional.&lt;br /&gt;-Más vale pájaro en mano que ciento volando- comprendió de inmediato.&lt;br /&gt;Más tarde, tras una reunión de la Confederación de Cámaras Industriales, se advirtió que para enfrentar la tormenta económica que se avecinaba, habían decidido adoptar urgentes ajustes relacionadas con paros técnicos, disminución de jornadas laborables, despido de personal, austeridad administrativa,  programas para recortar egresos y cancelación de prestaciones laborales. Sin embargo, no se informó que ya ascendía a 400 mil los desempleados.&lt;br /&gt;-¡Ay  que “jijos” de su blindada maternidad! –reprobó molesto.&lt;br /&gt;Por supuesto que, aprovechando la oportunidad, surgió una innovador instituto: “Servicios de Blindaje a Ejecutivos”, con base en un intensivo asesoramiento, incluyendo a sus agentes de seguridad privada y  escoltas para esposas afligidas.&lt;br /&gt;-¡Claro! No podían faltan los oportunistas –reflexionó  Fili con enojo.&lt;br /&gt;Sin embargo, la clase media y los estratos más paupérrimos de la población, no estaban “blindados” en contra de una ola especulativa mercantil y la devaluación de la moneda que se desató en aras de una recesión que  llegó del exterior.&lt;br /&gt;-Por vez primera ahora no fue culpa del gobierno –reflexionó  a manera de consuelo.&lt;br /&gt;Ya no quiso indagar más. Alarmado por las malas noticias, siempre previsor, Filomeno Poca Suerte, decidió “blindarse”.&lt;br /&gt;Sin dudar un segundo, almacenó víveres, agua, velas, ropa, sábanas, cobertores,  cuentos de Mafalda, veneno contra las ratas, y se dio a la tarea de “acorazar” su casa, soldando  gruesas láminas de acero en la fachada, en la barda posterior, en las ventanas del segundo piso y,  por supuesto, cubrió todo el techo.&lt;br /&gt;Su hogar era un impenetrable bunker que hubiera envidiado el mismo Hitler. El único problema es que se olvidó de las puertas.&lt;br /&gt;Ahora si existían  motivos de preocupación para “desblindarse”…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-184193834985678995?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/184193834985678995/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=184193834985678995' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/184193834985678995'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/184193834985678995'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2009/01/la-recesin-econmica.html' title='LA RECESIÓN ECONÓMICA'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-9077920243457003377</id><published>2009-01-03T00:32:00.001-08:00</published><updated>2009-01-03T00:32:57.428-08:00</updated><title type='text'>LA CONFESIÓN DE APOLONIO</title><content type='html'>LA CONFESIÓN DE APOLONIO.&lt;br /&gt;Por José Dávila A.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La enorme nave de la iglesia estaba en silencio y sólo iluminada a intervalos por los rayos del sol del  atardecer que se colaban por  su altos ventanales. Un ejército de bancas de madera fue testigo de la presencia de un joven sacerdote con sotana negra, escapulario a la cintura y misal en mano, quien al pasar frente al altar mayor, bajó la cabeza en señal de  reverencia al Altísimo, se persignó, y prosiguió su camino hacia el confesionario en donde ceremoniosamente se encerró.&lt;br /&gt;Tras rezar un padrenuestro, descubrió el velo de la ventanilla izquierda y con voz baja, susurró: “En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo”. A continuación, expresó: “Te escucho, hijo  mío; confiesa tus pecados”.&lt;br /&gt;Fuera del confesionario,  hincado en un reclinatorio, estaba un hombre  calvo, de rostro demacrado, tupida ceja,  ojeroso, poblada barba, de  edad avanzada y ciertamente decaído.&lt;br /&gt;-Me llamo Apolonio, padre, pero de cariño me dicen “Apo” –advirtió arrastrando una voz cascada.&lt;br /&gt;-¿Qué puedo hacer por ti, Apolonio?&lt;br /&gt;-Aquí en confianza, mejor dígame “Apo”, es más fácil y familiar.&lt;br /&gt;-Está bien Apo, siempre es bueno confesarse cuando empieza un nuevo año.&lt;br /&gt;-¿Cómo? Este…bueno…no sé…yo sólo venía a…&lt;br /&gt;-No te avergüences, hijo mío. Comprendo, anda, te escucho- insistió el confesor.&lt;br /&gt;-Apo, padre, Apo.&lt;br /&gt;-Está bien Apo, dime tus pecados -apresuró el religioso.&lt;br /&gt;- Es que ya estoy tan viejo que ya ni me acuerdo qué debo confesar…&lt;br /&gt;- Tus pecados, hijo; abre tu corazón a Dios y confiesa tus tormentos.&lt;br /&gt;-¿Tormentos?  ¿Cuáles tormentos? No me asuste padre. &lt;br /&gt;-Está bien, Apo, está bien. Me refiero a tus faltas.&lt;br /&gt;-¿Pues ya cuales padre?  Nomás dígame a los 79 años de años ¿qué puedo confesar…?&lt;br /&gt;-Algo que te atormente y quieras arrepentirte.&lt;br /&gt;-Viera que no, padrecito. Nunca me he visto en la hoguera del martirio –aseguró Apo.&lt;br /&gt;-Vamos, vamos. ¡De algo podrás acordarte! -.empezó a desesperar el eclesiástico- ¡De algo tendrás que arrepentirte!&lt;br /&gt;- Pues sí, ¿pero como de qué…? –ahora si confesó ignorancia el anciano.&lt;br /&gt;--No lo sé, tú mejor que  nadie lo sabrá.&lt;br /&gt;-Bueno, pues veo la televisión.&lt;br /&gt;-Todos vemos la televisión, hijo mío; eso no es pecado- aceptó el padre en tono conciliador.&lt;br /&gt;-¿Hasta las telenovelas?&lt;br /&gt;-Bueno…pues sí.&lt;br /&gt;-Entonces me confieso que se me brincan las lágrimas cuando sale en la pantalla  una mujer en  ropíta interior.&lt;br /&gt;-¡Calla! ¡Es el diablo quien guía tu conciencia!&lt;br /&gt;-¿Seguro, padre?&lt;br /&gt;-¡Segurísimo!&lt;br /&gt;-No padre, no tan sólo son las lágrimas; también el corazón se me altera como si fuera un tambor.&lt;br /&gt;-A ver, vamos por el principio: ¿Estas casado?&lt;br /&gt;-Lo  estuve, padrecito. Creo que  con siete mujeres.&lt;br /&gt;-¡Siete veces!  ¿Esposas o amantes?&lt;br /&gt;-No padre, se lo juró, no fueron amantes.&lt;br /&gt;-¿Entonces no vivías en amasiato?&lt;br /&gt;-Tampoco, padrecito, por éstas que no –confirmó Apo&lt;br /&gt;-Pues no te entiendo…&lt;br /&gt;-Estuve casado siete veces con todas de la ley; se lo prometo –acentuó  con vehemencia el viejo haciendo con la mano derecha la señal de la cruz y besándola con vehemencia.&lt;br /&gt;-¿Al mismo tiempo, Apo? –exclamó con asombró el confesor.&lt;br /&gt;-¡Ni Dios los quiera, padre, me hubiera vuelto loco!&lt;br /&gt;-Perdón,  perdón, hijo mío; es que me alarmas con todo lo que dices. A ver, dime, porque hablas de que “tuviste…”&lt;br /&gt;-Porque toditas se murieron padre.&lt;br /&gt;-¿Todas se fueron al cielo?&lt;br /&gt;-A lo mejor,  padre. La verdad no lo sé, nunca las vi volar.&lt;br /&gt;-¡No seas…no seas…! Mejor, mejor prosigue.&lt;br /&gt;-Debo advertirle que todas  eran buenas personas. Creo que la primera era cuando tenía 23 años de edad. Lo que no me acuerdo es si fue Elena, Casimira, Elodia, Eduarda, Dolores o Crisanta. ¡Sí, sí…fue Crisanta!&lt;br /&gt;-¿Y de qué murieron, hijo mío? –preguntó curioso el confesor.&lt;br /&gt;-Pues a Elena la atropelló una bicicleta; Casimira se intoxicó con taco de carnitas; Elodia, se resbaló en la tina del baño; Eduarda se cayó de un balcón de tres pisos de altura, cuando regaba sus macetas Y Dolores, creo que  de mal de ojo; bueno eso me dijo la yerbera Juliana, buena mujer de de los rumbos de Río Frío, que hacía pócimas para el dolor de tripas. De las demás, la verdad que ya ni me acuerdo. Pero ha sido muy triste, padrecito, muy triste. Siempre viudo y viudo, una y otra vez...&lt;br /&gt;-Así  lo quiso el Señor –advirtió con resignación el clérigo.&lt;br /&gt;Después de un  respetuoso  minuto de silencio, se animó a preguntar: “¿Y cuántos hijos tuviste, hijo mío?”&lt;br /&gt;--Ninguno, padrecito -aseguró el  ya casi octogenario.&lt;br /&gt;-¡¿Ninguno?!&lt;br /&gt;-No hubo tiempo.&lt;br /&gt;-¿Cómo qué no hubo tiempo?&lt;br /&gt;-Pues ya sabe lo caprichosas que son las mujeres. No siempre a las primeras de cambio  encargan. La verdad que algunas me salieron “saladas” y con el resto que estaba más puesto que un tigre….pues ya era tarde&lt;br /&gt;-¿Tarde? ¿Por qué?&lt;br /&gt;-Pues, pues…cosas de la edad, Usted entiende, ¿no?: me pegó el climaterio masculino.&lt;br /&gt;-¿Climaterio masculino? No entiendo, hijo. Querrás decir andropausia&lt;br /&gt;-¡Pues eso mismo! La mera verdad que ya no podía: mi cabeza decía que si, pero, pero, lo principal decía que no.  Entonces, cuando mucho se trataba de unos besitos y ya… ¿Ahora me comprende?&lt;br /&gt;-Lástima, digo, ni modo, hijo, ni modo; así es la vida. Con el tiempo van mermando  muchas cosas. ¿Cuándo te casaste por última vez? –preguntó curioso el sacerdote.&lt;br /&gt;.Pues hora lo verá, como hace un mes.&lt;br /&gt;-¿Un mes? Entonces tienes una esposa viva.&lt;br /&gt;-No padre, tampoco; se murió de un aire en el pecho. No le digo que tengo mala suerte.&lt;br /&gt;-Olvídate de las muertitas, hijo. Dime, estoy seguro de que alguna vez has pecado de pensamiento, palabra u omisión. ¿No es así?&lt;br /&gt;- No, viera que no. Soy bien portado y mejor hablado.&lt;br /&gt;-¡Entonces que deseas confesar! – gritó con desespero el pobre párroco.&lt;br /&gt;Dudando un poco, Apo decidió decir verdad: “Es que no vine a confesarme, padre”.&lt;br /&gt;-¿Entonces?&lt;br /&gt;-Vine a pedirle me conceda una fecha para casarme otra vez, eso sí, por la santa iglesia como Dios manda…&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-9077920243457003377?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/9077920243457003377/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=9077920243457003377' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/9077920243457003377'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/9077920243457003377'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2009/01/la-confesin-de-apolonio.html' title='LA CONFESIÓN DE APOLONIO'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-908099683621881972</id><published>2008-12-20T18:07:00.001-08:00</published><updated>2008-12-20T18:07:43.292-08:00</updated><title type='text'>TESTIMONIO DE AMOR</title><content type='html'>TESTIMONIO DE AMOR&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por José Dávila A.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Había rebasado los sesenta años de edad,  cuando murió mi madre tras una larga y penosa agonía. De ella heredé una pequeña caja de madera.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al observarla, caí en cuenta  que la había hecho en el taller de carpintería de la escuela secundaria; la tapa seguía chueca del lado derecho. El reencuentro, me sorprendió; me había olvidado de ella desde el mismo día en que la llevé a casa, es decir, 50 años atrás. Mi madre le había guardado toda la vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con timidez  la abrí y en el interior encontré un increíble bagaje de recuerdos. Descubrí retratos de familia que no conocía: la imagen de mi padre cuando soltero; un joven apuesto, elegante, seguro de sí. Siempre de sombrero, sentado en la mecedora preferida, parado en la puerta de la casa, y sonriente, recargado en la portezuela de un flamante "forcito"; en el reverso, la declaración de amor a la mujer amada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ella, apenas una jovencita, con el pelo ensortijado y una radiante sonrisa, posando alegre en un jardín, en una calle. Luego, la estampa color sepia de la boda. Tiempos de guerra cristera, tiempos de asedio y muerte, tiempos de matrimonios clandestinos. La novia, solemne, sentada con vestido blanco y gladiolos en las manos; el novio, parado, recto, de sobrio traje negro y corbata de moño. Al fondo pesados cortinajes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después, fotografías del orgulloso padre con el primogénito recién nacido; meciéndolo en la cuna, cargándolo y vistiéndolo amorosamente. Otras más; el hijo con pantalón corto o blanco traje de marinero. También yo -¿seis años de edad?–, en un balneario público. Entreverada, una carta fechada en la ciudad de Cuernavaca, Morelos,  el seis de febrero de l913;  el color amarillento denunciaba la vejez. De la relatoría apenas legible, descifré el párrafo final: “Tengo el honor mi Teniente Coronel de hacer a usted presentes mi subordinación y respeto. Libertad y Constitución. El Mayor Juez Instructor: Eliseo Arellano.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces lo adiviné: la firma correspondía al hombre que fue pasado por las armas zapatistas. Cuando niño, así lo escuché de boca de las tías. Eliseo Arellano era mi abuelo. ¡Por fin sabía el nombre! Un soldado orgulloso de su militancia  que combatió en la revolución. ¿Y la abuela, cómo se llamaba? No hallé posterior relación. ¿Por qué nunca habló mi madre de ellos? Jamás lo sabría...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A estas alturas, sentimientos diversos empezaron a sacudirme el alma. Otro paquete. Retratos míos de escolar y de adolescente; de estudiante y de conscripto con casco de guerra y fusil en bandolera. También de mi primer trabajo en  el aeropuerto y la primera novia; de mi casamiento y luego mis hijos. Además, un atado con listón rojo con cartas y postales que, cuando viajero, siempre le escribía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la cajita, la primera pipa con la que jugué de mozalbete a ser hombre. La cazoleta guardaba un papelito bien doblado; lo extraje,  lo desdoble  y me encontré un diente de leche con un mensaje escrito: “Segundo diente de mi hijo; el primero se lo tragó”. Junto a la pipa, un puro reseco: “Este me lo regalaste al nacer tu segundo hijo”. A un lado, en una bolsita de franela, mi primer encendedor “Ronson” de gas con las iníciales grabadas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Demonios! ¿Cómo es posible todo esto?, me preguntaba admirado al revivir aquellos vanos desplantes en donde, rápido, era el primero en sacar el encendedor para presumir y prender los cigarrillos de los amigos. Recriminándome me regalé una pequeña sonrisa de justificación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después siguió un mechón de pelo: “De tu segunda visita a la peluquería”. Mi primer reloj, el de carátula negra. Dos sobres del sueldo quincenal que siempre entregaba a mi madre sin abrir. ¡No puedo creerlo!, exclamé al encontrar una bolsita con canicas “que debes de repartir entre tus hijos y sobrinos.” ¡Eran mis tiritos preferidos! “Agüitas” y “ponches” multicolores con los que jugué y aposté muchas veces. ¡Dios mío! No es verdad, no puede serlo, me repetía aturdido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Igualmente, con emoción, tropecé  con el escudo de la Secundaria, la "U" de la Universidad, y la “M” de Medicina que llevaba en el suéter azul y oro; adjunto otro recado: “Las canijas y ociosas polillas se comieron los estambres. ¿Los recuerdas? De todos modos conserva estas chacharitas que me hacían tan feliz”. Ahí también se empalmaban las boletas de calificaciones de primaria, de secundaria; las credenciales de la preparatoria, la escarapela que llevaba en la cuartelera de conscripto; un  peso de plata “el cual te dejo porque cada día subirá de valor; ya no circulará. Deseo que lo guardes y a su tiempo lo heredes a tus hijos, como un recuerdo mío”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Mi confusión creció al toparme con los primeros regalitos que le obsequiaba en el Día de las Madres. Olían a tiempo ido. Un corazón pirograbado en madera, una minúscula talega de percal con flores bordadas, las tarjetas dedicadas el 10 de Mayo, y algunas cartas que les escribí a  los Reyes Magos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los recuerdos me golpeaban; desordenadas imágenes se arremolinaban  y lastimaban mi alma de niño. ¡Qué años aquellos!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la caja mágica, delicadamente envuelto, se agregaba el misal de la primera comunión y las estampitas conmemorativas que se acostumbraban regalar. Seguía un paquetito del que  se escaparon unas migajas: “Aquí dejo un pan bendito que conservó tu papá, como símbolo del pan diario que da el trabajo honrado; yo sé que nunca faltará en tu hogar”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con manos temblorosas, pasé  lista a dos boletos de autobús de la línea “Estrella de Oro” con destino al puerto de Acapulco: Noviembre de 1955; sobre una ajada tarjeta–Amueblados Silva: cuartos ventilados, ambiente familiar y precios módicos –un apunte: “Recuerdo de los siete días más maravillosos de mi triste vida y que nunca agradeceré lo bastante a mi hijo por la  enorme felicidad que me proporcionó”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al seguir hurgando, el corazón me dio un brinco al ver un pequeño y mutilado soldado de pasta, heroico sobreviviente de las batallas infantiles. Un aviso atado a la única pierna sana, rezaba:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Hijo mío: este no es un sólo recuerdo de tu niñez, de tu padre y una época tan bella como es la Navidad. Es también un símbolo. Observarlo: le falta un brazo, una pierna. En el rostro parece haber un gesto de dolor, y, sin embargo, sigue adelante en la lucha con valentía y determinación. No olvides que son los defectos del alma y los del carácter, los que hacen  amarga y difícil la existencia. Espero que tú tengas igual entereza para la dura batalla de la vida. Conserva este soldadito y cuando estén tus hijos en edad de comprender, explícales lo que representa.  Tu madre que te adora”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En ese momento, se me trompicaron las dudas. Por vez primera me cuestioné: “¿Acaso tuve la capacidad de transmitir a mis hijos tan vital enseñanza?”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Enseguida liberé otra saquito, ahora de terciopelo negro; contenía los fistoles, prendedores y camafeos que le había regalado en el transcurrir del tiempo. El asombro aumentó al encontrar en un sobre de papel celofán, los restos de unos pétalos de flores que todavía conservaban delicado aroma: “En mi cincuenta aniversario, ¡fueron las flores más bellas que jamás me diste!”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las evocaciones que experimentaba empezaron a minar mi ánimo; estaba flaqueando y, terco, contenía el llanto. Cuando vacié todos los objetos, en el fondo se escondía el mensaje póstumo, la despedida final que ella había escrito diez años atrás, cuando ya le pedía a Dios morirse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Hijo: nunca te repetiré bastante que estoy orgullosa de ti y que me hiciste muy feliz. Que no me diste penas y sí muchas satisfacciones por tu conducta derecha, por tu cariño y respeto hacia mí y que, desde lo más profundo de mí ser rezo porque tengas la felicidad que mereces. Debes saber que hasta el último momento te cubro de bendiciones. Un beso final en el que va para ti todo mi corazón y todo el amor que desde que naciste te entregué. Adiós amado hijo, mi siempre amado hijo”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A lo largo de hallazgos tan imprevistos, la imagen de mi madre había crecido y crecido. Ahora cobraba una dimensión infinita; emociones encontradas me oprimían el aliento. Un nudo en la garganta ahogó un sollozo; me sentía aplastado, doblado bajo el peso de tan abrumador testimonio de amor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; De la profundidad de tantos desgarramientos y añoranzas, me rescató la voz de mi nieta María Elisa, quien al  verle con semblante  tan triste, me preguntó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;– ¿Abuelo, por qué de pronto te hiciste viejito?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No supe que contestar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, ella dio pronta respuesta:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Por la vida, ¿verdad abuelo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–Si hija, por la vida…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Después la abracé acunándola en mi pecho y empecé a llorar.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-908099683621881972?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/908099683621881972/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=908099683621881972' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/908099683621881972'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/908099683621881972'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2008/12/testimonio-de-amor.html' title='TESTIMONIO DE AMOR'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-4013810857757908936</id><published>2008-12-16T17:03:00.000-08:00</published><updated>2008-12-16T17:04:15.309-08:00</updated><title type='text'>EL SUICIDIO</title><content type='html'>EL SUICIDIO&lt;br /&gt;Por José Dávila A.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En vísperas de Navidad del año pasado, lo conocí cuando era un joven  de 16 años de edad; sano, estudioso,  inteligente y prometedor. Se llamaba David, y digo que se llamaba, porque ayer se suicidó.&lt;br /&gt;Su habitación, como siempre, lucía inmaculadamente arreglada.  Se había vestido con su mejor ropa. La que usaba exclusivamente para ocasiones especiales: el único traje que tenía, su camisa blanca, corbata roja, calcetines azules y zapatos nuevos.&lt;br /&gt;Se ahorcó en su recámara. Su madre, extrañada de que no se presentaba a desayunar, intuyó que algo andaba mal. Su corazón se lo decía y le latía cada vez más fuerte en la medida que se acercaba a la puerta del  cuarto de su hijo.  Cuando la abrió, se encontró a David colgando de una viga; le había anudado una sábana que después la enrolló en su cuello.&lt;br /&gt;No existía mensaje de despedida. Sólo privaba el silencio…&lt;br /&gt;Uno de sus inseparables amigos, al conocer  la fatal noticia, comentó: “A David la vida lo arrolló sin piedad”.&lt;br /&gt;La noticia de su fallecimiento me causó gran conmoción.  Sus familiares y más cercanos allegados, no podían entender las causas que le llevaron a tan fatal decisión, porque estaban muy ajenos  a su devenir. Era indudable que su muerte se derivó de una acción desesperada.&lt;br /&gt;La actual sociedad, cada vez más individualista, exigente y selectiva, demanda de la juventud en ciernes  responsabilidades tempranas difíciles de resolver, y se muestra indiferente al hecho de que  las oportunidades de desarrollo humano en un ambiente descarnadamente competitivo, sean  en extremo limitadas.&lt;br /&gt;David se encontró en una difícil coyuntura: para poder aspirar a una carrera profesional, también tenía que trabajar. En ocasiones doblar turno. Su padre así se lo demandó. “O estudias  o trabajas; en esta casa cada quien consigue su propio pan”. Sumiso, aceptó. Con tropezones, prosiguió sus estudios, pero le fue muy difícil encontrar un trabajo relacionado con su aprendizaje y por ende remunerativo.&lt;br /&gt;Y se inició el vía crucis…&lt;br /&gt;Las instancias académicas no le apoyaron para otorgarle una beca. Las fuentes de empleo que se identificaban con sus conocimientos, estaban saturadas. El día se le agotaba en largas horas de espera a las puertas de la gerencia de contratación de una empresa, una fábrica, una tienda  o en el consabido “vuelva mañana”. El  único resquicio de escape eran tareas de suplente de mozo, barrendero de ocasión y con un poco de suerte, lavaplatos nocturno. Por supuesto, las  condiciones económicas eran paupérrimas.&lt;br /&gt;Resignado, aceptó el papel que la vida le asignó: aceptó actividades relacionadas con la prostitución y se inició en el consumo de alcohol y drogas. El siguiente paso fue convertirse en un “chico banda”. El clan de “Los Inmortales” lo reclutó, y como novicio le obligaron a cometer bajezas que atentaban contra su dignidad. Consciente de ello, al encontrarse sin futuro, fue presa de una profunda depresión.&lt;br /&gt;En su hogar, la familia estaba muy ocupada en sus menesteres para preocuparse por él. Así lo imponían los tiempos modernos. Ganarse la vida no era fácil.&lt;br /&gt;David, no soportó más. Con sentimientos encontrados de impotencia y frustración, decidió abandonar este mundo. Y lo hizo con sangre fría; se negó a ser soldado de lo desconocido.&lt;br /&gt;Cuando su madre lo descubrió como un péndulo de reloj viejo, no comprendió los motivos por las cuales David se había fugado por “la puerta falsa”. Entonces le lloró por vez primera en su vida, lamentando que su hijo  era un muchacho exitoso con un gran futuro por delante.&lt;br /&gt;Desconocía  que el suicidio es la tercera causa de muerte entre la juventud mexicana.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-4013810857757908936?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/4013810857757908936/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=4013810857757908936' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/4013810857757908936'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/4013810857757908936'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2008/12/el-suicidio.html' title='EL SUICIDIO'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-1165509459451980601</id><published>2008-12-10T15:29:00.000-08:00</published><updated>2008-12-10T15:30:21.259-08:00</updated><title type='text'>FIN DE AÑO</title><content type='html'>FIN DE AÑO&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por Josè Dàvila A&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Apenas nacía diciembre, mi padre iba a comprar el árbol de Navidad. A su lado, mi hermano Raúl y yo. Íbamos felices. Era el anuncio previo a la época de los sueños y fantasías infantiles; se acercaban los días de escribir cartas a Santa Clos y a los Reyes Magos; sus imágenes cobraban nueva dimensión. Se acercaban, pues, las posadas y las piñatas; las velas, los cánticos y los rezos; se empezaba a oler a ponche, a tejocote, a lima y mandarina. Sí, se acercaban los días en que nuestros padres se iban a hablar otra vez, tras un año más de impactante silencio”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así recordaba mis ayeres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Cómo no íbamos a estar contentos si en la cena de Nochebuena ellos iniciaban el titubeante diálogo que concluía al amanecer del año nuevo? Cierto; se avecinaban días de perdonar. Qué irónico ¿no? Sí, se perdonaban. Él creía perdonar más. Si la hubiese dejado, mi madre le hubiera hablado todos los días de su existencia. No obstante, el guión tenía por mandato sólo una semana de parlamento al año. Una semana en donde se acababa el “dile a tu madre esto o el dile a tu padre esto otro”. ¿Saben? ¡Cuánto trabajo le costaba a mi papá romper el mutismo! Y nosotros pensábamos: “¡Ay, si todo el año fuera Navidad!”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; ‘Todo empezaba con la compra del árbol. Con la emoción contenida, siempre al anochecer, mi hermano y yo, acompañábamos sus pasos al mercado de la Lagunilla. En un solar de las calles de Allende, se apretujaban los arbolitos, qué digo, ¡los pinos! Así eran de grandes. Enormes, con su tupido y enorme follaje elevándose al cielo. ¿Cómo olvidar su olor que invadía todos los rincones de la casa, tornándola cálida y promisoria? ¿Cómo olvidar aquellos momentos en que por nuestras mentes ya soplaban vientos de vacilación sobre los juguetes a pedir en nuestras cartas?”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Los dos contábamos el paso de los días aferrados a la esperanza de la reconciliación de mamá y papá antes de lo establecido. ¿Será hoy? ¿Acaso mañana? ¿La próxima semana?  Era inútil anticipar lo ya programado. Por las noches, cuando mi padre regresaba del trabajo, no descubríamos en su cara señal alguna: siempre adusto, al igual que a lo largo de todo el año.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Tiempo después sabría que no hay grandes razones para que reine el silencio. La de mi familia tampoco fue una gran razón- Al no  alcanzar el gasto para satisfacer medianamente el sostén de la  familia, mi madre buscó trabajo cosiendo sombreros y ramilletes de  flores para novias y jovencitas quinceañeras, para aportar apoyo  económico al hogar. La decisión materna lastimó el amor propio &gt; paterno. Sin mediar juicio, la sentencia fue definitiva: la &gt; indiferencia acompañada del silencio&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿La razón del distanciamiento? Tiempo después  lo sabría: al no alcanzar el gasto para satisfacer medianamente el sostén de la familia, mi madre buscó trabajo cosiendo sombreros y ramilletes de  flores para novias y jovencitas quinceañeras, para aportar apoyo económico al hogar. La decisión materna lastimó el amor propio paterno. Sin mediar juicio, la sentencia fue definitiva: la indiferencia acompañada del silencio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Recuerdo que el día 24, todo era movimiento y nerviosidad Mi mamá se pasaba el día en la cocina preparando una  sabrosa cena y nosotros corriendo al mercado a comprar los olvidos. Felices íbamos y veníamos; la emoción nos aceleraba el corazón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sabíamos que papá ahora llegaría con semblante sereno y cargando una botella de vino tinto y dos de sidra, mientras por la casa ya corrían los olores de la sopa de coles, de los romeritos, el pollo asado, las papas fritas, y la ensalada de Nochebuena. Que luego se bañaría y vestiría el traje dominguero, en tanto mi madre se daría tiempo de arreglarse con discreción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Que iríamos a la iglesia a dar gracias y regresaríamos sin pronunciar palabra. Que, con la incertidumbre golpeándonos el pecho,  nos sentaríamos a la mesa ya dispuesta. Raúl y yo en cada una de las cabeceras y ellos en medio, frente a frente. ¿Sería ahora? Turbados empezaban a pronunciar monosílabos: “Buenas noches”, decía mi papá. “Buenas noches”, decía mi mamá. “Felicidades a todos”, deseaba mi papá. “Sí, felicidades a todos...”, deseaba  mi mamá, siempre con la mirada fija en el mantel”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-En silencio, mi hermano buscaba mis ojos y yo los suyos. Eran optimistas mensajes cifrados. Así compartíamos el goce que nos invadía. Por ello, mucho nos cuidábamos de llamar la atención. No decíamos nada, no hacíamos ruido, sólo los mirábamos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“¿Brindamos?” –proponía mi papá.  “Si...”, aceptaba mi mamá. “¿Un vaso de sidra?”, ofrecía mi papá. “Sí, como tú quieras...”, asentía mi mamá. Con mano firme mi padre aflojaba el corcho de la botella hasta dejarlo listo para salir disparado. Cuando el estallido se producía, todos reíamos y él servía. Pronto se levantaba; miraba a mi madre y luego a nosotros. Alzaba su vaso y nos deseaba felicidad. “¡Feliz Navidad!”, le respondíamos en coro. Entonces, por fin... ¡por fin sonreían los dos!”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el transcurso de la semana la conversación no progresaba demasiado, pero tan poco decaía. En ocasiones todos acudíamos  al cine, a pasear al Zócalo o a la Alameda. Eran alborozados días en los cuales el enojo se exiliaba del vínculo conyugal. En las caminatas disfrutaban de los algodones de azúcar, de las castañas asadas, de los buñuelos y el atole de fresa.&lt;br /&gt;  La cena de año nuevo, era calca de la anterior. No variaba el protocolo y no variaban los platillos. Pese a los abrazos emocionados y amorosos acompañando las doce campanadas, sabíamos que el ensueño agonizaba. Al concluir la velada, así como se apagaba la última vela del árbol, así se apagaba la voz de nuestros padres…&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-1165509459451980601?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/1165509459451980601/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=1165509459451980601' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/1165509459451980601'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/1165509459451980601'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2008/12/fin-de-ao.html' title='FIN DE AÑO'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-6006849611708998565</id><published>2008-11-28T16:12:00.000-08:00</published><updated>2008-11-28T16:13:05.057-08:00</updated><title type='text'>!YO SOY YO!</title><content type='html'>¡YO SOY YO!&lt;br /&gt;Por José Dávila Arellano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Soy el centro de la tierra. Soy el sol que la ilumina y la  galaxia que la cobija. ¿Por qué...?  ¡Porque yo soy yo!&lt;br /&gt;Así pensó Pablo desde el mismo instante en que fortuitamente admiró su cuerpo desnudo frente un espejo. En aquel momento, pese a su naciente juventud, se percató que era bello, sensual, inteligente y carismático. Entonces se enamoró de sí mismo y se dedicó a cultivar su físico y alimentar el ego.&lt;br /&gt;Su narcisismo crecía día a día y llegó a una conclusión: conocedor  de la idiosincrasia enfermiza del pueblo que suele rendir pleitesía a quien ostenta nombre de nobleza y no de la plebe, decidió cambiar su nombre de Pablo Hernández por el de Paolo Varese Ascoli de Calabria.&lt;br /&gt;Su inesperada presentación ante los  círculos de la alta sociedad, la envolvió en un halo de misterio, (jamás reveló su país de origen), aunque se asumía que sería italiano de buena sepa.  La incógnita que suscitaba su presencia en el país, hacía suponer que deseaba realizar grandes inversiones en desconocidos proyectos a nivel internacional.&lt;br /&gt;Así pues se le tendió la alfombra roja de acceso al círculo financiero.&lt;br /&gt;Con el diario trabajo en el gimnasio para impactar con su físico a damas prominentes que le facilitaran sus propósitos y una buena  dosis de audacia para cautivar a sus semejantes, Ascoli de Calabria pronto se doctoró en un estafador de la amistad, en un defraudador de la confianza y en un oportunista de la buena voluntad de su prójimo. Pronto conquistó a lo más granado de la gente de negocios, amasando una buena fortuna  con base en inversiones  para la instauración de empresas fantasmas.&lt;br /&gt;Sus maquinaciones eran perfectamente analizadas y puestas en marcha con la seguridad de que en los negocios que había elucubrado,  quedaría  libre de culpa en caso de bancarrota. Los inversionistas se quedaban  bolsillos al revés. Nunca hallaron una  argumentación  válida para demandarlo. Tan sólo encontraban resignación ante los desfalcos sufridos.&lt;br /&gt;Sin embargo, se dice que “el que la hace…la paga”. Paolo, en una cena  conoció a una deslumbrante  mujer. Sin duda era la diosa de sus sueños.  Hermosa, esbelta, curvilínea, provocativamente erótica, alegre y pícara, quizá demasiado  pícara.  Bastaron unos segundos para enamorarse de ella e iniciar un pertinaz acoso a fin de conquistarla. Ella, de nombre Elena, se resistía. Sin embargo, finalmente sucumbió a la tentación: accedió casarse, previa firma de un contrato prenupcial en el cual  Paolo  le legaba toda su fortuna.&lt;br /&gt;Sin miramientos ambos firmaron y dos días después se matrimoniaron. Tras un fastuoso banquete para más de 300 invitados,  al fin se consumó la anhelada noche nupcial.&lt;br /&gt;A la mañana siguiente  Varese se despertó  más que satisfecho. Convencido de que era un conquistador, un adonis sin remedio, giró para abrazar a la mujer amada y sólo encontró un montón de sábanas coronado con una carta que a la letra decía:&lt;br /&gt;“Querido Pedro:&lt;br /&gt;Los tiempos cambian y me he tornado en toda una mujer. Agradezco tu generosa donación económica. No me llamo Elena, sino Petronila  Sánchez Gutiérrez, la “mocosita” del barrio del “Tecolote” en donde vivíamos  cuando éramos pobres y que desfloraste  con violencia una noche en el oscuro callejón de los “Suspiros”. Con rencor, siempre tuya. Petris”.&lt;br /&gt;P: D: “Yo soy yo…”&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-6006849611708998565?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/6006849611708998565/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=6006849611708998565' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/6006849611708998565'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/6006849611708998565'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2008/11/yo-soy-yo.html' title='!YO SOY YO!'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-3228615683747671839</id><published>2008-11-14T09:31:00.000-08:00</published><updated>2008-11-14T09:32:22.012-08:00</updated><title type='text'>lLA CRISIS</title><content type='html'>LA CRISIS&lt;br /&gt;Por José Dávila A.&lt;br /&gt;Esther, mujer  bien casada  con cinco hijos. Discreta, sencilla, atenta. Madre ejemplar, recatada y servicial.&lt;br /&gt;Eduardo esposo, responsable,  hombre de negocios cuyas inversiones siempre se   columpiaban en la cuerda floja de la Bolsa de Valores.  Sin embargo poseedor de una visión envidiable,  gustaba de correr riesgos y terminaba ganando lo necesario  para disfrutar de una  vida sin sobresaltos.&lt;br /&gt;Paseos dominicales, fiestas de cumpleaños, aniversarios de bodas, escapadas a la playa y festivas celebraciones de navidad y fin de año.  Todo era paz y concordia.                                                                                                                                                                                                           &lt;br /&gt;Tiempos  estables, tranquilos. Sin nubarrones en el horizonte. Eran días que se vivían sin miedo. Sin embargo, de pronto Eduardo desapareció de la faz de la tierra. Se diría que se lo tragó la nada, porque a nada se concluyó su búsqueda. Simplemente,  se evaporó.&lt;br /&gt;A la par, empezó  a despertar la carestía, el desempleo, la inseguridad, la especulación. Los ricos se volvían más ricos y los pobres más pobres. La clase media quedó aplastada entre ambos. Difícil se tornó la existencia de Esther. Ella era ama de casa y consciente de la responsabilidad que tenía de mantener a sus hijos, no se amilanó. Desnudó ese temple  de acero que poseen las mujeres para encarar la adversidad  y que en ocasiones se extravía en la capacidad de los hombres.&lt;br /&gt;Sin dudar se lanzó a buscar trabajo. Había concluido sus estudios en Economía y no le fue fácil encontrar una ocupación que marchara a la par de sus conocimientos. Las puertas a las que tocó jamás se abrieron. Las empresas desocupaban trabajadores  eventuales y escasos consorcios que llegaban a  ofertar algunas plazas de medio pelo.  Por supuesto.  los aspirantes se disputaban la oportunidad doblegando su orgullo y dignidad: abogados, arquitectos, licenciados,  médicos, ingenieros, maestros o burócratas, se convirtieron en choferes particulares,  veladores, policías,  ayudantes de oficina, taxistas,  empleados de oficina, mensajeros o vendedores de puerta en puerta.&lt;br /&gt;Ante este panorama, para Esther se convirtió en un desafío encontrar una ocupación. Estaba desesperada y los escasos ahorros que había logrado reunir, se esfumaban en el mantenimiento de sus críos. La falta de dinero la obligó a abandonar el confortable departamento en que vivía, para alquilar una vivienda  de barrio bravo.  Las avenidas pavimentadas y arboladas, se transformaron en callejuelas de tierra  en donde la pestilencia era el común denominador: abandono, inmundicia, basura, excremento, cacharros viejos,  perros famélicos y sarnosos, vagabundos sin rumbo y  temibles pandillas de rufianes.&lt;br /&gt;Sin embargo, ella podría soportarlo todo, menos que agredieran a sus hijos y los hombres la trataran como a una prostituta. Entonces aprendió a defenderse sacando las uñas. Sin rubor  alguno se enfrentó al vecindario adoptando el mismo lenguaje soez y amenazó con apalear a quien se atreviera a tocar su familia.&lt;br /&gt;Larga fue la lista de trabajos temporales que se vio obligada a aceptar: desde sirvienta hasta tareas de limpieza de baños, pisos y caños.  Concluidas las tareas regresaba con la angustia  a flor de boca para encontrar a sus hijos sanos y salvos encerrados en la casa. Para los chiquillos era como vivir en una cárcel. Pronto ella lo comprendió; no podía aceptar arrebatarles su libertad. Para cuidar de ellos decidió que tenía que encontrar una labor a realizar en su hogar. Pronto lo solventó: lavar ropa ajena.&lt;br /&gt;Así, mañana, tarde y noche se la pasaba fregando en el lavadero sábanas, camisas, calzones, calcetines, pantalones, camisetas, fundas, playeras y faldas. Día tras día, mes tras mes, año tras año. Manos desolladas,  pies ampollados… y cada vez ganaba menos dinero. Aguantando el dolor de espalda y riñones redobló el esfuerzo.  A través del tiempo sus fuerzas fueron menguando, hasta que un día se cimbró, se aferró al lavadero, se negaba a caer. Tenía que entregar la ropa encargada, para llevar el magro alimento a sus hijos  Sin embargo, se desplomó.&lt;br /&gt;Cuando los vecinos conocieron de su muerte, concluyeron que era culpa de  la crisis…&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-3228615683747671839?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/3228615683747671839/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=3228615683747671839' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/3228615683747671839'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/3228615683747671839'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2008/11/lla-crisis.html' title='lLA CRISIS'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-5951536708602092012</id><published>2008-11-03T16:32:00.001-08:00</published><updated>2008-11-03T16:32:42.790-08:00</updated><title type='text'>LA MUJER IDEAL</title><content type='html'>LA MUJER IDEAL&lt;br /&gt;Por José Dávila A.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Conoció a muchas mujeres, pero ninguna como ella…&lt;br /&gt;A lo largo de su vida amorosa, cuando creía haber encontrado la mujer anhelada, al final se quedaba con el corazón desolado.&lt;br /&gt;La historia ya la conocía: la atracción mutua, las sonrisas provocativas, los primeros paseos, las primeras cenas, los primeros besos, el apasionamiento tempranero que hacía de la relación sexual un estallido de emociones encontradas. Después, el tiempo hacia su labor: lentamente desnudaba la realidad y las máscaras se iban desvaneciendo y con ella los sentimientos mutuos.&lt;br /&gt;Entonces se abría la puerta de las exigencias, de los disgustos, de los rechazos y sobre todo la negativa al matrimonio.&lt;br /&gt;Tal era la prueba de fuego que rehuían ambos, ellas que buscaban la seguridad de un techo y la dependencia moral  y material de la pareja; él,  la comodidad de una compañía que complaciera sus expectativas sin mayores complicaciones.&lt;br /&gt;La historia se repetía una y otra  vez. A  medida que se conocían, el fuego ardiente que los había unido se convertía en cenizas y  afloraban más los defectos que los aciertos. Se terminaba con el consabido adiós.&lt;br /&gt;De nueva cuenta  no había futuro. Y no era precisamente que temiera la determinación de unir su vida con la novia en turno.  El fracaso de su primer y único matrimonio en donde se entregó incondicionalmente en cuerpo y alma, culminó en un inesperado divorcio por parte de la mujer que amaba cuando ella le confesó haberse enamorado de otro hombre.&lt;br /&gt;Este golpe decapitó su confianza y ahora se manejaba con tiento en la búsqueda de la mujer ideal, sincera y honesta.&lt;br /&gt;Cuando decidió que era inútil insistir en encontrar su alma gemela y se acostumbraba a poseer y ser desposeído, se encontró con una mujercita frágil y sencilla de origen japonés. Ella no era bella ni tampoco tenía un cuerpo sensual. Sin embargo, se conducía con admirable sencillez y honestidad. Se entregó a él incondicionalmente. Su franqueza le hizo bajar la guardia y empezó a amarla día a día, hasta enamorarse totalmente de ella.&lt;br /&gt;Por su parte, la mujercita se mostraba feliz. No estaba acostumbrada a recibir las atenciones de un caballero. En su tierra natal el hombre era en verdad un macho por naturaleza propia. Así nacía, así lo educaban y así se conducía; mandón, déspota, egoísta, caprichoso, burlón y para rematar violento.&lt;br /&gt;De esta manera, con la delicadeza con que él la amaba y la pasión que encendía en ella, se forjó una pareja indisoluble. Se unieron sin condiciones ni temores. Simplemente se amaban. Él se sentía el hombre más feliz del mundo y ella creí a habitar en un mundo que no le correspondía. Quienes les conocían sentían envidia de una relación tan real y honesta. Los amigos de él no se cansaban de decirle lo afortunado que era ,y ella no requería de que le convencieran de haber encontrado al hombre ideal.&lt;br /&gt;Sin embargo, se dice que la felicidad es inquilino de paso. Y así fue. Ella empezó a languidecer, pese a los esfuerzos que hacía por complacer al hombre amado. Se había enterado que tenía cáncer y que empezaba a invadirle todo el cuerpo. Sin embargo, no se inmutó. Sin mostrar asomo  de dolor ,cada hora, cada minuto, cada segundo, lo vivía con gran intensidad en compañía a del hombre que jamás soñó tener.&lt;br /&gt;Él jamás se enteró de que la vida de la mujer amada se escapaba.&lt;br /&gt;Ni una palabra, ni una queja por parte de ella.  No deseaba ensombrecer los últimos días de su vida. Así se mantuvo leal y amorosa,   alegre y comprensiva, sin olvidar esa cautivadora sonrisa que no desapareció jamás de su rostro hasta el último respiro de su vida.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-5951536708602092012?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/5951536708602092012/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=5951536708602092012' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/5951536708602092012'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/5951536708602092012'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2008/11/la-mujer-ideal.html' title='LA MUJER IDEAL'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-5695959793978108094</id><published>2008-10-30T16:31:00.000-07:00</published><updated>2008-10-30T16:32:24.054-07:00</updated><title type='text'>EL CERRO PELÓN</title><content type='html'>EL CERRO PELÓN&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Poe José Dávila A.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El abuelo Matías, patriarca del pueblo “Los Encinos”, sentenció: “Fue un diluvio despiadado como el  del año del señor San Francisco  en 1897. Igual de endiablado el maldito,  Parecía enfermo de corajina que deseaba acabar con todo…y así lo hizo”. &lt;br /&gt;Antes del desastre, en  las boscosas  faldas del “Cerro Pelón”   había florecido una industriosa comunidad que dependía de tres aserraderos para su  subsistencia. A lo largo de cada nuevo día no se paraba de talar árboles y los retoños, como por obra de magia, volvían a renacer y en pocos tiempo alcanzaban otra su vez su enorme estatura.&lt;br /&gt;Los primeros leñadores que se asentaron en sus bosques, pronto descubrieron tan increíble prodigio  Lo consideraban un don que el cielo les regalaba y todos los domingos le daban  gracias al Altísimo&lt;br /&gt;Era un fenómeno inusual para el cual no existía respuesta. Sin embargo, si el monte era tan pródigo ¿por qué fue bautizado como el “Cerro Pelón? La razón era muy sencilla. Su cima estaba tan rasurada como la cabeza de un monje. Era el páramo en donde no crecía asomo de vida. Contradicciones de la madre natura.&lt;br /&gt;El milagro pronto  se difundió y los caseríos desperdigados en la región quedaron abandonados, convirtiéndose en  pueblos fantasmas.  Quienes moraban  en ellos emigraron a la montaña en busca de fortuna, convirtiéndose en una plaga que tiraba árboles por doquier.&lt;br /&gt;Ante la diaria peregrinación de hombres hambrientos de abandonar la pobreza, quienes fueron los primeros en arraigarse llegaron a la conclusión que debían evitar que la muchedumbre terminara por colmar hasta la más pequeña brecha. Por lo tanto se formó un consejo de leñadores que organizaron brigadas armadas para impedir el arribo de nuevos colonizadores que amenazaban con acabar con la abundancia que brindaban los generosos bosques.&lt;br /&gt;Dueños de un tesoro sin igual, no deseaban compartir la fortuna con la que habían topado. De esta manera, se aserraba por secciones seleccionadas y diariamente salían al mercado carretadas de grandes tablones.&lt;br /&gt;La tala se procedía hacerla en redondo de la montaña. Al concluir el círculo, ya crecían los nuevos arbustos que pronto se convertirían en adultos aptos para el filo de las hachas. Así pues, la madera nunca se acababa, convirtiéndose en una infinita fuente de riqueza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, la naturaleza no estaba de acuerdo; su presencia era para que todo mundo la disfrutara y no se convirtiera en rehén de un puñado de colonizadores. De esta manera, empezó a regatear sus dones. Los árboles que eran talados indiscriminadamente ya no volvían a renacer. La  desaparición de lo que se consideraba un milagro, no fue obstáculo por el afán de enriquecimiento que nublaba la razón e impulsaba al hombre  para proseguir devastando los bosques.&lt;br /&gt; Pronto recibiría un inesperado castigo.&lt;br /&gt;Fue una noche tormentosa de las que ya no se tenían  recuerdo…Llovió  sin conceder descanso. .El cielo estaba furioso y liberaba su cólera. Un chaparrón azotaba al Cerro Pelón  La población, con el miedo en el alma,  aguantaba  en sus casas. Entonces no valía plegaria que existiera.&lt;br /&gt;-La verdad no tuvo misericordia  de Dios -advirtió  el viejo Matías, al tiempo que  con los dedos de su mano derecha  hacía la señal de la cruz  y se santiguaba  empezando por la frente y proseguía en orden descendente  por la nariz, ambos lados  de la boca, la barbilla y finalmente el pecho.&lt;br /&gt;-.Implacable el temporal,  sí señor, como el diluvio universal. Llueve que llueve que no se veía para arriba. Entonces empezó todo: se hizo un silencio mortal y la montaña empezó a temblar. Después, despacio, sin asomo de prisa, lentamente se fue hundiendo como si se la tragara un pantano, arrastrando consigo casas y colonos. No existía salvación para nadie. No había por dónde escapar.&lt;br /&gt;El anciano hizo una pausa y después con el temblor en la boca, expresó: “Fue horrible, señor. La montaña se hundía despacio como si no tuviera prisa y alargara la agonía de quienes no supieron compartir su patrimonio. Por dondequiera se escuchan lamentos de terror y suplica, En tanto, el Cerró Pelón prosiguió hundiéndose hasta desaparecer  de la faz de la tierra, dejando tras de sí  un tenebroso aullido de agonía. Entonces dejó de llover…&lt;br /&gt;Al siguiente amanecer no se encontró ni huella de él. Sólo una  desolada llanura en donde no crecía una sola planta.&lt;br /&gt;-¿Qué cómo me salvé de morir sepultado? Ay, señor; acaso no me ve: soy tan viejo que ya no puedo  levantar ni pico ni hacha. ¿Entonces para qué subirme al Cerro Pelón?&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-5695959793978108094?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/5695959793978108094/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=5695959793978108094' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/5695959793978108094'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/5695959793978108094'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2008/10/el-cerro-peln.html' title='EL CERRO PELÓN'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-9126244474695614129</id><published>2008-10-29T12:01:00.000-07:00</published><updated>2008-10-29T12:02:33.736-07:00</updated><title type='text'>VIEJOS AMIGOS</title><content type='html'>VIEJOS AMIGOS&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por José Dávila A.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En la vida es difícil hacer nuevos amigos, pero  es más difícil hacer viejos amigos…&lt;br /&gt;Tal razonaba con cierta nostalgia Nicandro Pompeyo Abad, hombre entrado en años y por años emparentado con las quejumbres. La soledad que diariamente se había convertido en su amiga íntima, se lamentaba de que su “señor” se sintiera inútil y desamparado.&lt;br /&gt;Como testigo mudo de su aislamiento era el teléfono que  padecía de mutismo crónico. Rara era la ocasión en que despertaba su timbre y el repicar hacia pegar un salto de alegría a Nicandro  con la esperanza encendida de escuchar la voz familiar o de un amigo, sea  nuevo o viejo.&lt;br /&gt;Sin embargo, la llamada no era para platicar o  saber de él, para indagar su salud o conocer de su diario devenir. Se trataba de una voz impersonal que preguntaba por un tal Nicandro Pompeyo Abad. Al asentir el aludido, se disparó un aluvión de índole comercial advirtiéndole que era uno de los cinco agraciados a suscribirse a un extraordinario fondo de inversión del Banco “La Buena Fortuna”.&lt;br /&gt;Por supuesto que, desilusionado, Nicandro respondió con un rotundo “¡no!” y colgó enérgico el auricular.&lt;br /&gt;“Vaya descaro. ¿Con qué derecho se permiten invadir mi privacidad?”, infería para sus adentros, cuando el teléfono de marras despertó de nueva cuenta. “¿El señor Nicandro Pompeyo? ¿Sï? ¡Buenos días, señor, le hablamos de los almacenes “Rancho Viejo” para comunicarle que estamos ofertando a nuestros clientes leche de vaca y una increíble batidora de cocina que…”&lt;br /&gt;-¡Yo no sé cocinar! –respondió violento.&lt;br /&gt;Sin embargo, lejos estaba de imaginar que se desataría un torrente  publicitario que no le concedería  punto de reposo.&lt;br /&gt;“Señor Pompeyo le hablamos de  Seguros La Vida Garantizada y…”&lt;br /&gt;-¡Ya tengo seguro! –advirtió con furia.&lt;br /&gt;“Disculpe la molestia, soy representante del Hospital La Vida Eterna y estamos lanzando un nuevo programa de membrecías que incluye desde  el tratamiento de un simple  juanete hasta un trasplante de corazón y…”&lt;br /&gt;-¡Váyase por un cuerno!&lt;br /&gt;“Queremos hacer de su conocimiento que ya contamos con servicio funerario con vigilancia de 24 horas a domicilio y con cobertura en el extranjero”.&lt;br /&gt;-¡Que se muera su abuela!&lt;br /&gt;“Le hablamos para notificarle que usted resultó ser uno de los agraciados de nuestra tienda “Arca de Noé”, que le obsequia sin costo alguno una tarjeta de crédito sin limite de…”&lt;br /&gt;-¡No me interesa!&lt;br /&gt;Sin embargo, pese a sus reiterados rechazos a lo largo del día, por la noche se volvían a repetir los “promos” y se prolongaban a la mañana siguiente, incluyendo otras opciones para comprar, suscribirse, contratar servicios, o en su defecto para despertar su codicia, al hacerle  participe de ser candidato a ganar un millón de pesos o ser el feliz afortunado en la rifa de un automóvil último modelo, de la cual ni siquiera había comprado un boleto.&lt;br /&gt;Sin embargo, Don Nicandro, curtido lobo de mar no picaba el anzuelo y ante la riada de promocionales se defendía a capa y espada: “¡Ya dije que no! ¡Bórreme de su lista! ¡No quiero! ¡No, no estoy inválido! ¡Basta ya! Otra vez los del mismo banco ¡váyanse al carajo! ¡¿Qué demonios le importa si soy viudo!? ¡Con mil demonios que no! ¿Acaso no entienden el español? ¡No, no, no, y mil veces no!&lt;br /&gt;Mas, indiferentes, con insultante terquedad  se repetían los mensajes de los mismos empresas o se sumaban nuevas propuestas: ofertas  de hoteles, campos de golf, liquidaciones de supermercados,  ventas de computadoras, promociones  de automóviles nuevos a cuatro años sin intereses, opciones de inversión para un futuro promisorio, damas de compañía, agencias de viajes, ventas de casas, líneas aéreas y, para variar, más y más bancos. La  cruel insistencia se tornaba, desalmada, enloquecedora.&lt;br /&gt;Y Nicandro seguía descolgando el teléfono con la esperanza de escuchar el saludo de una voz conocida. La frustración le carcomía. No le hablaban ni sus hijos. Tras una prolongada cólera,  terminó por suplicar que se olvidaran de él, pero fue tan inútil como querer que  del cielo lloviera dinero. Lo que llovió fue otra novedad:&lt;br /&gt;“Le distraemos un instante de su valioso tiempo para poner a su disposición un base de datos para que haga nuevos amigos…”&lt;br /&gt;-Por mi santa madre, suspiraba Nicandro.&lt;br /&gt;Alucinado, decidió poner un “¡hasta aquí!”: de un tirón destripo el cable telefónico. Tras la brutal muerte súbita, impero un profundo silencio. Por fin, la calma retornaba al hogar de Pompeyo Abad, quien convencido se dijo asimismo: “Me basta con mis viejos amigos, difícil convivir con ellos, pero han sido fieles.”&lt;br /&gt;Y empezó a hacer un repaso de ellos: “A ver: la artritis hace más de 30 años que me acompaña día y noche. ¿La diabetes? Humm, ¿cuándo se inició? Ya; creo que hace 15 años. ¿Y qué hay de la hipertensión?  Definitivamente la conocí primero que a la artritis, en mis años mozos de juventud y se tornó inseparable. ¿La migraña? Caray, no recuerdo bien, pero quizá hace un par de decenios. ¿Y qué de la disfunción renal? De ella si recuerdo bien,  me nació hace un lustro y amenaza con ser un inquilino perpetuo. ¿La anemia?; bueno esa vino de la mano con la anterior. ¿Y la mala circulación en mis pies que luego amanecen como tamales de doña Poncha? ¡Uy!, la verdad que ya ni me acuerdo cuando tocó a mi puerta. Y de remate hace poco que se asiló la ciática ¡y esa sí que duele!&lt;br /&gt;Tras unos breves momentos de reflexión, concluyó: ¿Una base de datos para nuevos amigos? Sería cosa de locos. Me basta y sobra con los viejos amigos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-9126244474695614129?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/9126244474695614129/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=9126244474695614129' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/9126244474695614129'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/9126244474695614129'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2008/10/viejos-amigos.html' title='VIEJOS AMIGOS'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-3441992629587884384</id><published>2008-10-29T11:21:00.001-07:00</published><updated>2008-10-29T11:21:33.958-07:00</updated><title type='text'></title><content type='html'>LOS VAMPIROS TAMBIEN LLORAN&lt;br /&gt;Por José  Dávila  Arellano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;NOTA:&lt;br /&gt;Vampiro: espectro o cadáver que, según creencia del vulgo de ciertos países, vaga por las noches para chupar sangre de seres vivos hasta matarlos o en su defecto convertirlos en patrimonio familiar a fin de colonizar nuevas tierras.&lt;br /&gt;HISTORIA:&lt;br /&gt;Cuando por vez primera Vampirito se sinrió frente a un espejo de cuerpo entero y no encontró su reflejo, dedujo con infantil lógica que se trataba de un prototipo desechable, por lo cual había que adquirir un nuevo modelo. Sus padres, cuyo quehacer curricular se remontaba a la dinastía de la condesa Erzsébet Bárthory, (1560-1614) reconocida en Transilvania como una gran bebedora de sangre y que al mismo tiempo se daba baños de tina con la consabida hemoglobina a fin de conservar el tesoro de su juventud, le explicaron a su hijo que el espejo no tenía culpa ya que él era un vampirito en ciernes.&lt;br /&gt;-¿Qué es un vampiro? –preguntó con  dulce candidez.&lt;br /&gt;El representante legal del bisnieto del Conde Drácula, (versión siglo XXI)  sin inmutarse, le respondió: “Un vampiro es como un murciélago capaz  de volar y ver en la oscuridad de la noche”.&lt;br /&gt;-¿Y qué es un murciélago?&lt;br /&gt;-Bueno, “Vampi”, (así le decían de cariño), es un animalito de la familia de los quirópteros, con alas y que se alimentan de pequeños insectos. Sin embargo, hay otros que atacan a los humanos y se les conoce como vampiros.&lt;br /&gt;-¿Entonces yo soy un vampiro?&lt;br /&gt;-¡Y tú también lo serás! –advirtió el leguleyo  con sobrada  suficiencia, para luego advertir que él fue el autor intelectual para que su  mamá lo  alimentara con mamilas de sangre de la más alta calidad que, con la colaboración del tu señor padre, el senador Drácula (versión siglo XXI) recolectaban n en arduas jornadas nocturnas.&lt;br /&gt;-¿Senador?&lt;br /&gt;- Sí, senador, debe comprender que debemos actualizarnos a los tiempos modernos: hoy vivimos en una democracia con base en el voto popular. Los títulos reales están en vías de extinción y debemos ser discretos. –argumentó “Vampi”&lt;br /&gt;-¿Y cuándo podré salir por las noches para cazar? –volvió a la carga,&lt;br /&gt;-Cuando tus colmillos sean lo suficiente  filosos para que puedas morder a placer y después lamer toda la sangre que desees- advirtió con maternal comprensión el leguleyo cuyo árbol genealógico provenía de la época de oro de Erzsébet Bárthory.&lt;br /&gt;“Vampi”, no volvió a preocuparse por los canijos espejos y con admirable paciencia, a medida que crecía, mostraba claras inclinaciones por convivir en la penumbra, remodelando su habitación como un gran salón de castillo medioeval y grandes ventanales por donde penetrara la niebla que nacía de las montañas, se arrastrara por colinas y bosques, hasta penetrar en sus aposentos.&lt;br /&gt;Al tiempo que crecía, se ejercitaba en el gimnasio para fortalecer sus alas, practicaba su estrategia con la nueva generación de XBOX  para murciélagos y vampiros y afilaba con esmeril sus juveniles colmillos. Después los hincaba en un jugoso filete de vaca y le succionaba toda la sangre hasta dejarlo en estado cadavérico.&lt;br /&gt;En una fría noche de diciembre, sus comprensivos padres, plenos de orgullo,  le invitaron a realizar su primer vuelo nocturno por la ciudad como un regalo navideño. Vampirito saltó de felicidad, apercibido de que no intentaría morder a Santa Clos, en caso de que topara con él. Sólo se trataba de un simulacro. Sin embargo, luego de largas horas de vuelo silencioso,  descubrió tras la iluminada ventana de una casona a una bella jovencita de embriagante belleza: ondulada cabellera  de color castaño,  cautivadores ojos verdes, nariz pequeña y respingada, labios seductores, cuerpo sensualmente curvilíneo y poseedora de un cuello tan delicado como el terciopelo.&lt;br /&gt;El joven vampiro sintió que su corazón se aceleraba y su cabeza retumbaba como las campanas de catedral. Sin duda alguna, el amor tocaba a sus puertas y decidió que aquella beldad sería su primera y única víctima.&lt;br /&gt;Papá y mamá Drácula adivinaron sus sentimientos y acordaron que había llegado la hora de su bautizo de sangre y lo dejaron en libertad. Ya era todo un vampiro: fuerte, ágil, hermoso, hechicero. Sin duda alguna, no padecería de sed sanguínea a lo largo de su vida.&lt;br /&gt;Así pues, “Vampi” abandonó su casa minutos antes de la medianoche y como misil teledirigido se dirigió a la casa de su enamorada. Para su buena suerte, ella había dejado la ventana abierta y sin obstáculo al frente, como un piloto de combate enloquecido, se lanzó a pescarle por el cuello. Entonces mordió… Cuando cerró la pinza de su colmillos, éstos saltaron en pedazos, quedándose chimuelo y temblando de dolor..&lt;br /&gt; Sin saberlo, había roído el cuello ortopédico que le habían colocado a la mujer de sus sueños cuando ella, por la mañana,  había sufrido un inesperado accidente.&lt;br /&gt;Contrito, avergonzado de su derrota, Vampirito retornó a casa. Al adivinar en sus padres la expectativa que les carcomía para enterarse del resultado de su primera incursión sanguínea, con sus alas se cubrió la boca y cayó en llanto.&lt;br /&gt;“Vampi” estaba inconsolable y don y doña Drácula, se tronaban las alas impacientes por saber que le había acontecido al hijo amado. Muchas horas después de sollozos y lamentaciones, por fin su hijo, avergonzado, musitó:&lt;br /&gt;-¿Conocen a un buen odontólogo en Transilvania?&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-3441992629587884384?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/3441992629587884384/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=3441992629587884384' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/3441992629587884384'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/3441992629587884384'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2008/10/los-vampiros-tambien-lloran-por-jos.html' title=''/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-5574935052908265761</id><published>2008-10-29T11:11:00.001-07:00</published><updated>2008-10-29T11:11:52.312-07:00</updated><title type='text'>LOS VECINOS</title><content type='html'>LOS VECINOS&lt;br /&gt;Por José Dávila A.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ambos eran vecinos de toda  la vida y se hablaban de usted. Se conducían con pulcritud y  sus amistades decían que ya estaban viviendo le edad de  “Los Años de Oro”. En pocas palabras, ya estaban viejos y en un descuido podrían irse al cielo.&lt;br /&gt;Mientras, día con día, ajenos a los malos augurios, los dos  abrían las puertas  de sus casas e intercambiaban el consabido saludo matinal. Caballeroso, él, de pelo cano y sonrisa pronta, cedía la palabra a ella, de cabello entintado color ocre y con la sinceridad navegando en sus ojos&lt;br /&gt;-¿Cómo amaneció hoy? –interrogaba ella con la misma curiosidad de todos los días.&lt;br /&gt;-Igual que ayer, aguantando mis pesares –reiteraba él como todas las mañanas- ¿Y usted?&lt;br /&gt;-Ya sabe- advertía ella con resignación-Este dolor en la cadera no me deja. Hay días que siento cómo me sube  la dolencia el hasta cuello, y  otros como que se me hinca en el cerebelo.&lt;br /&gt;-¿Ya fue a ver al médico?&lt;br /&gt;-No,  ¿para qué?  Siempre dice lo mismo: que haga mis ejercicios y que camine una hora al día, como si tuviera treinta años. A veces los hago y apenas me siento mejor, me olvido de todo y quiero resolver de un golpe los pendientes de la casa y a poquito que regresa otra vez el malestar  hasta convertirse como si tuviera un tambor en la cabeza. ¿Y usted?&lt;br /&gt;-Lo mismo vecina. Ya sabe, la artritis llegó para quedarse y hay noches de pesadilla en que no adivino que hueso duele más. Además me dan punzadas en el hígado y retortijones en la boca del estómago.&lt;br /&gt;-¿No me diga…? ¡Igual que yo! Me atacan todos los malestares apenas llueve; entonces se quejan los riñones  hasta las plantas de los pies.&lt;br /&gt;-Con la humedad, todo rechina, vecina, hasta la conciencia.&lt;br /&gt;-Es cierto. Cuando se sienta así de mal, tómese un té de tila, con flores de azahar, canela y menta. Ya verá que le sienta muy bien hasta para la digestión y los gases.&lt;br /&gt;-Perdón…&lt;br /&gt;-Ay, por favor, vecino, no me diga que se echa sus buenos gases. Hay veces que los escucho  hasta dentro de mi casa.&lt;br /&gt;-Vecina, por favor…&lt;br /&gt;-¡Vamos no se apene! ¿Qué tiene de malo?  Yo  también me echo los míos poquito a poquito, para que no se suenen tanto y huelan menos. Imagínese cuando estoy en misa o en el cine. Por eso me tomo  mi pócima  antes de salir a la calle.  Mañana le voy a hacer la suya y verá cómo descansará de la panza. Seguro que hasta se le desinflama.&lt;br /&gt;-Le agradezco vecina.  ¿Ahora, me disculpa, por favor?  Ya es hora de mi medicina para la presión  arterial&lt;br /&gt;-Cierto,  a mí me toca para la diabetes.&lt;br /&gt;-Luego tengo que tomar mis tabletas para la colitis.&lt;br /&gt;-Y yo para  la migraña.&lt;br /&gt;-¿Tiene migraña? Debería ponerse una bolsa de hielo en la cabeza.&lt;br /&gt;-Lo hago, pero entonces tengo incontinencia todo el día hasta que me pega la taquicardia de la purita desesperación.&lt;br /&gt;-No se irrite, ya ve que no sé qué hacer con mi soplo en el corazón…&lt;br /&gt;-¿El que se les escucha como silbato desafinado?&lt;br /&gt;-El mismo que me provoca náuseas.&lt;br /&gt;-Y a mí  el asma me provoca vómito y dolor de oídos.&lt;br /&gt;-Ya se pondrá mejor, vecina; mañana es un nuevo día.&lt;br /&gt;-Tiene razón, sólo nos resta ponernos en las manos del Señor.&lt;br /&gt;Al amanecer siguiente, concluidos sus desayunos, ambos abren sus puertas y reanudan la consabida conversación: -¿Cómo amaneció hoy? –interroga ella.&lt;br /&gt;-Igual que ayer, aguantando mis pesares –reitera él como todas las mañanas- ¿Y usted?&lt;br /&gt;-Ya sabe- advierte ella con resignación-Este dolor en la cadera no me deja. Hay días que siento cómo me sube  la dolencia el hasta cuello, y  otros como que se me hinca en el cerebelo.&lt;br /&gt;-¿Ya fue a ver al médico?&lt;br /&gt;-No,  ¿para qué?  Siempre dice lo mismo: que haga mis ejercicios y que camine una hora al día, como si tuviera treinta años. A veces los hago y apenas me siento mejor, me olvido de todo y quiero resolver de un golpe los pendientes de la casa y a poquito que regresa otra vez el malestar  hasta convertirse como si tuviera un tambor en la cabeza. ¿Y usted?&lt;br /&gt;-Lo mismo vecina. Ya sabe, la artritis llegó para quedarse y hay noches de pesadilla en que no adivino que hueso duele más. Además me dan punzadas en el hígado y retortijones en la boca del estómago.&lt;br /&gt;-¿No me diga…? ¡Igual que yo! Me atacan todos los malestares apenas llueve; entonces se quejan los riñones  hasta las plantas de los pies.&lt;br /&gt;-Con la humedad, todo rechina, vecina, hasta la conciencia.&lt;br /&gt;-Es cierto. Cuando se sienta así de mal, tómese un té de tila, con flores de azahar, canela y menta. Ya verá que le sienta muy bien hasta para la digestión y los gases.&lt;br /&gt;-Perdón……&lt;br /&gt;Y así día tras día, semana tras semana, mes tras mes. El mismo diálogo, las mismas palabras, como un guión teatral. No, no se cansan de repetir sus males, que  les sirve de consuelo y motivo de vida. De otra forma, sólo hablarían de los ayeres  que lastiman y no abrirían más sus puertas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-5574935052908265761?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/5574935052908265761/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=5574935052908265761' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/5574935052908265761'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/5574935052908265761'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2008/10/los-vecinos.html' title='LOS VECINOS'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-7122941775627319732</id><published>2008-10-29T11:09:00.000-07:00</published><updated>2008-10-29T11:10:12.266-07:00</updated><title type='text'>AGUAS ASESINAS</title><content type='html'>AGUAS ASESINAS&lt;br /&gt;Por José Dávila A.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eran aguas misteriosas.&lt;br /&gt;A veces tranquilas, demasiado tranquilas. Luego, sin previo aviso, se mostraban turbulentas, traicioneras y asesinas.&lt;br /&gt;En el cielo no existía sol; sólo un fuerte resplandor lo iluminaba todo. En la noche la oscuridad era total. Ni luna ni estrella polar ni luceros ni nada.&lt;br /&gt;Cuando reinaba la serenidad, el oleaje despertaba  amenazante apenas surcaba sus linderos una nueva embarcación.&lt;br /&gt;Los vientos arreciaban a barlovento y la nave empezaba a cabecear con violencia.  Las aguas encrespadas hacían que la proa se hundiera por largos segundos, sólo para surgir a la superficie como un náufrago aspirando una bocanada de aire. A medida que avanzaba más difícil era encarar el golpe de la naturaleza ya convertida en huracán provocando unos gigantescos remolinos que concluían por succionar a la embarcación hasta hacerla desaparecer.&lt;br /&gt;Tras el naufragio,  como por obra de encanto, retornaba la calma con una velocidad sorprendente. No soplaba  ni la más suave brisa.&lt;br /&gt;A lo largo del tiempo, quien habían tenido la fortuna de sobrevivir,  entretejía diversas historias que se habían convertido en leyenda : “Que en  esas aguas profundas desde la travesía de Cristóbal Colón, lo habitaba un monstruo  de diez cabezas y sin ojos que  devoraba cuanta nave se  aventuraba en sus dominios;  que sólo un demonio infernal podía provocar torbellinos abismales  de tal magnitud que hacía de un trasatlántico un barquito de papel que irremediablemente se perdía en sus gigantescas espirales; que no se sabía de un navío, carabela, velero  o galeón, que hubiera alcanzado puerto seguro después de vencer  las  devastadoras tormentas.&lt;br /&gt;Todos yacían en las profundidades de un cementerio marino.&lt;br /&gt;Sin embargo, sin importar el tamaño de su eslora y manga, siempre existía un osado capitán que decidiera desafiar la furia de las embravecidas aguas de la muerte.&lt;br /&gt;Ahora se aventuraba un catamarán de doble casco, el cual se columpiaba de babor a estribor, negándose a sucumbir. Su vela se mantenía firme pese a las intensas ráfagas de viento.  Cuando la batalla se advertía inútil,  de pronto el temporal aminoró y la endeble embarcación se mantuvo a flote…&lt;br /&gt;El  monstruo de diez cabezas y sin ojos, era un niño sonriente y juguetón. A sus pies, en desorden,  yacían los nuevos barcos que  en breve desafiarían las aguas asesinas,  réplicas del “Titanic”, el “Queen Mary”, el “Andrea Doria”, el “Queen Elizabeth”, el “SS United States”y una escuadra de cruceros turísticos que encabezaba el famoso “Royal Caribbean”.  Autor de todos los desastres, cerró el  libro de Julio Verne y  apagó el potente ventilador que había puesto en la cabecera de  la bañera de la casa.”&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-7122941775627319732?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/7122941775627319732/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=7122941775627319732' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/7122941775627319732'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/7122941775627319732'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2008/10/aguas-asesinas.html' title='AGUAS ASESINAS'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-3258857032391954889</id><published>2008-09-30T10:37:00.000-07:00</published><updated>2008-09-30T10:38:26.308-07:00</updated><title type='text'>EL SECUESTRO</title><content type='html'>EL SECUESTRO&lt;br /&gt;Por José Dávila A.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Era un engendro del mal. Un monstruo de la naturaleza.&lt;br /&gt;“Yo soy quien quito o perdono la vida…” -me siseaba con regodeo  al oído con voz cavernosa que me estrujaba el corazón: era demoniaca, mil veces malévola y amenazante, mientras la boca del cañón de su pistola oprimía mi frente. Entonces empecé a rezar…&lt;br /&gt;Su cuerpo era deforme, un aborto del demonio. Jorobado, escaso de estatura, regordete, con una pierna más corta que la otra, manos con nudillos amoratados y la cabeza rapada y cuadrada soldada al torso. Su rostro era el vivo retrato de Satanás: frente amplia, tuerto del ojo izquierdo, nariz aplastada, labios carnosos y babeantes. Sus orejas deformes, aplastadas, semejaban dos pozos sin fondo. Una profunda cicatriz se hundía en su mejilla derecha, resaltando la cuenca de su ojo derecho que centelleaba como fuego vivo, su sonrisa, era una sonrisa grotesca, plena de sadismo.&lt;br /&gt;-Yo mato o no mato… –insistió para subrayar con  perversión- Soy el verdugo; soy el que tortura, decapita o te deja ver otra la calle. Tú decides…”. Ahora su cara se había transformado;  era de una hiena hambrienta y  la mirada de buitre al acecho...&lt;br /&gt;Estaba secuestrado. Me había capturado una banda de maleantes cuando me dirigía a mi trabajo, y jamás me percaté adónde me llevaron. La acción fue tan fulminante que no me alcanzó voz para protestar. Cuatro brazos me inmovilizaron y me aventaron al interior de un  automóvil como un fardo. En segundos había desaparecido; en segundos había extraviado mi vida, mi familia, mi profesión. Con violencia me tiraron al suelo, vendaron mi ojos y amarraron brazos y pies. Nadie pronunciaba una palabra para no delatarse, mientras el vehículo daba vueltas  y vueltas a fin de desorientarme. No tenía la menor duda que se trataba de profesionales.&lt;br /&gt;Ignoro cuánto tiempo transcurrió cuando llegamos a la casa de “seguridad”. De igual forma, con sorprendente facilidad me sacaron y me encerraron en espacio amplio y vacío. El eco de las pisadas así lo indicaba. Después me dieron un celular para que hablara a mi familia y pidiera un rescate de tres millones de pesos.  ¿De dónde demonios los iban a juntar?&lt;br /&gt;Ante mi negativa, sin que se alteraran en lo mínimo, acordaron llevarme con el “verdugo”. Ahí me quitaron vendas y ligaduras para quedar frente a ese enviado del diablo.&lt;br /&gt;Cuando por vez primera pegó su rostro al mío, se me revolvió el estómago, me dieron ganas de vomitar y me oriné en los pantalones. Con un dejo de ultimátum, pronunció despacio:”Tu pagas, te dejo libre; no pagas, sufrirás, gritarás, llorarás y quizá morirás. Tómalo o déjalo…”&lt;br /&gt;Ante mi silencio, me agarró por la corbata y me arrastró a un sucio y maloliente  cuartucho con las paredes descalichadas, alumbrado apenas por una pálida luz amarillenta de una lámpara de pie. Una mesa de ocote, un camastro y en una silla estaba un hombre atado y con un trapo metido en la boca. Era un individuo alto, corpulento, bien vestido y sin poder contener el pánico que le invadía. Transpiraba con dificultad y su mirada plena de horror suplicaba perdón. Hilillos de sudor corrían por  todo su cuerpo: rostro, cuello, espalda, pecho y entrepierna. Su ropa estaba empapada de miedo. Temblaba, ¡vaya que sí temblaba!&lt;br /&gt;-¿Entiendes ahora? ¡¿Dije que si entendiste, carajo?!&lt;br /&gt;Con grandes esfuerzos asentí. Entonces, para convencerme, advirtió: “Jamás has visto la muerte, ¿verdad? Yo te la voy a enseñar; nunca me ando con rodeos”.&lt;br /&gt; A continuación, con un fuete, empezó a lacerar el cuerpo de su prisionero que se encogía de dolor tras cada nuevo golpe. Al mismo ritmo de la paliza, le gritaba: “Te mandé muchos  recados de que  le pararas; te mandé dinero para que lo gozaras. ¡Jamás habías visto tanto billete junto! Mira nomás, que honradito me saliste. ¡Mírate! ¿Qué eres sin placa y pistola? ¿De veras te creíste lo que te dijeron en la academia? ¿Te creíste que ibas a luchar contra el mal por que tenías la ley en la mano? ¡Pobre pendejo, servirás de ejemplo para los demás!”.&lt;br /&gt;Y sin más, retumbó un balazo. Con una sonrisa lasciva, el criminal le había perforado la pierna derecha.&lt;br /&gt;-¿Qué piensas ahora? ¿En la escuelita? ¿En la justicia? ¿En qué te van a rescatar tus compañeros? Vaya iluso. ¡Mira, cabrón, mira este papel! El policía alcanzó al leer algunos nombres, algunos conocidos, otros no, pero sobre todo, leyó el de su capitán.&lt;br /&gt;-Contra el narcotráfico nadie puede. ¡Está es la nómina de tus compañeros! Ellos si entendieron: no veo, no oigo, no hablo; como los monos sabios. Y mes a mes estiran la mano para recibir su paga. Menos tú: el hombre recto, ejemplar, honrado, limpio, el que iba a cambiar el mundo. ¡Pues mira tú mundo!&lt;br /&gt;Otro estallido más, retumbó en lúgubre recinto. Otro aullido apagado del cautivo. Ahora su otra pierna también estaba perforada. Sentía como si el fuego estuviera consumiendo sus entrañas, mientras se desangraba ante la indiferencia de su brutal juez.&lt;br /&gt;En la silla temblaba de dolor y espanto. Estaba aterrado. Se agitaba como si fuera un animal salvaje. En tanto, el frío cañón de la pistola del verdugo recorría sus partes nobles. Mudo, suplicaba con gruñidos que imploraban misericordia…&lt;br /&gt;-¿Ahora quién es la ley…? –Dime policía de mierda, dime. ¿Quién manda en este barrio?&lt;br /&gt;El tercer balazo ensordeció todos los sentidos del torturado: sus testículos eran una informe masa sanguinolenta. La agonía desapareció: se había desmayado.&lt;br /&gt;-¡Ah qué la chingada! Ahora resulta que el cabroncito ya no siente. Ni aguanta nada. ¡Pues qué ya no despierte el pendejo!&lt;br /&gt;Un cuarto balazo, tan sonoro como los demás con mensaje de muerte: una pared se cubrió de manchones de sangre y restos de la cabeza del inocente novicio.&lt;br /&gt;Entonces desperté en un sillón de la sala de espera de mi dentista con el sudor corriendo por  todo mi cuerpo. Temblaba, ¡vaya que sí temblaba!&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-3258857032391954889?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/3258857032391954889/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=3258857032391954889' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/3258857032391954889'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/3258857032391954889'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2008/09/el-secuestro.html' title='EL SECUESTRO'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-6519327571489466044</id><published>2008-09-24T16:14:00.001-07:00</published><updated>2008-09-24T16:14:44.643-07:00</updated><title type='text'>LA LLUVIA</title><content type='html'>LA LLUVIA&lt;br /&gt;Por José Dávila&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando veo llover siento ganas de llorar…&lt;br /&gt;Cuando el cielo se nubla y empieza  al lloviznar, me invade un profundo  sentimiento de tristeza. Aquel recuerdo reverdece y alimenta la añoranza.&lt;br /&gt;Cuando las gotas que se precipitan de las alturas y se estrellan en el pavimento encharcado dibujando silenciosos anillos, veo en cada uno  de ellos  un año  más de mi vida.&lt;br /&gt;Y después, cuando el nubarrón prosigue su viaje  y lentamente empiezan a surgir los primeros bosquejos azules del cielo, siento en mi corazón que se renueva una nueva existencia, un misterio sin resolver. ¿Al fin surgirá la esperanza que cicatrice las herida del  aquel prometedor y fugaz recuerdo?&lt;br /&gt;Fue hace mucho tiempo y la vivencia permanece intacta, inconclusa.&lt;br /&gt;Sobre la ciudad se abatía una lluvia feroz, una cortina de agua tan cerrada que dificultaba la visión. A pleno mediodía, los automóviles circulaban con sus faros encendidos para anunciar su presencia, cuando ella llegó al conflictivo crucero por la calle de la izquierda y yo arribaba por de la derecha.&lt;br /&gt;Con torpeza sin igual topamos de frente y nos abrazamos uno al otro tratando de recuperar el equilibrio. La sorpresa del encuentro nos enmudeció y avergonzados  esbozamos una fugaz sonrisa ante la inesperada circunstancia. ¿Cuánto tiempo permanecimos así, unidos uno al otro? No lo sé. Había un algo entre nosotros que deseaba que nuestros cuerpos permanecieran juntos. Sin embargo, lentamente nos separamos y buscamos algún refugio donde protegernos.&lt;br /&gt;Pronto nos percatamos que estábamos desamparados; no existía el resguardo de una puerta, un techo o un resquicio en donde guarecernos. Ahí estábamos. Inermes, sumisos,  empapados hasta la médula.  Permanecíamos de pie. Pegados a la pared, chorreando de pies a cabeza, sin desear movernos, viéndonos de reojo, titubeando en proponer algo, pero nuestras bocas permanecían mudas.&lt;br /&gt;De pronto ella me tendió su mano y tomó la mía. Sus ojos castaños, risueños, lo decían todo. A la vez, miraban inquietos hacia la calle de enfrente en donde se iniciaba una frondosa alameda. La invitación me parecía una locura: atravesar el arroyo en plena carrera.&lt;br /&gt;Al sentir la calidez de su mano sobre la mía, sentí que algo explotaba en mi interior. Era mi corazón que había encontrado a su alma gemela.&lt;br /&gt;Sin pensarlo, asentí y ella jaló de mí. Éramos dos traviesos chicuelos que, inconscientes,  nos lanzábamos a la avenida sorteando los vehículos, entre risas y sorpresas. ¡Aquello era demencial! Los bocinazos aturdían y los insultos de los automovilistas alimentaban tan loca aventura. Sin embargo, ella mantenía firme su mano y yo no deseaba soltarla.&lt;br /&gt;Pronto alcanzamos a salvo la acera prometida sin dejar de reír. No obstante, poco a poco fue menguando nuestra arrebato y entonces vi a plenitud su rostro. Era bella, muy bella. Su cabello se untaba a su rostro y su piel sonrojada por su irresponsable decisión encumbraba aún más su encanto. Empero, lentamente su mano poco a poco fue  soltando la mía. Lento, muy lento. Haciendo posible que cada uno de nuestros dedos sintiera la caricia ajena. Eran instantes que no deseaba olvidar, que anhelaba vivirlos por siempre. ¡Ay, ese roce de su piel…! Yo quise detenerla, no dejarla ir, pero ella  estaba determinada y con fineza la retiró.&lt;br /&gt;Una vez  más me miró de frente levemente sonrió con un dejo de tristeza y entendí su  decisión. Después se fue, se perdió entre la arboleda consciente de que  no la seguiría y jamás volví a verla.&lt;br /&gt;Todo acabó…&lt;br /&gt;Ni una palabra ni un nombre ni una esperanza ni un adiós. Sólo la lluvia, la soledad y yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-6519327571489466044?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/6519327571489466044/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=6519327571489466044' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/6519327571489466044'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/6519327571489466044'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2008/09/la-lluvia_24.html' title='LA LLUVIA'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-7150982045170159686</id><published>2008-09-12T15:33:00.000-07:00</published><updated>2008-09-12T15:34:40.242-07:00</updated><title type='text'>ESTAMPAS DE LA CIUDAD</title><content type='html'>ESTAMPAS DE LA CIUDAD&lt;br /&gt;Por  José Dávila A.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Prologo:&lt;br /&gt;Un lujoso automóvil solitario estacionado bajo la fronda de un árbol.&lt;br /&gt;En su interior se encuentra  una persona que, entre sus brazos, esconde su rostro reclinado sobre el volante. Es un hombre joven, viste traje fino y en el dedo anular de su mano izquierdo destaca un anillo de compromiso; en la muñeca del otro abrazo asoma un costoso reloj de oro. A simple vista, no existe duda de que goza de una envidiable posición económica.&lt;br /&gt;Primer día:&lt;br /&gt;Los vecinos al pasar, con curiosidad disimulada, miran al interior del automóvil, pero no observan. Sin embargo, con ligereza, aprovechan la oportunidad de enjuiciar:&lt;br /&gt;-Qué descaro de tipo: está dormido…&lt;br /&gt;-Pobre, debe estar muy cansado…&lt;br /&gt;-¿Cansado? ¡Vaya parranda que se habrá corrido! Menos mal que frenó el coche…&lt;br /&gt;-¿Por qué no escogió otra calle para descansar? ¡Qué vergüenza! Voy a llamar a la policía.&lt;br /&gt;-A lo mejor se extravió por la noche y el sueño lo venció…&lt;br /&gt;-Este hombre no se despierta ni con las campanas de catedral. ¡Mira qué insolente forma de dormir!&lt;br /&gt; -A mí  se me hace que lo corrieron de su casa…&lt;br /&gt;-¿Tú crees…?&lt;br /&gt;-¡Por supuesto que sí!&lt;br /&gt;Segundo día:&lt;br /&gt;Al verle de nueva cuenta, la gente modifica su actitud:&lt;br /&gt;-¡Pero qué descaro! Todavía sigue ahí…&lt;br /&gt;-Si es el mismo tipo de ayer. ¡Uf, a de oler a diablos!&lt;br /&gt;-La verdad que es un cínico.&lt;br /&gt;-¿Y si está enfermo?&lt;br /&gt;-¡Qué enfermo ni qué ocho cuartos!  Está drogado…&lt;br /&gt;-No, no le despiertes. Uno nunca sabe qué clase de gente puede ser.&lt;br /&gt;-¿Por qué no? Ya es hora de que se vaya. ¡Este es un vecindario respetable!&lt;br /&gt;-¡Déjalo! Al fin es su vida. ¿0 no…?&lt;br /&gt;-Al menos movió uno de sus brazos…&lt;br /&gt;-Claro, no tiene un pelo de tonto. Le sirve de almohada…&lt;br /&gt;-Ah, pues sí…&lt;br /&gt;Tercer día:&lt;br /&gt;La crítica sube de temperatura:&lt;br /&gt;-¿Todavía está el coche ahí?&lt;br /&gt;-¡Seguro que lo corrieron de su casa! Debe ser un alcohólico sin remedio.&lt;br /&gt;-Pero ya es mucho tiempo. Vamos a tocarle en la ventanilla…&lt;br /&gt;-¡No lo hagas! A lo mejor es un traficante de cocaína…&lt;br /&gt;-¿Quieres decir que puede ser un  narco?&lt;br /&gt;-A lo mejor sí; uno nunca sabe.&lt;br /&gt;-¿Estará armado?&lt;br /&gt;-Mejor vámonos, vámonos. No es cosa que nos incumba. ¡Allá él!&lt;br /&gt;-Sí  es lo mejor.&lt;br /&gt;Tercer día hacia el mediodía:&lt;br /&gt;El estruendo de dos sirenas rompe la paz del  barrio. Una patrulla policiaca y una ambulancia se estacionan junto al misterioso coche.  Descienden un par de uniformados y tras de ellos, dos paramédicos...&lt;br /&gt;Alguien ha dado aviso.&lt;br /&gt;La gente, fisgona,  de inmediato sale de sus casas. Otros, con fingido recato, miran tras las  cortinas de las ventanas.&lt;br /&gt;Por supuesto, no faltan los imprudentes. Carcomidos por el morbo, se apresuran al lugar de los hechos para no perder detalle del misterioso hombre dormido Más tarde hilarán calenturientas versiones sin sustento&lt;br /&gt;Los representantes del orden, sin problemas, abren la puerta delantera del conductor. El cuerpo no se mueve.&lt;br /&gt;-¡Qué bárbaro, debe estar sordo! –reprueba una señora entrada en años, con vestido descolorido, delantal manchado de grasa, chancletas sucias y  con la cabeza tupida de tubos  de plástico para embrollar su canosa cabellera.&lt;br /&gt;Los policías escriben con apuro en su cuadernillo de notas y  de la bolsa interior del saco de aquel hombre sacan una cartera y descubren en su interior una identificación  de arquitecto de una conocida  empresa trasnacional y una fotografía familiar: una hermosa mujer abrazando a dos niños sonrientes.  &lt;br /&gt;Acto seguido, uno de los paramédicos, examina al conductor. Tras un detenido estudio,  mueve la cabeza  y con  gesto de resignación  informa a su compañero: “Paro cardíaco. No hay duda. ¿Cómo pudo  detener el coche?” Segundos después los camilleros introducen al difunto en la ambulancia, en tanto que lo vigilantes sellan las puertas de vehículo.&lt;br /&gt;Don Lencho, el carnicero de la esquina, con raída y sudorosa camiseta, impasible, mascando chicle con admirable velocidad, comenta con arrogancia:&lt;br /&gt;-Se los dije: sin duda era un narco…&lt;br /&gt;Epílogo:&lt;br /&gt;Nunca se encontró el reloj de oro.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-7150982045170159686?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/7150982045170159686/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=7150982045170159686' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/7150982045170159686'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/7150982045170159686'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2008/09/estampas-de-la-ciudad.html' title='ESTAMPAS DE LA CIUDAD'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-2268179431777308470</id><published>2008-09-01T17:21:00.000-07:00</published><updated>2008-09-01T17:22:22.499-07:00</updated><title type='text'>LA LLUVIA</title><content type='html'>LA LLUVIA&lt;br /&gt;Por José Dávila&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando veo llover siento ganas de llorar…&lt;br /&gt;Cuando el cielo se nubla y empieza  al lloviznar, me invade un profundo  sentimiento de tristeza. Aquel recuerdo reverdece y alimenta la añoranza.&lt;br /&gt;Cuando las gotas que se precipitan de las alturas y se estrellan en el pavimento humedecido dibujando silenciosos anillos, veo en cada uno  de ellos  un año  más de mi vida.&lt;br /&gt;Y después, cuando el nubarrón prosigue su viaje  y lentamente empiezan a surgir los tinturas azules del cielo, siento en mi corazón que se renueva una nueva existencia, un misterio sin resolver. ¿Al fin surgirá la esperanza que cicatrice las herida del  aquel prometedor y fugaz recuerdo?&lt;br /&gt;Fue hace mucho tiempo y la vivencia permanece intacta, inconclusa.&lt;br /&gt;Sobre la ciudad se abatía una lluvia feroz, una cortina de agua tan cerrada que dificultaba la visión. A pleno mediodía, los automóviles circulaban con sus faros encendidos para anunciar su presencia, cuando ella llegó al conflictivo crucero por la calle de la izquierda y yo arribaba por la derecha.&lt;br /&gt;Con torpeza sin igual topamos de frente y nos abrazamos uno al otro tratando de recuperar el equilibrio. La sorpresa del encuentro nos enmudeció y avergonzados  esbozamos una fugaz sonrisa ante la inesperada circunstancia. ¿Cuánto tiempo permanecimos así, unidos uno al otro? No lo sé. Había un algo entre nosotros que deseaba que nuestros cuerpos permanecieran juntos. Sin embargo, lentamente nos separamos y buscamos algún refugio donde protegernos.&lt;br /&gt;Pronto nos percatamos que estábamos desamparados; no existía el resguardo de una puerta, un techo o un resquicio en donde guarecernos. Ahí estábamos. Inermes, sumisos,  empapados hasta la médula.  Permanecíamos de pie. Pegados a la pared, chorreando de pies a cabeza, sin desear movernos, viéndonos de reojo, titubeando en proponer algo, pero nuestras bocas permanecían mudas.&lt;br /&gt;De pronto ella me tendió su mano y tomó la mía. Sus ojos castaños, risueños, lo decían todo. A la vez, miraban inquietos hacia la calle de enfrente en donde se iniciaba una frondosa alameda. La invitación me parecía una locura: atravesar el arroyo en plena carrera.&lt;br /&gt;Al sentir la calidez de su mano sobre la mía, sentí que algo explotaba en mi interior. Era mi corazón que había encontrado a su alma gemela.&lt;br /&gt;Sin pensarlo, asentí y ella jaló de mí. Éramos dos traviesos chicuelos que, inconscientes,  nos lanzábamos a la avenida sorteando los vehículos, entre risas y sorpresas. ¡Aquello era demencial! Los bocinazos aturdían y los insultos de los automovilistas alimentaban tan loca aventura. Sin embargo, ella mantenía firme su mano y yo no deseaba soltarla.&lt;br /&gt;Pronto alcanzamos a salvo la acera prometida sin dejar de reír. No obstante, poco a poco fue menguando nuestra arrebato y entonces vi a plenitud su rostro. Era bella, muy bella. Su cabello se untaba a su rostro y su piel sonrojada por su irresponsable decisión encumbraba aún más su encanto. Empero, lentamente su mano poco a poco fue  soltando la mía. Lento, muy lento. Haciendo posible que cada uno de nuestros dedos sintiera la caricia ajena. Eran instantes que no deseaba olvidar, que anhelaba vivirlos por siempre. ¡Ay, ese roce de su piel…! Yo quise detenerla, no dejarla ir, pero ella  estaba determinada y con fineza la retiró.&lt;br /&gt;Una vez  más me vio a los ojos; levemente sonrió con un dejo de tristeza y entendí su  decisión. Después se fue, se perdió entre la arboleda consciente de que  no la seguiría y jamás volví a verla.&lt;br /&gt;Todo acabó…&lt;br /&gt;Ni una palabra ni un nombre ni una esperanza ni un adiós. Sólo la lluvia, la soledad y yo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-2268179431777308470?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/2268179431777308470/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=2268179431777308470' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/2268179431777308470'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/2268179431777308470'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2008/09/la-lluvia.html' title='LA LLUVIA'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-4141415610980575833</id><published>2008-08-27T17:44:00.000-07:00</published><updated>2008-08-27T17:45:21.629-07:00</updated><title type='text'>CALOR DESENFRENADO</title><content type='html'>CALOR DESENFRENADO&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Azota el calor…&lt;br /&gt;Tanto así que obligó al mismo Diablo a  huir del averno para refugiarse en su penthouse con aire acondicionado.&lt;br /&gt;Por las calles la gente deambula untada a las paredes en vano intento de escamotearle un pedazo de sombra que las cobija.&lt;br /&gt;La ciudad hierve. El asfalto se derrite, las tuberías de agua revientan y evaporan el precioso líquido.  Los  pozos languidecen. Los volcanes, antes eternamente nevados,  muestran sus cimas agrestes.  Los glaciares se derriten  y se despedazan. Los enormes bloques de hielo que vende don Poncho, triplican su valor antes de evaporarse y la gente los compra como un  preciado tesoro  y corre a su casa a resguardarlos para gozar de unos instantes de frescura.&lt;br /&gt;Los lagos se secan. Los bosques, ¿cuáles bosques?&lt;br /&gt;La brutal deforestación de los talamontes los ha convertido en desolados páramos. La lluvia escasea. La tierra se agrieta y desierto avanza y asesina.&lt;br /&gt;El deslumbrante reflejo de la arena ciega la vista, reseca la piel y despierta el hambre de sed.&lt;br /&gt;Sí, azota el calor.&lt;br /&gt;Año con año aumenta el termómetro alrededor de todo el mundo. Es el calentamiento caótico  que año tras año se advertido de sus pavorosos estragos.&lt;br /&gt;Cierto. Sn embargo, nadie hace algo por frenar el daño que ha causado la “civilización”, esa raza humana indiferente y sorda que, en aras de la modernización y el desenfreno de la tecnología rampante, no repara en el costo final&lt;br /&gt;El agorero, con la cabeza a punto de reventar, clama:&lt;br /&gt;“¡Pecadores sin confesión alguna, las llamas nos consumirán! ¡El castigo será catastrófico y su destino infernal!”&lt;br /&gt;“¡Pecadores confesos, a ustedes también los devorará el fuego que han alimentado!”&lt;br /&gt;“¡Pecadores, no se olviden que un día alguien aseguró que hasta el sol suda…!”&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-4141415610980575833?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/4141415610980575833/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=4141415610980575833' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/4141415610980575833'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/4141415610980575833'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2008/08/calor-desenfrenado.html' title='CALOR DESENFRENADO'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-4506281686572994257</id><published>2008-08-10T15:15:00.001-07:00</published><updated>2008-08-10T15:15:27.559-07:00</updated><title type='text'>LOS BILLETES DE LOTERÍA</title><content type='html'>LOS BILLETES DE LOTERIA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por José Dávila Arellano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era como el jorobado de nuestra Señora de París, pero sin joroba... Un hombrecillo de corta estatura y de caminar zambo; una pierna más corta que la otra, le hacía ondular el cuerpo como péndulo de reloj. Su cabeza era pequeña y en forma de cono. El  pelo escaso, ralo y entintado de amarillo; la frente amplia y lisa como un zócalo, los ojos hundidos e inyectados de sangre y la nariz de pelota; la boca babeante de gruesos labios encogidos, enseñaba los dientes rotos, menos el colmillo izquierdo un colmillo grande, grueso y sarroso, que le hacía parecer una morsa de zoológico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ahí estaba, de rodillas, junto al bote de basura. En el suelo había esparcido el contenido y seleccionaba de entre un cerro de papeles, billetes de la lotería; unos arrugados, otros rotos, y los menos, series enteras. También apartaba, de entre envolturas de dulces y paletas, quinelas deportivas, talones de colores fluorescentes de  "ráscale a tu suerte y pégale al gordo".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Satisfecho de su labor, regresaba el material inservible al bote y el resto, con paciencia lo doblaba, y con esmero lo acomodaba en pequeños paquetes que amarraba con ligas. Luego empezaba de nuevo, si existía otro bote de basura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lucas le apodaban “La Morsa”. Nunca una persona le llamó por su nombre de pila. A resultas de chismes de comadres, se aseguraba que se había quedado sin nombre porque nació de madre desconocida. Dicen que después del mismo alumbramiento, le abandonó en el hospital sin que nadie se enterará del santo y seña de la parturienta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A ciencia cierta se ignoraba si fue la afanadora o la espontánea nodriza que le amamantó, quien le bautizó como Lucas. El hecho es que, apenas conoció la luz del día, el desdichado niño convivió con la mala suerte; al punto que apenas creció  los primeros centímetros, fue a parar con su incipiente esqueleto a un triste orfanato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La figura encogida de Lucas pronto se hizo costumbre a las puertas de toda agencia de la Lotería Nacional o expendio de “Melate”, porque tenía perfectamente establecidas sus rutas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La gente se burlaba y reía a sus espaldas, cuando le veía una y otra vez escoger el desperdicio de los basureros y guardárselo en una  sucia chamarra de holgadas bolsas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Este infeliz está loco: ¡piensa que se va a sacar el premio mayor!” –era la sorna diaria.&lt;br /&gt;No obstante, la burla cotidiana no molestaba al singular pepenador. Por el contrario, con una grotesca sonrisa festejaba las bufonadas de los demás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el orfanatorio, los médicos de turno diagnosticaron que Lucas sería un niño loquito y sellaron el expediente. Ya sentenciado, le arrumbaron. Ausente de calor humano, el niño, a medida que creció, se desarrolló en un medio hostil fregando pisos, trapeando zaguanes, recogiendo basura y tropezando con sus palabras, pues para colmo de males sólo tartamudeaba monosílabos. Por lo tanto, era un estorbo. A todo mundo le molestaba su fealdad y torpeza, hasta que un día el director Garmendia tronó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Ya basta, echen a ese idiota a la calle!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y a la calle fue a parar, ignorante de su destino y presto a obedecer a quien le ofreciera un rincón en donde dormir y un pedazo de pan que comer. ¿Cuándo se hizo grande? ¿Cuándo perdió los dientes y ganó su colmillo de morsa? Nadie se enteró y la memoria no le alcanzó a Lucas para investigarlo. Para entonces, resultaba ocioso adivinar el origen de su apodo. Siempre vivió de los centavos que ganaba a cambio de cargar bultos y cajas en el mercado, porque en su camino también se trompicó con almas piadosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Por qué recoges tanto billete de lotería que para nada sirve? –siempre le preguntaba más de un curioso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pooor...quuu...quue, mmm..mme...gusss...gustan... –respondía con más dificultad que rubor y se alejaba satisfecho con su valioso cargamento a cuestas  al galpón abandonado que tomó por casa a un lado del mercado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lucas, desde chamaco, disfrutó de los grabados de los billetes de lotería, de los personajes que aparecían, de los números de serie y de los intensos colores que les imprimían. Lo mismo acontecía con los boletos del “Rascale”, pues por largo tiempo gustaba exponerlos al sol para provocar los brillantes destellos que se desprendían de la fosfórica presentación tridimensional.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bodegueros, comerciantes, macheteros, cargadores y verduleros, con curiosidad le veían ir y venir a su refugio. Sin embargo, nunca se atrevieron a penetrar en la misteriosa guarida porque podía volverse loco, y un tonto redoblado como él, podría ser muy peligroso. Así que, a parte de estar inscrito en el catálogo de los idiotas, los ignorantes que presumían de conocimiento le habían endosado, sin costo alguno, una personalidad inexistente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ajeno a la maledicencia, Lucas tenía su mundo propio. Nada le ofendía, nada le turbaba, ni mucho menos nada le angustiaba. Pese a la sorna cáustica de la gente, sonreía y saludaba complacido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A lo largo de tantos años de hurgar en los botes de basura se había convertido en un sorprendente coleccionista. Las cuatro paredes del cobertizo estaban, con maestría, tapizadas con los billetes escogidos. Con atole de fresa había pegado en el lado norte, lo representativo a treinta años atrás; con atole de piloncillo, en el lado sur había hecho lo propio con lo atesorado en las dos décadas anteriores; con atole de masa había estampado la porción oriental con lo recopilado en el último lustro; y con atole de membrillo estaba forrando la pared occidental.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lucas era dueño de una impresionante galería de hombres ilustres, templos e ídolos prehispánicos, edificios coloniales, monumentos históricos, símbolos patrios y múltiples denominaciones monetarias, perfectamente distribuidas en forma piramidal, romboidal, circular y rectangular.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En Cuauhtémoc, Hidalgo, Morelos, Allende, Zapata, Villa y Carranza, tenía los padres, los tíos, los primos que nunca tuvo. En Teotihuacán, Bonambak, Tlaloc y Huitzilopotchtli, las raíces culturales que no conoció. En la Catedral, el Palacio Nacional y el Correo, las casas de las que careció. En la Columna de la Independencia, el Hemiciclo a Juárez, el monumento a los Niños Héroes, el sentimiento patrio que no heredó, y en los valores numéricos de cinco, diez, veinte, cien, quinientos y mil pesos, el dinero que  jamás acumuló.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Más allá del entendimiento popular, ahí, en el humilde hogar que habitaba con su inseparable soledad, Lucas era feliz sin importarle, porque lo sabía, que muchos billetes estuvieran premiados.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-4506281686572994257?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/4506281686572994257/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=4506281686572994257' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/4506281686572994257'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/4506281686572994257'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2008/08/los-billetes-de-lotera.html' title='LOS BILLETES DE LOTERÍA'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-1170846024320021417</id><published>2008-07-24T16:45:00.000-07:00</published><updated>2008-07-24T16:46:11.323-07:00</updated><title type='text'>EL DESIERTO</title><content type='html'>EL DESIERTO&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por José Dávila A.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La brisa marina del Golfo de California barre con la arena del desierto y con las cenizas de los muertos…&lt;br /&gt;A escasos cien metros de un improvisado atracadero de ruinas de lanchas pesqueras,  justo frente a la imponente  isla “El Tiburòn”, se enclava un ruinoso hacinamiento de piedras que quisieron ser lápidas y lápidas que el viento y el salitre han desvanecido nombres y fechas de quienes fueron sepultados casi a flor de tierra sin orden ni concierto.&lt;br /&gt;No existen rejas ni puertas ni lotes ni altares ni tiestos, que marquen sus límites. Vaya ni siquiera un letrero que lo identifique como panteón. La anarquía que salta a la vista, denuncia que los deudos han cavado donde mejor les pareció. Ahí yacen pescadores descendientes de la comunidad indígena Seri: si tuvieron suerte, les excavaron un lecho profundo. Lo menos afortunados, ajenos al pudor, desnudan sus huesos al sol. Un imponente silencio es su mortaja.&lt;br /&gt;El inhóspito desierto no respeta ni vivos ni muertos. Al menor descuido con todo acaba. Es la inmensa y silenciosa planicie de la Bahía de Kino, y no hay sendero que seguir, porque los soplos tornan el paisaje diabólicamente cambiante. Quien extravía la orientación,  despistado vagara por los caprichosos arenales hasta fallecer de insolación.&lt;br /&gt;Sólo la terca vegetación de cactus, mezquites y pardos arbustos, se resisten a desfallecer ante el calor que ni el mismo diablo resistiría.&lt;br /&gt;Sin embargo, lejos, muy lejos del ruinoso camposanto, se levanta una rústica aldea en donde viven los seris que antaño se dedicaban a la caza del borrego cimarrón y  la pesca del tiburón. Tal parece que huyen de sus muertos; que no desean saber nada de ellos. Que los quieren tener lejos, demasiado distantes para que no les reclamen deudas pendientes. &lt;br /&gt;De pronto, como salido de un espejismo, se recorta la difusa silueta de un errante. A la distancia, los vapores que emanan de la arena deforman su vaga figura.  Avanza lento, cabizbajo. Poco a poco se va delineando su cuerpo y se adivina a un hombre viejo, de paso  cansino y derrotado. Ignoro de dónde salió. Podría asegurar que de la nada y que es un fantasma despistado que regresa a su tumba. Sin embargo, esta vivo y se acerca, se acerca cada vez más…&lt;br /&gt;Ahora está frente a mí. No más de cinco metros nos separan uno del otro. Se despoja de un polvoriento sombrero de palma, tan gastado como su vida misma y con agujeros que parecen heridas abiertas al cielo. Su anguloso rostro cetrino semeja una esfinge y sus ojos, hundidos y acuosos, se clavan en mi persona deseando iniciar un silencioso diálogo. Viste camisa de mangas cortas, incolora, destejida y bolsas desgarradas; en sus desnudos brazos se pueden contar cada una de las venas que lo surcan bajo una piel reseca y agrietada. Los pantalones, terrosos y remendados,  se agitan cual viejos trapos al viento y ocultan un añoso par de guaraches de cuero.&lt;br /&gt;Se ha detenido ante una loza chueca. No habla. No dice nada. Sólo hace una ligera reverencia. Baja la vista y con lentos movimientos, se despoja de una vieja guitarra de cuerdas desafinadas que trae cargando a la espalda en bandolera. Con reverencia se persigna y lentamente empieza a tocar con sus manos huesudas, el inolvidable vals “Dios nunca muere”.&lt;br /&gt;Cuando al fin termina. Vuelve hacia mí su lacrimosa mirada y con voz más baja que el susurrar del viento, advierte. “Su merced no está pa’ saberlo, ni yo para contarlo, pero  ha de conocer que aquí vengo, apenas despunta el sol, pa’ tocarle su tonadilla preferida a mi hijita que se murió de sed…”&lt;br /&gt;Después, se retira igual de pausado y con el alma desmadejada.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-1170846024320021417?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/1170846024320021417/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=1170846024320021417' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/1170846024320021417'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/1170846024320021417'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2008/07/el-desierto.html' title='EL DESIERTO'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-5003587038924400424</id><published>2008-07-24T16:43:00.000-07:00</published><updated>2008-07-24T16:44:27.717-07:00</updated><title type='text'>ESPERMATOZOIDES TRAVIESOS</title><content type='html'>ESPERMATOZOIDES TRAVIESOS&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Corporativo Mundial de Fertilizaciones Garantizadas”&lt;br /&gt;Cuando  el joven de nombre Ingenuo y apellidos, Dudoso y Cuestionable, leyó tal anuncio a las puertas de un discreto local enclavado en uno de las asentamientos de mayor abolengo de la ciudad, le llamó poderosamente la atención.&lt;br /&gt; De inmediato pensó: “¿A quién se le había ocurrido establecer un negocio de fertilización en un denso asentamiento de opulentas residencias?”&lt;br /&gt;Tras razonar por unas cuantas horas, a su mente acudió una luminosa explicación: “¡Ya sé! Seguramente brindan un servicio exclusivo para proporcionar mantenimiento a las exuberantes jardines que poseen tan impresiones casonas Claro, tan claro como el agua: abono, semillas, tierra para las macetas o pasto inglés”, concluyó con admirable talento.&lt;br /&gt;Pero algo no le cuadraba en el espacio de su admirable juicio: “¿Por qué mundial?”&lt;br /&gt;Estaba consciente de que le había tocado vivir momentos históricos de una  arrolladora globalización que todo lo devoraba…pero ¿también la fertilización?&lt;br /&gt;El establecimiento que coronaba  su presencia con tan llamativa razón social, en verdad no tenía apariencia “rural”. Por el contrario, definitivamente semejaba un sobrio espacio para una cooperativa.&lt;br /&gt;Curioso, como todo ser humano, se aproximó a las puertas del negocio y trató de vislumbrar parte de su interior para corroborar que línea de productos ofertaba a su potencial clientela.&lt;br /&gt;De esta forma, Dudoso Cuestionable descubrió una oficina solitaria, discretamente amueblada con las herramientas necesarias hoy en día para funcionar adecuadamente: escritorios multiusos, legajos de carpetas, finas plumas de escribir, una multifacética red telefónica, así como una  impresionante batería de computadoras y un monumental  mapamundi que cubría por completo una de las paredes.&lt;br /&gt;En pocas palabras no existía rastro de bultos de semillas, abonos diversos, rollos de césped artificial, rastrillos, cortadoras y mucho menos sacos de fertilizantes. Vaya, ni siquiera una pequeña muestra de ellos o al menos una fotografía.&lt;br /&gt;A todas luces intrigado, cuando Ingenuo emprendía una lenta retirada, como por arte de magia se abrió la puerta principal y apareció un joven extraordinariamente apuesto, gentil,  atlético, perfectamente vestido  y con una sonrisa seductora que de inmediato le cautivó.&lt;br /&gt;-¿Le puedo servir en algo, señor? –preguntó  atento y con sensual .descaro.&lt;br /&gt;-No, no…disculpe: sólo, sólo estaba curioseando –tartamudeo Ingenuo.&lt;br /&gt; Como respuesta, escuchó una voz aún más melódica: “No se  preocupe, mi nombre es Apolo. Así a secas. Apolo...”&lt;br /&gt;-Mucho gusto señor Apolo; mi nombre es Ingenuo, Dudoso y Cuestionabl&lt;br /&gt;-Curioso nombre –advirtió sin sorpresa el  solícito personaje&lt;br /&gt;Ingenuo se ruborizó y decidió confesar: “Así lo decidió  mi padre  ante la pila bautismal de la iglesia de La Profesa, a causa de las serias dudas que tenía sobre mi ADN, pese a los juramentos de haber dicho verdad mi afligida madre, en referencia a la paternidad de origen”.&lt;br /&gt;-Vaya, vaya, escuchar para creer… Y bien señor Ingenuo ¿está interesado en nuestros servicios? –interrogó Apolo con mayor matiz provocativo en sus palabras.&lt;br /&gt;-La verdad –titubeó Dudoso- me llamó la atención su anuncio y no veo aquí nada relacionado con la fertilización.&lt;br /&gt;Apolo sonrió discreto y apoyado en su encanto, advirtió: “Creo, señor que no ha comprendido; integramos una cooperativa de 23 socios fundadores con excelente condición física, avalada por una prestigiada notaria.&lt;br /&gt;-¿Por una notaría?&lt;br /&gt;-Es el mejor testimonio que garantiza el éxito de nuestra sofisticada especialización.&lt;br /&gt;-Se refiere a  la fertilización, ¿no es cierto? –se aventuró bizarro Dudoso sin asomo cuestionable.&lt;br /&gt;-Don Ingenuo, integramos la única empresa que por especialidad es fertilizar al sexo femenino con dos millones de espermatozoides por coito.&lt;br /&gt;-¡¿Cuántos dijo?!&lt;br /&gt;-Dos millones garantizados por cada lance –confirmó con displicencia.&lt;br /&gt;-Eso es imposible; no lo puedo creer.&lt;br /&gt;-¿Quiere usted contarlos? –advirtió burlonamente Apolo-. Tenemos muestras “in vitro”. Cierto que le llevará un buen tiempo, pero confirmará que somos personas responsables.&lt;br /&gt;-Dos millones de esperma para que tan sólo uno o quizá dos lleguen milagrosamente a su destino final. ¡Qué desperdicio!–comentó Ingenuo sin poder salir de su azoro.&lt;br /&gt;-No lo es, señor. Nosotros somos los únicos que expedimos un certificado de garantía de que el paciente en turno alcance el feliz embarazo deseado. Además  extendemos una garantía hasta por cinco años…&lt;br /&gt;-¿Y cuántas personas integran el corporativo? –preguntó curioso Ingenuo a quien se le iba desapareciendo la sombra de sus apellidos.&lt;br /&gt;-Somos 23 socios –comentó Apolo con simpleza.&lt;br /&gt;-¿Tan sólo 23?&lt;br /&gt;-Sí señor mío; sólo 23. Suficientes para poder embarazar a todas las mujeres del planeta&lt;br /&gt;-¿Le puedo hacer una última pregunta, señor Apolo?&lt;br /&gt;-Diga usted…&lt;br /&gt;-¿No me podrían inscribir en su membrecía en calidad de suplente?&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-5003587038924400424?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/5003587038924400424/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=5003587038924400424' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/5003587038924400424'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/5003587038924400424'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2008/07/espermatozoides-traviesos.html' title='ESPERMATOZOIDES TRAVIESOS'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-4254451420862311859</id><published>2008-07-05T16:58:00.000-07:00</published><updated>2008-07-05T16:59:25.387-07:00</updated><title type='text'>LOS ZAPATOS DE CHAROL NEGRO</title><content type='html'>LOS ZAPATOS DE CHAROL NEGRO.&lt;br /&gt;Por Josè Dàvila Arellano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ayer tuve un hermoso sueño…&lt;br /&gt;Soñé que caminaba otra vez.  Era increíble.&lt;br /&gt;Sí, caminaba con paso seguro y ágil. Avanzaba con naturalidad, como si fuese un jovenzuelo y actuaba con desparpajo, sin asomo de preocupaciones.&lt;br /&gt;Mis piernas eran firmes, sólidas, pero a la vez ligeras. Deambular fuera de casa me emocionaba; era como si un sueño imposible se tornara en realidad.&lt;br /&gt;Me veía de arriba hacia abajo: mi camisa era blanca, con mangas largas y doble puño;  el pantalón, fino, de color  azul marino, calcetines negros, y me sentía sumamente orgulloso de mi brillante calzado: un  impecable par de zapatos de charol negro con tacones de madera.&lt;br /&gt;Tal parecía que no tenía ojos más que para ellos. Los veía avanzar: uno primero y el otro después, por un piso de mármol rosado y una  locuaz  mezcla de calzados de diversos estilos y colores, que se fusionaban entre sí ajenos a pisotones o trompicones. Les dominaba,  pues, una irritante prisa que no llegaba a comprender.&lt;br /&gt;En algunas ocasiones hacía una breve pausa frente a un par de zapatillas con afilados tacones de aguja; en otras ocasiones me detenía con la brevedad atropellada ante zapatos dispares: unos de piel recién boleados, otros pardos y polvosos, y los menos, ajados, con toda la vida a cuestas. Me imagino que me detenía para intercambiar un fugaz saludo con sus respectivos portadores. Después, volvía a avanzar con el mismo ritmo elegante.&lt;br /&gt;¡Orgulloso me sentía de mis zapatos de charol negro y tacones de madera!&lt;br /&gt;Pese a que mi mirada estaba clavada en ellos, sabía que en mi rostro se dibujaba una clara sonrisa de felicidad. Vivía satisfecho de mi mismo. Disfrutaba cada segundo del vagabundeo y sobretodo del golpear de los tacones que me remitieron a un  pasado juvenil, cuando la moda era clavarles estoperoles como un distintivo de buen gusto. El choque metálico me hacía sentir importante. En pocas palabras, pensaba que los chasquidos me hacían hombre, tan hombre como los soldados que desfilaban  haciendo resonar  sus botas con paso marcial en las paradas militares.&lt;br /&gt;Y sí, de veras, tan sólo caminaba viendo mis deslumbrantes zapatos por esa plancha de mármol rosa que se antojaba interminable. ¡Ay, Dios, cuánto lo disfrutaba! A cada paso sentía desbocarse la adrenalina por todo mi cuerpo. Era una sensación maravillosa, que rayaba en lo milagroso.&lt;br /&gt;Mi madre, preocupaba por mis constantes viajes a lugares remotos, me decía con un dejo de sarcasmo que era un “pata de perro” En efecto, así era: pata de perro con zapatos de charol negro.&lt;br /&gt;Así quería soñar siempre: sentirme libre, embargado por un inmenso regocijo y un explosivo sentimiento de libertad. Nadie, es esos momentos, podía arrebatarme  tan intensa ensoñación. Era un hombre afortunado, sano, fuerte y confiado.&lt;br /&gt;Cuando desperté en el amanecer del nuevo día, retorné a la realidad. Volví a ver hacia abajo: ahí estaba mi medio cuerpo envuelto en una bata blanca  con mangas cortas y una sábana  cubría el silencioso vacío del resto de la cama de hospital…&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-4254451420862311859?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/4254451420862311859/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=4254451420862311859' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/4254451420862311859'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/4254451420862311859'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2008/07/los-zapatos-de-charol-negro.html' title='LOS ZAPATOS DE CHAROL NEGRO'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-869934181549873045</id><published>2008-06-27T15:40:00.000-07:00</published><updated>2008-06-27T15:41:06.940-07:00</updated><title type='text'>TOLERANCIA DIVINA</title><content type='html'>TOLERANCIA DIVINA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por José Dávila A&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Nosotros? Pues estamos muy bien. Claro, por supuesto que sí. ¡Nos llevamos de maravilla! En cada encuentro que tenemos nos abrazamos y cariñosamente nos besamos. Nunca dejamos de hacerlo. Día tras día, externamos nuestros mejores deseos para que nos vaya bien en nuestros respectivos trabajos. En ocasiones, si el tiempo lo permite, almorzamos juntos y luego vamos por los hijos a la escuela. Los fines de semana salimos todos a pasear; cuando uno no puede, pues el otro se va con los chamacos y no hay problema. ¿Qué si tenemos discusiones? ¡Ninguna! Ni pensarlo...No pasa nada, te lo juro. Mira, ayer ella tenía que salir de viaje y la llevé al aeropuerto para desearle un feliz viaje. Me despedí con un beso y le prometí que haría cargo de los críos. De veras, nos llevamos de maravilla.  Vivimos un divorcio perfecto.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-869934181549873045?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/869934181549873045/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=869934181549873045' title='1 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/869934181549873045'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/869934181549873045'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2008/06/tolerancia-divina.html' title='TOLERANCIA DIVINA'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-2648150576396542576</id><published>2008-06-21T08:36:00.001-07:00</published><updated>2008-06-21T08:36:26.435-07:00</updated><title type='text'>EL PLANETA MUERTO</title><content type='html'>EL PLANETA MUERTO&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por José Dávila A.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Yo quiero ser astronauta.&lt;br /&gt;-¿Por qué?&lt;br /&gt;-Porque me gustaría viajar por el espacio y encontrar un planeta muerto.&lt;br /&gt;-¿Para qué?&lt;br /&gt;-Para estar solo... Caminar por ahí, dándole y dándole la vuelta hasta llegar abajo y entonces caer...”&lt;br /&gt;La respuesta me violenta los sentimientos. Frente a mi tengo a un niño que desea morir.&lt;br /&gt;Él se llama Feliciano; Feliciano Alfonso Arsenio Camargo. Un chamaco de apenas 13 años de edad. En su rostro moreno vela una sombra de desconsuelo. Sin embargo, una centella de rebeldía arde en su mirada. Es una mirada que sabe ver de frente; son ojos que retan, que confrontan, que reclaman a la vida. Voz grave, sonora. Correcto en su trato, muy propio en su hablar. Inquilino de una casa hogar...Un grupo de niños de una escuela particular, acompañados de sus padres, irrumpe en la vieja y abandonada casona habilitada como asilo para menores de edad. La fachada es tan gris, como deslucida su existencia. El olvido se unta a los muros descalichados de los dormitorios, a las sillas adoloridas, a los desnudos salones de clase, a los baños oscuros y malolientes. El tiempo no punza; yace amortajado, tan amortajado como el palpitar mismo de sus pequeños moradores.&lt;br /&gt;Asisto a una convivencia infantil; me ha invitado mi nieto. Le he dejado con sus amigos y acercado a estos seres desheredados, marcados de por vida por la orfandad, porque son chiquillos de barrio, como yo lo fui en mi infancia.&lt;br /&gt;-¿Que otra cosa te gustaría hacer? –le pregunto a Feliciano.&lt;br /&gt;-Tocar la guitarra.&lt;br /&gt;-¿Estás aprendiendo?&lt;br /&gt;-Mi papá me enseñaba... No supe de qué murió. El doctor sólo me dijo que ya se había ido. Era un hombre bueno; me regañaba, pero era bueno... Cuando se lo llevaron al panteón, busqué la guitarra y ya se la habían robado.&lt;br /&gt;Los niños de afuera sonríen; traen consigo comida y regalos. Los niños de adentro, callan y tienen las manos vacías. Observan. Enfrentan lo que les ha sido arrebatado: el amor, la ternura, la caricia paterna. Entrelazan sentimientos encontrados: la seguridad y la incertidumbre; la ilusión y la desesperanza, la risa y la tristeza; la protección y el abandono. Incluso, absorben el contraste de la ropa y el calzado. No obstante, esas almas nubladas lo que más desean es su hogar.&lt;br /&gt;Con el rubor a flor de piel, unos y otros, extienden la mano y se saludan. Después, preguntan sin protocolo el “cómo te llamas”, el “qué haces” el “en qué año vas”, el “que edad tienes”. Finalmente se mezclan, y gobernados por su admirable inocencia, pronto se identifican. Para ellos no existen barreras  sociales; las desconocen.&lt;br /&gt;-¿Estudias? -le pregunto a Feliciano&lt;br /&gt;-Sí.&lt;br /&gt;-¿Qué te gusta más?&lt;br /&gt;-Civismo, porque se aprende de moral, de responsabilidad, de honestidad, de obligaciones, de disciplina y, sobre todo, de respeto. Yo respetaba mucho a mi padre.&lt;br /&gt;Los niños de adentro quieren saber; los niños de afuera, jugar: “¿Cómo es tu escuela? Grande, muy grande. ¿Tienen salones con bancas y pizarrones nuevos? Muchos, muchos salones, más de una docena. ¿Qué les enseñan? De todo, ¿a ti no? ¿Vives allí? No, yo vivo en mi casa. ¿Tu escuela tiene jardín? ¡Uy! Tiene mucho jardín; árboles, flores, y hasta una cancha de fútbol. ¿Una cancha de fútbol? Sí; ¿aquí no tienes una cancha de fútbol? ¿No...? ¿Entonces en dónde vamos a jugar?”&lt;br /&gt;Feliciano escucha y pasea la vista por los alambrados que aprisionan su escuela; en las bardas, en los corredores, en la azotea. Se detiene en las rejas que copan las escaleras. Echa un vistazo a la puerta amarrada con cadenas y candados. Voltea hacia un patio empachado de basura y  trebejos&lt;br /&gt;-Vivo en una cárcel –murmura melancólico.&lt;br /&gt;Llaman a la mesa. Disponen la comida y los regalos. Él se sienta y me alcanza una silla para sentarme a su lado. Agradezco el gesto. En torno mío hay cinco chiquillos más; todos con el desamparo dibujado en el gesto. Sus almas  llevan grabado a fuego el hierro de la añoranza. Son caras con el amargor escondido. La mirada esquiva y la sonrisa partida por la mitad. Nacieron con la orfandad a cuestas. La razón de la sinrazón...&lt;br /&gt;-¿Cuántos años tiene? –ahora él me cuestiona&lt;br /&gt;-¿Cuántos crees?&lt;br /&gt;-Demasiados.&lt;br /&gt;-¿Cómo?&lt;br /&gt;-Sí, tan demasiados como los que tenía mi padre al morir.&lt;br /&gt;No sé que responder y pregunto sin reflexionar: “¿Y tu mamá?”&lt;br /&gt;El muchacho se cimbra. Un relámpago de ira lo estremece. Después, más dueño de sí, se encoge de hombros. No desea explicar.  De pronto, uno de sus compañeros le grita: “¡No te hagas, Feliciano! Di la verdad: ¡Tu madre te abandonó!”&lt;br /&gt;Feliciano, enfurece. Con esos ojos que retan, encara a sus compañeros de mesa, pero éstos, con crueldad, a coro le castigan: “¡Tu madre te abandonó! ¡Tu madre te abandonó! ¡Tu madre te abandonó!”&lt;br /&gt;Ante la burla, ahora palidece. Ambiciona ensordecer. Eludiendo la agresión, me instruye que es el sargento primero de la escolta a la bandera. Orgulloso de ello se levanta enérgico; tan intenso que amenaza. Los niños cantores se atemorizan y silencian el brutal estribillo. “¿Le enseño?”-me pregunta, satisfecho de haber logrado amedrentar. No aguarda por mis palabras. Con rígido lenguaje corporal, observa posición de firmes. Con voz ronca manda el flanco derecho, el flanco izquierdo, el paso redoblado, y el paso corto, antes de ejecutar un desafiante alto marcial de cara a sus enemigos. Rinde honor al lábaro patrio recogiendo el brazo hacia su pecho. Tranquilo, vuelve a la silla con la expectativa de haber atajado el acoso de que fue objeto. Sin embargo, al menor descuido, sus compañeros, sesgadamente, se burlan de él.&lt;br /&gt;Entre nosotros, por unos instantes, priva un pesado silencio. Ya no deseo indagar y él no encuentra cómo liberar el apremio que le maltrata el corazón. Bebe un sorbo de refresco, se acerca a mí y con voz muy baja me encuesta:&lt;br /&gt;-¿Por qué mi padre vivió menos y usted vive más?&lt;br /&gt;-No lo sé.&lt;br /&gt;-¿Lo decide Dios?&lt;br /&gt;-Tampoco lo sé&lt;br /&gt;-¿Entonces quién? ¡Dígame! ¿Entonces quién?&lt;br /&gt;-No tengo respuesta, hijo.&lt;br /&gt;Feliciano Alfonso Arsenio, también es un estudiante avanzado. Su promedio es de diez y todos los meses comparte con otros cinco internos el cuadro de honor de la casa hogar.&lt;br /&gt;-Venga, le voy a enseñar –me invita&lt;br /&gt;Camino tras la ruta de sus pasos con la certidumbre de que algo va a sobrevenir. Llegamos ante un muro en donde pende un modesto cartón verde. En la parte superior destaca un festivo letrero elaborado con lentejuelas multicolores: “Cuadro de Honor”. Abajo, dispuestas en forma de abanico están pegadas las fotografías de los niños más destacados. En torno a ellas, con colores amarillo, verde y azul, se han trazado los recuadros. Al pie, los nombres respectivos..&lt;br /&gt;- Sí, ella se fue... –me advierte&lt;br /&gt;-¿De quién hablas?&lt;br /&gt;-De mi mamá. Apenas la recuerdo. Cuando se fue de la casa mis dos hermanitos se quedaron solos. Después salieron a la calle y  se perdieron... No los he vuelto a ver.&lt;br /&gt;Un grito espontáneo, quiebra la confesión. .”¡Ya llegó la señorita directora!”&lt;br /&gt;El sargento niño, con lágrimas en los ojos, voltea hacia a la puerta principal. Ahí está su benefactora, acompañada de un nutrido séquito de damas voluntarias. Bien vestidas, unas; bien trajeadas, otras. Bien calzadas todas. Se presentan emperifolladas con todas las joyas que pudieron echarse encima. Huelen a perfume caro. Con pasitos cortos discurren entre las mesas, guardándose de no contaminarse. A distancia, con ensayada voz atiplada, saludan a los niños. Sus manos enguantadas fingen tocarlos, pero se guardan de no hacerlo. Diestras en el engaño, sonríen con falsedad para la fotografía.&lt;br /&gt;Al día siguiente aparecerán en las páginas de sociales de los periódicos. Su frivolidad estará colmada. Se hablará de su infinita misericordia, de su loable desprendimiento, de su admirable abnegación en pro de la niñez desamparada.&lt;br /&gt;La fugaz visita concluye. La manipulación, felizmente, fue exitosa. Aquellas almas de la caridad que se han servido de la miseria infantil para glorificar públicamente su nobleza, desaparecen en el interior de lujosas camionetas. En el interior, se despojan de sus máscaras de compasión, liberando su maquillaje de hipocresía.&lt;br /&gt;Feliciano, las observa. Triste, su gesto reprueba. En la casa hogar que tiene por cárcel, se siente condenado a perpetuidad. “¿Y mis hermanos? ¿Por qué no buscan a mis hermanos?” –se interroga sin respuesta.&lt;br /&gt;Todos comen, menos él.&lt;br /&gt;Su mirada vagabunda se clava en la mesa en donde la comida ya está fría. Quizá navega en el cosmos en busca de su planeta muerto para caminar solo por ahí, buscando a su papá. Dándole y dándole la vuelta, hasta llegar abajo y entonces, por fin caer...&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-2648150576396542576?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/2648150576396542576/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=2648150576396542576' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/2648150576396542576'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/2648150576396542576'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2008/06/el-planeta-muerto.html' title='EL PLANETA MUERTO'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-8278665697078251629</id><published>2008-06-14T10:19:00.000-07:00</published><updated>2008-06-14T10:20:03.497-07:00</updated><title type='text'>EL CIELO AÙLLA</title><content type='html'>CUANDO EL CIELO AÙLLA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando el cielo se enfurece,  semeja el fin del mundo.&lt;br /&gt;Cuando el cielo brama y se desgarra en las alturas, es momento de rezar y reconciliarse con el Todopoderoso.&lt;br /&gt;Un día despejado y soleado, puede ser un velo traicionero. Todo está en calma; el horizonte despejado, el  cielo azul y el mar en calma. Vaya, no existe el más mínimo motivo de inquietud. Tranquilo, placentero, transcurre el tiempo.  De pronto, por la tarde, el sol desaparece tras un espeso manto gris que en segundos se torna tan negro como quizá sean las profundidades del mismo averno.&lt;br /&gt;La tarde se vuelve noche. Nada bueno augura tan repentino cambio del clima. En las calles, la gente camina rápido;  apura el paso hacia su destino final  sin dejar de mirar de soslayo por arriba de sus cabezas. En escasos minutos, el tráfico vehicular se ha alborotado y queda atrapado en  paralizantes congestionamientos viales.&lt;br /&gt;De pronto, la amenaza, los malos presagios, se cumplen.&lt;br /&gt;La tormenta eléctrica se desata incontenible. El  telón se descorre  cuando en la lejanía, un grito desgarrado, que digo, un doloroso alarido empieza a escucharse aumentando su potencia infinita con la velocidad de un relámpago y el inmediato detonar de un rayo que quiebra  la nubosidad en dos hasta reventar sobre la ciudad con potencia inaudita.&lt;br /&gt;El estallido supera  el rugido de 500 leones y  tras él, detona la siguiente explosión,  con mayor poderío que cimbra arboles, puertas y ventanas. Las luces de las farolas y las lámparas caseras parpadean impotentes, quizá también de miedo.&lt;br /&gt;Se ha desatado el caos. La naturaleza esta incontrolable, furiosa. El ensordecedor retumbar de los rayos ensordece e intimida.  Provoca una infinita impotencia. ¿Qué somos ante el enojo de la naturaleza?&lt;br /&gt;¡Una hormiga es más feliz que cualquier ser humano!&lt;br /&gt;Una y otra vez se suceden las rasgaduras  celestiales hasta culminar en una  serie de impresionantes explosiones infernales que sobrecogen alma y corazón.  Uno tras otro. El último más imponente que su antecesor. Tregua no existe.&lt;br /&gt;¡El cielo aúlla!&lt;br /&gt;La tempestad se desgrana de las alturas; la lluvia intensa, cerrada, se desploma y todo lo inunda y arrolla. Semeja el diluvio universal. El miedo se transforma en pánico y el pánico alimenta la posibilidad de una catástrofe.&lt;br /&gt;Se viven angustiosos momentos de incertidumbre. Los minutos se antojan más lentos que nunca. Las baterías  del  cielo dan rienda suelta a su inmensa cólera. Es fuego graneado y nos recuerda lo insignificantes que somos en este mundo.&lt;br /&gt;Sin embargo, así como todo empezó, empieza a decaer. Lento, muy lento, los explosiones se van silenciando, hasta culminar en un distante estertor.&lt;br /&gt;Después el  desconcertante silencio, la calma renace.&lt;br /&gt;Ahora lo comprendemos. La tempestad ha sido el heraldo del advenimiento de la siempre temida  temporada de huracanes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-8278665697078251629?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/8278665697078251629/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=8278665697078251629' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/8278665697078251629'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/8278665697078251629'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2008/06/el-cielo-alla.html' title='EL CIELO AÙLLA'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-1487058458291724530</id><published>2008-06-13T09:58:00.000-07:00</published><updated>2008-06-13T10:00:11.418-07:00</updated><title type='text'>LOS FANTASMAS</title><content type='html'>LOS FANTASMAS&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por Josè Dàvila A.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sí, era un payaso, un payaso joven...&lt;br /&gt;Se disfrazaba con una peluca de largos rizos rojos. Su cara estaba pintada de blanco con la clásica nariz de bola roja; gruesas cejas de color negro, círculos azulados en las mejillas, y una boca negra y amarilla dibujándole una colosal sonrisa de oreja a oreja. Vestía un saco holgado de cuadros morados y blancos; camisa rosa con lunares morados y corbatín de moño de seda rojo; un pantalón verde con rayas naranjas, zancón  y con cintura suelta enganchada de tirantes negros; un par de zapatos blancos de voluminosa puntera rojinegra, idénticos a los que usaba su tío Ignacio en el circo de arrabal.&lt;br /&gt;Cuando se prendía la luz roja del semáforo, él se aparecía frente a los coches. Rápido, con saltos grotescos, intentaba capturar la atención de los malhumorados automovilistas.&lt;br /&gt;Bajo aquella atrevida indumentaria se escondía un cuerpo fuerte, duro, atlético. Torso expandido, cuello de tronco, brazos de hierro y piernas que eran dos columnas de granito. Cuando en el gimnasio se ejercitaba frente al espejo, los músculos le brincaban con asombrosa facilidad a lo largo y ancho de toda su humanidad. Largas horas, el payaso, le dedicaba al levantamiento de pesas.&lt;br /&gt;En el barrio de Nativitas le apodaban  “El Monstruo” y en la casa lo llamaban Luis Ángel. Hijo único, de 21 años de edad, luego de reprobar la escuela preparatoria, se negó a seguir estudiando y se convirtió aprendiz de mecánica en el pequeño taller de coches que tenía su padre. Sin embargo, según él, se preparaba para ser galán de cine. Las tareas automotrices las compaginaba con las visitas al gimnasio, en donde hacía cuerpo para lucir bien en la pantalla. Sin embargo, el sueldo de principiante era bajo y la jornada agotadora. Pronto se hartó de hacer “talachas”.&lt;br /&gt;–Estudias o trabajas. ¡En esta casa no quiero vagos! –advirtió tajante el padre.&lt;br /&gt;–Pues ni lo uno ni lo otro –respondió mandón el hijo y agarró camino para los estudios de cine, convencido de trabajar en la primera película que le propusieran. Luego de largos meses de desilusión y fracaso en el mundo cinematográfico, su presentación artística fue en la esquina de Puente de Alvarado y Guerrero, céntrico y conflictivo crucero vial en donde se le escapaba la existencia.&lt;br /&gt;Lanzando pelotitas al aire, haciendo magia con un viejo sombrero de fieltro gris, y desapareciendo el as de espadas bajo el sobaco, sin saberlo, empezó a conformarse, a perderse todos los días en oleadas de automóviles y transeúntes estresados. Nubes de humo, calores asfixiantes y olores podridos, le envolvían. Entre gritos, maldiciones y bocinazos, extraviaba la identidad. En cada alto del semáforo, ofrecía su actuación, plana y breve. Nadie le aplaudía ni se reía; menos aún, le veía de verdad. Luis Ángel era un fantasma en un escenario gris, cruento y mundano. Sin embargo, luego de tres o cuatro horas de tráfago, alcanzaba a reunir buenos pesos.&lt;br /&gt;Después de todo a Luis Ángel no le iba tan mal: no madrugaba, no cambiaba mofles ni parchaba llantas; no checaba tarjeta, no tenía jefe ni pagaba impuestos al fisco. Feliz de la vida, cumplido el horario, se iba al gimnasio a pulir figura, a forjar volumen, sin importarle que doña Meche, la cocinera de la fonda de don Erasto, diario le echara en cara:&lt;br /&gt;-Vergüenza te debía de dar Luis Ángel: ¡tan joven y aventando pelotitas en la esquina! Prefieres hacerla de cirquero que buscarte un trabajo de verdad. ¿De qué te sirve lo garrudo?&lt;br /&gt;-Usted  no sabe nada doña Meche, ya está antigua  –respondía indiferente el payaso.&lt;br /&gt;En la esquina opuesta, en el jardín de San Fernando, todas las mañanas tres mujeres otomíes, bajo la sombra de un árbol, se sentaban a platicar, a coser muñecas de trapo, a ver pasar el día, y a comer pedazos de zanahorias tiernas. Marcaban su territorio con bolsas de ropa vieja, pedazos de pan duro, cacharros de cocina, mamilas, sonajas, y juguetes rotos para entretener a la chamacada.&lt;br /&gt;Sin preocupación, la vida les pasaba por encima. De la primera indígena, un bebé mamaba de un seno agotado; de la segunda, un chiquillo sucio y moquiento dormía sobre el faldón; de la tercera, dos de sus chamacos culebreaban entre los automóviles. El mayor, acaso siete años de edad, como robotito, pedía para una torta. La menor, una niña de escasos cinco años, con el moco de fuera y un pedacito de franela, tan pequeño como su corazón, simulaba limpiar el espejo lateral de los coches y pedía para el refresco. Ellos también eran fantasmas de la gran ciudad; fantasmas con la niñez robada, con la  identidad perdida y la ilusión secuestrada. Era difícil atenderles y  fácil negarles la caridad. En tanto, al otro lado del crucero, el joven payaso se echaba los pesos a la bolsa.&lt;br /&gt;Cansado de limosnear en vano, el chiquillo tomó de la mano a la hermana y la llevó bajo la fronda del árbol. Buscó rápido en una de las bolsas y sacó un cartoncito con  pastillas de pintura de agua. Seguro de sí, primero escupió sobre la roja, luego sobre la negra, y después sobre la blanca, la amarilla y la azul. A continuación tomó un pincel mocho, para restregarlo en las pastillas hasta sacar color. Se acercó al rostro de la niña y le empezó a pintar: las cejas negras, la nariz  y los cachetes rojos y la boca azul, blanca y amarilla.&lt;br /&gt;-¿Pa' qué me pintas?–preguntó.&lt;br /&gt;Señalando al payaso, le respondió: "Pa' que de grande seas como él y ganes mucho dinero...".&lt;br /&gt;Luego, teniendo por espejo la ventanilla de un automóvil, él también se pintó las cejas negras, la nariz y los cachetes rojos, y la boca azul, blanca y amarilla.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-1487058458291724530?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/1487058458291724530/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=1487058458291724530' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/1487058458291724530'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/1487058458291724530'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2008/06/los-fantasmas.html' title='LOS FANTASMAS'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-5699538769493978571</id><published>2008-06-06T09:42:00.001-07:00</published><updated>2008-06-06T09:42:39.108-07:00</updated><title type='text'>AMOR SIN ESPERANZA</title><content type='html'>AMOR SIN ESPERANZA&lt;br /&gt;NARRACIONES DE UN JUBILADO (IV)&lt;br /&gt;Por Josè Dàvila Arellano&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Por qué ahora tan triste y pensativo, don Augusto? –preguntó su fiel camarada.&lt;br /&gt;El decano periodista, se encogió de hombros mientras sus manos doblaban una carta. En su rostro se podía adivinar la sombra del desconsuelo. Un cigarrillo encendido pendía de sus labios, pero en esta ocasión no inhalaba; sólo dejaba que lentamente se consumiera en caprichosas espirales de humo.&lt;br /&gt;Ahí, sentados, en la banca de siempre, estaban los dos ateridos de frio. Uno esperando, como siempre, escuchar una nueva aventura; el otro, con el alma rota.&lt;br /&gt;-¿Se siente mal?&lt;br /&gt;-No.&lt;br /&gt;-¿Voy en busca de un doctor?&lt;br /&gt;-No, no es necesario, gracias.&lt;br /&gt;-¿Le duele algo?-insistía con notoria preocupación su amigo, quien insistente trataba de adivinar el mal que le aquejaba: “¿Acaso le duele una muela, padece reuma, dolor de estómago, artritis, molestias de lumbago? ¡Ah, ya sé! A los hombres de nuestra edad, la incontinencia es recurrente.&lt;br /&gt;-¡No, no, no, nada de eso! ¡Estoy perfectamente sano!&lt;br /&gt;-¡¿Entonces, qué diablos le pasa?!&lt;br /&gt;Don Augusto, no soportó más y atajó con un dejo de reproche: “¿Alguna vez se ha enamorado sin esperanza, hasta el colmo de invocar la muerte?”&lt;br /&gt;-Enamorado si, la muerte, ¡ni Dios lo quiera! –confesó rápido el inseparable acompañante, al tiempo que se persignaba con preocupación.&lt;br /&gt;-Afortunado usted.&lt;br /&gt;-Y usted... ¿sí?&lt;br /&gt;-Sí, pero fui un cobarde –confesó sin rubor el Don.&lt;br /&gt;-¿Por qué?&lt;br /&gt;-Porque deseaba morir y no tuve arrestos para ello. Ahora estoy aquí, pagando mi penitencia, estrujándome  el corazón y las tripas, porque la campana llama a muerto…&lt;br /&gt;Atónito, el escucha se quedó mudo. No captaba el significado de aquella sentencia, pero intuía que debía guardar silencio. Así pues, respetuosamente se cuidó de no soltar más la lengua. La tarde se había tornado grisácea. Ráfagas de viento barrían las hojas de los terrosos andadores y la otrora luminosidad de aquel rincón jardineado, se había tornado en un lúgubre rincón.&lt;br /&gt;-Así dice la carta –confesó don Augusto.&lt;br /&gt;-¿Esa carta?&lt;br /&gt;-Hoy llegó de mi pueblo.&lt;br /&gt;-¿Y qué dice?&lt;br /&gt;-Que la campana tañe a muerto. Y yo que pensaba que era otra carta de amor  ¡No cabe duda de que soy un imbécil!&lt;br /&gt;-No, don Augusto, por supuesto que no lo es. Usted es lo más importante que existe para mí. Usted es un hombre fuerte, sabio, experimentado ¡qué vaya que si ha caminado la legua!  ¿En verdad está usted enamorado...?&lt;br /&gt;-¿Es que por estar “rancio y arrugado” no se puede estar enamorado?&lt;br /&gt;-De ninguna manera; para el buen amor no existe edad.&lt;br /&gt;-Ahora que ya lo sabe, esperaba un mensaje de amor… ¡De amor prohibido! ¿Acaso el corazón entiende de edades?&lt;br /&gt;-No, por supuesto que no. ¿Puedo saber cómo  se llama ella?&lt;br /&gt;Nuevo perturbador silencio. La noche se venía encima y don Augusto  titubeaba en develar el secreto que había guardado a lo largo de toda su vida. Con la vista clavada en sus gastados zapatos, decidió confesar con acento doloroso: “Diana… Se llamaba Diana.  Una hermosura de mujer, una auténtica diana cazadora: inquieta, temeraria, decidida, cándida, amorosa y de alma blanca. Montaba con envidiable soltura una imponente yegua alazana”.&lt;br /&gt;-¿Y...?&lt;br /&gt;-Me conformaba con verla de lejos.&lt;br /&gt;-¿Y ella?&lt;br /&gt; -Ella se comportaba de igual manera.&lt;br /&gt;-¿Nunca se vieron de frente? ¿Jamás cruzaron una mirada?&lt;br /&gt;-Jamás…&lt;br /&gt;-¡No es posible, don Augusto!&lt;br /&gt;-Nunca me atreví a verle los ojos –advirtió el Don-. Ella, tampoco se atrevió a posarlos en los míos. ¡Nunca una fugaz mirada de esperanza! En ningún tiempo. Sólo de lejos nos percibíamos de soslayo, hasta que nuestras siluetas se disolvían en nubes de polvo.&lt;br /&gt;-Y de hablarse, ¡menos todavía!&lt;br /&gt;-Así es; ni una palabra. Sólo el silencio…&lt;br /&gt;-¿Tantos años?&lt;br /&gt;-Toda la vida. Mire, entienda usted; ella, era hija de hacendado rico. Yo, empleado de establo, cepillaba  su yegua. El patrón era bravo y con pistola al cinto. ¡Ay de aquel que viera de frente a la niña de sus amores, porque lo corría a palos, si es que antes no le metía una bala en el trasero! Sin embargo, no sé que vio ella en mí y dio inicio a un peligroso juego epistolar en donde ambos empezamos a confesar nuestras inquietudes y sentimientos. ¡Después se convirtieron en estallidos de locura! Nunca antes había escrito con tanta facilidad, con emoción y vehemencia las pasiones que me asaltaban, liberando así la angustia que oprimía mi alma.&lt;br /&gt;-¿Y la señorita Diana, también?&lt;br /&gt;-Ella escribía como si fuera un ángel. Sus palabras eran tiernas, delicadas, amorosas, tan claras y sinceras que siempre tranquilizaban mi espíritu. Eran mensajes que salían del fondo de su corazón, plenos de alegría, dolor y esperanza. Eran cartas que olían a jazmín y contenían pensamientos tan puros, que hasta el sol se ruborizaba y prefería ocultarse tras las nubes. Eran promesas de amor eterno…&lt;br /&gt;-¿Qué sucedió después?&lt;br /&gt;-El día que decidimos fugarnos, ella sufrió un accidente. La yegua perdió el tranco y se desplomó aplastando el cuerpo de su ama. La dejó muerta en vida. Prisionera en silla de ruedas. Fue entonces cuando me escribió su último mensaje. Se despedía de mí y me rogaba que me fuera lejos, adonde nunca supiera de mi,  porque sufría al saber que me tenía tan cerca y a la vez tan lejos, advirtiendo que sólo  sabría  de ella cuando el campanario del rancho llamara a días de luto.&lt;br /&gt;Don Augusto, sin más palabras, con discreción contuvo un par de lágrimas que nacían en sus ojos. Fingiendo fortaleza  se incorporó, guardó en su bolsillo la carta, encendió otro cigarrillo y sin rumbo fijo, caminó lento, dejando tras de sí caprichosas volutas de humo.&lt;br /&gt;Jamás volvió a visitar la banca de sus confidencias…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-5699538769493978571?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/5699538769493978571/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=5699538769493978571' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/5699538769493978571'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/5699538769493978571'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2008/06/amor-sin-esperanza.html' title='AMOR SIN ESPERANZA'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-2990357083727277700</id><published>2008-05-27T16:28:00.000-07:00</published><updated>2008-05-27T16:29:01.900-07:00</updated><title type='text'>¡AQUI HAY UN MUERTO!</title><content type='html'>¡AQUÍ HAY UN MUERTO!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;RELATOS DE UN JUBILADO (III).&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; -¿Qué me va a contar ahora don Augusto?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; El viejo empezó a escarbar en su memoria: “¿Qué le contaré? ¡Le he dicho tantas cosas que ya no recuerdo cuáles han sido las últimas! Usted bien lo sabe: algunas han sido piadosas mentiritas y otras verdaderas, pero nos hacen revivir el pasado, quizá hasta tiempos mejores. Si me repito, dígamelo. A ver, déjeme recordar:.. ¿Acaso ya le conté lo del avionazo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No señor, no me lo ha contado, pero hágalo por favor&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; -¡Fue terrible!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿De veras...? ¿Qué tan terrible, señor?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Bueno, vamos a ver por dónde empezar. ¿Cuándo fue...? No estoy cierto, pero quisiera pensar que el descenso del jet de Mexicana de Aviación sobre una de las pistas del aeropuerto  internacional de la ciudad de México, se desarrollaba sin contratiempos. Ante el anuncio del capitán de la nave, era de presumirse que los pasajeros se alistaban para un aterrizaje normal. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Las primeras sombras del ocaso caían sobre el gran valle de la moderna Tenochtitlán. Nadie, absolutamente nadie, podría presagiar la tragedia que en cuestión de segundos iba a ocurrir. Discúlpeme que no recuerde la procedencia del avión ni el número de vuelo. Desde entonces, mucho tiempo ha transcurrido y aunque mi recuerdo enflaquece, créame, lo que viví aquella terrible noche aún la tengo grabada a fuego en mi corazón. Tanto así que las dramáticas escenas que devoré, todavía encienden mis peores pesadillas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Todo empezó cuando, tranquilo, conducía el automóvil rumbo a casa. Nacían las primeras sombras de la noche. El trabajo había concluido A un lado reposaba mi eterna compañera de trabajo: la mochila en donde guardaba mis cámaras fotográficas. Cuando escuchaba música por la radio, de pronto se interrumpió la trasmisión para dar paso a una noticia de última hora. Ya sabe como son los locutores: tratándose de un suceso impactante,  imprimen en su voz un tono sensacionalista: “¡Un Boeing 727 de Mexicana, al aproximarse al aeropuerto por el lado de Texcoco, se estrelló a escasa distancia de la cabecera de la pista que le habían asignado! ¡Las dimensiones del accidente aún no se pueden calcular, pero  se prevén catastróficas!”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Alarmado, reaccioné de inmediato. Corregí el rumbo y me lancé en desenfrenada carrera hacia la terminal aérea. Como periodista no necesitaba de una orden expresa para cubrir la noticia. Era mi obligación, ¿me entiende?  Se trataba de una emergencia y como tal reaccionaba. Conducía como un loco. En mi cabeza sólo existía un objetivo: llegar al lugar de los hechos. En casos de tal naturaleza, a los periodistas se nos veía como la peste. “Parecen buitres”, se nos criticaba. ¿No le molesta si fumo un cigarrillo? ¿No? Muchas gracias...”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Prendió el cerillo y después de aspirar la primera bocanada de humo, prosiguió:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Al aproximarme a las límites de la estación aérea, tal como lo había imaginado, el tráfico se había congestionado. Entonces tras de mí, milagrosamente apareció una ambulancia con sus luces encendidas y la sirena aullando. ¿Puede creerlo? Sin dudar, me le “pegué” como estampilla. Si  entraba a las instalaciones de la aviación civil, yo iría detrás. Nadie tendría tiempo para detenerme. Tal sucedió.  En un santiamén dejamos atrás el resplandor del aeropuerto y su febril hormiguear, para sumergirnos en la oscuridad de la noche. Por momentos pensaba que el chofer de la ambulancia había equivocado el camino, sobre todo cuando el pavimento se acabó y rodábamos sobre un camino terroso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De pronto, un olor penetrante, podrido, se hizo presente. Sin duda alguna, rondábamos ya los linderos de “El Caracol” de Texcoco, receptáculo de aguas negras. A lo lejos, el destello de luces azules y rojas, me avisó que se encontraban estacionadas un avispero de vehículos de auxilio. Cuando llegamos, ya no existía camino por dónde seguir. Frené el coche y apresurado descendí identificándome con el primer uniformado que me marcó el alto”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; “¡Prensa! –grité-  El policía me examinó y advirtió: “Pues está allá”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; “¡Adónde!”, pregunté.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“¡Allá!”, me respondió señalando un pequeño halo de luz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; “¿Qué es eso?”, volví a interrogarle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Un helicóptero que ilumina las tareas de rescate”, aclaró.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La luminaria apenas parecía una aguja rasgando por instantes lo que semejaba el telón del fin del mundo. A continuación dirigió el rayo de su linterna hacia adelante y pálidamente descubrió los rieles de una vía de ferrocarril. Se acercó a mí y me dijo en voz baja: “Camine despacio por los durmientes. No vaya a tropezar porque a ambos lados hay agua. No se vaya caer porque se puede ahogar y nadie se daría cuenta.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“¿Cómo?”, le pregunté intimidado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces con toda naturalidad comentó: “Estamos a la orilla de un depósito de aguas negras, aguas de caño, de escusado, ¿me comprende? Allí cayó el avión.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ocultando mi desconcierto, con cautela le interrogué: “¿Y está muy hondo?”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; “¿Se va a meter?”, preguntó con duda.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; “¡Tengo que hacerlo!, respondí sin percatarme del alcance de mi decisión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Pues si se mete –advirtió el guardián- es muy peligroso. El agua le va a dar hasta el pecho o se puede hundir. “¡Ah! Se me olvidaba: Amárrese fuerte las agujetas de los zapatos porque se le pueden quedar atascados en el fango; caminar descalzo es un grave riesgo ¿Esta consciente verdad?”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De primera intención asentí, ¡pero no estaba consciente de nada! Como queriendo aparentar seguridad, no me quedaba otro remedio más que aceptar. Después, buscando un espacio para controlar mi nerviosidad, se me ocurrió preguntar:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; “¿Y qué hacen ustedes aquí.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; “Estamos esperando a más  muertos”, contestó con un dejo de resignación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Haciendo un esfuerzo por sacudirme la incertidumbre a toda prisa me despojé de saco y corbata; me arremangué la camisa, apreté más el cinturón y las agujetas de los zapatos. Luego me eché al hombro  la cámara, le adapté el flash y la pila con su cable me la pasé por el cuello.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Larga fue la lenta caminata. A medida que adelantaba, un olor pestilente me empezó a envolver. Con un  pañuelo me tapé la nariz y proseguí el camino. Poco a poco fui percibiendo el ruido del helicóptero y su reflector me ofreció la primera escena del siniestro. Como un chispazo alcancé a ver la enorme cola del avión separada del fuselaje que se hundía en el agua.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando llegué al paraje del avionazo, me quedé paralizado, ¡se lo juro a usted! Las fugaces instantáneas que aparecían y desaparecían por el sobrevuelo del helicóptero, se me antojaron increíbles. Eran  dantescos flashazos.  De pronto, la enorme cola del jet apuntando al cielo como un monumento a la muerte; el fuselaje roto semejando una silenciosa mortaja con un impresionante boquete en el medio; en el agua flotando pedazos del aparato, restos del cargamento y jirones de ropa; la ala izquierda como un brazo ahogado en el cieno; la trompa del aeronave hundida en la ciénaga, la ala derecha reposando a flote y sobre ella, bomberos y rescatistas, con lamparillas en mano, realizando las tareas de salvamento; depositados sobre el terraplén de la vía del tren, hileras e hileras de cadáveres ensangrentados, desgarrados, despedazados, con rostros irreconocibles. Hombres, mujeres, niños. Todos sin zapatos... ¿Por qué siempre en un accidente de enormes  proporciones la gente involucrada pierde los zapatos?”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Don Augusto se concedió un respiro para encender otro cigarrillo. Fumó dos veces y fingiendo tranquilidad, volvió a empalmar la historia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“En mi interior sentí un gran vacío. Tan impactante era la devastación que no me había percatado que la hediondez de las aguas negras era insoportable. Contra mi voluntad, dominando la repulsión que me invadía, empecé a descender por la pendiente para  meterme en el agua. Inicié torpe y con los brazos en alto sosteniendo mi cámara y el flash para evitar que se mojaran. Mis pies se hundían en un lecho repugnante y espeso; bien sabía lo que pisaba. ¿Usted también lo imagina, verdad? Despacio, intentaba afirmar un pie para dar un paso más sin perder los zapatos. Sin remedio, me fui sumergiendo y el nivel del pantanal ascendía y ascendía cubriéndome el pecho. ¡Hasta aquí, señor, hasta aquí me llegaba el agua! La posibilidad de resbalar, de tragármela, me empezó a revolver el estómago y a zumbar la cabeza. Era rehén de mí mismo. Entonces escuché un gritó de advertencia que me heló la sangre...”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“¡Cuidado, hay turbosina derramada! ¡No enciendan nada! ¡Hay turbosina en el agua! Eso era lo que me gritaban, señor. Un bombero daba la voz de alarma. Estaba parado justo a la entrada de la abertura del fuselaje; vestía un grueso impermeable negro y sus botas altas; no llevaba casco. “¡Cuidado! ¡Corran la voz, corran la voz! ¡Cuidado!” Era cierto; el olor me pegó de frente.”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Me quedé como envarado. ¡Santo Dios! ¿Qué debía hacer? Bastaba una chispa, señor, un corto circuito, algo, un no se qué, para que estallara una inmensa yesca  que arrasaría con todo y con todos. ¡Imagínese! ¡Aquello se había convertido en una trampa mortal! Sujetado por la duda, en cuestión de segundos me sentí  rodeado por el combustible. Ya estaba en la antesala del infierno... ¡El terror me violentó! Volví a caminar de frente pensando que si llegaba al alerón derecho podría salvarme en caso de que se desatara el fuego. Iluso de mí...”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; “Cuando distinguía mejor a los hombres que trabajaban en las ruinas del avión, el reflector del helicóptero descubrió a mi izquierda, a escasos diez metros, un pequeño promontorio que se extendía hasta el nacimiento del ala izquierda. ¿Lo puede creer? Asustado, cambié de dirección. Rápido escuché: “¡Oye tú, fotógrafo, sigue derecho a mí!” Así me lo ordenaba el bombero que alertaba del peligro que nos amenazaba. “No vayas para allá, todavía no sabemos que hay allá!” Me insistía: “¡A mí, ven derecho a mí!” No obedecí, por instinto trababa de alejarme de las aguas negras revueltas con gasolina. “¡Maldita sea! ¡Tú, muchacho imbécil! ¿Adónde carajos vas?”, ahora me regañaba”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Con el agua por momentos cubriéndome todavía más, caminé sin razonar ni responder ¿Alguna vez a estado solo en un cuarto a oscuras? ¿Verdad que uno no quiere moverse, que teme a lo desconocido, que teme tropezar, que teme tocar? ¿Verdad que luego estalla la histeria? Así me sentía, señor. Medroso, decidí caminar a tientas con la cámara al cuello y me incliné para buscar con las manos apoyo estable. Lo hice; lo encontré. Casi a gatas, di un paso, después otro y después, me derrumbé sobre algo blando. ¿Qué era? ¿Quizá parte del equipaje del avión? Tentaba y tentaba sin adivinar hasta que cogí una mano. ¡Era una mano fría, una mano humana! ¡Jesús! ¡Estaba encima de un muerto, señor! ¡Un muerto! Me quedé paralizado y mudo de espanto. ¡Quería aullar, correr! De veras, se lo digo de verdad... Sin embargo, la voz no me salía. ¡El pánico me estrangulaba la garganta!”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“El helicóptero regresó y con su atronador vuelo pasó por encima de mí y entonces vi; vi brevemente a un hombre casi descabezado, el pecho desnudo y con la sangre tan negra como las aguas infectas, cubriéndolo por completo. El corazón me dio un vuelco y un escalofrío me recorrió de cabeza a pies. El horror me hizo incorporarme y gritar como un desequilibrado mental:” ¡Aquí hay un muerto! ¡Aquí hay un muerto!” ¡Auxilio! ¡Es mi hermano, es mi hermano!” Ya no pude más; empecé a vomitar.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su inseparable compañero, a todas luces impresionado no resistió la tentación y cuestionó.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Es cierto que era su hermano?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Adivínelo –respondió en corto don Augusto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A continuación, encendió otro cigarro y el resplandor de la cerilla descubrió en su rostro un dejo de sonrisa. Después,  guardó mortal silencio…&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-2990357083727277700?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/2990357083727277700/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=2990357083727277700' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/2990357083727277700'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/2990357083727277700'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2008/05/aqui-hay-un-muerto.html' title='¡AQUI HAY UN MUERTO!'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-4714206752281932919</id><published>2008-05-19T16:31:00.002-07:00</published><updated>2008-05-19T16:32:22.675-07:00</updated><title type='text'>EXPO FUNERARIA</title><content type='html'>…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LA EXPO FUNERARIA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;NARRACIONES DE UN JUBILADO (II)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por Josè Dàvila A.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando en el hogar de Don Augusto, le dejaron bajo la puerta un folleto con motivo de la inauguración de un nuevo concepto funerario en donde ya no existirían lápidas ni cruces ni estatuas ni criptas familiares, sino un circuito computarizado diseñado para la pronta localización del sitio exacto en donde fueron sepultados los seres queridos que se adelantaron en el camino, se quedó asombrado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Asimismo, se le anexaba una invitación para la regia inauguración de “La Primera Expo Funeraria del Tercer Milenio” a partir del día dos de noviembre -día de los Santos Difuntos- subrayándose que por tan relevante suceso se ofertarían lotes y sofisticados féretros de  tecnología de punta, con atractivos descuentos en compras de contado   (deducibles de impuestos) o en su defecto sugestivos paquetes de 12, 24 o 36 amortizaciones mensuales sin intereses, en caso de las tarjetas de crédito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Don no podía creerlo. La extinción de los tradicionales cementerios carcomidos por la añosa pátina, plagados de tumbas coronadas con mutilados ángeles alados y vírgenes de yeso, crucifijos de cemento y  santos patronos, estaba en marcha. De igual forma desaparecían los desquebrajados tiestos de cemento en donde quizá una vez al año se colocaba un ramillete de flores, y desde luego ya no se labrarían en piedra los mensajes familiares de despedida, así como el año en que nació y murió el occiso de referencia. Todo lo anterior gracias a las maravillas de la arrolladora globalización que devora a la humanidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al concluir la lectura del folletín publicitario, Don Augusto estaba más que excitado y corrió en busca de su inseparable compañero:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No me lo va usted a creer, ofrecen cosas tan maravillosas que hasta me dan ganas de morirme –aseguró vehemente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡¿Cómo dice!?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Qué se acaban los panteones, amigo mío! No más lápidas y luctuosas coronas de flores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No puede ser –musitó aterrado, quien también gestionaba su cambio de estatus de pensionado a jubilado- ¿Entonces dónde nos van a enterrar a usted y a mí?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No se espante -atajó con prosapia, el Don- Ahora será distinto. Todo se reducirá a hermosas y extensas praderas de verde pasto que relajarán el pensamiento y el espíritu, clausurando de inmediato el remordimiento que provoca la visita a una ruinosa sepultura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Si ahora se trata de un campo de golf celestial ¿cómo saber en dónde quedaron nuestros huesos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Muy sencillo –respondió exultante, el Don: “Los sepulcros tendrán un chip de localización satelital. De esta forma, los dolientes harán uso de un control remoto de bolsillo para pulsar un “password” secreto y por obra de magia, de las profundidades de la tierra emergerá una discreta antena con un intermitente rayo láser, indicando el lugar exacto de la fosa  requerida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No lo puedo creer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pues créalo. ¡Ah!, se me olvidaba. Hay que estar muy listos, porque la señal permanecerá al aire por escasos segundos, a fin de evitar  la indeseable  presencia de posibles saqueadores de tumbas. De esta forma, se garantiza el descanso eterno del inquilino. Además…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Además qué, Don Augusto?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Por ésta única ocasión estarán expuestos los lechos mortuorios de Tutankamòn, Napoleòn y Stalin.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡No lo puedo creer!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ya le contaré amigo, ya le contaré al detalle –aseguró el Don con disimulada arrogancia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En efecto, nuestro admirado personaje acudió a la apertura de la prometedora exposición. De entrada fue recibido por un ramillete de hermosas edecanes que, sonrientes, le colocaron un “pín” de color morado en la solapa del saco, haciéndole sentir como un prometedor candidato a convertirse en uno de los primeros colonos a poblar los panteones electrónicos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Nunca se había sentido tan vivo como en esos momentos! –confesó. Tras de ser objeto de tan exclusiva distinción, se le escapó un involuntario y largo suspiro al recorrer con su lacrimosa mirada aquellos cuerpos sensuales que no tenían ninguna relación con un velorio. ¡Claro! Una expo sin la presencia de bellas jovencitas con mini blusas y mini faldas, que difícilmente ocultaban  mini tangas, no sería una exhibición competitiva.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Feliz, convencido de haber rejuvenecido con tan inusitada bienvenida, se dio a la tarea de recorrer las deslumbrantes promociones de los ataúdes más sofisticados. Contrario a lo que pudiera suponerse, prevalecía una atmósfera festiva, huérfana del menor viso de solemnidad o severidad. Vaya, ni por asomo un presagio sombrío. La iluminación era deslumbrante, como sin un nuevo sol hubiera nacido en su interior. Lejos de que la música ambiental se identificara con un réquiem de Mozart, por doquier predominaba el estridente ritmo del rap “Del Muerto”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algunas de las cajas fúnebres estaban dispuestas en espectaculares plataformas de movimiento circulatorio para que detalladamente fueran admirados su diseño, manufactura, terminado, comodidad, y color. En la lenta rotación,  lánguidamente se levantaba o cerrada la tapa del mismo, dejando al descubierto la fina textura de las telas que acogerían al fututo cadáver y los resplandecientes remates de plata pura. Por supuesto, estaba prohibido acostarse en ellos, como quien se prueba un zapato nuevo, por considerarse de mal gusto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Don Augusto, deambulando lento, iba de sorpresa en sorpresa. En cada uno de los exhibidores, los féretros variaban con sorprendente creatividad. Admiró desde la inviolable presentación germana que impedía el vano intento de escapatoria de suegras desahuciadas, hasta los catafalcos para narcotraficantes clonados, revestidos con hojas de marihuana y grapas de cocaína, pasando por cajones para terroristas con chalecos de bombas bajo las forros; nichos con cerrojos secretos y un par de AK-47 en cruz para comandantes policíacos, y sarcófagos ornamentados  con rosas y alcatraces para matrimonios suicidas. De igual forma llamaba la atención un ataúd de doble piso, para la inhumación de apasionados amantes, equipado con un sistema rotatorio para que pudieran intercambiar posiciones: arriba o abajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al retornar a casa, Don Augusto visiblemente se mostraba insatisfecho. Su amigo, se frotaba nervioso las manos, en espera de una amplia descripción de tan singular exposición. Ante el desesperante silencio de neo jubilado, decidió interrogarle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Cómo le fue?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Bien a secas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Si; he visto mejores muestras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No me diga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Fue como asistir a exposición de nuevos modelos de automóviles. Me causò una profunda desilusión. ¡Vaya!, ni siquiera un coctelito ofrecieron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿No hubo tragos ni botana?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Ni siquiera un botellín de agua! –subrayó contrariado el Don&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pero cuénteme, cuènteme de Tutankamòn, y de Napoleón y de Stalin.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ay, amigo, qué decepción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿…?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-El sarcófago del último rey de Egipto, era una vulgar copia de plástico y al abrirlo, encontré en su interior un muñeco  de trapo vendado de cuerpo entero y la famosa máscara funeraria de oro, era una vulgar copia “pirata” de latón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–No me diga…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-En cuanto a Napoleón, su mausoleo era tan imponente que ni siquiera se podía tocar. El armatoste seguramente fue diseñado para evitarle la posibilidad de padecer una enésima infidelidad de Josefina y otro desastroso Waterloo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Y qué me dice de Stalin?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Stalin? ¡Ah sí Stalin! El asesino tirano de triste memoria Me lo encontré muy pensativo, sentado a la salida de la expo en una silla apolillada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Pensativo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Si, creo que estaba cavilando cómo explicar al Kremlin la pérdida de su imponente féretro con cubierta de cristal que hacía posible que, anualmente, se captara  una considerable derrama de rublos para la Federación Rusa, por miles de turistas ávidos de contemplarle de cuerpo entero en perfecto estado de conservación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Usted cree que estaba pensando en…?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿En Siberia? Puede ser…&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-4714206752281932919?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/4714206752281932919/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=4714206752281932919' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/4714206752281932919'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/4714206752281932919'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2008/05/expo-funeraria_19.html' title='EXPO FUNERARIA'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-6879395527809078264</id><published>2008-05-19T16:31:00.000-07:00</published><updated>2008-05-19T16:32:15.491-07:00</updated><title type='text'>EXPO FUNERARIA</title><content type='html'>…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;LA EXPO FUNERARIA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;NARRACIONES DE UN JUBILADO (II)&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por Josè Dàvila A.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando en el hogar de Don Augusto, le dejaron bajo la puerta un folleto con motivo de la inauguración de un nuevo concepto funerario en donde ya no existirían lápidas ni cruces ni estatuas ni criptas familiares, sino un circuito computarizado diseñado para la pronta localización del sitio exacto en donde fueron sepultados los seres queridos que se adelantaron en el camino, se quedó asombrado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Asimismo, se le anexaba una invitación para la regia inauguración de “La Primera Expo Funeraria del Tercer Milenio” a partir del día dos de noviembre -día de los Santos Difuntos- subrayándose que por tan relevante suceso se ofertarían lotes y sofisticados féretros de  tecnología de punta, con atractivos descuentos en compras de contado   (deducibles de impuestos) o en su defecto sugestivos paquetes de 12, 24 o 36 amortizaciones mensuales sin intereses, en caso de las tarjetas de crédito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El Don no podía creerlo. La extinción de los tradicionales cementerios carcomidos por la añosa pátina, plagados de tumbas coronadas con mutilados ángeles alados y vírgenes de yeso, crucifijos de cemento y  santos patronos, estaba en marcha. De igual forma desaparecían los desquebrajados tiestos de cemento en donde quizá una vez al año se colocaba un ramillete de flores, y desde luego ya no se labrarían en piedra los mensajes familiares de despedida, así como el año en que nació y murió el occiso de referencia. Todo lo anterior gracias a las maravillas de la arrolladora globalización que devora a la humanidad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al concluir la lectura del folletín publicitario, Don Augusto estaba más que excitado y corrió en busca de su inseparable compañero:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No me lo va usted a creer, ofrecen cosas tan maravillosas que hasta me dan ganas de morirme –aseguró vehemente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡¿Cómo dice!?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Qué se acaban los panteones, amigo mío! No más lápidas y luctuosas coronas de flores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No puede ser –musitó aterrado, quien también gestionaba su cambio de estatus de pensionado a jubilado- ¿Entonces dónde nos van a enterrar a usted y a mí?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No se espante -atajó con prosapia, el Don- Ahora será distinto. Todo se reducirá a hermosas y extensas praderas de verde pasto que relajarán el pensamiento y el espíritu, clausurando de inmediato el remordimiento que provoca la visita a una ruinosa sepultura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Si ahora se trata de un campo de golf celestial ¿cómo saber en dónde quedaron nuestros huesos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Muy sencillo –respondió exultante, el Don: “Los sepulcros tendrán un chip de localización satelital. De esta forma, los dolientes harán uso de un control remoto de bolsillo para pulsar un “password” secreto y por obra de magia, de las profundidades de la tierra emergerá una discreta antena con un intermitente rayo láser, indicando el lugar exacto de la fosa  requerida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No lo puedo creer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pues créalo. ¡Ah!, se me olvidaba. Hay que estar muy listos, porque la señal permanecerá al aire por escasos segundos, a fin de evitar  la indeseable  presencia de posibles saqueadores de tumbas. De esta forma, se garantiza el descanso eterno del inquilino. Además…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Además qué, Don Augusto?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Por ésta única ocasión estarán expuestos los lechos mortuorios de Tutankamòn, Napoleòn y Stalin.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡No lo puedo creer!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ya le contaré amigo, ya le contaré al detalle –aseguró el Don con disimulada arrogancia.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En efecto, nuestro admirado personaje acudió a la apertura de la prometedora exposición. De entrada fue recibido por un ramillete de hermosas edecanes que, sonrientes, le colocaron un “pín” de color morado en la solapa del saco, haciéndole sentir como un prometedor candidato a convertirse en uno de los primeros colonos a poblar los panteones electrónicos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Nunca se había sentido tan vivo como en esos momentos! –confesó. Tras de ser objeto de tan exclusiva distinción, se le escapó un involuntario y largo suspiro al recorrer con su lacrimosa mirada aquellos cuerpos sensuales que no tenían ninguna relación con un velorio. ¡Claro! Una expo sin la presencia de bellas jovencitas con mini blusas y mini faldas, que difícilmente ocultaban  mini tangas, no sería una exhibición competitiva.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Feliz, convencido de haber rejuvenecido con tan inusitada bienvenida, se dio a la tarea de recorrer las deslumbrantes promociones de los ataúdes más sofisticados. Contrario a lo que pudiera suponerse, prevalecía una atmósfera festiva, huérfana del menor viso de solemnidad o severidad. Vaya, ni por asomo un presagio sombrío. La iluminación era deslumbrante, como sin un nuevo sol hubiera nacido en su interior. Lejos de que la música ambiental se identificara con un réquiem de Mozart, por doquier predominaba el estridente ritmo del rap “Del Muerto”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Algunas de las cajas fúnebres estaban dispuestas en espectaculares plataformas de movimiento circulatorio para que detalladamente fueran admirados su diseño, manufactura, terminado, comodidad, y color. En la lenta rotación,  lánguidamente se levantaba o cerrada la tapa del mismo, dejando al descubierto la fina textura de las telas que acogerían al fututo cadáver y los resplandecientes remates de plata pura. Por supuesto, estaba prohibido acostarse en ellos, como quien se prueba un zapato nuevo, por considerarse de mal gusto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Don Augusto, deambulando lento, iba de sorpresa en sorpresa. En cada uno de los exhibidores, los féretros variaban con sorprendente creatividad. Admiró desde la inviolable presentación germana que impedía el vano intento de escapatoria de suegras desahuciadas, hasta los catafalcos para narcotraficantes clonados, revestidos con hojas de marihuana y grapas de cocaína, pasando por cajones para terroristas con chalecos de bombas bajo las forros; nichos con cerrojos secretos y un par de AK-47 en cruz para comandantes policíacos, y sarcófagos ornamentados  con rosas y alcatraces para matrimonios suicidas. De igual forma llamaba la atención un ataúd de doble piso, para la inhumación de apasionados amantes, equipado con un sistema rotatorio para que pudieran intercambiar posiciones: arriba o abajo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al retornar a casa, Don Augusto visiblemente se mostraba insatisfecho. Su amigo, se frotaba nervioso las manos, en espera de una amplia descripción de tan singular exposición. Ante el desesperante silencio de neo jubilado, decidió interrogarle.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Cómo le fue?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Bien a secas?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Si; he visto mejores muestras.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No me diga.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;- Fue como asistir a exposición de nuevos modelos de automóviles. Me causò una profunda desilusión. ¡Vaya!, ni siquiera un coctelito ofrecieron.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿No hubo tragos ni botana?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Ni siquiera un botellín de agua! –subrayó contrariado el Don&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pero cuénteme, cuènteme de Tutankamòn, y de Napoleón y de Stalin.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ay, amigo, qué decepción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿…?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-El sarcófago del último rey de Egipto, era una vulgar copia de plástico y al abrirlo, encontré en su interior un muñeco  de trapo vendado de cuerpo entero y la famosa máscara funeraria de oro, era una vulgar copia “pirata” de latón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–No me diga…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-En cuanto a Napoleón, su mausoleo era tan imponente que ni siquiera se podía tocar. El armatoste seguramente fue diseñado para evitarle la posibilidad de padecer una enésima infidelidad de Josefina y otro desastroso Waterloo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Y qué me dice de Stalin?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Stalin? ¡Ah sí Stalin! El asesino tirano de triste memoria Me lo encontré muy pensativo, sentado a la salida de la expo en una silla apolillada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Pensativo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Si, creo que estaba cavilando cómo explicar al Kremlin la pérdida de su imponente féretro con cubierta de cristal que hacía posible que, anualmente, se captara  una considerable derrama de rublos para la Federación Rusa, por miles de turistas ávidos de contemplarle de cuerpo entero en perfecto estado de conservación.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Usted cree que estaba pensando en…?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿En Siberia? Puede ser…&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-6879395527809078264?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/6879395527809078264/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=6879395527809078264' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/6879395527809078264'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/6879395527809078264'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2008/05/expo-funeraria.html' title='EXPO FUNERARIA'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-5956907768776952109</id><published>2008-05-15T09:44:00.000-07:00</published><updated>2008-05-15T09:45:49.980-07:00</updated><title type='text'>NARRACIONES DE UN PENSIONADO</title><content type='html'>NARRACIONES DE UN PENSIONADO&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por José Dávila Arellano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aprendí a escucharle atento; su conversación me gustaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era pensionado, al igual que yo; sin embargo, en su época de oro fue un reconocido periodista. La gente que lo admiraba se dirigía a él con un respetuoso “señor escritor”. .Siempre nos reuníamos al atardecer de cada día martes en la misma banca de una arbolada plazuela y siempre él, con semblante gozoso, empezaba a evocar sus glorias de antaño. Aquel hombre, de paso renqueante, había vivido con gran intensidad y tenía mucho, muchísimo que contar; es por ello que bajo el brazo, siempre acunaba su libreta de apuntes. En sus páginas se resumía todas sus aventuras y desventuras. Odiaba la idea de vaciar tales experiencias en un “Diario” quinceañero. Su nombre: Augusto. Así, a secas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡El único diario en el que he trabajado fue mi periódico! –advertía molesto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Aunque ya cargaba en sus hombros el peso del tiempo, todavía se le advertía firme. Sin embargo, en la mirada asomaba la niebla de la añoranza que le causaba el recuerdo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En esta ocasión don Augusto se mostraba nervioso, inquieto. Su inseparable amigo de la calle, porque en la calle se habían conocido y en la calle siempre se encontraban para encaminar sus pasos hacia  el resguardo de un jardincillo en donde se encontraba su banca favorita, no se atrevía a preguntar el motivo de su disgusto, so pena de recibir una colérica reprimenda. Juntos parecían el remedo de don Quijote y Sancho Panza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así pues, en silencio se acomodaron en su guarida y permanecieron en silencio.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Don Augusto, fumador empedernido, fumaba sin cesar, exhalando el humo como un búfalo en celo. Tal parecía que con ello daba rienda suelta a su mal humor. Tras encender un nuevo cigarrillo, comentó entre dientes: “No habrá nada…”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su amigo, tomado por sorpresa, se atrevió a cuestionarle en voz baja:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Cómo dice, don Augusto?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Acaso está sordo? –éste reclamó y en voz alta repitió lento, pero con todos los decibeles de que aún eran capaces sus cuerdas vocales:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Qué-no- habrá- nada!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Nada? ¿Nada de qué, don?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡De que no habrá aumento a nuestras miserables pensiones!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pero si el gobierno prometió…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-El gobierno, sí claro, el gobierno, ¡Usted siempre cree en lo que dice el gobierno!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El amigo, dubitativo, se atrevió a comentar:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Es que acaso tenemos otra esperanza?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Don Augusto, tiró su humeante colilla. Rumiando por lo bajo, destemplado, empezó a buscar con enojo en todos sus bolsillos, hasta encontrar la ajada cajetilla de cigarrillos. Sacó uno con precipitación, se lo llevó a los labios y luego lo encendió cuando saltó la flama del cerillo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una fumada; una más y siguió otra y otra más. Don Augusto se removía inquieto, como buscando con quién o dónde descargar su ira. “¡Así que nada de nada! Somos menos que seres desechables, después de que nos han exprimido hasta el tuétano”, maldijo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Cierto, don Augusto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Qué piensan esos idiotas! ¡Que con nuestra mísera pensión podemos irnos de vacaciones a la Riviera francesa!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No desde luego que no…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Carajo, apenas alcanza para pagar la renta de un maldito cuarto, pan, leche y cigarros!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Yo no gasto en cigarros –acotó el amigo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡¿Entonces en qué los gasta?!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-En un plato de frijoles. Al menos, eso no me falta todos los días.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Pues debía de fumar para que se diera cuenta como vuelan los centavos!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Impresionado el amigo por la respuesta, se concedió ánimos para advertir sin convicción: “Tiene razón don, lo pensaré…”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El “don” asintió con la cabeza y luego, susurrando, evocó: “Ah, qué días aquellos”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Cuáles, señor?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Mis tiempos de periodista, ¡cuáles si no! Entonces vivía bien. No era salariado, era “free lance”&lt;br /&gt;-Free… ¿qué?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Free lance; así se dice en extranjero cuando se es colaborador libre. Escribía mis columnas, reflexiones y ensayos en diversos periódicos y siempre de política, el tema que más me dejaba. No sólo dinero; sino una montaña de alabanzas, banquetes, cenas, mujeres, bebidas, regalos, viajes. ¡Qué época más maravillosa! El mundo lo tenía aquí ¡en mi mano! Y…&lt;br /&gt;-¿Y…?&lt;br /&gt;-De mi mano se me fue –confesó don Augusto, con atisbos de arrepentimiento-. No supe prever, menos aún ahorrar. Estaba henchido de soberbia. Creí que todo sería para siempre. Me había convertido en el columnista estrella, todo mundo me temía… ¡hasta que me estrellé&lt;br /&gt;!&lt;br /&gt;-¿Cómo?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sí, me estrellé con mi automóvil. Conducía inconsciente; para decirlo claro, borracho hasta las orejas. Y la borrachera me heredó un nuevo título: “Pensionado por invalidez”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Lo siento don Augusto.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡No requiero de su lástima!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No, no, señor, no es lástima, es tan solo que…&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Y sabe qué es lo que más me indigna?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No, no lo sé.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Que ahora todos los pensionados, cada seis meses, tenemos que hacer cola ante una ventanilla, para dar fe de estar vivos ante un burócrata de pacotilla.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Cómo? ¿Cada seis meses tenemos que qué…?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Dar fe de que estamos vivitos y coleando, amigo mío. De lo contrario nos cancelarán la pensión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pero es que eso es más humillante que la miserable dádiva.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces, inconsciente, el viejo Augusto, explotó: “Cierto. Pero van a ver; ¡mañana mismo lo voy a escribir en el periódico!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La utopía, lentamente, se fue diluyendo con las primeras tinieblas del anochecer, así como las sombras encorvadas de los dos amigos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-5956907768776952109?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/5956907768776952109/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=5956907768776952109' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/5956907768776952109'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/5956907768776952109'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2008/05/narraciones-de-un-pensionado.html' title='NARRACIONES DE UN PENSIONADO'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-5458791788980892260</id><published>2008-05-05T16:07:00.000-07:00</published><updated>2008-05-05T16:08:05.171-07:00</updated><title type='text'>DIOS DIJO QUE NO</title><content type='html'>DIOS DIJO QUE NO&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Dios se negó!&lt;br /&gt;Dijo que no, que aún no era tiempo.&lt;br /&gt;Desperté a la vida, ignorando que me habían rescatado de la muerte.&lt;br /&gt;Cuando mis hijos, aún con semblante demudado,  me relataron lo acontecido, me cimbré de pies a cabeza. Un chicotazo de pasmo me sobrecogió el alma y me dejó en un estado de plena  indefensión. Desde entonces no puedo deshacerme del desconcierto que se finca en el simple hecho de que deambulé por el pórtico de un recorrido sin retorno. A casi dos meses de distancia de lo ocurrido, todavía experimento una mezcla de azoro y miedo súbito.&lt;br /&gt;Incrédulo, no logro digerir el hecho real de que resucité. De que “algo” o “alguien”, decidió concederme  una segunda oportunidad de vida.&lt;br /&gt;Es una realidad: ahora vivo tiempo extra.&lt;br /&gt;Cuando me trasladaron al quirófano para practicarme una complicaba operación de recambio de prótesis de cadera, me dominaba la resignación que nace de lo inevitable, pero con la certeza de que estaba en buenas manos. No experimentaba temor alguno y menos  sospechaba  una contingencia inesperada.&lt;br /&gt;En la plancha operatoria, adopté la postura que se me indicó y dócil fui un simple espectador de cómo me inyectaban la anestesia en la vena. ¿Cuándo se hizo la oscuridad? No lo sé. Simplemente se apagó la luz…que pudo ser para siempre.&lt;br /&gt;Tres horas después se concluía con éxito la operación. Satisfechos, los doctores especialistas abandonaron la sala, menos la cardióloga. A cargo se quedaba un médico internista, quien habría de trasladarme a mi habitación. Por una desconocida razón la doctora había retardado su partida y justo cuando se despedía, se accionò la alarma: mis signos vitales se derrumbaban. La presión arterial se desplomaba sin control; la respiración cesó y el corazón latía lento, cada vez demasiado lento.&lt;br /&gt;¡Paro respiratorio!&lt;br /&gt;Tal parecía que la crisis se derivaba de una conjura de mis pulmones y  el corazón. Cuando recobré la razón y tras un puntual relato de que lo había sucedido, me surgió la vena del cuentero e imaginé el diabólico complot:&lt;br /&gt;-¿Estás cansado? –preguntaron los primeros.&lt;br /&gt;-Bastante. Son 74 años de latir sin descanso. ¡Estoy harto! –se quejó el segundo.&lt;br /&gt;-¿Qué tal si nos vamos a dormir? –propusieron los primeros.&lt;br /&gt;-¿Dormir? –cuestionó el segundo.&lt;br /&gt;-Sí, vámonos a dormir junto con él. ¿Vale?&lt;br /&gt;-¡Vale!&lt;br /&gt;Justo cuando se entregaban al reposo, se precipitó la emergencia. ¡No podía irme sin la oportunidad de despedirme! ¡No, todavía no!&lt;br /&gt;-¡Se nos va! ¡Se nos va! –gritaba la cardióloga, en tanto que el personal del hospital se movilizaba de inmediato. La lucha contra el tiempo se tornó frenética. La doctora, con el rostro desencajado, actuaba con rapidez. En instantes, el quirófano se había convertido en un ordenado pandemónium. Cada quien hacía su trabajo, hasta lograr que mis signos vitales empezaran a recuperarse. Sin dudar un segundo más, se me internó en terapia intensiva. El tiempo estaba en contra; pero la esperanza persistía. Horas después mi precaria condición al fin se empezaba a restablecer.&lt;br /&gt;¿Qué habría ocurrido si la cardióloga hubiera estado ausente? ¡Ella fue quien me salvó! Después, también me enteraría que el cirujano en jefe comentó que si la crisis se hubiera presentado cuando me trasladaban a mi cuarto o ya me encontrara en él, la historia sería diferente.&lt;br /&gt;Entonces, entre una maraña de reflexiones que enajenaban mi conciencia, desconcertado, llegué a pensar que quizá, después de todo,  hubiese sido una muerte perfecta: ajeno a la visita de la guadaña, dormido, iniciaría el viaje al más allá sin experimentar miedo, dolor, angustia y menos aún, una larga agonía. Estoy convencido que lo anterior se derivaba de un cobarde conformismo, producto de soportar por largas décadas el diario dolor. Sin duda alguna, un desenlace hermanado a un acendrado egoísmo.&lt;br /&gt;Sin embargo, reaccionaba y me sacudía tan reprobables pensamientos, consciente de que era un ser privilegiado y me sumergía en un mar de especulaciones. Buscaba inútilmente una razón: ¿Una fugaz coincidencia? ¿Una casualidad? ¿Cosas del destino? ¿Jugarretas del azar? Sinceramente no lo creía.&lt;br /&gt;Tras muchas vueltas en el laberinto de la negación, sin remedio desembocaba en la única razón valedera. ¿Un milagro? Pienso que sí&lt;br /&gt;Sólo Él podía concederme una segunda oportunidad de vida.&lt;br /&gt;En mi yo interno algo me dice que no fue un evento fortuito; que debe existir una explicación que rebasa mi fuerza de entendimiento. Al respecto, estoy convencido que existe algo supremo que rige mi reloj de arena y que aún no es la hora de la partida final.&lt;br /&gt;¿Qué es lo que me aferra a la vida?  Sin duda, tareas pendientes que cumplir. ¿Cuáles son? Las ignoro.&lt;br /&gt;En tanto, ahora disfruto más del sol, del mar azul turquesa, de la suave brisa, del verde de los árboles, de la gente en su conjunto, del grácil volar de las gaviotas, de la sonrisa ajena y, sobre todo, de la compañía de mis seres queridos. Todos sabemos que estuve a punto de cruzar la raya y derivada de una complicidad anunciada, nadie se atreve a mencionar aquellos momentos de pánico.&lt;br /&gt;Es difícil de digerir una experiencia de esta naturaleza. Sobre todo cuando no se contempla un riesgo inminente y después se concluye que pude fallecer sin percatarme de ello. Los hechos, ahí están. Por ende, todavía me representan un quebradero de cabeza: en la peor crisis de mi vida, estuve ausente.&lt;br /&gt;Hoy, ya restablecido, todavía soy presa de lo desconocido.&lt;br /&gt;Sí lo sé, soy un resucitado.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-5458791788980892260?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/5458791788980892260/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=5458791788980892260' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/5458791788980892260'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/5458791788980892260'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2008/05/dios-dijo-que-no.html' title='DIOS DIJO QUE NO'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-5164985505287039603</id><published>2008-03-19T09:53:00.001-07:00</published><updated>2008-03-19T09:53:37.660-07:00</updated><title type='text'>LA SOMBRA DE PLATÒN</title><content type='html'>LA SOMBRA DE PLATÒN&lt;br /&gt;Por José Dávila Arellano&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Prudencio  Platón, empezó a sospechar que, tras sus 80 años de edad, empezaba a envejecer.&lt;br /&gt;En un admirable esfuerzo de memoria, recordó que años atrás empezaron a delinearse ciertos indicios de equivocado comportamiento que  involuntariamente  desdeñaba. El proceso senil  había iniciado. “La vida tarde o temprano empieza a cobrar sus facturas; aceptándolas y tratar de resolver sus acertijos, es la única forma de sobrevivir como persona” –reflexionaba con sabiduría.&lt;br /&gt;Todo empezó con esporádicas torpezas al deambular por las habitaciones del hogar en donde habitaba él y su sombra.&lt;br /&gt;Sí, su sombra, la más paciente y  leal compañera. Fiel le seguía  por doquier que  él marcaba el paso. Si Prudencio decidía leer el periódico en el sillón preferido de la sala, ella, complaciente, le acompañaba. Al escuchar sus vitriólicas críticas sobre los acontecimientos que se reseñaban, discreta enmudecía. Si Platón, enojado, interrumpía la lectura e iba a la cocina para calentarse un té de tila, permanecía pegada a sus zapatos. Si después se le ocurría ir al baño para satisfacer sus necesidades fisiológicas, ella le imitaba, incluso dibujando a contraluz chisguetes de orina. En caso de que su dueño, necesitara sentarse en el inodoro, siempre devota, se amoldaba a las circunstancias aguantando la respiración.&lt;br /&gt;En caso de que su mentor entablara un diálogo con ella, se comportaba disciplinada y comprensiva, afirmando o negando con los mismos movimientos de cabeza de su señor, consintiendo sus más mínimos disparates.&lt;br /&gt;Prudencio Platón, cuando incurría en aisladas distracciones o debilidades, ella disciplinadamente le correspondía. Si acusaba inseguridad en las manos temblorosas y  escapaban de sus dedos la cuchara, el libro, la rebanada de pan, la sartén, el bastón o el vaso de agua, ella, inmutable le imitaba a fin de demostrarle que hasta su sombra se equivocaba de similar forma.&lt;br /&gt;Cuando las piernas  del octogenario empezaron a flaquear, la sombra padeció igual decadencia. Con el paso del tiempo la ineptitud empezó emparentarse con Platón, sumándose la distracción y lapsos de olvido: Poco a poco, tales deficiencias se convirtieron en  situaciones recurrentes. La sombra, consecuente con la misión que la vida le había encomendado, no variaba de actitud. Sin embargo, no estaba a gusto con el rol que jugaba y con resignación admitió que  había heredado de su “querido viejo”, un triste destino.&lt;br /&gt;Ambos, tropezaban con la misma silla, perdían las llaves del coche, olvidaban el celular, confundían las medicinas, extraviaban el control de la televisión  y repetidamente confundían el rumbo del calendario, ignorando por instantes en  qué día habían despertado, después de un sueño plagado de pesadillas. “¿Hoy es martes o jueves?”  Para situarse en el la actualidad, Platón, padecía una mezcla de incertidumbre y angustia, ante el mutismo de su inseparable compañía a la cual, por desgracia, no le fue concedida la voz para auxiliar las ya preocupantes recurrencias de lagunas mentales que acechaban a su amigo.&lt;br /&gt;Prudencio empezó a preocuparse por sus constantes desatenciones y en las noches reflexionaba observando el centellear de las estrellas, convencido de que también su brillo se apagaba y que, cuando  decaían, se desplomaban del cielo dibujando en el firmamento  una fugaz mantilla blanca. Entonces, doliente, convencido se decía asimismo: “La gente dice que son meteoritos, pero yo sé que son estrellas muertas”. Su sombra, leal, le concedía la razón.&lt;br /&gt;Así, pasaron algunos años más, hasta que Prudencio Platón, en una noche, aceptó que sus, olvidos y divagaciones, eran ya propias de un individuo que se está emparentando con la vejez.&lt;br /&gt;Resignado, aceptando su realidad, dejó de observar el cielo: “No más meteoritos”, se prometió, para no encarar de cara el inevitable advenimiento de la hora suprema.&lt;br /&gt;A la mañana, siguiente, se comprometió a pensar dos veces sus quehaceres  antes de obrar en consecuencia. Con su inseparable taza de humeante  té de tila, inició la lectura del periódico del día, frenando su lectura en un cabezal que a le letra advertía: “Científicos aseguran que el universo tiene 13,730 millones de años de existencia”.&lt;br /&gt;-¿Viejo yo...? ¡Viejo el universo! –concluyó Prudencio  con una platónica sonrisa que volvió a iluminar su vida.&lt;br /&gt;Su sombra, agotada, suspiró con resignación.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-5164985505287039603?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/5164985505287039603/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=5164985505287039603' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/5164985505287039603'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/5164985505287039603'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2008/03/la-sombra-de-platn.html' title='LA SOMBRA DE PLATÒN'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-4090199951624849632</id><published>2008-02-28T16:49:00.001-08:00</published><updated>2008-02-28T16:49:58.677-08:00</updated><title type='text'>LOS BILLETES DE LOTERÌA</title><content type='html'>LOS BILLETES DE LOTERIA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por José Dávila Arellano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era como el jorobado de nuestra Señora de París, pero sin joroba... Un hombrecillo de corta estatura y de caminar zambo; una pierna más corta que la otra, le hacía ondular el cuerpo como péndulo de reloj. Su cabeza era pequeña y en forma de cono. El  pelo escaso, ralo y entintado de amarillo; la frente amplia y lisa como un zócalo, los ojos hundidos e inyectados de sangre y la nariz de pelota; la boca babeante de gruesos labios encogidos, enseñaba los dientes rotos, menos el colmillo izquierdo un colmillo grande, grueso y sarroso, que le hacía parecer una morsa de zoológico.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y ahí estaba, de rodillas, junto al bote de basura. En el suelo había esparcido el contenido y seleccionaba de entre un cerro de papeles, billetes de la lotería; unos arrugados, otros rotos, y los menos, series enteras. También apartaba, de entre envolturas de dulces y paletas, quinelas deportivas, talones de colores fluorescentes de  "ráscale a tu suerte y pégale al gordo".&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Satisfecho de su labor, regresaba el material inservible al bote y el resto, con paciencia lo doblaba, y con esmero lo acomodaba en pequeños paquetes que amarraba con ligas. Luego empezaba de nuevo, si existía otro bote de basura.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lucas le apodaban “La Morsa”. Nunca una persona le llamó por su nombre de pila. A resultas de chismes de comadres, se aseguraba que se había quedado sin nombre porque nació de madre desconocida. Dicen que después del mismo alumbramiento, le abandonó en el hospital sin que nadie se enterará del santo y seña de la parturienta.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A ciencia cierta se ignoraba si fue la afanadora o la espontánea nodriza que le amamantó, quien le bautizó como Lucas. El hecho es que, apenas conoció la luz del día, el desdichado niño convivió con la mala suerte; al punto que apenas creció  los primeros centímetros, fue a parar con su incipiente esqueleto a un triste orfanato.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La figura encogida de Lucas pronto se hizo costumbre a las puertas de toda agencia de la Lotería Nacional o expendio de “Melate”, porque tenía perfectamente establecidas sus rutas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La gente se burlaba y reía a sus espaldas, cuando le veía una y otra vez escoger el desperdicio de los basureros y guardárselo en una  sucia chamarra de holgadas bolsas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“Este infeliz está loco: ¡piensa que se va a sacar el premio mayor!” –era la sorna diaria.&lt;br /&gt;No obstante, la burla cotidiana no molestaba al singular pepenador. Por el contrario, con una grotesca sonrisa festejaba las bufonadas de los demás.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el orfanatorio, los médicos de turno diagnosticaron que Lucas sería un niño loquito y sellaron el expediente. Ya sentenciado, le arrumbaron. Ausente de calor humano, el niño, a medida que creció, se desarrolló en un medio hostil fregando pisos, trapeando zaguanes, recogiendo basura y tropezando con sus palabras, pues para colmo de males sólo tartamudeaba monosílabos. Por lo tanto, era un estorbo. A todo mundo le molestaba su fealdad y torpeza, hasta que un día el director Garmendia tronó:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¡Ya basta, echen a ese idiota a la calle!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y a la calle fue a parar, ignorante de su destino y presto a obedecer a quien le ofreciera un rincón en donde dormir y un pedazo de pan que comer. ¿Cuándo se hizo grande? ¿Cuándo perdió los dientes y ganó su colmillo de morsa? Nadie se enteró y la memoria no le alcanzó a Lucas para investigarlo. Para entonces, resultaba ocioso adivinar el origen de su apodo. Siempre vivió de los centavos que ganaba a cambio de cargar bultos y cajas en el mercado, porque en su camino también se trompicó con almas piadosas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;–¿Por qué recoges tanto billete de lotería que para nada sirve? –siempre le preguntaba más de un curioso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Pooor...quuu...quue, mmm..mme...gusss...gustan... –respondía con más dificultad que rubor y se alejaba satisfecho con su valioso cargamento a cuestas  al galpón abandonado que tomó por casa a un lado del mercado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lucas, desde chamaco, disfrutó de los grabados de los billetes de lotería, de los personajes que aparecían, de los números de serie y de los intensos colores que les imprimían. Lo mismo acontecía con los boletos del “Rascale”, pues por largo tiempo gustaba exponerlos al sol para provocar los brillantes destellos que se desprendían de la fosfórica presentación tridimensional.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Bodegueros, comerciantes, macheteros, cargadores y verduleros, con curiosidad le veían ir y venir a su refugio. Sin embargo, nunca se atrevieron a penetrar en la misteriosa guarida porque podía volverse loco, y un tonto redoblado como él, podría ser muy peligroso. Así que, a parte de estar inscrito en el catálogo de los idiotas, los ignorantes que presumían de conocimiento le habían endosado, sin costo alguno, una personalidad inexistente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ajeno a la maledicencia, Lucas tenía su mundo propio. Nada le ofendía, nada le turbaba, ni mucho menos nada le angustiaba. Pese a la sorna cáustica de la gente, sonreía y saludaba complacido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A lo largo de tantos años de hurgar en los botes de basura se había convertido en un sorprendente coleccionista. Las cuatro paredes del cobertizo estaban, con maestría, tapizadas con los billetes escogidos. Con atole de fresa había pegado en el lado norte, lo representativo a treinta años atrás; con atole de piloncillo, en el lado sur había hecho lo propio con lo atesorado en las dos décadas anteriores; con atole de masa había estampado la porción oriental con lo recopilado en el último lustro; y con atole de membrillo estaba forrando la pared occidental.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lucas era dueño de una impresionante galería de hombres ilustres, templos e ídolos prehispánicos, edificios coloniales, monumentos históricos, símbolos patrios y múltiples denominaciones monetarias, perfectamente distribuidas en forma piramidal, romboidal, circular y rectangular.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En Cuauhtémoc, Hidalgo, Morelos, Allende, Zapata, Villa y Carranza, tenía los padres, los tíos, los primos que nunca tuvo. En Teotihuacán, Bonambak, Tlaloc y Huitzilopotchtli, las raíces culturales que no conoció. En la Catedral, el Palacio Nacional y el Correo, las casas de las que careció. En la Columna de la Independencia, el Hemiciclo a Juárez, el monumento a los Niños Héroes, el sentimiento patrio que no heredó, y en los valores numéricos de cinco, diez, veinte, cien, quinientos y mil pesos, el dinero que  jamás acumuló.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Más allá del entendimiento popular, ahí, en el humilde hogar que habitaba con su inseparable soledad, Lucas era feliz sin importarle, porque lo sabía, que muchos billetes estuvieran premiados.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-4090199951624849632?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/4090199951624849632/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=4090199951624849632' title='1 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/4090199951624849632'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/4090199951624849632'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2008/02/los-billetes-de-lotera.html' title='LOS BILLETES DE LOTERÌA'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-6164968519354452334</id><published>2008-02-04T11:17:00.001-08:00</published><updated>2008-02-04T11:17:54.470-08:00</updated><title type='text'>LA GRAN BATALLA</title><content type='html'>LA GRAN BATALLA&lt;br /&gt;Por Josè Dàvila Arellano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hacia el filo del mediodía  me apresté para la gran batalla. Para ello tenía que protegerme con mi mejor armadura: casco,  uniforme de campaña, grueso cinturón con hebilla de plata, par de botas, guantes de fina piel, fusta y gafas oscuras. Momentos después, valiente, me lancé a la calle.&lt;br /&gt;Iba a librar una cruzada en un vasto y complicado terreno, pleno de corredores y cruces propios de un complejo laberinto, en donde los combatientes se mezclaban entre sí para demandar su tributo de guerra.&lt;br /&gt;¿El centro de operaciones? Un supermercado transnacional…&lt;br /&gt;Incapacitado físicamente por las heridas causadas en pasadas contiendas, por supuesto que no pertenecía a un destacamento de infantería, sino a una brigada motorizada. Para tal objeto monté con gallardía en un carrito eléctrico con una cesta de alambre al frente, como un escudo para soportar el embate de otros vehículos blindados de mayor capacidad de carga  que surgían por doquier, chocando, esquivando, zigzagueando  o aparentemente abandonados en estado de alerta.&lt;br /&gt;Desde temprana hora se había iniciado un fuego cruzado. El multitudinario enemigo nunca miraba de frente a su más próximo contendiente; con semblante huraño y patente nerviosismo, se apresuraba  por capturar los productos  que se amontonaban en  diversos exhibidores. Nervioso, pero con ojo clínico, escogía los mejores trofeos, atractivos y maduros. Su vital comportamiento, semejaba a  la serpiente ante la que sucumbieron Adán y Eva.&lt;br /&gt;El arrebato era cruel y despiadado. Cuando estaban a `punto de extinguirse las existencias en  algunos anaqueles, de inmediato se escuchaba en el etéreo espacio una voz de alerta. Como por obra de magia surgían entre silenciosos portones, neutrales y resignados voluntarios, transportando nuevo avituallamiento para  no conceder respiro al combate.&lt;br /&gt;La competencia no desmayaba. Los famosos carritos, que superaban mi hidalgo transporte, lucían cerros de mercancía que amenazaban con desbordarse, en tanto que otros, más humildes, apenas mostraban cuatro o cinco víctimas encarceladas.&lt;br /&gt;Por mi parte, veterano condecorado, ya había logrado mis propias conquistas: pan, verduras, frutas, tortillas, papas, ajos, aguacates, lechugas, jugos, cebollas, ajos,  filetes de pescado y cuando me disponía a victimar chícharos, jitomates y atún, surgió a mi lado otro guerrero con similar, pero más moderno trasporte eléctrico.&lt;br /&gt;Ambos, impulsivamente frenamos, quedando frente a frente. Nos observamos de pies a cabeza y después comparamos nuestras valiosas capturas. En tal revisión nos encontrábamos, cuando de nuevo se escuchó esa voz impersonal, anunciando que sólo quedaba un pollo a la leña y que dilatarían dos horas en freír  nuevas víctimas. Un mismo pensamiento cruzó por nuestras mentes. Al unísono aceleramos nuestros coches, escogiendo distintas rutas.&lt;br /&gt;¡Se iniciaba una ofensiva sin cuartel!&lt;br /&gt;En tanto mi rival escogía el derrotero, panadería, carnes frías, lácteos, semillas, quesos y aderezos para aterrizar en el objetivo clave, el área de comida rápida, yo, sobreviviente de incontables escaramuzas, me lancé por conocidos atajos, convencido de la victoria.&lt;br /&gt;Con la adrenalina desatada, acelerando a toda máquina (15 metros por minuto), penetré en el área de ropa íntima de mujer, recreando la pupila en especímenes femeninos que con minúsculos atuendos mostraban con desbordante esplendor la doble tracción delantera, sin menospreciar la provocativa redondez de la anatomía posterior, así como tentadoras y firmes piernas bronceadas por el sol caribeño.&lt;br /&gt;Gracias a mi capacidad de concentración, no me dejé atrapar por tan irresistible y desenfadada seducción, dando un golpe de timón por el área de ropa de caballeros ( en la cual no existía asomo de esparcimiento), proseguí por el andador de llantas y lubricantes para automóviles, viré en diagonal por tapetes y alfombras, cruce por la zona deportiva,  después libré el corredor de herramientas, fugaz dejé atrás la estantería de juguetes, y al rodear la exhibición de aparatos electrónicos,  consciente de que el triunfo estaba al alcance de mi mano,  en el último viraje lindando con el área de cosméticos, me topé de frente con una maraña de carritos estacionados al desgaire.&lt;br /&gt;Para mi desesperación, sus respectivas conductoras, con el celular pegado a la oreja, no se decidían por una increíble variedad de cremas para suavizar, depilar la piel o adelgazar la cintura; jabones rejuvenecedores, tintes y tónicos para el cabello, uñas postizas,  pelucas de todos colores y sabores, sugestivos desodorantes, miel de abeja para las pecas, sensuales lociones, polvos diversos, sugerentes abanico de “lipsticks”, minúsculos rizadores, peinetas de carey, polveras fosforescentes, secadores de cabello con memoria propia,  polvos mágicos para las arrugas, descomunales pestañas y hasta remedios para los callos.&lt;br /&gt;El pánico me sobrecogió: estaba bloqueado a unos cuantos metros de la conquista final. Decidido, con admirable valor, consciente de mi reputación de reconocido estratega, cerré los ojos y, determinado, aceleré a fondo mi cabalgadura mecánica para impactarme contra tan  intrincado obstáculo. El estruendo fue de órdago; los carritos de referencia, como pinos de boliche, salieron disparados en diferentes direcciones, en tanto que mi trayectoria no había variado y a la vista se perfilaba el horno a la leña.&lt;br /&gt;Fue cuestión de una fracción de segundo…&lt;br /&gt;Del corredor de detergentes, como por obra del diablo, apareció una señora con talla de paquidermo y una impresionante cadera que obstruía todo el pasillo. Lento era su paso y sus gigantescos globos traseros danzaban al ritmo de una cadencia macabra.&lt;br /&gt;Resignado, con la derrota a cuestas, dos horas después al fin adquirí mi pollo…&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-6164968519354452334?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/6164968519354452334/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=6164968519354452334' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/6164968519354452334'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/6164968519354452334'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2008/02/la-gran-batalla.html' title='LA GRAN BATALLA'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-302057978349910818</id><published>2008-02-04T11:08:00.000-08:00</published><updated>2008-02-04T11:09:20.992-08:00</updated><title type='text'>DUELO PERPETUO</title><content type='html'>DUELO PERPETUO&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por Josè Dàvila Arellano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Otro año más que se inicia sepultando aún más el silencio de la historia. Ni esperanza de resurrección…&lt;br /&gt;El tiempo se escurre tan veloz, que en su sigilosa marcha, devora horas, días y meses. En un abrir y cerrar de ojos se cumplirán cuarenta años de  la tragedia.  Y hoy, como siempre, inició el doloroso ritual. Soy hombre solitario y doblado por el tiempo. Con la tristeza atrapada en el alma, tomó papel y pluma. Por un segundo respiró profundo y con mano temblorosa empiezo a escribir al remitente.&lt;br /&gt;Anotó el día, el mes y, como siempre, olvidándome del año, subrayó: “Dos de octubre”.&lt;br /&gt;Así, nada más. Luego, lento, empiezo a liberar los sentimientos contenidos a lo largo de un año más de luto.&lt;br /&gt;“Hoy, hermano, amigo mío, el campanario de la iglesia aún repica a muerto y no sé dónde ofrendar una flor en tu recuerdo. ¿En que fosa  reposan tus huesos? ¿Lo sabes tú? No, tampoco lo sabes, porque te negaron la gracia de conocer dónde acabarías pudriéndote.&lt;br /&gt;Sí, un día como el de hoy, el de tu cumpleaños, te extraviaste; desapareciste, como desaparecieron decenas de tus compañeros en el quijotesco y valeroso arrebato de afrontar al poder supremo. Tu incierto destino se resumió en una palabra: “Desaparecido”. ¡Qué afrenta a la verdad! “Desaparecido”. ¡Qué afrenta a la conciencia humana! “Desaparecido”: ¡Grotesca solución para embozar tu asesinato!&lt;br /&gt;Y aquí estoy, como siempre, escribiéndote una carta más de felicitación. ¿Felicitación? ¡Vaya ironía! ¿De qué puedo felicitarte si estás muerto, cuando debías estar vivo?&lt;br /&gt;¡Claro que estás muerto! Por supuesto que fuiste ultimado. Es indudable que en tus desbordados empeños jamás pensaste topar con una bala, la punta de una bayoneta o el inmisericorde tolete del granadero. De pronto, ya nadie te vio. Tu madre se derrumbó en el llanto y tu padre enmudeció de impotencia. Duelo perpetuo...&lt;br /&gt;A ellos también les arrebataron el último anhelo: en dónde rendirte una oración.&lt;br /&gt;Una noche, una madrugada o en un claro amanecer, sólo nos dejaste el recuerdo; en una calle, en un callejón o en un salón de clases, te extinguiste, te disolviste, te hiciste polvo. Nunca se supo más de ti. ¡Por Dios!, ni siquiera el verdugo que mataba sin preguntar, lo sabe ¿Yaces en una fosa común del campo militar, en las entrañas del desierto o en las profundidades del mar? ¡Qué diablos importa ya! Finalmente, fuiste carroña de la impunidad.&lt;br /&gt;Cuando firme y gallardo marchaste por las calles al lado del rector de la Universidad, porque tu alma mater había sido ultrajada, empezaste a morir envuelto en un sudario de pasiones desatadas. Con el espíritu herido, caminabas solidario apostando tu vida a una sola carta: la justicia. No te importaba desafiar la temible  presencia de las tanquetas de asalto; esos siniestros armatostes sin rostro y con entrañas de guerra .&lt;br /&gt;Soñador,  repartías volantes en las calles, organizabas mítines en los mercados y plazas públicas, pintabas consignas en las paredes, asistías a reuniones clandestinas, y en una alcancía de hojalata con la blanca paloma de la paz dibujada, suplicabas unas monedas para mantener viva la protesta.&lt;br /&gt;. Al paso de los días, ya eras parte de un incontenible torbellino social que rechazaba el autoritarismo, dando nacimiento al suceso más importante del siglo pasado, epopeya que, en la brutal matanza de la Plaza de las Tres Culturas, fue decapitada. Retador, pues, te convertiste en una amenaza, en un enemigo a vencer.&lt;br /&gt;Hábil, sorteabas el peligro; burlabas las emboscadas y eludías la cobarde persecución. Al final de cada escalofriante evasión, sonreías nervioso, con el pasmo en la mente, el temblor en las piernas, y el miedo anidado en el corazón. Sudabas frío, pero vivías momentos de gloria. Idealista, obedecías los dictados de tu conciencia. No deseabas una vida que fuese indiferente.&lt;br /&gt;¿Cuántas veces libraste una y otra vez el embate policial o la fuerza militar? Y después, cuando surgía silencioso el fantasma de la noche, el siniestro cuerpo especial de paracaidismo que a fuego de metralla tomaba en fugaz asalto los planteles en huelga para dejar tras de sí arroyos de sangre, ¿cuántas veces, milagrosamente,  salvaste el pellejo?&lt;br /&gt;Hasta que un día...&lt;br /&gt; ¿Te acuerdas de la manifestación del silencio? Impresionante, multitudinaria marcha histórica. ¿Te acuerdas de la entrada triunfal al Zócalo? ¡Cómo olvidarlo! Las campanas al vuelo de la Catedral eran un himno a la alegría. Yo te vi feliz, amordazado por voluntad propia, con  los ojos anegados de emoción y el pecho henchido de ilusión.  Contigo iban tus compañeros y también el pueblo; ese pueblo despertando del letargo. Mientras, un oscuro Palacio Nacional, era mudo testigo. Nadie podía  adivinarlo: muy lejos de ahí, en las tinieblas del rencor y la soberbia  ya se fraguaba la bestial matanza.&lt;br /&gt;Después, nada. Ni una huella tuya. Nada...&lt;br /&gt;Más, el tiempo es juez implacable. Ya dictó sentencia. Finalmente, triunfaste. El sacrificio no fue vano. Tu voz cada vez se escucha más fuerte. Aquel grito libertario jamás se olvidará.  Por fin soplan vientos de esperanza, esa esperanza germinada en ti.&lt;br /&gt;En cada nueva alborada  quisiera adivinarte en un apacible jirón de nube, en el luminoso parpadear de una estrella o en la borrasca incontenible de un huracán, porque así eras en vida: sereno, brillante y recio.&lt;br /&gt;Hermano, amigo mío, hoy es tu cumpleaños y el campanario de la iglesia aún repica a muerto y aquí tengo una flor sin saber dónde dejarla...”&lt;br /&gt;Doblé la hoja y la metí en un sobre sin dirección. Acto seguido la guardé en una caja de madera en donde reposban otras treinta y nueve  cartas más...&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-302057978349910818?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/302057978349910818/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=302057978349910818' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/302057978349910818'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/302057978349910818'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2008/02/duelo-perpetuo.html' title='DUELO PERPETUO'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-5980468906089854777</id><published>2008-01-10T16:37:00.000-08:00</published><updated>2008-01-10T16:38:38.491-08:00</updated><title type='text'>DON JUSTINO Y MONTE ALBÀN</title><content type='html'>DON JUSTINO Y MONTE ALBÀN&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por Josè Dàvila Arellano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡No son pirámides! –advirtió molesto don Justino, un viejo guía zapoteco de 82 años de edad.&lt;br /&gt;La sonora sentencia me sacudió de pies a cabeza, tal como si me fuera a condenar.&lt;br /&gt;-¿No son pirámides? –insistí  desconcertado.&lt;br /&gt;-¡Por supuesto que no! –reafirmó con autoridad, aquel hombre alto, de rostro moreno y dueño de una voz de trueno. Firme,  recto. El pecho henchido, orgulloso de su estirpe. Macizo como las mismas piedras que labraron sus antepasados, su figura, dondequiera que se plasma, domina el espacio.&lt;br /&gt;-¿Entonces que son? –mordaz exigí una explicación, teniendo como escenario el imponente centro ceremonial de Monte Albàn, el cual aún prevalece desafiante, altivo y silencioso en la cumbre de un cerro de 500 metros de altura desde donde se domina el señorío de tres verdes valles que circundan la ciudad de  Oaxaca.&lt;br /&gt;-¡Son pedestales! –sentenció enérgico y con notoria autoridad, al tiempo que bajo el ala terrosa del añejo sombrero de palma, sus ojos parecían despedir fuego. Tal era la magnitud de su disgusto.&lt;br /&gt;Anticipando una réplica más, me cuestionó con notoria impaciencia: “¿Por qué ustedes, los visitantes, siempre se empeñan  en calificar como pirámides las construcciones que no lo son?”&lt;br /&gt;-¿No lo son? –ahora cuestioné dubitativo.&lt;br /&gt;-¡Por supuesto que no! – enfatizó autoritario: “Una cosa son las pirámides de Egipto y otra los templos, palacios, adoratorios, plazas y juegos de pelota, que están aquí. Los zapotecas nunca se propusieron construir pirámides, que le quede bien claro. La razón de estos “edificios” es que adoraban tanto a sus dioses que deseaban colocar sus altares cada vez más  y más cerca del cielo. Entonces, allá, por los años 200 antes de Cristo se dieron a la tarea de echar más tierra sobre los promontorios originales. Y al rato, poco les parecía la altura, y empezaban  a echar encima más y más tierrita, hasta concluir con lo que ahora ve. ¡Por eso son pedestales!&lt;br /&gt;Enrojecí de vergüenza y sellé mis labios.&lt;br /&gt;Desde adolescente, don Justino  ha dedicado toda su vida a explicar a los turistas  la historia de esta notable civilización que finalmente sucumbió ante el embate de sus acérrimos enemigos: los mixtecos. De estas impactantes ruinas, hoy consideradas patrimonio nacional, con certeza conoce cada rincón, cada vereda, cada piedra, cada escalón, cada árbol, cada adoratorio, cada códice, cada pedestal. Sabe del punto exacto desde donde se puede apreciar en toda su magnitud la impresionante presencia de un cultura ancestral que dejó como legado su vasto conocimiento para las futuras generaciones. En pocas palabras, podría decirse que Monte Albàn es su hogar.&lt;br /&gt;Don Justino, viste con humildad una camisa descolorida, un pantalón raido,  un par de gastados guaraches, un mecate por cinturón y sus manos callosas empuñan una delgada vara como báculo para subir y bajar con destreza las graderías de cada uno de los promontorios.&lt;br /&gt;La  historia zapoteca que se remonta  entre 700 y 500 años antes de Cristo, ha transitado en su familia de generación en generación. Así pues, día tras día, mes tras mes, año tras año, apenas despunta el sol, desde de las goteras de la ciudad,  el añoso hombre remonta a pie la empinada cuesta a Monte Albàn, para conservarse fuerte y sano.&lt;br /&gt;Tras recorrer con enorme paciencia la meseta de 600 metros de largo por 400 metros de ancho, incansable en sus observaciones, anécdotas y largas explicaciones, luego de enfatizar de “yo hablo con verdad y no invento historias”, se lamenta que en su seno familiar ya no exista nadie que le releve de su profesión y que la leyenda zapoteca trasmitida de boca a boca,  finalmente desaparezca entre las blancas nubes que coronan las agrestes montañas.&lt;br /&gt;-Ya todos se han ido pa’l norte -confiesa con evidente amargura- Más allá, más lejos de la frontera. Mis tres hijos se fueron con mi bendición en  busca de trabajo, porque aquí no lo hay. Oaxaca es uno de los estados que más mano de obra expulsa para los campos gringos. ¿Qué le vamos a hacer…?&lt;br /&gt;Tras unos minutos de embarazoso silencio, me hace una confesión: “¿Sabe lo que más me avergüenza? &lt;br /&gt;Niego con un ligero movimiento de cabeza.&lt;br /&gt;-Que no existe día en que tengo que hablar en ingles, francés y alemán, pa’ ganarme el gasto diario”.&lt;br /&gt;Ante mi sorpresa, reafirma. “Sí señor, tuve que aprender idiomas extranjeros, para poder subsistir. Tal es mi orgullo: soy autodidacta. “Usted no está pa’ saberlo, pero además de  hablar en español, hablo en zapoteco, mixteco, chimanteco, amuzgo, chocho, chontal, huave, triqui, mazateco, mixe, zoque o tacuate, todos y cada uno de ellos con sus diferentes dialectos. ¿Tantos lenguas nativas pa` qué? ¡Pa` nada, señor, pa` nada…!&lt;br /&gt;El viejo detiene su paso. Con pesadumbre se despoja de su sombrero y con evidente cariño y delicadeza le sacude el polvo del camino. De una bolsa de su pantalón saca un arrugado paliacate rojo y se limpia el sudor que corre por su rostro. Con la vista clavada en  la tierra, mueve la cabeza con pesadumbre y musita resignado:&lt;br /&gt;-Si señor, a veces, sin darme cuenta, me avergüenza pedirle a mi vieja un plato de frijoles en francés…&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-5980468906089854777?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/5980468906089854777/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=5980468906089854777' title='1 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/5980468906089854777'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/5980468906089854777'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2008/01/don-justino-y-monte-albn.html' title='DON JUSTINO Y MONTE ALBÀN'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-8626766807239001268</id><published>2007-11-27T15:52:00.001-08:00</published><updated>2007-11-27T15:52:57.228-08:00</updated><title type='text'>LOS RECUERDOS ESCONDIDOS</title><content type='html'>LOS RECUERDOS ESCONDIDOS&lt;br /&gt;Por José Dávila A.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Amanecí agotado, con una sensación de miedo, de duelo, de espíritu lastimado…&lt;br /&gt;Las noches se presume que son para descansar después del tráfago del día. Sin embargo, la de ayer se transformó en un tornado plagado de recuerdos que me mantuvo inmerso en un marasmo que jamás alcanzó el sueño ni tampoco conciencia propia. Sencillamente me mantuvo en un somnífero letargo: como centinela de guardia a las puertas del cuartel.&lt;br /&gt;Fueron largas, demasiadas horas por las que marchó un interminable desfile de evocaciones de toda índole: desde las gratificantes hasta las que muerden la conciencia; desde las jubilosas, sorpresivas, extrañas e increíblemente eslabonadas con las tristes, dramáticas y depresivas. Todas concatenadas en un endemoniado revoltijo.&lt;br /&gt;Sí, esta mañana me levanté cansado, como si hubiera cargado sobre mi espalda una pesada losa por horas y horas. Una sensación extraña oprimía mi pecho. Un duchazo de agua fría y un reconfortante té de tila de nada sirvieron para  despojar las reminiscencias que se habían exiliado en mi conciencia.&lt;br /&gt;Como un zombi salí hacia mi trabajo. Ignoro cómo llegué y me comporté en la oficina. La cabeza la sentía pesada, invadida por nubarrones negros Era un autómata de cuerpo presente, pero sin alma; un difunto en vida.  El pasado me había robado mi presente.&lt;br /&gt;Una cadena de fogonazos se sucedía en maratónica sucesión. Una avalancha de  imágenes se repetía  sin concierto una y otra vez como un disco rayado. Parecía levitar en el espacio de un eclipse de sol. El misterio se refugiaba en la oscuridad de mi capacidad de comprensión.&lt;br /&gt;Pesadilla de noche, pesadilla de día.&lt;br /&gt;Vanos fueron los esfuerzos por concentrarme en mi diario quehacer, ante la tenaz insistencia de eventos que yo creía olvidados y otros inciertos, inexplicables. He de confesar que muchos de ellos eran de suyo desconcertantes, inexplicables. ¡Vaya que si el cerebro es una incógnita! Su capacidad de almacenamiento es infinita…&lt;br /&gt; Ruinosas viviendas, juguetes mochos, días de guardar, calles desconocidas, retratos antiguos, una cuna vacía, el cañón de una pistola, descalichadas fachadas de escuelas, campanarios mudos, lamento de un chiquillo sin respuesta, patios de baldosas añejas lavadas a punta de cepillo, juegos infantiles en un hermoso jardín. Un capullo de velitas en el pastel de cumpleaños.&lt;br /&gt;Una mujer descabezada… Caras angelicales, tenderetes de dulces y frutas, la bicicleta ajena que siempre envidie, un sobrecogedor coro de iglesia. Los ojos amorosos de la primera novia, maestras regañonas, la mano amiga en mi hombro, gente que jamás volví a ver, cohetones en el año nuevo, la mirada adusta del sacerdote. El limosnero harapiento con la sed en el cogote. El primer coche usado que compré. Niños sin rostros ni esperanzas. El locuaz vocerío en una plaza de toros. El amigo de verdad. Un cielo límpido. Caminos entrecruzados.&lt;br /&gt;Y todo se sucedía, una y otra vez, como en un carrusel descompuesto.&lt;br /&gt;Cargadores con los riñones molidos. Una casa solitaria con las ventanas abiertas. Entusiasta desfile de hombres y mujeres en las aceras;  ropa al viento en las azoteas de edificios. Un autobús despeñado. Un apretón de manos. Las enmohecidas escaleras de un museo. Olor a incienso. Gritos, saludos, risas: ¿de quiénes?&lt;br /&gt; El saludo adusto del presidente De Gaulle, amarillentos recortes de periódico, el escritorio de trabajo esperando por nadie. Un sapo viudo. Pañuelos blancos que se agitan en lo alto como una alegre bandada de palomas. El huérfano repiqueteo de un teléfono.&lt;br /&gt;Manifestaciones multitudinarias, caras de ancianos sin esperanza; muertos, muchos muertos en torno mío; noche de matanza en Tlatelolco, placer a los pies de los volcanes nevados, alegría a los premios obtenidos en el quehacer periodístico, pánico a las bayonetas; el recién nacido rociado con agua de la pila bautismal, el hedor nauseabundo del manicomio.&lt;br /&gt;Las ruinas chamuscadas de un cine de barrio, la boda en la iglesia, los viajes a regiones desconocidas, los hijos fingiendo dormir porque no hicieron la tarea escolar, imágenes de  amigos que fueron desapareciendo lentamente, el mar calmo, velatorios silenciosos, el arribo del primer nieto, la presencia cautivadora de Marilyn Monroe, cirios apagados, el sutil ronroneo de mi gato favorito, la paz de un ocaso, por los aires el silencioso vuelo del cuervo y luego…luego la muerte de mi padre, mi hermano y por último, mi madre.&lt;br /&gt;Estoy despierto, sí, pero deambulando por una calle buscando sin encontrar. Todos se han ido, hasta el gato…&lt;br /&gt;Qué desconcertante vivir. Qué devastadora desolación. Qué día tan cruel. Qué anochecer tan infame.&lt;br /&gt; Me sentía como un viejo árbol con las ramas vencidas y sin raíces.&lt;br /&gt;En tal estado de ánimo, el discurso permanente de que hay que vivir con intensidad el presente sin mirar hacia atrás  para forjar un mejor futuro, lo consideré  una monumental mentira.&lt;br /&gt;En estos momentos estaba convencido que el pasado te atrapa hasta la muerte…hasta convertirte en un efímero recuerdo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-8626766807239001268?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/8626766807239001268/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=8626766807239001268' title='1 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/8626766807239001268'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/8626766807239001268'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2007/11/los-recuerdos-escondidos.html' title='LOS RECUERDOS ESCONDIDOS'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-1213741808152879132</id><published>2007-11-14T12:45:00.000-08:00</published><updated>2007-11-14T12:46:30.002-08:00</updated><title type='text'>CRÒNICA DE UNA DERROTA  ANUNCIADA</title><content type='html'>CRÒNICA DE UNA DERROTA ANTICIPADA.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por José Dávila Arellano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Estaba cierto que iba librar una batalla a muerte con el enemigo. Un desigual combate intimidante por naturaleza.&lt;br /&gt;Apenas amaneció y sentí el despertar de las mariposas en mi estómago, síntoma inequívoco de que iba a empezar a caminar por una zona minada y pantanosa. Tenía que desafiar la desesperante tramitologia burocrática. Sinceramente, para tan audaz decisión se requería de una  singular y admirable dosis de valor.&lt;br /&gt;Para ello, paciente, metódico, por largo tiempo fue ideando mi estrategia: la concepción de un escudo a prueba de engorrosas diligencias con base en una sublime paciencia. Tras de concluir un curso especial de “Aplicación del Estoicismo”, y leer el manual “¡No a la Violencia!”, me entregué a recopilar todos los documentos personales que consideré pertinente tomar en cuenta.&lt;br /&gt;Cuando me convencí de estar listo para saltar de mi trinchera,  desde temprana hora, con el pecho henchido de certeza, penetré en las oficinas del Instituto de Seguridad Social y Prevención de Salud  y de Posibles Infecciones no Previstas en la Población, para integrarme al nuevo Programa de Actualización de  la Administración de Derechohabientes y de  Prestaciones   Relacionadas con Pensiones y Jubilaciones.&lt;br /&gt;En pocas palabras, iba a gestionar mi nueva credencial de pensionado y dar fe personal de ser quien soy a fin de conservar mi derecho a recibir el raquítico cheque mensual y fortalecer mi derecho de presumir que aún me encontraba vivo.&lt;br /&gt;En primera instancia tenía que sacar una ficha que otorgaba la oportunidad de ostentarme ante el módulo de computación que expediría mi nueva credencial en cuestión de minutos, lo cual me haría sentir muy orgulloso de que la institución contaba con tecnología de punta.&lt;br /&gt;El número que me correspondió fue el 28. En mi interior se fortaleció la esperanza de que en breve tiempo saliera muy orondo por la puerta principal, con la nueva mica en mi bolsillo. Sin embargo, transcurrieron cuatro largas horas para que me mostrara cara a cara con el temible burócrata: un símil de orangután de pocas pulgas.&lt;br /&gt;Sin tomarse la molestia de saludar y menos aún de verme a la cara, abstraído en la pantalla del ordenador, habló seco, golpeado: “Documento de identificación, credencial de elector, pasaporte vigente, cartilla del Servicio Nacional Militar o cédula profesional”.&lt;br /&gt;Tímido, sin poder ocultar mi nerviosismo y con un ligero temblor de manos, le mostré mi pasaporte. Rápido lo vio, después me echó un vistazo y concluyó cortante: “¡No me sirve!”&lt;br /&gt;-¿Por qué? –pregunté incierto tras recalcar que era vigente-. Su rostro se endureció y advirtió con voz cavernosa: “La foto no corresponde; aquí está en color y la requiero en blanco y negro”.&lt;br /&gt;-Pero si en las oficinas de Relaciones Exteriores toman la fotografía vía electrónica y a todo color. Ya viene impresa –respondí con razonable educación.&lt;br /&gt;Sonriendo con malévolo desprecio, me indicó: “Allá es allá; aquí es aquí. Quiero la foto en blanco y negro porque no se decolora: ¿Me hago entender?”&lt;br /&gt;En esos instantes todo cambió. La confianza me abandonó y el ambiente se tornó electrizante.&lt;br /&gt;-¿Entonces..?&lt;br /&gt;-¡Entonces qué! –retó intolerante y exigió a bocajarro: “¡Su credencial de elector!”&lt;br /&gt;-Está…está…en trámite porque…porque me la robaron junto con mi cartera –confesé medroso.&lt;br /&gt;-¡Excusas! ¡Siempre tienen excusas! –parloteó para sí mismo, regresando su atención a la pantalla de la computadora. Tras cinco segundos de eterno silencio, preguntó riguroso: “¡La cartilla del Servicio Militar!”&lt;br /&gt;-¿La cartilla mili…? ¿Acaso está bromeando? -manifesté en un intento por reconquistar mi dignidad: “¿Tengo ochenta años de edad? –le informé- No soy un mozalbete de 18 años”.&lt;br /&gt;-A mi no me grita… –observó con modulación de ultratumba.&lt;br /&gt;Su amenazante advertencia me dejó mudo y huérfano de un vano instante de heroísmo.&lt;br /&gt;Ignoro cuánto tiempo  transcurrió sin intercambiar palabra, hasta que con evidente desgano, sugirió: “A ver, su acta de nacimiento”&lt;br /&gt;Se la proporcioné con un amargo sabor de boca.&lt;br /&gt;-Esta es una copia. Necesito la original –agregó con sobrado fastidio, haciéndome sentir un estúpido. Sin embargo, sorprendido me escuché decir: “No tengo el original. Al calce de la hoja dice “copia fiel del original”.&lt;br /&gt;Haciendo oídos sordos, viéndome de soslayo, enfatizó con un claro dejo revanchista: “¡Ne-ce-si-to el  ori-gi-nal!”&lt;br /&gt;-¡Para ello tendría que volar la ciudad de México! –protesté impotente.&lt;br /&gt;-¡Pues vuele! Ese no es mí problema- reviró con descarado cinismo y dando el asunto por concluido, solicitó grosero: “Su comprobante de domicilio con antigüedad no mayor a tres meses”.&lt;br /&gt;Le mostré el recibo telefónico de la casa de mi hijo Rafael, en donde vivo.&lt;br /&gt;-Aquí dice que es de la señora Marcela Torres de Miranda.&lt;br /&gt;-Si señor, es mi nuera.&lt;br /&gt;-No sirve. Necesito uno comprobante con su nombre.&lt;br /&gt;Entonces estallé. Sentí en mi interior un volcán a punto de hacer erupción, lo que significaría que cancelaría toda oportunidad de negociación. Así que me tragué la lava hirviendo y repliqué con la calma digna de un santo,&lt;br /&gt;-En internet se informa claramente que no es requisito que el comprobante esté a nombre del solicitante, ni coincida con  un recibo de agua, luz, predial, televisión de paga, estado de cuenta bancario, tarjeta de crédito o constancia expedida por el Gobernador, Presidente Municipal o Comisario Ejidal, así como telefónico ya sea de A&amp;amp;T, Avantel, Telmex, Maxtel o Maxcom.&lt;br /&gt;-Usted lo ha dicho. Eso es en internet –comentó mordaz y con ojos de gorila hambriento-. Aquí no es internet. ¡Estoy yo!  Todavía no lo ha entendido, ¿verdad?&lt;br /&gt;En ese instante en mi mente surgiò como un relámpago, un sólo deseo: “¡Trágame tierra!”&lt;br /&gt;-A ver, por último, dónde está su clave única de registro de población aún con vida –requirió con urgencia.&lt;br /&gt;-Eso no está previsto en internet.&lt;br /&gt;Imperó otro mutismo nada prometedor. Obviamente era de naturaleza mortal.&lt;br /&gt;-Creo que usted no ha entendido nada, de nada –recalcó autoritario- Acabemos de una buena vez: ¿Acaso trae su cartilla de salud y citas médicas, con las hojas blancas, -no las negras ni las violetas ni la rosas-, con su número de seguridad actualizada y autorizada por el director de la clínica, su doctor familiar, el supervisor, la enfermera y forrada en plástico para que se mantenga en buen estado?&lt;br /&gt;-Si…-dije titubeante, al tiempo que la depositaba en sus manos.    &lt;br /&gt;Su mirada asesina de toda una vida en el manejo de papeles me fulminó y virulento, comentó irónico: “¡Vaya hombre, por fin trae un comprobante válido! Sinceramente le felicito. ¡Ahora váyase a conseguir todo lo que le falta!”&lt;br /&gt;Cortante, sin medir otra palabra, retornó su atención al ordenador al tiempo que ordenó: “¡El siguiente!”&lt;br /&gt;Quien guardaba turno atrás mío, ya se había orinado en los pantalones.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-1213741808152879132?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/1213741808152879132/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=1213741808152879132' title='1 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/1213741808152879132'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/1213741808152879132'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2007/11/crnica-de-una-derrota-anunciada.html' title='CRÒNICA DE UNA DERROTA  ANUNCIADA'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-900358389307955872</id><published>2007-10-04T15:40:00.000-07:00</published><updated>2007-10-04T15:41:13.996-07:00</updated><title type='text'>EL COLECCIONISTA</title><content type='html'>EL COLECCIONISTA&lt;br /&gt;Por José Dávila A&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La incansable marcha del tiempo lo convirtió en un hombre solitario coleccionista de voces…&lt;br /&gt;Su esposa había fallecido años atrás y después, cuando el luto se fue transformándose en tierno recuerdo, sus cuatro hijos, pausadamente, fueron abandonando el hogar para instituir su propia familia. En escasos seis años se fueron todos.&lt;br /&gt;Un ciclo natural de la vida.&lt;br /&gt;El conocía  perfectamente su futuro porque también dejó atrás la humilde casa materna cuando encontró a la mujer amada.  Tan sólo era cuestión de espera: el éxodo  familiar empezaría a mostrarse. No obstante, pese aceptar que la soledad sería parte de la etapa final de su vida, nunca calculó que el silencio lo golpearía más fuerte de lo que había pensado. Las voces de sus hijos se habían apagado. Ni siquiera el eco de alguna de ellas se había refugiado en algún rincón.&lt;br /&gt;Si algo le consolaba era que, tras la inevitable emigración, ellos le visitaban con razonable frecuencia. Sin embargo, su presencia  poco a poco se fue  desvaneciendo porque las ineludibles responsabilidades conyugales les demandaban cada día  mayor atención.&lt;br /&gt;De esta forma, los encuentros familiares se tornaron escasos. Ocasionalmente se veían las caras por el cumpleaños de un nieto. En otras por ser el “día del padre”,  la celebración de la Navidad  y, si tenía suerte, festejar con alguno de ellos la llegada del año nuevo. Es decir, el inicio de otros  doce meses más de aislamiento. En efecto, las fortuitas entrevistas dejaron de existir, permutándose en aislados telefonazos.&lt;br /&gt;Pese a que nunca se alejó  de su quehacer cotidiano como un escape a restar menos espacio a la nostalgia, la radio y la televisión se transformaron  en nuevos huéspedes.&lt;br /&gt;En sus  momentos de descanso, se sentía acompañado por aquellos invisibles protagonistas que  difundían noticias, comentarios, anécdotas, historias o música.  El remedio se tornó peor que la enfermedad, porque se sentía vegetar a la deriva. Lo que buscaba eran sonidos diversos que le acompañaran. Entonces se sintió más desolado que nunca. Requerir de un conjunto de expresiones disonantes ajenas a su existir para no sentirse solo, le enfermó.&lt;br /&gt;¿Cómo hacer frente a una ley escrita de antemano? Tenía que reaccionar. En un triste y nublado amanecer, adoptó una osadía: coleccionar las voces de sus hijos.&lt;br /&gt;Tal era la solución.&lt;br /&gt;De inmediato se hizo de una contestadora telefónica y  cuando retornaba de sus quehaceres cotidianos, día a día la consultaba para descubrir si en su ausencia había captado las ansiadas palabras. Una emoción desconocida le invadía cuando la pantalla de la grabadora tintineaba una advertencia; un amargo desencanto le consumía el alma cuando no existía novedad. Sin embargo, resistía la tentación de llamarles porque consideraba que el tiempo de ellos era muy valioso para distraerlos por un simple saludo.&lt;br /&gt;Así pues, paciente, día tras día, semana tras semana, fue recopilando una magra colección de voces:&lt;br /&gt;-Hola pa’. ¿Cómo estás? Sólo quería saber de ti.&lt;br /&gt;-¡Quibule, jefe! Habla tu hijo perdido. Si andas en la calle es que estás bien. Luego te hablo.&lt;br /&gt;-¡Feliz cumpleaños, papi! Te deseo lo mejor y que pases tu día muy contento. Tu hijo Alejandro.&lt;br /&gt;-Hola padre… Después te habló. Ya sabes que me fastidia platicar con una máquina.&lt;br /&gt;-Lo siento papá, se me olvidó que ya pasó tu cumpleaños. Pero te mando un abrazote. Chao.&lt;br /&gt;-Hola viejo. ¿Dónde andas? Después te hablo.&lt;br /&gt;-Abuelo, te habla tu nieta Ana. Ojalá  pudieras ayudarme con mi tarea: se trata de un ensayo sobre la generosidad. Cuando lo tengas ¿me lo mandas por mail? Gracias, un beso.&lt;br /&gt;-¿Qué tal papá? Se me olvidó decirte que me fui de vacaciones. Confió en que estés bien. ¿Necesitas algo...?&lt;br /&gt;-Hola padre. Hace como tres semanas que te hablé. Quise ir a verte pero no pude. A ver si encuentro un tiempecito por la noche para darte una pasadita.&lt;br /&gt;-Un saludo viejo, nada màs…&lt;br /&gt;Cuando transcurrían lentos los días sin recibir una sola llamada, la  creciente frustración le carcomía el corazón. Entonces decidía echar andar la grabadora una, y otra y otra vez, repasando su repertorio de voces como una sinfonía inconclusa, mientras en sus ojos amarraba las lágrimas&lt;br /&gt;-Hola pa’. ¿Cómo estás? Sólo quería saber de ti…&lt;br /&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-900358389307955872?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/900358389307955872/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=900358389307955872' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/900358389307955872'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/900358389307955872'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2007/10/el-coleccionista.html' title='EL COLECCIONISTA'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-8537468306316324043</id><published>2007-09-21T15:16:00.001-07:00</published><updated>2007-09-21T15:16:52.403-07:00</updated><title type='text'>VOLAR CERCA DEL CIELO</title><content type='html'>VOLAR CERCA DEL CIELO&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por José Dávila Arellano&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tranquilo viajaba abordo de un avión y mi goce y paz interna, contrastaba con mi compañero de viaje quien era el  vivo retrato del hombre que le aterran  las alturas.&lt;br /&gt;En vano intentaba disimular la aprensión que atizaba la hoguera de su miedo. Ya revolvía las páginas de una revista sin leerlas; ya volteaba hacia atrás o hacia delante sin motivo que le impulsara; ya tomaba  el  instructivo  de la aeronave y repasaba una y otra vez las salidas de emergencia confirmando su existencia. Asimismo en escasas ocasiones se atrevía a mirar con recelo por la ventanilla, para de inmediato poner la mayor distancia posible entre ella y él.&lt;br /&gt;Al cabo de una hora, su infundado miedo ya me había puesto los pelos de punta y desconcentrado en la lectura del libro que siempre cuidaba de comprar en la sala de espera del aeropuerto para ser más ligera la travesía. El pasajero semejaba padecer un agudo ataque hemorroidal.&lt;br /&gt;Su contagiosa impaciencia empezó a impacientarme y estuve a punto de pedirle a la azafata tres tragos de tequila que permitieran  a mi acompañante relajarse. Sin embargo, me invadía el recelo de que no sería bienvenida mi sugerencia y pudiera derivar en una justificada protesta por invadir su intimidad.&lt;br /&gt;Tras otra hora de encendido recelo y apretarse y apretarse el cinturón de seguridad, empecé a compadecerme del sufrimiento que padecía, teniendo en cuenta que ni siquiera íbamos a la cuarta parte de nuestro itinerario. Así  pues, decidí  entablar un amable diálogo con él a fin de distraerle, pero resultó peor. Mis amistosas palabras de salutación recibieron un cortante desaire, tan filoso, que temía que se desatara un indeseable alboroto a bordo y me confundieran con un terrorista.&lt;br /&gt;Dadas las circunstancias, resignado cerré mi libro,  recline el asiento y dejé que el sordo ruido de los motores  me arrullara y consentí que mi mente se relajara recordando tiempos hermosos, tiempos idos.&lt;br /&gt;Desde niño los aviones siempre me despertaron una especial inquietud. No llegaba a comprender como podían levantarse de la tierra rumbo al azul del cielo. La verdad  es que nací con la curiosidad en una mano y la aventura en la otra; anhelaba indagar lo desconocido, me emocionaba desafiar el peligro. La adrenalina me sacudía el corazón; confrontar el riesgo  y vencer, me hacía vibrar. Y con la vista en las alturas, buscaba a los aeroplanos cuando oía el lejano rotar de sus motores.&lt;br /&gt;¡Volar, sí volar! Eso era lo que realmente deseaba. Quería estar más arriba de las nubes para ver el mundo empequeñecerse a mis pies. Cuando iba de excursión con mi padre  al peñón que se levantaba junto al aeropuerto de la ciudad, mi excitación era mayúscula: percibir a la distancia cómo los aviones de dos motores corrían veloces por la pista para ganar altura hasta diluirse en el infinito, me hacía temblar de pies a cabeza. Pero cuando me llevaba a la avenida de los Hangares, era otra cosa: se trataba que los gigantes voladores de aquella época pasaran justo arriba de mi cabeza. Entonces mi pasión se desbordaba como un volcán en erupción.&lt;br /&gt;En la banqueta de esa calle se apiñaban familias enteras con su inseparable pipiolera de escuincles. Rostros de gozo. Miradas invadidas de emoción, sonrisas colmadas de felicidad. Se trataba de uno de los pocos espectáculos gratis que en la inmensa metrópoli podían disfrutar los pobres. La indumentaria respondía a un tronco común: sombreros ruinosos, camisas remendadas, paliacates descoloridos, zapatos gastados.&lt;br /&gt;Ahí, pronto se organizaba una verbena popular; se vendían dulces, paletas, helados, refrescos, tacos de chicharrón con picosa salsa roja; jícamas, mangos y pepinos con limón y chile piquín, mientras se oteaba el horizonte con el afán de ser los primeros en descubrir el próximo aeroplano que aterrizaría en la pista de la terminal aérea.&lt;br /&gt;-¡Ahí viene un avión! – le advertía a papá.&lt;br /&gt;Allá, a la distancia, apenas un puntito negro luchaba por no diluirse en la inmensidad del techo del mundo. Fijaba mis ojos en el objetivo deseando arrancarlo de las alturas, al tiempo que percibía en mi interior extrañas emociones; algo me alborotaba el estómago, aceleraba los latidos del corazón, cortaba la respiración y  golpeaba la cabeza.&lt;br /&gt;-¡Papá, ahí viene, ahí viene papá! –gritaba alterado.&lt;br /&gt;La silueta del avión ya se dibujaba claro; la arrogante trompa, brillantes las alas, centelleantes los círculos de las hélices. Las ruedas se desprendían silenciosas al tiempo que empezaba a percibirse la estridencia de los motores. Lento y seguro era el descenso. Bastaban unos instantes para que la imponente máquina estuviera  a punto de sobrevolar por encima de mí.&lt;br /&gt;-¡Tápate los oídos! ¡Tápate! –gritaba mi  padre, mientras se aplastaba el sombrero sobre la cabeza.&lt;br /&gt;Sin embargo, erguido, retaba a la nave levantando los brazos en cruz. Aguardaba que el estrépito del pájaro de acero ensordeciera mis sentidos y el golpe del viento me sacudiera el cuerpo. En ese fugaz instante, experimentaba sensaciones incomparables; sentía transportarme a otra dimensión en donde vivía con delirante intensidad. Palpitaba de emoción y vibraba de felicidad. La calma empezaba a renacer cuando el avión, con majestad, descendía suave sobre la pista. “Voy a ser piloto aviador”, me juraba muy seguro de sí. Pero nunca lo fui…&lt;br /&gt;Muchos años después, por azares del destino, mi profesión de periodista me  brindó la oportunidad de volar en toda clase de aparatos. Desde un bimotor, hasta un jet de combate, pasando por los helicópteros, las avionetas, los jumbos y los planeadores. ¡Ay los planeadores! Estar suspendido a grandes alturas envuelto por las nubes y un silencio celestial, era como estar junto a Dios.&lt;br /&gt;Cuando me recuperé de aquella bella ensoñación, tomé el periódico que tenía  a la mano y  en la primera plana destacaba la dantesca fotografía de un jet destrozado en tierra, partido por la mitad, envuelto en llamas que desprendían densas columnas de humo. Cuando identifiqué las siglas impresas en el fuselaje, el miedo me paralizó.&lt;br /&gt;Era la aeronave en la que yo viajaba…&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-8537468306316324043?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/8537468306316324043/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=8537468306316324043' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/8537468306316324043'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/8537468306316324043'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2007/09/volar-cerca-del-cielo.html' title='VOLAR CERCA DEL CIELO'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-5575001719643375955</id><published>2007-08-31T16:16:00.000-07:00</published><updated>2007-08-31T16:18:13.884-07:00</updated><title type='text'>VIDA DE PERRO</title><content type='html'>VIDA DE PERRO&lt;br /&gt;Por José Dávila A.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Llevaba vida de perro, porque era un perro callejero.&lt;br /&gt;Nada que ver con la alta aristocracia de los dálmata, pointer, terrier, afgano, collie, chow-chow, labrador, pastor alemán, samoyedo y demás corte palaciega con pedigrí como acta de nacimiento. Menos aún terranova o San Bernardo. Vaya ni sabueso o de caza; guía de ciegos, escucha de sordos o rastreador de drogas. No, absolutamente nada de que presumir.&lt;br /&gt;Abandonado desde tierna edad, su imagen era dolorosa. Caminaba lento y sin rumbo en busca de un mendrugo que comer o de una charca en donde beber. A cada paso, sus omoplatos sobresalían sobre un escuálido lomo en donde se podía contar las vértebras, así como las costillas que semejaban teclas de piano viejo. Por supuesto, los dientes lucían amarillentos, la lengua de fuera y el rabo oculto entre las patas traseras. Su  estampa, pues,  era de triste derrota, a la que se añadían unos ojos lagañosos, el pelaje pulgoso, las orejas pobladas de garrapatas y sin duda alguna, lombriciento.&lt;br /&gt;En pocas palabras era un milagro viviente. Vaya, ni siquiera sabía que era el mejor amigo del hombre desde hace más o menos 14 mil años. Lo anterior lo afirmaban testimonios de arqueólogos que habían descubierto su imagen en pinturas rupestres o huesos caninos en un entierro persa correspondiente al siglo V antes de Cristo.&lt;br /&gt;Como consecuencia de  lo anterior, lo que menos le interesaba era su origen, si descendía del lobo, si estaba dotado para arrear ganado, arrastrar trineos o poseer el fino olfato de cazador. Él tan sólo deseaba comer y un rincón en donde se encontrara a salvo de maldiciones, golpes y patadas, que le propinaba ese espécimen inteligente llamado hombre. Si hubiera escuchado hablar del suicidio, no lo pensaría dos veces. Así de desgraciada era su vida.&lt;br /&gt;Sin embargo, un golpe de suerte se atravesó en su camino: topó con un viejo feliz. En la calle, dormía plácidamente sobre su costal de pepenador. Su rostro era el de un bendito. Su semblante tan sereno como el de un niño bien amado y  un atisbo de sonrisa a flor de labios. La pátina del tiempo que estaba hincada en su maraña de arrugas, hablaba de muchos ayeres de libertad.&lt;br /&gt;La crecida barba blanca iluminaba la tez cobriza quemada por los rayos del sol. Su cabeza reposaba sobre el brazo derecho; el izquierdo se mantenía inerte sobre el pecho. La respiración era profunda, tranquila. Para el anciano, nada ni nadie ni siquiera el ruido del tráfago urbano, turbaba  su tregua pactada con la vida.&lt;br /&gt;Descansaba ajeno a toda preocupación. ¿Qué podría sobresaltarle? Nada. No se afanaba por pagar impuestos. De hambre no tenía síntomas. De miedo tampoco. ¿Quién desearía sus atesoradas pertenencias? ¿Quién envidiaría su precario costal? ¿Quién osaría arrebatarle un apaleado sombrero de fieltro tan patrimonial como su propia edad? ¿Quién podría despojarle de un saco sucio, sin bolsas ni solapas, heredado en el vagar de sus años errantes? ¿Quién se atrevería a quitarle el pantalón remendado o los zapatos agobiados de aplanar tanto asfalto?&lt;br /&gt;El instinto del perro faldero no se equivocó.  Había encontrado a su protector: un hombre tan humilde como él, pero sin preocupación que nublara su vida. Por varios minutos lo observó con una mirada en donde cintilaba la nobleza. Sus ojos se convirtieron en dos esferitas de miel y sus orejas se pusieron en alto como un par de banderillas en todo lo alto en el  morro de un toro de lidia.&lt;br /&gt;Atento, empezó a mover su cola, al tiempo que comenzó a gemir bajo para despertarlo sin sobresaltos.  Cuando el anciano se avivó y le vio, adivinó todas las desgracias del animalito. Sin dejar de sonreír, de un bolso sacó un pedazo de pan y se lo ofreció. El perro, sin dudarlo, se acercó confiado y con admirable delicadeza atrapó el alimento con sus dientes. En un santiamén se lo devoró y movió con mayor ímpetu su cola.&lt;br /&gt;El viejo no lo dudó: le ofreció el resto del pan que había guardado para su cena y cuando el perro lo engulló, estiró su mano para acariciarle.  Después lo atrajo hacia él, lo arropó contra su pecho, le besó la cabeza y los dos se quedaron dormidos.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-5575001719643375955?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/5575001719643375955/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=5575001719643375955' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/5575001719643375955'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/5575001719643375955'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2007/08/vida-de-perro.html' title='VIDA DE PERRO'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-1027538168087216792</id><published>2007-08-27T16:33:00.000-07:00</published><updated>2007-08-27T16:34:26.166-07:00</updated><title type='text'>LA CITA</title><content type='html'>LA CITA&lt;br /&gt;Por José Dávila A.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Empecé a conocerla por internet...&lt;br /&gt;No, no se trata de la misma historia del “chat”. Nada parecido a ello. Todo lo contrario: ninguna intención de realizar compromisos virtuales, de intercambiar fotografías personales o de exponer pensamientos melosos con el propósito de vender una caricatura de mi verdadera imagen personal. Todo ello, con el fin de encontrar una pareja.&lt;br /&gt;No, nada de eso. Me niego a refugiarme en el anonimato para engatusar al “enemigo” consumiendo  horas, días y semanas, con el fin de  tener compañía.&lt;br /&gt;Si de algo no deseo saber nada es del amor.&lt;br /&gt;Tras repetidos y dolorosos desencuentros con el sexo opuesto, me convertí en un hombre solitario y guardé luto al extraviar el rumbo sentimental de mi vida. Nunca imaginé que así desembocaría mi destino, pero...&lt;br /&gt;Ahora lo que me consuela es cruzar algunos parlamentos frente a la pantalla del computador para hacer más llevadera mi soledad. ¿Quién me iba decir que en la última etapa de mi vida habría de culminar cruzando en corto algunas palabras de aliento con entes invisibles?&lt;br /&gt;Me gusta escribir y ahora me dicen que soy un “escritor”. Aún me sorprende el concepto.&lt;br /&gt;Me inicié en las trincheras del periodismo. Nada de escuelas ni cursos de comunicación social. A golpe cincel me fui forjando como fotógrafo, hasta que mi Director me hizo la proposición de que escribiera mis propios reportajes. ¿Escribir? ¡Jamás había pasado por mi mente! Sin embargo, en el yunque de su sabiduría me fue formando hasta el grado de colgar las cámaras y entregarme de lleno a la redacción.&lt;br /&gt;Años después, cuando una enfermedad de la que nunca podré deshacerme me atacó, pasé a formar parte del ejército de los pensionados. ¡Dios Santo! ¿Y ahora qué hacer? En aquellos tiempos de incertidumbre y frustración, un buen amigo me rescató del pozo de la incertidumbre al proponerme escribir cuentos, historias, vivencias. Entonces encontré un resquicio tras el cual fugarme del letargo que me consumía.&lt;br /&gt;Y sí, empecé a ensayar, a narrar, liberar la imaginación y resucitar personajes que habitaban en el camposanto de mi olvido. Entonces quise probarme exponiendo mi trabajo  en páginas web de escritores y evaluar los resultados. Para mi suerte me inserté en un nicho de colegas encadenados por el amor a las letras y con el exclusivo deseo de plasmar  y compartir su sensibilidad y pensamiento.&lt;br /&gt;Cuando prevalece el respeto no existe obstáculo que impida una relación de concordia y armonía derivado de la febril libertad de expresión, dejando tras de sí un testimonio de imaginación y creatividad.&lt;br /&gt;Fue entonces cuando empecé a conocerla. Me cautivó su nítida y elegante capacidad de escribir. Con el tiempo  nuestros comentarios empezaron a tejer un fino capullo de franca amistad, hasta empezar a conocernos con más apertura vía mail.&lt;br /&gt;Del trabajo, pasamos a saber de nuestras profesiones, inquietudes y metas, así como enterarnos de nuestras familias y preocupaciones. Poco después me sorprendió que me invitara a conocer su página web e incluirme como uno de sus escritores invitados, lo cual consideré un gran honor.&lt;br /&gt;Con el andar de tiempo, llegó el día en que por motivos de su profesión ella viajaba a mi ciudad y deseaba platicar conmigo. De golpe sentí una gran alegría. ¡Iba a conocer a una persona que admiraba tanto! Sin embargo, de inmediato me sacudió el miedo. Jamás le había contado que era una persona incapacitada, que el mal que cargaba en mis espaldas me había quebrado el cuerpo pero no el espíritu.&lt;br /&gt;Sin embargo, no podía dejar de conocerle. Mientras me dirigía a la cafetería en donde se celebraría nuestra reunión, poco a poco un pensamiento de inseguridad me iba doblegando la voluntad ¿Qué imagen le iba a causar mi presencia física?&lt;br /&gt;Con paso renqueante me fui acercando a su mesa, cuando ella levantó su mirada…&lt;br /&gt; Al verme sostenido de una andadera, adiviné en sus ojos un destello de desconcierto y su semblante se ensombreció.&lt;br /&gt;Incierto, detuve mi paso y escuché una vocecita de arrepentimiento en mi interior: “Lo sabías, lo sabías ¿no es cierto?”&lt;br /&gt;Entonces, sucedió.&lt;br /&gt;Lento, ella se levantó y con un suave ademán me invitó a sentarme a la mesa. Después, una brillante sonrisa iluminó su rostro y me dijo: “A ver cuentero, cuenta...”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-1027538168087216792?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/1027538168087216792/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=1027538168087216792' title='1 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/1027538168087216792'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/1027538168087216792'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2007/08/la-cita.html' title='LA CITA'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-9170967864470206496</id><published>2007-07-06T15:58:00.000-07:00</published><updated>2007-07-06T16:02:35.534-07:00</updated><title type='text'>AÑO 2050</title><content type='html'>AÑO 2050&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por José Dávila A.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El éxodo se ha iniciado...&lt;br /&gt;Por un laberinto de caminos desérticos, arrastran sus pies descalzos, diversas tribus  sedientas y desarrapadas en busca de un  rincón en dónde sobrevivir. En sus famélicos rostros se adivina la desesperanza y en sus ojos se nubla la promesa ante un  horizonte incierto. Hombres, mujeres, ancianos y niños, agigantan una peregrinación sin destino. Huérfanos de porvenir, ahora son espectros vivientes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Atrás, sus agrestes sierras, mesetas y hondonadas, quedan olvidadas. Mudos testigos de la desertificación. Humildes comunidades con dispersos caseríos  de madera y piedra son pueblos fantasmas, testimonio que en ellos habitaron muchas generaciones víctimas de la marginación. En algunos continentes las temperaturas rebasan los 50 grados centígrados, arrebatando la vida a miles y miles de seres humanos. La vida se ha convertido en un verdadero infierno.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En un pasado no muy lejano las recónditas tierras eran generosas. Los sabios antepasados, ante la indiferencia de una soberbia casta gubernamental,  no tuvieron más alternativa que escoger los más alejados terruños en donde asentar su existencia y proteger la especie. Con sabiduría entendieron los diferentes ciclos de la vida, los cambios climáticos y respetaron sus procesos evolutivos. Eran hombres que sabían valorar y respetar lo que provenía del medio ambiente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Y hoy...? El silencioso éxodo humano se extiende por todo el mundo. Son migraciones nómadas que no encuentran asiento en dónde establecerse, porque cada día son más reducidos los espacios de supervivencia. Es la maldición de los miserables, de las masas marginadas, de los olvidados. El rechazo, la expulsión, la negación, son los lazos comunes que les identifican.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-El calor está acabando con todo –dice resignado el patriarca que encabeza uno de tantos  destierros con rumbo desconocido-. Los ríos se secaron, los arroyuelos ahogaron su murmullo, las nubes se disolvieron y el bosque, la eterna sombra que nos cobijaba, ha desaparecido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El éxodo se ha iniciado...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La desgracia se expande como la peste. Ya no hay nada que comer. Ya no hay nada que beber. La gente muere, los animales mueren, la tierra muere, se endurece, se agrieta. Las sequías son cada vez son más prolongadas. Sin bosques no hay lluvia y si algún nubarrón extraviado descarga un ligero chubasco, éste se desboca por las pendientes  ante la ausencia de pastos, raíces o nichos que le absorban, porque todo se ha convertido en una lápida de piedra. Se desliza, corre y se pierde hasta evaporarse.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No sólo los desamparados vagan por los desolación; los animales huyen y las aves también se expatrían. Siempre lo han hecho; pero ahora jamás volverán a sus campos que se han trasmutado en agrestes eriales. Imitan a los humanos y recorren grandes distancias en busca de salvadores refugios  que les permita resguardar su ciclo de vida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Los halcones huyen a cimas más elevadas adonde aún no han llegado los insaciables taladores con sus siniestras cierras mecánicas, dejando tras de sí un cementerio de troncos mutilados. Los pulmones verdes de la Tierra, las grandes selvas, agonizan.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Mientras tanto, los emporios industriales continúan engullendo las escasas reservas de energéticos, agotan los pozos y contaminan indiscriminadamente el aire con sus emisiones de bióxido de carbón, así como emponzoñan cauces de aguas cristalinas en aguas negras. Inmutables, día tras día se perforan más hondo en los océanos en busca de tan vitales elementos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cierto... La humanidad a través de los siglos ha saqueado sin misericordia a un mundo pleno de riquezas. Y ahora, lacerado, mutilado, humillado, se rebela contra sus habitantes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es el precio del progreso: la economía contra el ambiente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Nadie nos escuchó – recuerda el patriarca con el semblante rígido y advierte con tono bronco-: Quienes ya no tenemos nada, buscamos compartir con aquellos que aún conservan algo.  Entonces, sin remedio, se entablará la lucha. Desde luego, vencerá el más fuerte en defensa de la última gota de agua. Finalmente nadie ganará. Sí, la muerte incitará la rebelión y llamará a la guerra por la subsistencia. Estimulará  la violencia, incendiará el odio, convocará el arrebato, invitará a la hambruna. Habrá hostilidad: hombre contra  hombre.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En efecto, la Parca, feliz, siempre insatisfecha, aúlla siniestra y danza repartiendo  guadañazos, arrebatando almas, soplando llamas de odio,  incendiando la razón y sembrando panteones de hambre y sed.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El calentamiento global al fin se impuso. Lo que hace 50 años era una seria advertencia, ahora es una realidad. Esta amenaza que desde principios de nuestro siglo advirtieron reconocidos científicos y altos funcionarios de las Naciones Unidas, fueron desechadas con arrogancia. Sin embargo, la profecía de los nuevos “Nostradamus”, se cumplió. Sin misericordia se devastó la naturaleza y ella, sabia, empezó a cobrar la factura ensañándose  con los más débiles. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El hombre, ciego de ambición ignoró  el mágico comportamiento de la biósfera.  Sus constantes manifestaciones fueron ignoradas; huracanes, tempestades, tornados, inundaciones, tsunamis, sequías catastróficas, flagelan por doquier. Cambios climáticos sin precedentes que empiezan a fracturar los casquetes polares que sin duda aumentaran los niveles del mar. Nunca bastó  la anunciación de tantos desastres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El costo del progreso cierne su peligro en el mundo y el conflicto de las civilizaciones está a la vuelta de la esquina. ¿Cuántos falta para estalle el caos? ¿Alcanzará el tiempo para recapacitar?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No hay respuesta. Nadie se atreve...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En tanto, el éxodo prosigue. Cientos de desplazados, miles de sedientas familias desarrapadas, arrastran sus pies por laberintos de caminos polvosos que quizá no conduzcan a ningún lado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Calentamiento global. ¿El inicio del fin?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Resignado, el patriarca, afirma: “Sí, todo está caliente, tan caliente que hasta el Sol suda”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El calentamiento global hace sudar hasta el Sol.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-9170967864470206496?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/9170967864470206496/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=9170967864470206496' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/9170967864470206496'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/9170967864470206496'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2007/07/ao-2050.html' title='AÑO 2050'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-3131126036252850973</id><published>2007-06-30T15:19:00.001-07:00</published><updated>2007-06-30T15:19:46.458-07:00</updated><title type='text'>LA CASA  DE LOS ESPEJOS</title><content type='html'>LA CASA DE LOS ESPEJOS&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por José Dávila A.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Daniel era todo un caballero... Así siempre se le distinguió, pero nada tenía que ver con Sir Lancelot. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hombre tranquilo, muy tranquilo; honrado, leal, respetuoso. Callado. Demasiado fiel, servicial, gentil y modesto. “Es toda nobleza, siempre cede y sólo piensa en complacer a los demás y nunca en satisfacer sus propios deseos. Es un  pobre idealista. ¡Vaya estúpido!” –se comentaba con desdén.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Arrastrado por su rectitud ofrecía amistad a quien la requería sin ser comprendida su desmedida generosidad. Daniel pertenecía a esa clase de ser humano en peligro de extinción que se quitaba el pan de la boca para dárselo al que más lo necesitaba. Asimismo, en varias ocasiones, se enamoró entregando sin condición sus más caros sentimientos; sin embargo, nunca fue correspondido y  se le reprobó porque “era demasiado complaciente e incapaz de tomar una decisión propia”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Tras los repetidos fracasos sentimentales, nació un gran vacío en su interior cerrándole el camino al amor y al aprecio personal. Buscaba en su interior y no encontraba huella de una inquietud, una  nueva pasión o un deseo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desconcertado, pensó que le habían robado el alma. Entonces se sintió desamparado; su corazón se había convertido en una piedra. La brutal soledad en que se encerró, le golpeaba con mayor fuerza y la desolación se convirtió en compañera de cabecera. A modo de recompensa, vivía con cierta serenidad: ya no padecía desengaños, recriminaciones, burlas o exigencias. Pero tampoco tenía con quien compartirse así mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Daniel estaba harto de culminar su jornada de trabajo bebiendo una copa  en la  barra de un bar, en donde la mayoría de la gente estaba en solitario concentrada en su bebida y sosteniendo entre sus dedos un humeante cigarrillo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces ideó rodearse de amigos que no fueran prisioneros de tan estresante comportamiento. Algo semejante a la clonación. Deseaba que  pensaran y se comportaran como él. Para ello, las paredes de cada una de las habitaciones de su casa las revistió de espejos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sí de espejos... El dispositivo más sencillo para manifestarse así mismo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, ninguno de ellos debería reflejar su imagen y semejanza. Tendrían que distorsionar su físico para sentirse rodeado de seres desiguales, de fantasmas vivientes.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Para ello mandó fabricar, a su capricho, una combinación de espejos cóncavos, convexos y concaconvexos de diversos espesores. De esta manera logró envolverse de figuras espectrales: hombres cabezones de cuerpo ondulado y piernas mochas; hombres más delgados que una caña con manos y pies tan largos como zancos;  altos de cabeza aplastada, brazos regordetes y vientre obeso; hombres narigones con cuello de avestruz y patas de pollo; hombres chaparros y melenudos con el rostro cuadrado soldada a los hombros y liadas las piernas al pecho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así, por doquier que deambulaba, platicaba con personas exóticas a quienes bautizaba a diario con nombres diferentes. Si por la mañana saludaba a Dámaso, por la tarde le llamaba Ambrosio y por la noche le identificaba como Alfredo. Igual acontecía con todos los demás. De esta forma, aumentaba el caudal de su agenda personal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En efecto, la casa de los espejos tenía un encanto mágico. El rol se había transformado. Ahora sus inquilinos le complacían a él.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin duda alguna, su estancia preferida era el pequeño estudio de trabajo. Parecía una antigua peluquería de barrio en donde la colocación de los espejos en los cuatro muros multiplicaba la imagen de los parroquianos. De esta manera, hacia cualquier pared que volteara podía dialogar con  la diversidad  infinita de un individuo diferente.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por otra parte, sala, comedor y cocina eran más discretos con relación a las reproducciones humanas, pero su recámara tenía un toque especial. Como en los hoteles de mala nota, dispuso un gran espejo en el techo; de esta manera se sentía eróticamente acompañado de la mujer siempre anhelada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Daniel creía haber dado en el clavo; se sentía aceptado y por tanto feliz.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con todos los huéspedes se llevaba de maravilla al intercambiar las mismas afinidades Si leía el periódico, obviamente los demás se conducían idéntico: hojeaban el mismo libro, escuchaban las mismas noticias, fumaban los mismos cigarros, degustaban los mismos alimentos, se distraían con la misma música y debatían sin contradicciones los mismos tópicos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Era asombroso. Nunca, pues, un desaire, una discusión... una despedida. Todos estaban de acuerdo; actuaban y pensaban igual. En el estudio, Daniel hablaba de política; en la sala de los principales sucesos que le daban la vuelta al mundo; en el comedor de la carestía de la vida, en la cocina del arte culinario, en la recámara jugueteaba sensualmente con palabras de doble sentido y en el baño, en donde existía el único espejo plano de la casa, enmudecía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando se veía sin máscaras ni deformaciones corporales, cuando topaba con sus facciones reales, huérfano del espejismo de su clan de monstruos, callaba; sus ojos lentamente se enrojecían  y daban paso franco a un llanto interminable..&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-3131126036252850973?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/3131126036252850973/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=3131126036252850973' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/3131126036252850973'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/3131126036252850973'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2007/06/la-casa-de-los-espejos.html' title='LA CASA  DE LOS ESPEJOS'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-6340942491012071470</id><published>2007-06-27T15:32:00.000-07:00</published><updated>2007-06-27T15:33:34.147-07:00</updated><title type='text'>LA RATA</title><content type='html'>LA RATA&lt;br /&gt;Por José Dávila Arellano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vive en el fondo de una alcantarilla en la esquina del parque de Santa Catalina. Come y duerme con las ratas. Se ha convertido en una rata; una rata humana más de la gran ciudad que roe la conciencia de hombres y mujeres para que accedan a darle una limosna.&lt;br /&gt;Se llama Inocencia. ¡Vaya contradicción de la vida! A los siete años de edad huyó de su casa, durmió una semana en una delegación de policía, después su vía crucis se extendió a un reformatorio y en la primera oportunidad que se le presentó desertó para disolverse  en el tumulto urbano, sumergiéndose en el interior de una coladera de desagüe de aguas negras, como lo hacen cientos de niños de la calle a lo largo y ancho de la metrópoli.&lt;br /&gt;-Sí, aprendí a explotar mi  huérfana condición de vida, miserable y rebelde –confiesa con un claro tono de desafío-. No me importa mentir, robar, suplicar, arrebatar y engañar con mis falsas lágrimas. Así me gano el sustento, porque a nadie le importa mi suerte; si vivo o muero, es igual. No tengo a nadie y nadie se interesa por mí. ¿Total qué? Dígamelo a los ojos: ¿A quién le importa mi vida? ¿A usted? No lo creo –me señala con desdén y a continuación me advierte con una mirada encendida-: Ni siquiera se atreva a mentirme. Se que usted es igual que todos y a cambio de unas monedas me está utilizando para escribir una historia para su revista y después irse muy satisfecho a cenar y dormir. Porque me va a pagar por contarle mi historia, ¿no es cierto?&lt;br /&gt;Con la vergüenza encendida en mi rostro, asiento. Ella, con semblante huraño, me previene: “No me mueva la cabeza, ¡dígamelo con palabras! ¡Sí o no!”&lt;br /&gt;Así me habla ella, con extrema rudeza, sin ingenuidad, y con la exigencia de una desesperada sobreviviente.  Consciente de su realidad y ahora con 12 años de edad, Inocencia, no hace honor a su nombre. Está viviendo la peor de las pesadillas y busca desquite. El odio la carcome y el hambre la violenta.  Sus ojos negros acusan, denuncian, recriminan. Buscan un culpable con quien desquitar su desventura. El rostro infantil, demacrado y sucio, devela el abandono del tiempo. El pelo enmarañado y mugriento, el vestido rasgado, los pies descalzos y los huesos  a flor de piel, la convierten en la viva imagen de un fantasma callejero.&lt;br /&gt;-¡Sí o no! –vuelve a repetir huraña sacándome del impacto que me ha causado su  condición humana.&lt;br /&gt;-Si... –respondo torpe y con recelo a su demanda.&lt;br /&gt;Tras mi respuesta, señala el fondo pestilente de la alcantarilla y dice con desconcertante naturalidad: “Ahí vivo desde que tenía siete años –afirma y con evidente sarcasmo revanchista, invita: ¿Quiere bajar? Ándele, le invito a pasar a mi casa; no a cualquier hombre le hago la invitación. Bájele a ver qué se siente allá abajo, en el infierno de las ratas”&lt;br /&gt;Me niego.&lt;br /&gt;-Ya lo sabía. Sólo se atreve el desesperado, el olvidado y el hambriento con  un rencor a la vida  de este tamañote. Usted no ha sufrido, no sabe lo que es sufrir, no sabe ni para dónde ir ni qué le espera al día siguiente. Seguro que tuvo a sus padres que le cuidaron desde chiquito.&lt;br /&gt;-¿Dónde están los tuyos? –le pregunto cauto.&lt;br /&gt;-¿Mi papá? No lo conozco; nunca lo conocí. Solo sé que desde chiquita mi mamá metía muchos hombres a la casa y me decía que era un amigo, un tío, un primo, un hermano, un cuñado, un padrino, y de mi papá nada. Con tanto pariente todos los días me mandaba a mi cuarto, hasta que un noche se dio cuenta que la espiaba y desde entonces empezó a pegarme y pegarme , amenazándome que me quemaría los ojos si volvía a espiarla.&lt;br /&gt;-¿Y...?&lt;br /&gt;-Ya no lo hice, pero algunos de esos hombres que metía mi mamá día y noche  venían bien borrachos y apenas me veían me gritaban y le pegaban a mi mamá diciéndole era una prostituta y yo no entendía. Lo supe cuando escuché a uno de ellos que mejor quería conmigo.  Yo no sabía qué era de eso de que querer conmigo, hasta que me llamó mi mamá y permitió que aquel hombre que apestaba a cigarro y  alcohol me acariciara las piernas y me prometió que no me iba a doler. Sentí rete feo, me dio asco y le solté una patada.&lt;br /&gt;-¿Y qué hizo tu mamá?&lt;br /&gt;-Nada. También estaba borracha&lt;br /&gt;-¿Y tú?&lt;br /&gt;-Me eché a correr para la calle y ellos se rieron. Al principio no entendía que le gustaba de mí a ese desgraciado, pero no pasó mucho tiempo para adivinarlo y  saber que lo que quería decir prostituta. Desde entonces vivo en la calle, la mejor escuela de la vida. Vivo de limosnas, le pido dinero a la gente y le invento que mi hermanito está muy enfermo o que se está muriendo. Ya parece que tengo un hermanito. ¡Ojalá así fuera! Quizá él sí me querría. Así pues vivo y la necesidad me obligó a rasguñar, a insultar,  a morder y patear a todo aquel que se atreve a meterse conmigo.  Agarro lo que encuentro a la mano: piedra o un palo. No me interesa si puedo romperles la cabeza.&lt;br /&gt;-¿No sientes miedo al dormir allá abajo?&lt;br /&gt;--¿Miedo? Sí, siempre siento mucho miedo; pero ¿adónde más puedo meterme?  Ahora como que ya me acostumbré a la oscuridad y  a la peste de los olores;  a veces duermo tranquila. En mi casa me golpeaban, en el  la delegación me golpeaban, y en el orfanato donde me mandaron también me golpeaban.&lt;br /&gt;-Me canse de tanto golpe y por eso a la primera oportunidad me escapé y busqué en dónde estar sin que nadie me viera hasta que encontré este agujero. Se acabaron los jalones, las cachetadas, las patadas, los jalones de pelo, las maldiciones y los cubetazos de agua helada. Aquí no tengo miedo de que me violen. A nadie le importa un carajo  mirar para abajo.  Este es otro mundo, es como estar en el fondo de un bote de basura sin que a nadie le importe. Ni siquiera a mi mamá, que ella sí sabe dónde vivo, pero nunca me visita. Mejor así porque no la quiero.&lt;br /&gt;Guardo silencio.&lt;br /&gt;-Soy una apestada  y ya no me importan las ratas que me rondan por las noches, porque soy una rata más. No soporto sus chillidos, porque entonces sí me da mucho miedo. Entonces les aviento unas migajas de pan y se quedan satisfechas.  A veces  se suben por mis piernas o por la espalda; yo me encojo y no me muevo. Que me den por muerta. Luego me dejan tranquila.&lt;br /&gt;-¿Y aquí siempre vas a vivir?&lt;br /&gt;-¿A dónde más? Está es mi casa; es lo único que tengo. En el barrio me respetan y no se meten conmigo y a nadie le pido lo que no quieran darme, aunque hay días que no pruebo alimento. Entonces me meto a mi hoyo a dormir y así se me olvida que tengo hambre.&lt;br /&gt;-¿Alguien sabe tu nombre?&lt;br /&gt;-No. Me conocen como “La Rata”. Así está mejor, porque me siento como un asqueroso animal.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-6340942491012071470?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/6340942491012071470/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=6340942491012071470' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/6340942491012071470'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/6340942491012071470'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2007/06/la-rata_27.html' title='LA RATA'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-4641806073856278628</id><published>2007-06-27T15:30:00.001-07:00</published><updated>2007-06-27T15:30:40.198-07:00</updated><title type='text'>LA RATA</title><content type='html'>LA RATA&lt;br /&gt;Por José Dávila Arellano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Vive en el fondo de una alcantarilla en la esquina del parque de Santa Catalina. Come y duerme con las ratas. Se ha convertido en una rata; una rata humana más de la gran ciudad que roe la conciencia de hombres y mujeres para que accedan a darle una limosna.&lt;br /&gt;Se llama Inocencia. ¡Vaya contradicción de la vida! A los siete años de edad huyó de su casa, durmió una semana en una delegación de policía, después su vía crucis se extendió a un reformatorio y en la primera oportunidad que se le presentó desertó para disolverse  en el tumulto urbano, sumergiéndose en el interior de una coladera de desagüe de aguas negras, como lo hacen cientos de niños de la calle a lo largo y ancho de la metrópoli.&lt;br /&gt;-Sí, aprendí a explotar mi  huérfana condición de vida, miserable y rebelde –confiesa con un claro tono de desafío-. No me importa mentir, robar, suplicar, arrebatar y engañar con mis falsas lágrimas. Así me gano el sustento, porque a nadie le importa mi suerte; si vivo o muero, es igual. No tengo a nadie y nadie se interesa por mí. ¿Total qué? Dígamelo a los ojos: ¿A quién le importa mi vida? ¿A usted? No lo creo –me señala con desdén y a continuación me advierte con una mirada encendida-: Ni siquiera se atreva a mentirme. Se que usted es igual que todos y a cambio de unas monedas me está utilizando para escribir una historia para su revista y después irse muy satisfecho a cenar y dormir. Porque me va a pagar por contarle mi historia, ¿no es cierto?&lt;br /&gt;Con la vergüenza encendida en mi rostro, asiento. Ella, con semblante huraño, me previene: “No me mueva la cabeza, ¡dígamelo con palabras! ¡Sí o no!”&lt;br /&gt;Así me habla ella, con extrema rudeza, sin ingenuidad, y con la exigencia de una desesperada sobreviviente.  Consciente de su realidad y ahora con 12 años de edad, Inocencia, no hace honor a su nombre. Está viviendo la peor de las pesadillas y busca desquite. El odio la carcome y el hambre la violenta.  Sus ojos negros acusan, denuncian, recriminan. Buscan un culpable con quien desquitar su desventura. El rostro infantil, demacrado y sucio, devela el abandono del tiempo. El pelo enmarañado y mugriento, el vestido rasgado, los pies descalzos y los huesos  a flor de piel, la convierten en la viva imagen de un fantasma callejero.&lt;br /&gt;-¡Sí o no! –vuelve a repetir huraña sacándome del impacto que me ha causado su  condición humana.&lt;br /&gt;-Si... –respondo torpe y con recelo a su demanda.&lt;br /&gt;Tras mi respuesta, señala el fondo pestilente de la alcantarilla y dice con desconcertante naturalidad: “Ahí vivo desde que tenía siete años –afirma y con evidente sarcasmo revanchista, invita: ¿Quiere bajar? Ándele, le invito a pasar a mi casa; no a cualquier hombre le hago la invitación. Bájele a ver qué se siente allá abajo, en el infierno de las ratas”&lt;br /&gt;Me niego.&lt;br /&gt;-Ya lo sabía. Sólo se atreve el desesperado, el olvidado y el hambriento con  un rencor a la vida  de este tamañote. Usted no ha sufrido, no sabe lo que es sufrir, no sabe ni para dónde ir ni qué le espera al día siguiente. Seguro que tuvo a sus padres que le cuidaron desde chiquito.&lt;br /&gt;-¿Dónde están los tuyos? –le pregunto cauto.&lt;br /&gt;-¿Mi papá? No lo conozco; nunca lo conocí. Solo sé que desde chiquita mi mamá metía muchos hombres a la casa y me decía que era un amigo, un tío, un primo, un hermano, un cuñado, un padrino, y de mi papá nada. Con tanto pariente todos los días me mandaba a mi cuarto, hasta que un noche se dio cuenta que la espiaba y desde entonces empezó a pegarme y pegarme , amenazándome que me quemaría los ojos si volvía a espiarla.&lt;br /&gt;-¿Y...?&lt;br /&gt;-Ya no lo hice, pero algunos de esos hombres que metía mi mamá día y noche  venían bien borrachos y apenas me veían me gritaban y le pegaban a mi mamá diciéndole era una prostituta y yo no entendía. Lo supe cuando escuché a uno de ellos que mejor quería conmigo.  Yo no sabía qué era de eso de que querer conmigo, hasta que me llamó mi mamá y permitió que aquel hombre que apestaba a cigarro y  alcohol me acariciara las piernas y me prometió que no me iba a doler. Sentí rete feo, me dio asco y le solté una patada.&lt;br /&gt;-¿Y qué hizo tu mamá?&lt;br /&gt;-Nada. También estaba borracha&lt;br /&gt;-¿Y tú?&lt;br /&gt;-Me eché a correr para la calle y ellos se rieron. Al principio no entendía que le gustaba de mí a ese desgraciado, pero no pasó mucho tiempo para adivinarlo y  saber que lo que quería decir prostituta. Desde entonces vivo en la calle, la mejor escuela de la vida. Vivo de limosnas, le pido dinero a la gente y le invento que mi hermanito está muy enfermo o que se está muriendo. Ya parece que tengo un hermanito. ¡Ojalá así fuera! Quizá él sí me querría. Así pues vivo y la necesidad me obligó a rasguñar, a insultar,  a morder y patear a todo aquel que se atreve a meterse conmigo.  Agarro lo que encuentro a la mano: piedra o un palo. No me interesa si puedo romperles la cabeza.&lt;br /&gt;-¿No sientes miedo al dormir allá abajo?&lt;br /&gt;--¿Miedo? Sí, siempre siento mucho miedo; pero ¿adónde más puedo meterme?  Ahora como que ya me acostumbré a la oscuridad y  a la peste de los olores;  a veces duermo tranquila. En mi casa me golpeaban, en el  la delegación me golpeaban, y en el orfanato donde me mandaron también me golpeaban.&lt;br /&gt;-Me canse de tanto golpe y por eso a la primera oportunidad me escapé y busqué en dónde estar sin que nadie me viera hasta que encontré este agujero. Se acabaron los jalones, las cachetadas, las patadas, los jalones de pelo, las maldiciones y los cubetazos de agua helada. Aquí no tengo miedo de que me violen. A nadie le importa un carajo  mirar para abajo.  Este es otro mundo, es como estar en el fondo de un bote de basura sin que a nadie le importe. Ni siquiera a mi mamá, que ella sí sabe dónde vivo, pero nunca me visita. Mejor así porque no la quiero.&lt;br /&gt;Guardo silencio.&lt;br /&gt;-Soy una apestada  y ya no me importan las ratas que me rondan por las noches, porque soy una rata más. No soporto sus chillidos, porque entonces sí me da mucho miedo. Entonces les aviento unas migajas de pan y se quedan satisfechas.  A veces  se suben por mis piernas o por la espalda; yo me encojo y no me muevo. Que me den por muerta. Luego me dejan tranquila.&lt;br /&gt;-¿Y aquí siempre vas a vivir?&lt;br /&gt;-¿A dónde más? Está es mi casa; es lo único que tengo. En el barrio me respetan y no se meten conmigo y a nadie le pido lo que no quieran darme, aunque hay días que no pruebo alimento. Entonces me meto a mi hoyo a dormir y así se me olvida que tengo hambre.&lt;br /&gt;-¿Alguien sabe tu nombre?&lt;br /&gt;-No. Me conocen como “La Rata”. Así está mejor, porque me siento como un asqueroso animal.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-4641806073856278628?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/4641806073856278628/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=4641806073856278628' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/4641806073856278628'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/4641806073856278628'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2007/06/la-rata.html' title='LA RATA'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-4955899711052686683</id><published>2007-06-19T16:48:00.000-07:00</published><updated>2007-06-19T16:49:06.954-07:00</updated><title type='text'>CULPABLE DE INFIDELIDAD</title><content type='html'>CULPABLE  DE INFIDELIDAD&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por José Dávila A.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Jamás lo dudé. Desde el primer momento en que te conocí adiviné que serías mi amante...&lt;br /&gt;Y fuiste más que eso: cómplice secreto, amiga incondicional, discreta confidente, acompañante de los silencios, refugio de la soledad, fuente de ilusiones, y confianza sin fronteras.  En pocas palabras eras mi alma gemela.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Lucías tan hermosa cuando mis ojos por vez primera se posaron en ti. Radiante, seductora,  vanidosa, orgullosa y muy segura de ti, presumiendo de una belleza ajena a todo maquillaje artificial. No lo necesitabas. Tu belleza era natural, tan luminosa y  nítida como  luna llena iluminando una selva tropical.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tu prestancia de inmediato me sedujo. Tu atuendo negro con ribetes plateados, te acentuaba la personalidad. Y no es porque estuvieras de luto, sino bien sabías que en la sencillez se incuba la semilla de la elegancia. Y eso me enloqueció.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tenías ese porte misterioso que inspiraba seguridad, confianza, nobleza y sacrificio. Tu cuerpo esbelto, bien formado, de provocativas líneas, se tornaba irresistible. Y tu voz, tu dulce canto y melodía, me hablaba de mil promesas y desafíos, de encuentros y desencuentros, de repetidas sorpresas e interminables remansos en donde sólo el silencio nos identificaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando te descubrí, las amigas que te acompañaban se morían de celos a tu lado, mientras mis ojos, lenta, sensualmente te recorrían de pies a cabeza. No existía otro espacio en dónde posar la mirada.  Pronto, en mi corazón nació ese sentimiento de felicidad  que de un marrazo te sacude el alma. Jamás temí acercarme a ti. Nunca vacilé en confesarte mi admiración, admiración que de pronto se tornó en ternura y después en amor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora te lo descubro: desde el primer segundo confié en ti sin temor a una traición. Bien lo sabes; sin dudar te regalé los sentimientos más profundos de mi alma que jamás persona  alguna conocía. Y sí, lo sé, en un principio te sorprendiste que yo, como buen guerrero, entregara mis armas a quien le había vencido tan sólo con su presencia. Después vislumbraste mi verdad y decidimos marchar juntos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¡Ay amor, cuánto te amaba! No podía tocar otro cuerpo que no fuera el tuyo. Tú eras el universo infinito.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cierto, vivimos tiempos de armonía, desesperos, confrontaciones, derrotas y victorias. No importaba que el amanecer nos sorprendiera después de una larga noche de diálogo inagotable. Juntos, los débiles rayos del sol nos devolvía la esperanza de vivir otro día aún más intenso que el anterior. Sin desmayo, decidida, combatiste a mi lado en busca de la solución acertada. Jamás olvidaré que me iniciaste en un nuevo lenguaje y atenuabas mi ignorancia con tu infinito bagaje de conocimiento. Siempre te mantuviste atenta a encontrar la salida a los laberintos en donde se extraviaba mi imaginación. Nuestra convivencia fue única. Nunca un reproche, jamás un disgusto, menos aún el arrepentimiento.¿Recuerdas cómo disfrutábamos navegar juntos por mares desconocidos?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Y cuando más feliz era, empezaste a enfermar, a desmayar; se te escapaba el brío, lentas eran tus respuestas, tu semblante sufría repentinas sacudidas. ¡Demonios! ¿Qué te sucedía? Empezamos a recorrer un arduo camino de inútiles consultas, sin encontrar el antídoto a los males que persistían. Todos los remedios, las vacunas que la ciencia conocía te fueron administrados sin resultado alguno. El dictamen final fue escalofriante:  tu cuerpo estaba invadido por virus y gusanos desconocidos. Tu estado físico estaba en fase terminal... Así, lentamente, te fuiste apagando como un pabilo a los pies de un altar de iglesia. Y ahí estaba a tu lado, impotente, amarrando las lágrimas y derrotado por la tristeza. Mi alma gemela, irremediablemente, se escapaba lánguida.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Desconsolado te dejé descansar al tiempo que tu voz se convertía en un susurro. Velaba junto a ti sin atreverme a tocarte para no inquietar tu espíritu rebelde. Tan sólo diálogos sin voz. Necesitabas reposo, tranquilidad y respeto. Es por ello que me negué a un trasplante, a la mutilación de tu cuerpo como una última posibilidad de salvar algo tuyo que siguiera acompañándome en mi camino. No mi amor, no podía consentirlo, porque te sigo amando tal cual eres.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, antes que dejes de escucharme te juro que jamás te abandonaré. Siempre permanecerás a mi lado. No obstante, tengo que ser honesto, porque jamás nos mentimos. Difícil es hacerte esta cruel confesión: Ya tengo otra amante. No, no tan perfecta como tú. Eso sería imposible. Ni su pantalla, ni su cerebro, ni su teclado, se asemejan a ti. ¡Nunca podrán! Por favor, no me rechaces, compréndeme. Necesitaba de ella, porque sin una dirección de e mail no existo en este mundo...&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-4955899711052686683?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/4955899711052686683/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=4955899711052686683' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/4955899711052686683'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/4955899711052686683'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2007/06/culpable-de-infidelidad.html' title='CULPABLE DE INFIDELIDAD'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-5896995708752767991</id><published>2007-06-19T16:42:00.000-07:00</published><updated>2007-06-19T16:46:51.012-07:00</updated><title type='text'>CONSULTORIA EMPRESARIAL</title><content type='html'>CONSULTORIA EMPRESARIAL&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por José Dávila Arellano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No robo ni asesino ni torturo ni acoso a mis víctimas. Detesto a los pederastas, rechazo a los narcotraficantes, abomino a los pandilleros y asesinos, condeno a los violadores, repruebo a los mercaderes de la pornografía y a los funcionarios corruptos en el poder. Sin embargo, soy un delincuente de cuello blanco; es decir, de traje, corbata y zapato de charol.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los conozco a todos y nadie me conoce a mí. Mi trabajo es aseado, discreto  y eficaz. No hablo ni señalo.  Sin embargo, sé cuándo ganar y cuándo claudicar. Por otra parte me limito a respetar el código de honor no escrito del malhechor: cada quien carga con la responsabilidad de su fechoría.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;¿Cuál es mi especialización? El secuestro...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En efecto, me dedico a secuestrar personalidades de la alta sociedad: Políticos, gobernantes, banqueros, empresarios, abogados y todo aquel que pertenezca a la fauna corrupta que se enriquece y ampara en la impunidad. Ellos son  mi objetivo fundamental porque son los que saquean al país. A los honestos les dejo en paz. Así es de sencillo y garantizo un operativo profesional. Juego limpio: no corto dedos ni orejas. Nada tan prosaico como la violencia,  vulgares tiroteos callejeros o consabidas  emboscadas con automóviles blindados y armas de alto poder.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Tampoco filmo videos de los cautivos ni hostigo a sus familias. Por el contrario, les concedo todas las facilidades. La clave es cuestión de resistencia. En este juego, el que se desespera, pierde.&lt;br /&gt;Mis operaciones las realizó a través de un despacho de Consultoría Empresarial, fachada ideal para investigar minuciosamente los candidatos a privar de su libertad. El trabajo que desarrollo es tan meticuloso que llego a saber más de sus vidas que ellos mismos. Para tal objeto, cuento con las fuentes necesarias que me brindan protección y proporcionan información privilegiada. ¡Ay, cuántos pecadillos se llegan a descubrir!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En poco tiempo, del secuestro he hecho una industria exitosa. La última auditoria arrojó un considerable incremento en las fuentes de ocupación, al igual que se comportan a la alza sus activos fijos y se multiplican las sucursales en las principales ciudades del país. Como la expansión es inevitable y el capital de trabajo continúa en asenso, quizá en dos años más venda acciones en la Bolsa de Valores.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El personal de la “Firma” es altamente capacitado, porque es diplomado de carrera. De veras, no miento. Culminó  con eficiencia estudios en  medicina, leyes, física, ciencias,  arquitectura, economía, ingeniería cibernética, filosofía y letras, entre otras. Sin embargo,  al salir a la calle, gracias al sistema macroeconómico y globalizador que nos gobierna, la única posibilidad de empleo decente que encontró a su alcance fue de taxista o vendedor ambulante. ¿Tanto quebradero de cabeza para nada? ¿Poseer un título para emigrar al extranjero como ilegal? Lo mismo me aconteció a mí. ¡No señor, no es justo! Ante la descomunal frustración, derrotado por la impotencia, decidí asociar a mis compañeros de generación para cobrar revancha contra la cínica práctica del influyentismo oficial y privado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahora, doctorados en la práctica del secuestro,  todavía no tenemos competidor similar. Las ganancias son sustanciales. No me quejo; pero las normas a observar corresponden a vivir con decencia y humildad, evitar la ostentación de riqueza y poder, impedir conductas de soberbia y mantener un alto nivel de cautela. Así pues, nadie sospecha nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Los secuestros se registran con cita previa en casas de seguridad, en donde se invita al posible candidato a participar en un irresistible negocio difícil de rechazar. Atraído por su ambición de incrementar dolosamente su riqueza, lo que encuentra sobre una austera mesa de roble con un gran florero rebosante de flores, es un sobre personal  cuyo contenido enlista con lujo de detalles todas sus trapacerías financieras, evasiones de impuestos, lavado de dinero y aventuras extra maritales. Por lo tanto se le invita a enclaustrarse voluntariamente y exhortar a su familia  a liquidar el costoso rescate que le ha sido  tasado. En el ínterin, nos responsabilizamos de administrar la buena marcha de sus negocios. Si hace caso omiso y da media vuelta, está advertido que la susodicha pesquisa de inmediato se cursará a todos los medios de información.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por supuesto que se trata de un chantaje, pero un chantaje sugerente, fino, elegante y calculador, exento de gritos, amenazas y ejecuciones violentas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Privar de su libertad a un individuo es incuestionable que debe ser traumático. ¿Entonces por qué no hacer placentera su estadía? Hasta ahora, nadie ha despreciado el hospedaje que le brindo y me evito el mal gusto de  contar con vigilantes encapuchados con pasamontañas.&lt;br /&gt;Las casas de seguridad de la Consultoría no son infectas pocilgas; no, nada de eso. Son palacetes de cinco estrellas que garantizan todas las comodidades, hasta el aire acondicionado. Los ventanales no existen por lógicas razones: son virtuales y ofrecen cambiantes paisajes: desde un bosque, hasta un mar calmo, pasando por montañas nevadas y verdes praderas. El prisionero goza de plena libertad y puede deambular por donde mejor le plazca. Por ejemplo: el dormitorio está generosamente alfombrado, con una cama king size y una discreta iluminación que invita al relajamiento espiritual acompañado de música new age. Por supuesto las piyamas son  de importación. El baño es de mármol de Carrara: jacuzzi, con sales aromáticas, sauna y regadera a presión; en una discreta repisa  siempre está dispuesta una botella de buen champan francés y un par de copas de Murano; también posee un espejo monumental, así como batas y toallas de lino y algodón. El gimnasio es vital para conservarse en forma y está equipado con sofisticados aparatos multiusos. En el comedor encontrará las viandas que previamente elige del menú que cada 24 horas se pone a su disposición. Por último, en la sala está disponible una colección de libros clásicos, mesa de billar, televisión de plasma, bar con las más exclusivas bebidas, video games, revistas ( el Playboy está censurado a fin de no estimular conductas improcedentes) y un escritorio en donde puede enviar a sus familiares las cartas que considere necesarias, previa censura de mi parte. Los celulares están prohibidos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por lo anterior descrito, es obvio que nunca lo inmovilizo o le vendo los ojos. Controló sus movimientos por medio de un circuito cerrado de cámaras digitales de alta tecnología y el mantenimiento de los aposentos se realiza con extremo sigilo cuando se encuentra acurrucado en los brazos de Morfeo. Nunca tendrá oportunidad de conocernos. Nunca verá rostro alguno.&lt;br /&gt;Para sorpresa mía, la atención es tan esmerada que se han dado el caso de que el  sujeto raptado ya no quiere regresar a su hogar, pese a que se ha liquidado a satisfacción  la respectiva recompensa. Ruega y hasta llora por continuar en tan maravilloso cautiverio, dado que se ha cumplido con el compromiso de mantener sus negocios al resguardo de buen puerto y no tiene que lidiar con los caprichitos de la esposa, los celos de la suegra y los berridos de los hijos. Entonces, por excepción se le conceden dos semanas más de gracia y después ¡lo echo a la calle! Desde luego se observan los buenos modales. Así como  desapareció sin dejar huella,  graciosamente reaparece en la vía pública bien vestido, rasurado y bañado. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por otra parte, en ocasiones me enfrento a un difícil dilema: La familia en turno me  ofrece el doble del rescate con la condición que lo retenga indefinidamente. Incluso se obliga a depositar generosas donaciones para tal efecto. Ante la frecuencia de tan reiterativas apelaciones, en nuestra próxima sesión de Consejo se estudiará seriamente la posibilidad de crear la Fundación del Secuestrado.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hasta aquí, tal es el sutil engranaje que respalda una productiva actividad que lava mis delitos y calma el remordimiento de conciencia. En efecto, confieso ser un secuestrador de alta escuela, complaciente, amable, decente, y sobretodo preocupado por el bienestar de mis prisioneros temporales. &lt;br /&gt;&lt;br /&gt;No obstante, en los últimos tiempos, ante el preocupante aumento del índice de inseguridad en el país, me seduce  la posibilidad de impartir una maestría sobre el buen secuestro a fin de extirpar del negocio a las bandas de analfabetas criminales que actúan con brutal desaseo. ¡Ay de mí!, es tan sólo una quimera... Quizá cuando los tiempos mejoren y los delincuentes sin escrúpulos se encuentren en vías de extinción, me proponga escribir un libro sobre este espinoso tema. Por ahora,  estoy convencido que tales pretensiones echarían a perder un negocio perfecto...&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-5896995708752767991?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/5896995708752767991/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=5896995708752767991' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/5896995708752767991'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/5896995708752767991'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2007/06/consultoria-empresarial.html' title='CONSULTORIA EMPRESARIAL'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-7169640728525659910</id><published>2007-06-19T16:36:00.000-07:00</published><updated>2007-06-19T16:38:21.363-07:00</updated><title type='text'>EL TEMPORAL</title><content type='html'>EL TEMPORAL&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por José Dávila A.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Va haber hambre, si señor...&lt;br /&gt;Don Eustaquio, con el desconsuelo y la resignación enganchados en su rostro enjuto, observa la desolación que le rodea. Encorvado por su vejez, con los brazos caídos,  una camisa raída y un sucio pantalón de manta arremangado hasta las rodillas, mira con impotencia su corral. La tormenta todo lo devastó; casa,  siembra, plantas y árboles, yacen ahogados en un lodazal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ni cómo hacerle cuando el agua se lo lleva todo –dice con voz  trémula de  impotencia, que se niega a la resignación y le quiebra el espíritu. Sus manos nerviosas y huesudas  dan vueltas y vueltas al ala destejida de un viejo sombrero de palma. El sombrero de toda una vida, el sombrero que con orgullo portaba su padre al abrir surcos en la tierra generosa; el sombrero que recibió como único legado al quedarse huérfano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Ónde quedaron mis gallinitas? ¿Ónde mis conejos y mis  patos? ¡Santa María, ni los palomos se salvaron! Todo voló, señor: voló el techo de mi choza, voló el colchón, voló el anafre, voló la cobija, voló  mi única silla,  voló hasta el cuadro de la Virgen del Sagrado Corazón. Y si yo no volé fue porque me metí en medio de mis dos bueyes; animales fieles, sí señor. Me agarré de sus pescuezos y nada más mugían con los ojos saltados de miedo y  las patas atrancadas en la tierra para no aplastarme. Fieles mis dos animales. A ellos les debo que ahora este aquí, enraizado en el lodo, viendo que ya no tengo nada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Ni siquiera un poquito de algo...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Apenas se había iniciado el calendario meteorológico de huracanes junio-noviembre y la primera tormenta tropical no dudó en abrir fuego, hiriendo la costa de Chiapas. Sus coléricas y silbantes rachas de viento arrasaron con rancherías, árboles y torres de conducción eléctrica. De un cielo sombrío, amenazante, se desplomaron rabiosas cortinas de agua ahogando siembras, pudriendo platanares, desbordando cauces y arroyos, inundando humildes poblados y dejando indefensas a puñados de familias. Tras su violento paso dejó como herencia un silencioso desamparo. Cuando por fin en las alturas renació un pálido sol, en la tierra todo estaba hecho un pantanal.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Eustaquio es hombre solo. Hace cinco años murió su mujer. Después, sus  cuatro hijos, cada cual a su tiempo, se fueron siguiendo las vías del ferrocarril huyendo de la miseria del campo y con la esperanza anidada en el corazón de encontrar una vida mejor. Uno a uno, año tras año, se despidió, hasta dejarlo solo. Y Eustaquio, uno tras uno, les dio su bendición.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una cruz de madera, se convirtió en su única compañera. Ahora, quebrada por la mitad, naufraga en el barrizal que vela el lugar en donde yace la esposa amada.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sólo me consuela que ellos ya no están; que se salvaron. Ya no tengo nada, señor. ¿Entiende? Ni siquiera un poquito de algo. Mi choza está partida en dos, como mi misma espalda. ¿Entonces ya pa´qué tanta preocupación? ¿De qué sirvió tanto sudor? Miré mis plantitas de plátano, podridas de agua. Ni asomo de una mazorca, ni asomo del poquito cacao que me animé a sembrar. ¿Y ora de qué me alimento? ¿De sueños...?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Qué si no fui avisado? ¿Y cómo hacerle pa´adivinar si ni radio tengo? En esta tierra de Dios nadie se acuerda que aquí vive Eustaquio, desde que era así de chiquito. Mire pa’ todos lados. Ni loma ni monte que remontar. Menos carretera que andar. Entos  ¿pa´ónde hacerse cuando le pega el temporal? Doy gracias que todavía estoy vivo, sí, gracias a mis dos bueyes. ¿Qué si los sacrifico? ¡Ni lo quiera Dios, señor! Es todo lo que me restó. Mejor le rezo al Santísimo y él dirá.&lt;br /&gt;Lo demás está bien jodido y va haber hambre, eso que ni qué.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Y apenas empezamos. Qué lejos se ve noviembre, señor...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-7169640728525659910?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/7169640728525659910/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=7169640728525659910' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/7169640728525659910'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/7169640728525659910'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2007/06/el-temporal.html' title='EL TEMPORAL'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-1133787643128884545</id><published>2007-06-19T16:32:00.001-07:00</published><updated>2007-06-19T16:32:54.047-07:00</updated><title type='text'>LA PEÑA VOLADA</title><content type='html'>LA PEÑA VOLADA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por José Dávila A.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Don Mario Pinto hacía sumas con los dedos de sus manos y al poco rato no le alcanzaba la memoria para retener tanto número.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando llegaba por los cincuentas o sesentas, dudada si eran setentas y con admirable paciencia volvía a empezar la cuenta.  Así una y otra vez,  prisionero de su parsimoniosa terquedad, los frecuentes  fracasos se centraban finalmente en no estar al corriente de su edad.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hacía mucho tiempo en que no reparaba en los días andados a lo largo de su vida y resolvió que era hora de saberlo. Desgraciadamente, le fallaba la puntería...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt; Que ya estaba viejo, lo estaba. Que seguía fuerte y sano, lo estaba. Que estaba cierto que era el único que vivía en su pequeño rancho, no lo dudaba.  Que sus vecinos y amigos habían partido a mejor vida, ni titubeo tenía.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;“¿Entonces?”- se preguntaba  en cada nuevo amanecer y tras finalizar sus tareas de campo, volvía a barajar sus dedos hasta el momento de refrendarse la confusión.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Cuando la noche se le venía encima, se desprendía de su sombrero para que su rostro marchito lo iluminara la Luna y entonces preguntarle  con devoción si vería el Sol del siguiente amanecer, sin atinar la fecha de su cumpleaños.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En su rancho de la Peña Volada, privaba un silencio eterno. A golpe de vista era una colmena de viviendas, establos y trojes con antigua acta de defunción. Unas sin techo, otras sin puertas, la mayoría sin ventanas como cuencas sin ojos y las más  vetustas sólo con algunos decadentes muros en pie resueltos a no morir.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La Peña Volada se había convertido en una arruinada propiedad  y Don Mario era el único fantasma que la habitaba. Sí, un fantasma que vagaba por sus cuatro puntos cardinales buscando tareas que terminar. No le faltaba el puñado de maíz, frijol, arroz, papa, y chile,  así como raciones de  camote, pepino, acelga, el jitomate,  lechuga  y calabazas que cosechaba en el huerto, ni aún menos los huevos fritos que cada mañana desayunaba. Además, en su mesa nunca faltaba  una manzana, una pera o un plátano.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Si deseaba carne, salía con su vieja escopeta de doble cañón al hombro, y regresaba con una tercia de conejos y un racimo de codornices colgando del mecate que le servía de cinturón.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, el anciano no se sentía solo. Tenía amigos con los cuales dialogar: gallinas ponedoras, un burro, un perro sarnoso y  dos mulos: uno tan añoso como él y el otro más joven, pero más remolón. Ambos eran la mar de mañosos: les gustaba el forraje, pero sufrían de migraña cuando tenían que jalar el arado para abrir nuevos surcos. No obstante, con resignación se doblegaban a la férrea voluntad de su amo que lejos estaba de arrastrar los pies.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Así transcurría la vida cotidiana de Don Mario, cuando un día al retornar  de sus faenas campiranas, en su casa le esperaba un hombre alto,  joven y bien trajeado. Sorprendido y deslumbrado no atinaba bien a bien en reconocer al visitante, hasta que preguntó dubitativo: “¿Eres tú Miguel?”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al recibir afirmación, Mario Pinto descubrió que tenía guardadas muchas lágrimas. El abrazo fue  sostenido y cálido sin que mediara una sola palabra. Cuando la emoción reencontró su cauce, Miguel le advirtió. “Padre, vengo por usted”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Don Mario clavó su interrogante mirada en la de su hijo sin poder comprender aquellas palabras.  Contó con sus dedos hasta diez y respondió incrédulo: “¿Por qué?”&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Porque usted ya está viejo y...&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Viejos los cerros y todavía reverdecen! – respondió airado el ranchero.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No se enoje padre. Entienda: no es bueno que viva tan solo.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Grande, si tan sólo tengo...? –respondió indeciso  Mario Pinto y de inmediato empezó a recontar con sus dedos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Miguel  con ternura le tomó las manos interrumpiendo una suma que no arrojaría un resultado cierto y con voz convincente le dijo. “Usted tiene 83 años”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Tantos? –respondió Don Miguel con el azoro desbordado en su cara.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Sí padre. Además aquí corre peligro. Estas tierras ya son territorio de bandas de narcotraficantes y no tardarán en venir a quitárselas.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Jamás podrán!&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Padre, por favor, piénselo: conmigo vivirá seguro en la ciudad. Ya es hora que descanse; además estás tierras ya rindieron, son estériles.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¡Ni lo pienses! –contestó airado Don Miguel-. Hoy más que nunca rendirán su mejor cosecha.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Padre, por favor.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Te digo verdad, ya que sabes que no miento. Será una gran cosecha porque las he abonado muy bien.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Abono? ¿Con qué clase de abono padre, si carece de dinero para comprarlo? –preguntó con extrañeza Miguel.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Su padre, interrumpió el conteo con los dedos de su mano  y resumió:&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Con qué abono? ¡Pues con las cenizas de los cuerpos de los cinco narcos que vinieron el mes pasado a querer plantar mariguana en mi milpa! –al tiempo que fijó la  mirada en su inseparable escopeta y  después sonrió  dejando al descubierto  una  dentadura desbaratada-&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-1133787643128884545?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/1133787643128884545/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=1133787643128884545' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/1133787643128884545'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/1133787643128884545'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2007/06/la-pea-volada.html' title='LA PEÑA VOLADA'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-8848305532459477794</id><published>2007-05-13T09:45:00.000-07:00</published><updated>2007-05-13T09:51:30.440-07:00</updated><title type='text'>DON HILARIO</title><content type='html'>DON HILARIO&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por José Davila&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Decían que estaba viejo, que ya no servía para nada, que estaba loco.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sin embargo, don Hilario hacía oídos sordos a quienes criticaban su férrea determinación de no abandonar el pedazo de ejido que le heredaron sus padres, ahora convertido en un yermo ayuno de esperanza. “Ya vendrán tiempos mejores”, se decía convencido de que un día todo sería distinto, y al mismo tiempo convencido de que inútilmente se engañaba. Sin embargo, estaba cierto que claudicar era tanto como traicionar el trabajo febril que por generaciones  invirtieron sus antepasados para cosechar el pan de cada día.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Con más de ocho décadas encima, todavía rezumaba esa dignidad que solo el tiempo concede a los hombres buenos. Caminaba despacio y tan recto como su propia integridad. El rostro moreno, anguloso, enjuto y con arrugas que semejaban cuarteaduras en tierra árida, dejaba al descubierto unos pómulos  salientes y unos ojillos que se hundían en sus cuencas pero que aún miraban como un lince al acecho.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Antes de cada amanecer ya recorría sus “haciendas” huérfanas de lluvia y miraba con tristeza como la milpa antes generosa, ahora crecía endeble y enferma. “Tienen tanta hambre y sed como yo”, pensaba con tristeza.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De cumplirse la cosecha sería magra y los escasos granos servirían para un precario sustento y de alimento para el puerquito, su último anhelo de que creciera y engordara lo suficiente para poder venderlo en el mercado y entonces comprar para su nieto unos guaraches nuevos, una camisa y un pantalón blancos para que hiciera su primera comunión ante Dios nuestro Señor. En cada ocasión que aquella expectativa cruzaba por su mente, se persignaba con infinita devoción.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Pese a la adversidad que aquejaba a su parcela, se comportaba sereno, inmutable, dueño de su entorno. Nadie podía arrancarlo de ahí; no existía razón, verdad o mentira, que le hiciera abandonar el terruño. Estaba aferrado a él porque nunca conoció otros linderos que la vida le escamoteó. Ahí nació, creció y trabajó como bestia de carga arrastrando el arado para que su padre abriera nuevos surcos. Entonces la vida les era generosa y con la cosecha podían vivir; pobres, pero podían vivir sin lamentos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Aquel mundo era diferente. Las cuatro estaciones del año se presentaban y ausentaban fieles a su cita con el calendario. Ahora todo había cambiado. El clima se había convertido en un endemoniado acertijo: a veces tormentoso, a veces calmo, otras tantas demasiado frío o transformado en un infierno. Sembrar y calcular la siega, era como echar una moneda al aire.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;A la muerte de sus padres  se arrejuntó con su mujer, María Adolfa,  porque no tuvo dinero para el casorio, y procrearon dos hijas: María y después Cristina, cuyo sufrido alumbramiento hurtó la vida materna.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;La  parca, insatisfecha, seguía golpeando a Hilario. María falleció a los seis años y Cristina,  cuando alcanzó los 15, se fue para el pueblo de los Ahuehuetes a la lavar ropa ajena y poco después regresó solitaria con el vientre crecido.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Hilario no se quejó ni  regañó. Resignado, la protegió y pensó que la vida arrebataba pero  también regalaba. Ya había perdido muchas veces y ahora pronto tendría un nuevo retoño: nieto o nieta, lo mismo daba. “El Señor decidirá” –razonaba.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Difíciles tiempos enfrentaron. Los chaparrones regateaban su presencia y ante las sequías el viento levantaba espirales de polvo que desaparecían en las alturas. Sin embargo, él y su hija ya panzona, seguían cuidando ruinosos canalillos, deshierbando, removiendo, hablándoles bonito para que rindieran sus ansiados frutos.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-¿Cómo ve, padre, se dará el maicito? –preguntaba incierta María.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Entonces, Hilario, fijando la mirada en el cielo, repetía una y otra vez: “Hija el  temor a perder  siempre regatea el deseo de ganar. Jamás olvides que eres el árbol de tu vida que pronto habrá de florecer. Comprendes para qué vives, ¿no es cierto? Ya verás;  todo saldrá bien porque estamos bajo el manto del Todopoderoso.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Al tiempo que las mazorcas empezaban a madurar llegó el nieto tan esperado. Sin dudarlo, María, en la soledad del campo, echándole unas gotas de agua en la cabecita, le bautizó como Marcelino Hilario. Cuando las cosas empeoraron y en el jacal se respiraba miseria, su padre le advirtió: “Tienes que irte con tu hijo a  encontrar mejores aires. Llévatelo  y también al puerquito”.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-No padre, yo a “usté” no lo dejó –pronunció con angustia la mujer.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Hija mía, vivir por vivir apaga los sentidos y  debes vivir para Marcelino Hilarito.  Por estos rumbos los milagros escasean y ni remedio. Allá, en Los Ahuehuetes o en la Hondonada de las Cuatro Palmas, más pronto que tarde tu hijo hará su primera comunión y  ya no regresarán.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Y “usté” padre, ¿qué va a hacer?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Para ustedes aquí no habrá ilusión. En estas tierritas están enterrados demasiados huesos familiares, huesos que son toda mi herencia. ¿Comprendes? Así pues, deseo que los míos también aquí descansen. Ya no tengo vereda que descubrir. Quizá el recuerdo sea lo único que deje atrás, ¿no crees?&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En el pueblo dicen que cuando Marcelino Hilario recibió la hostia, su abuelo rendía cuentas al Todopoderoso. Después  en aquella parcela que nadie deseaba, empezó a florecer una milpita silvestre con espinas en forma de cruz.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-8848305532459477794?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/8848305532459477794/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=8848305532459477794' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/8848305532459477794'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/8848305532459477794'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2007/05/don-hilario.html' title='DON HILARIO'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-7740418512814807894</id><published>2007-04-22T11:29:00.000-07:00</published><updated>2007-04-22T11:30:54.336-07:00</updated><title type='text'>LOS FANTASMAS</title><content type='html'>LOS FANTASMAS&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por José Dávila&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Sí, era un payaso, un payaso joven...&lt;br /&gt;Se disfrazaba con una peluca de largos rizos rojos. Su cara estaba pintada de blanco con la clásica nariz de bola roja; gruesas cejas de color negro, círculos azulados en las mejillas, y una boca negra y amarilla dibujándole una colosal sonrisa de oreja a oreja. Vestía un saco holgado de cuadros morados y blancos; camisa rosa con lunares morados y corbatín de moño de seda rojo; un pantalón verde con rayas naranjas, zancón  y con cintura suelta enganchada de tirantes negros; un par de zapatos blancos de voluminosa puntera rojinegra, idénticos a los que usaba su tío Ignacio en el circo de arrabal.&lt;br /&gt;Cuando se prendía la luz roja del semáforo, él se aparecía frente a los coches. Rápido, con saltos grotescos, intentaba capturar la atención de los malhumorados automovilistas.&lt;br /&gt;Bajo aquella atrevida indumentaria se escondía un cuerpo fuerte, duro, atlético. Torso expandido, cuello de tronco, brazos de hierro y piernas que eran dos columnas de granito. Cuando en el gimnasio se ejercitaba frente al espejo, los músculos le brincaban con asombrosa facilidad a lo largo y ancho de toda su humanidad. Largas horas, el payaso, le dedicaba al levantamiento de pesas.&lt;br /&gt;En el barrio de Nativitas le apodaban  “El Monstruo” y en la casa lo llamaban Luis Ángel. Hijo único, de 21 años de edad, luego de reprobar la escuela preparatoria, se negó a seguir estudiando y se convirtió aprendiz de mecánica en el pequeño taller de coches que tenía su padre. Sin embargo, según él, se preparaba para ser galán de cine. Las tareas automotrices las compaginaba con las visitas al gimnasio, en donde hacía cuerpo para lucir bien en la pantalla. Sin embargo, el sueldo de principiante era bajo y la jornada agotadora. Pronto se hartó de hacer “talachas”.&lt;br /&gt;–Estudias o trabajas. ¡En esta casa no quiero vagos! –advirtió tajante el padre.&lt;br /&gt;–Pues ni lo uno ni lo otro –respondió mandón el hijo y agarró camino para los estudios de cine, convencido de trabajar en la primera película que le propusieran. Luego de largos meses de desilusión y fracaso en el mundo cinematográfico, su presentación artística fue en la esquina de Puente de Alvarado y Guerrero, céntrico y conflictivo crucero vial en donde se le escapaba la existencia.&lt;br /&gt;Lanzando pelotitas al aire, haciendo magia con un viejo sombrero de fieltro gris, y desapareciendo el as de espadas bajo el sobaco, sin saberlo, empezó a conformarse, a perderse todos los días en oleadas de automóviles y transeúntes estresados. Nubes de humo, calores asfixiantes y olores podridos, le envolvían. Entre gritos, maldiciones y bocinazos, extraviaba la identidad. En cada alto del semáforo, ofrecía su actuación, plana y breve. Nadie le aplaudía ni se reía; menos aún, le veía de verdad. Luis Ángel era un fantasma en un escenario gris, cruento y mundano. Sin embargo, luego de tres o cuatro horas de tráfago, alcanzaba a reunir buenos pesos.&lt;br /&gt;Después de todo a Luis Ángel no le iba tan mal: no madrugaba, no cambiaba mofles ni parchaba llantas; no checaba tarjeta, no tenía jefe ni pagaba impuestos al fisco. Feliz de la vida, cumplido el horario, se iba al gimnasio a pulir figura, a forjar volumen, sin importarle que doña Meche, la cocinera de la fonda de don Erasto, diario le echara en cara:&lt;br /&gt;-Vergüenza te debía de dar Luis Ángel: ¡tan joven y aventando pelotitas en la esquina! Prefieres hacerla de cirquero que buscarte un trabajo de verdad. ¿De qué te sirve lo garrudo?&lt;br /&gt;-Usted  no sabe nada doña Meche, ya está antigua  –respondía indiferente el payaso.&lt;br /&gt;En la esquina opuesta, en el jardín de San Fernando, todas las mañanas tres mujeres otomíes, bajo la sombra de un árbol, se sentaban a platicar, a coser muñecas de trapo, a ver pasar el día, y a comer pedazos de zanahorias tiernas. Marcaban su territorio con bolsas de ropa vieja, pedazos de pan duro, cacharros de cocina, mamilas, sonajas, y juguetes rotos para entretener a la chamacada.&lt;br /&gt;Sin preocupación, la vida les pasaba por encima. De la primera indígena, un bebé mamaba de un seno agotado; de la segunda, un chiquillo sucio y moquiento dormía sobre el faldón; de la tercera, dos de sus chamacos culebreaban entre los automóviles. El mayor, acaso siete años de edad, como robotito, pedía para una torta. La menor, una niña de escasos cinco años, con el moco de fuera y un pedacito de franela, tan pequeño como su corazón, simulaba limpiar el espejo lateral de los coches y pedía para el refresco. Ellos también eran fantasmas de la gran ciudad; fantasmas con la niñez robada, con la  identidad perdida y la ilusión secuestrada. Era difícil atenderles y  fácil negarles la caridad. En tanto, al otro lado del crucero, el joven payaso se echaba los pesos a la bolsa.&lt;br /&gt;Cansado de limosnear en vano, el chiquillo tomó de la mano a la hermana y la llevó bajo la fronda del árbol. Buscó rápido en una de las bolsas y sacó un cartoncito con  pastillas de pintura de agua. Seguro de sí, primero escupió sobre la roja, luego sobre la negra, y después sobre la blanca, la amarilla y la azul. A continuación tomó un pincel mocho, para restregarlo en las pastillas hasta sacar color. Se acercó al rostro de la niña y le empezó a pintar: las cejas negras, la nariz  y los cachetes rojos y la boca azul, blanca y amarilla.&lt;br /&gt;-¿Pa' qué me pintas?–preguntó.&lt;br /&gt;Señalando al payaso, le respondió: "Pa' que de grande seas como él y ganes mucho dinero...".&lt;br /&gt;Luego, teniendo por espejo la ventanilla de un automóvil, él también se pintó las cejas negras, la nariz y los cachetes rojos, y la boca azul, blanca y amarilla.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-7740418512814807894?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/7740418512814807894/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=7740418512814807894' title='1 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/7740418512814807894'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/7740418512814807894'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2007/04/los-fantasmas.html' title='LOS FANTASMAS'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-5429818463028163007</id><published>2007-04-14T16:25:00.001-07:00</published><updated>2007-04-14T16:25:37.551-07:00</updated><title type='text'>PARALISIS</title><content type='html'>PARALISIS&lt;br /&gt;Por José Dávila A.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En un día del mes de abril el tiempo se detuvo.&lt;br /&gt;Así de pronto. Sin previo aviso todo se paralizó.&lt;br /&gt;Las manecillas del reloj se estancaron. El planeta Tierra cesó su giro, el Sol se mantuvo impasible en el zenit, y la Luna al interrumpir su viaje orbital fue presa de la oscuridad.&lt;br /&gt;Yo estaba frente al mar cuando la brisa cesó y el oleaje se calmó. Las gaviotas y los pelícanos se quedaron suspendidos en el espacio, como disecados ejemplares de museo.&lt;br /&gt;Entonces, todo ruido cesó. El silencio se tornó más sonoro que nunca. Imponente, aplastante su feroz zumbido.&lt;br /&gt;¿Qué estaba sucediendo? No lo entendía. Mi entorno se había inmovilizado. La gente permanecía estática, como estatuas de sal de mudas voces.  El tránsito vehicular frenó su marcha y los semáforos se apagaron. En el cielo un avión cesó el retumbar de sus motores y se quedó colgado de la blanca estela que iba trazando en el aire.&lt;br /&gt;Incrédulo miraba a mí alrededor confirmando la presencia de un fenómeno inexplicable. ¿Por qué era el único que podía ver, palpar, pensar, mover, dudar, gritar y sentir miedo, sí, mucho miedo?&lt;br /&gt;¿Así que de esto de se trataba? ¿De atemorizarme? Si tal era el propósito, se había logrado. Entonces el hombre que tenía frente a mí permanecería con la carcajada inconclusa; la señora que lo acompañaba acusaría un embarazo perpetuo y el niño que sostenía de la  mano, mantendría el llanto atorado en los ojos.&lt;br /&gt;Por unos instantes pensé que era víctima de una horrible pesadilla. Que estaba dormido, que aún reposaba en mi lecho y que todavía no surgía la nueva alborada. Sin embargo, no era así. La realidad me desconcertaba y mi corazón empezaba a galopar sin control.&lt;br /&gt;En vano intentaba despertar mi mente.&lt;br /&gt;¿Cuánto tiempo viví prisionero del sobresalto? No lo sé. Como también ignoro como recordé antes del advenimiento de este escenario sepulcral, que me encontraba inmerso en escabrosas meditaciones producto de la acumulación de los años vividos con gran intensidad, sin dar ni conceder cuartel, en un desafío que yo solo me había impuesto de avanzar siempre hacia el frente, de conquistar montañas cada vez más altas sin asomo de claudicación. No obstante, en esos momentos ya aceptaba las debilidades de mi cuerpo cansado, con la energía desgastada y extraviada en el polvo del camino.&lt;br /&gt;Sin desearlo, como un hechizo, empecé a tener relampagueantes visiones que se sucedían como un carrusel sin control. Desfilaban imágenes en reversa. Como el hombre que era ayer, un abuelo escribiendo a sus nietos; después el padre preocupado por el futuro de sus hijos, luego aquel joven idealista que creía en la verdad, en la bondad, en la disciplina, el honor, el respeto y la honestidad; posteriormente facetas de una adolescencia incierta, difícil, enredada; y por último las fotografías en sepia de mis padres aún jóvenes, orgullosos de sus dos hijos pequeño: mi hermano y yo.&lt;br /&gt;Luego...la oscuridad.&lt;br /&gt;Al fin lo comprendí: asistía al funeral del tiempo, de mi propio tiempo.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-5429818463028163007?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/5429818463028163007/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=5429818463028163007' title='1 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/5429818463028163007'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/5429818463028163007'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2007/04/paralisis.html' title='PARALISIS'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>1</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-7241944175588701708</id><published>2007-03-30T17:55:00.000-07:00</published><updated>2007-03-30T17:56:43.867-07:00</updated><title type='text'>EL CAOS</title><content type='html'>EL CAOS&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por José Dávila&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;De pronto en la gran ciudad  la vida se paralizó.&lt;br /&gt;Todo mundo fue presa del espanto. En calles, avenidas,  oficinas, aeropuertos, restoranes, hogares, bares, dependencias oficiales, bancos, hogares, almacenes, iglesias, museos, cárceles, trenes,  hospitales, correos,  autopistas, bolsas de valores, cafeterías, cantinas, librerías, y hasta en el mismo cielo, el tiempo se detuvo.&lt;br /&gt;Una mezcla de sorpresa y ansiedad cundió como la peste bubónica entre la población. En los rostros atónitos se adivinaba  la confusión, la impotencia, la desesperación.&lt;br /&gt;Multitudes humanas que desde temprana hora de la mañana transitaban por todas las arterias viales de la metrópoli, con la vista fija en el suelo o perdida en el horizonte infinito, parloteaban con un teléfono celular pegado al oído. Su entorno les era invisible. Solo dialogaban para sí mismos. Unos hablaban excitados, otros calmos o sonrientes; lo mismo en voz baja que sonora. Se discutían negocios, confirmaban citas, proponían negocios, consolidaban compromisos, nuevos proyectos de inversión;  se reportaban con sus asesores, psiquiatras, licenciados, empresarios, clientes, le reclamaban al plomero, al mecánico o intentaban localizar un proveedor. Desde luego melosamente susurraban con sus amantes, le decían “hola” a su mamá y a saber cuántas cosas más cocinaban.&lt;br /&gt;Entonces, sucedió lo inesperado... En menos de un suspiro, los celulares se apagaron como si fueran cómplices de una gigantesca conjura.&lt;br /&gt;La muchedumbre, de un silencio espectral transitó a un murmullo de incredulidad, después a un vocerío dubitativo, hasta convertirse en una tormenta de gritos, desatinos, reclamos  y preguntas sin respuesta.&lt;br /&gt;La gente, irritada, al borde de la paranoia, se consultaba entre sí en inútil esfuerzo por encontrar una razonable explicación.&lt;br /&gt;-¿Funciona su celular?&lt;br /&gt;-No.¿Y el de usted?&lt;br /&gt;-Tampoco.&lt;br /&gt;-¿Y el suyo?&lt;br /&gt;-Menos.&lt;br /&gt;-¿Qué está sucediendo?&lt;br /&gt;.Lo ignoro.&lt;br /&gt;-¡Alguien tiene un celular encendido!&lt;br /&gt;-¡¡¡¡Noooo!!!!&lt;br /&gt; -¡Dios mío! ¿Y ahora qué vamos a hacer?” –se preguntaban unos a otros  con el terror dibujado en el semblante como si aproximara el día del juicio final.&lt;br /&gt;¡Era el caos!&lt;br /&gt;No podía ser. El problema se antojaba inaudito. ¡No, no, no era posible!&lt;br /&gt;¿Dónde se extravió  la  moderna tecnología? ¿Qué estaba aconteciendo? Simplemente una catástrofe: los celulares habían enmudecido. Miles, millones de aparatos de todos los modelos y  colores, con cámara fotográfica, música, agenda, juegos virtuales, internet o computadora, se negaban a cobrar vida.&lt;br /&gt;Incrédulos, los desesperados usuarios insistían en oprimir los teclados sin obtener respuesta. Los aparatos dormitaban. ¡Malditos sean! ¡Mil veces malditos sean!&lt;br /&gt;A estas alturas se ignoraba que la incomunicación  total  era a causa de una gran falla en el circuito de antenas que hacían posible conectar la red virtual.&lt;br /&gt;Cuando la gente alcanzó el desespero total,  empezó a correr de un lado a otro sin rumbo definido. Habían perdido la brújula. El tráfico vehicular se convirtió en un gigantesco congestionamiento. Boquiabiertos se veían unos a otros encogiéndose de hombros.&lt;br /&gt;Los hombres de negocios empezaron  a enloquecer. Las pérdidas que se registrarían por esta causa serían multimillonarias. Las mujeres en el salón de belleza o al volante de su automóvil, inútilmente intentaba hablar; por vez primera se les impedía practicar el banal arte de la adulación o la descalificación y eso equivalía a una muerte segura. ¿Cómo se iban a enterar de los chismes de última hora? Los jóvenes no se quedaban atrás al verse impedidos de  entablar melosas conversaciones con sus amadas parejas.&lt;br /&gt;Todos, como entes desequilibradas, aullaban, rogaban, injuriaban, se jalaban los pelos, pataleaban y suplicaban al Todopoderoso; sin embargo, los indiferentes celulares se mantenían en huelga. Las horas avanzaban y por doquier privaba el síndrome de Parkinson en fase terminal.&lt;br /&gt;Las mentes no reaccionaban. Nadie podía prescindir del celular. Representaba la disyuntiva del ser o no ser. Tal era la cuestión... Eran individuos secuestrados, esclavos de la modernidad que había sepultado el don de la imaginación y la fantasía de la creatividad,  sin percatarse que en las esquinas de calles y avenidas, en los supermercados, en las tiendas de ropa, en los vestíbulos de los  edificios y a sus mismas espaldas, estaban estáticas baterías de teléfonos que aún funcionaban con monedas o con una tarjeta electrónica.&lt;br /&gt;Estos teléfonos prehistóricos hacía tiempo que, pese a su empecinada presencia, eran ignorados. Ahí, pacientes, permanecían latentes, callados, relucientes, anhelantes, prestos para ofrecer su eficaz servicio y aliviar la zozobra de millares de entes que presumían de ser racionales. &lt;br /&gt;Solo aguardaban que una mano descolgara el aurícular y otra depositara en su interior una simple moneda, para  que retornara la razón y la pandemia incomunicativa desapareciera como por obra de encanto.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-7241944175588701708?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/7241944175588701708/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=7241944175588701708' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/7241944175588701708'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/7241944175588701708'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2007/03/el-caos.html' title='EL CAOS'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-5595304420196990891</id><published>2007-03-22T09:25:00.000-07:00</published><updated>2007-03-22T09:28:57.335-07:00</updated><title type='text'>LA MUERTE ME DA RISA</title><content type='html'>LA MUERTE ME DA RISA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por José Dávila A.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;-Desde que naces empiezas a morir. Yo soy quien muevo el segundero de tu vida y decido cuando detenerlo. Soy la muerte...&lt;br /&gt;Sí, soy tu sombra, vigilo tus pasos y me unto a tus huesos. Duermo y respiro a tu lado. Jamás te abandono; se quién eres, qué haces, cómo piensas, hacia dónde vas. Soy, en pocas palabras, tu vigilante, juez y verdugo.&lt;br /&gt;-Simplemente  tu existencia es cuestión de tiempo, de la casualidad o de capricho. Todo depende del humor con que me despierte cada mañana. Y no es para menos, después de la pesada carga que algún despistado me impuso desde el primer segundo de la tan discutida teoría del Big Bang.&lt;br /&gt;-Por desgracia soy  inmortal desde hace más de 15 mil millones de años y no he gozado de un solo día de descanso. Jamás me han pagado horas extras y ya ni hablemos de unas cortas vacaciones en una playa paradisíaca o el pago generoso de un aguinaldo a fin de año. La despiadada explotación de que he sido objeto demanda de una exhaustiva revisión de la Ley Universal del Trabajo. ¿En dónde se han arrinconado mis derechos humanos? ¡Estoy harta! ¡Sí, estoy harta  de que siempre me maldigan! ¡De que siempre se me invoqué con sentimientos de venganza! ¡De que me apiade de quien sufre sin salvación! ¡De que siempre tenga la culpa de que cualquier ser viviente exhale su último aliento! Bonita cosa. Se me condena sin presentación de pruebas. ¡Vaya, hasta se me culpa de la gripe aviar! Esto no es justo. Mientras el mismo el universo envejece,  yo juego el papel de Dorian Gray.  &lt;br /&gt;-A fin de cuentas, tengo el poder infinito: Ningún ser viviente de cualquier raza o especie jamás ha podido ni puede ni podrá evadirme. Y no hablemos de la humanidad que desde Adán y Eva, o desde el famoso eslabón perdido, siempre se me ha invocado para bien o mal. Eso sí, nadie se equivoca en desear que le corte al pescuezo a otro y no así mismo porque que me temen. Aprecian la vida porque les gusta vivir. Hay muchos placeres que disfrutar, como tentaciones desafiar.&lt;br /&gt;-Se puede ser malo o bueno; eso es de cada cual. Ahí no interfiero. Cada quien es como desea ser. Simplemente vigilo y si me simpatiza le concedo el tiempo que demanda para conocerse a sí mismo. Si me cae mal, de un guadañazo le cortó la cabeza sin mayor explicación. Al respecto, debo reconocer el genio de los geniales retratistas que me han proporcionado una imagen tétrica; con negro gabán y capucha o con el esqueleto al aire, pero siempre con una sonrisa más enigmática que la Giocanda. ¿Por qué? ¿Acaso lo has pensado? ¿No has reparado en ello? Mi indefinida gesticulación de mordaz alegría es el símbolo de mi inmenso poder. Nadie se me escapa vivo...&lt;br /&gt;-¡La vida es bella!, piensan unos. ¡La vida es miserable!, aseguran otros.  La vida hay que vivirla con alegría mientras exista tiempo, yo concluyo. ¿O no...?&lt;br /&gt;-¿Y los más? Los pobres ignorantes creen que yo me presentaré cuando lleguen a viejos y de remate, jubilados... ¡Ay, cuánta estupidez! En pleno siglo XXI , el hombre todavía no entiende la razón de mi existencia. Al caso, sólo unas preguntas: ¿Qué harían si yo no existiera? ¿Qué harían si nadie muriera, si mis colegas del Apocalipsis no me echaran una manita con las guerras, la hambruna, las plagas, los infartos al miocardio y los cigarros?  Deben entenderme, sin mí, el mundo sería una locura, simplemente ya habría reventado de tantos hombres, mujeres y niños apiñados unos sobre otros, como pirámides humanas hasta llegar al cielo.&lt;br /&gt;-Sería un monstruoso hormiguero desordenado, sin deseo de ofender a las hormigas de las cuales el hombre podría aprenderles mucho de su increíble organización y sabiduría. Entonces,  la Tierra se desplomaría del sistema solar por el incalculable sobrepeso y cualquier vestigio de civilización desaparecía. Claro, por supuesto, de un tajo yo tampoco existiría. No obstante, en pleno tercer milenio tus congéneres aún se rebanan el seso tratando de entender el misterio de la vida, el porqué late el corazón.  Si existe o no la buena fortuna...&lt;br /&gt;-¡Basta de sandeces! ¿Cuándo aprenderán que yo soy  el mantiene el equilibrio de la vida  en la Tierra? Ah, pero la sabiduría es sinónimo de terquedad; todavía buscan en la ciencia la fórmula para preservar la vida sobre la muerte. En esta materia, algo han avanzado, pero nunca será lo suficiente. La ciencia médica ha progresado mucho y me había ganado tanto terreno, que cuando la gente la podía matar a los 45 años, hoy me sobreviven hasta los 70 y los 80. Es por ello que les invente el Sida...&lt;br /&gt; -Además, como nunca les ha bastado los desastres que desencadeno aliado con la naturaleza, ahora he tenido que inventar un nuevo ingrediente: el terrorismo. ¿Quién puede adivinar que en un buen día tu vecino se ha convertido en un hombre bomba? ¿Acaso no soy genial? De no obrar en consecuencia, el agotamiento de abarrotar cementerios ¡me va a reventar!&lt;br /&gt;-Ve y grita al mundo entero que naciste porque yo lo decidí ¡y punto final! Yo soy tu amo. Bien pude arrancarte el aliento desde el útero de tu madre. Pero no lo hago porque me gusta ver como vas creciendo, pensando, obrando, decidiendo, amando, reclamando, ignorando, protestando, luchando y ¿por qué no?, matando... Y cuando invades mi exclusividad, entonces te mato.&lt;br /&gt;-Quiero confesarte algo: respeto a los que desafían a la vida y tienen agallas para conquistar lo que aparente ser invencible. A ellos les concedo un poco más de vida. En cambio aborrezco a los suicidas. ¡Esos condenados locos no me piden permiso de morirse! Nada mas me descuido un poquito y ¡ zaz! Ya se lanzaron de la azotea de un edificio, bajo las llantas de un autobús a o los rieles del Metro. ¡Malditos e irresponsables cobardes que jamás me pidieron permiso para sucumbir!&lt;br /&gt;-Pero a los que definitivamente no soporto es a los mexicanos que se mofan de mi hasta el hartazgo. Empezando por los apodos con que me han bautizado: “La Calaca”, “La Pelona”,  “La Tilica”, “La Huesuda” “La Difunta”.&lt;br /&gt;-Además todos los años celebran mi cumpleaños el dos de noviembre para celebrar grandes francachelas al pie de la tumba de sus difuntos. Ahí los puedes ver, entre que limpian las lápidas y las adornan con flores de cempasúchil, empiezan a tomar tequila a cuello de botella.  Mientras encienden velas, cirios y veladoras en torno a la tumba, más “alumbrados” se ponen. Y cuando acaban de poner sobre un mantel pan, sopas, enchiladas, fruta, tortas de frijoles, dulce de calabaza, cigarros y cántaros de pulque, ya están cantando canciones de puro despecho.  Y así se pasan toda la noche brindando a mi salud, y yo nada más viendo de antojadizo y deseando echarme un tequilazo entre esternón y costillar.&lt;br /&gt;-Pero hay otras clases de agravio. Reproducen mi calavera con azúcar  Mis ojos son lentejuelas de colores y me pintan la nariz con el último grito de la moda. Además en la frente me bautizan con todos los nombres del calendario de Galván: Lencha, Pancho, Jesús, Tito, Manolo, Paco, Pablo, Maquias, Telésforo, Manuela, Emilia, Erika, Pepe, Juan, Tomás y otros que ya no recuerdo, en tanto que sus babosos chiquillos me lamen o me muerden hasta liquidarme. ¡Qué irreverencia!&lt;br /&gt;-Por otra parte hacen ataúdes de madera con un hilito por abajo; cuando lo jalas se abre la tapa del féretro y aparezco como una idiota caricatura. ¡Soy su hazmerreír! Hay otros que me conceden inteligencia y me recrean con un libro en la mano, abrazando a un doctor, porque estos matasanos son mis socios, y los más avezados forman un mariachi de pueblo de puros esqueletos. Hay me tienes tocando el violín, la guitarra, el guitarrón, la trompeta, las maracas, un saxofón, el trombón, la tambora y el clarinete. Y todos, todos estos mexicas, se disfrazan en el Hallowen de muertos y calaveras para asustar a la gente en la calle y pedir dulces y comida a las puertas de cada casa. ¿De cuando acá me han visto echarme un chocolate o comerme un tecojote?&lt;br /&gt;-Y lo que menos resisto es que todavía cuentan chistes a mis costillas y dicen “quererse morirse de la risa! ¡Es el colmo! De veras, en una más de estas celebraciones me voy a morir.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-5595304420196990891?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/5595304420196990891/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=5595304420196990891' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/5595304420196990891'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/5595304420196990891'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2007/03/la-muerte-me-da-risa.html' title='LA MUERTE ME DA RISA'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-4882214950464156683</id><published>2007-03-22T09:21:00.000-07:00</published><updated>2007-03-22T09:24:46.490-07:00</updated><title type='text'>LA CONFESIÓN</title><content type='html'>LA CONFESIÓN&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por José Dávila A.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;En Acapulco estuvieron en el mismo entierro y a México regresaron en el mismo autobús. Sin mediar saludo o pronunciar las “buenas noches”, ocuparon asientos de la misma fila, coincidencia que los convirtió en vecinos de duelo. Él con su traje cruzado; ella con su traje sastre. Los dos de negro. Así, como sepultados en vida, viajaron por largo tiempo sumergidos en una reserva total. Cuando la luz de los fanales de un automóvil ocasionalmente rasgaba la oscuridad interior del camión, en el rostro de él se descubría el dolor fraterno; en el de ella, el dolor del amor.&lt;br /&gt;Él, al verle en la capilla ardiente, no pudo disimular la atracción que le causó su presencia sensual. Era hermosa; alta, esbelta, bien formada; de piel canela, cabello castaño y el embrujo de una mirada serena. Discreta, llegó sola, permaneció sola, y salió sola arrastrando su infinita soledad. ¿Quién era? ¿Quién era aquella bella desconocida que en el funeral jamás enjugó lágrimas o rompió en llanto? Al concluir el sepelio, la buscó y ya no la encontró. Ni en la iglesia ni en el cementerio. Ahora, en el autobús, la atractiva y enigmática mujer estaba a su lado. Tras largo cavilar, luchando contra sí mismo, se atrevió a comentarle:&lt;br /&gt;–Estuvimos en el mismo entierro ¿no es cierto?&lt;br /&gt;–Cierto –contestó ella.&lt;br /&gt;–Fue triste... –comentó&lt;br /&gt;–Y doloroso, muy doloroso –agregó la mujer enlutada.&lt;br /&gt;De un solo golpe él había perdido al único hermano y también al único amigo. Desconsolado renegó con ira:&lt;br /&gt;–¡Maldita muerte que arrebata a la mala la vida buena! ¡Carajo, Miguel apenas estaba viviendo! Lo era todo para mí; compañía, fortaleza, alegría. Era menor que yo y sin embargo siempre guió mis pasos... Era joven, bien casado y con un hermoso retoño. Era feliz, era tan, tan...”&lt;br /&gt;–Dichoso –enfatizó ella.&lt;br /&gt;–Sí,  dichoso. Además  trabajador, pleno de fortaleza y colmado de ilusiones..&lt;br /&gt;–Es verdad. También era muy gentil –señaló la mujer.&lt;br /&gt;–Desde luego. Le recuerdo siempre  alegre y generoso. &lt;br /&gt;–Apuesto y tierno –musitó ella, atragantándose el sentimiento que le subía por la garganta.&lt;br /&gt;–Así es.&lt;br /&gt;–Era un hombre hecho y derecho, todo un caballero –concluyó ella.&lt;br /&gt;Él volvió a condenar: “¡Maldita muerte! ¡Maldita seas, maldita mil veces!”&lt;br /&gt;De repente recapacitó y sin reserva preguntó a su vecina de viaje: “Usted le conocía bien, ¿no es verdad?”&lt;br /&gt;–Sí...&lt;br /&gt;–¿Desde cuándo?&lt;br /&gt;–Desde que íbamos a la facultad de arquitectura.&lt;br /&gt;–¿Compañeros?&lt;br /&gt;–Sólo de generación.&lt;br /&gt;–No recuerdo haberla visto.&lt;br /&gt;–Yo sí...&lt;br /&gt;–¿Cuándo?&lt;br /&gt;–Cuando usted apadrinó la boda de Miguel.&lt;br /&gt;–¿Fue invitada?&lt;br /&gt;–No, pero estaba en la iglesia.&lt;br /&gt;–Eso fue hace dos años.&lt;br /&gt;–Dos años y medio –corrigió sin dudar la mujer de negro.&lt;br /&gt;Sorprendido por la precisión, aventuró: “¿Cercana a él?”&lt;br /&gt;–No.&lt;br /&gt;–¿Amiga?&lt;br /&gt;–Tampoco&lt;br /&gt;–No la entiendo...&lt;br /&gt;–Digamos que lo admiraba.&lt;br /&gt;–¿Quería a Miguel?&lt;br /&gt;–Mucho.&lt;br /&gt;–¿Lo amaba?&lt;br /&gt;–¡Lo adoraba!&lt;br /&gt;–Era su novia.&lt;br /&gt;–No.&lt;br /&gt;–¿Entonces?&lt;br /&gt;–Era su amante...–reveló ella con voz ahogada.&lt;br /&gt;Él trastabilló. La confidencia le sacudió el corazón. Presa de una mezcla de confusión y asombro, cuestionó: “¿Su amante? No lo sabía”.&lt;br /&gt;–Él tampoco...&lt;br /&gt;Entonces, la confesión, la oscuridad y el silencio se convirtieron en mortaja de él y de ella.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-4882214950464156683?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/4882214950464156683/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=4882214950464156683' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/4882214950464156683'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/4882214950464156683'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2007/03/la-confesin.html' title='LA CONFESIÓN'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-1789327241841363723</id><published>2007-03-22T09:20:00.000-07:00</published><updated>2007-03-22T09:21:12.198-07:00</updated><title type='text'>EL ESMOQUIN</title><content type='html'>EL ESMOQUIN&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por José Dávila A.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Unos dicen que entró caminando con la majestad de un rey; otros aseguran que con el aplomo de un jefe de estado; los más, con el donaire de una figura del toreo; sin embargo, todos coincidieron que su alma iba acompañada con el silencio de un muerto.&lt;br /&gt;Desde la mañana había desaparecido. Nadie sabía de él. Se preguntaba, se especulaba y se inventaba su destino. Mas, nadie, en realidad, sabía de él. ¿Dónde estaba?&lt;br /&gt;Ajeno a todo, al momento en que tomó la decisión, se comportó sereno. Su rostro amparaba la tristeza, pero también la ternura; anidaba el dolor, pero también el consuelo. Pulcro, se aseó. Un baño de agua tibia le calmó los nervios. Lento, se rasuró, y después echó mano de la loción favorita, la fragancia siempre añorada.&lt;br /&gt;Salió a la calle y con el rumbo fijo, fue a la tienda de trajes de ceremonia. Entró, preguntó y eligió: un fino y elegante esmoquin.&lt;br /&gt;Por largo tiempo contempló la solapa forrada de raso negro, el pantalón con su discreto galón, la camisa alforzada con botones de concha, y los puños dobles con mancuernillas; por último, eligió la corbata de moño. Después, en el probador, lo vistió y lo lució como si hubiera sido confeccionado a su medida. Le iba estupendo.&lt;br /&gt;El sastre, con un gesto de satisfacción, aprobó también. Increíble, no había nada que ajustar. El señor, sin duda, era un figurín. “¿A qué domicilio enviarlo? ¿Cómo? ¿Qué se lo lleva puesto?”&lt;br /&gt;Y con el esmoquin puesto, gallardo, salió a la calle. En su rostro, nada había cambiado: tristeza y ternura; dolor y consuelo.&lt;br /&gt;Cuando entró caminando, tan recto, tan digno, tan solemne, un murmullo de sorpresa le envolvió. “¿Pero qué haces aquí vistiendo un esmoquin? –preguntó alterada su madre Antonia.&lt;br /&gt;“A ella siempre le gustó verme así...” –respondió él con melancolía.&lt;br /&gt;Después, caminó unos pasos, y permaneció inmóvil al lado del ataúd en donde dormía para siempre su amada esposa...&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-1789327241841363723?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/1789327241841363723/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=1789327241841363723' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/1789327241841363723'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/1789327241841363723'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2007/03/el-esmoquin.html' title='EL ESMOQUIN'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-6252424350683625144</id><published>2007-03-22T09:16:00.000-07:00</published><updated>2007-03-22T09:17:14.534-07:00</updated><title type='text'>COMO DOS LÁGRIMAS</title><content type='html'>COMO DOS  LAGRIMAS&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por José Dávila&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El día en que murió su madre los vio por primera vez...&lt;br /&gt;Eran dos, diría después José María a su abuelo Abundio. Eran como dos gotas de lágrimas, como las suyas, cuando vio descender en una fosa de roja arcilla,  la caja de madera  que apañaba el cuerpo de su mamá.&lt;br /&gt;–Estás ido hijo; las lágrimas no vuelan.&lt;br /&gt;–Pero yo las vi abuelo, iban así, como muy bajito, muy suavecito, como viendo la tierra. Luego, cuando voltearon hacia el rojo del atardecer, se volvieron como lucecitas de petróleo, no azules ni tampoco coloradas; era como cuando la lumbre flamea amarillo.&lt;br /&gt;-Debieron ser pájaros que van al monte. La distancia engaña hijo. Si engaña hasta los corazones, cuanto más a ti que eres un chamaco.&lt;br /&gt;José María tenía apenas diez años de edad. Iba a la escuela primaria de Agua Fría, la que estaba metida en la cañada de donde bajaba el arroyo de agua clara, tan transparente como su misma alma. Al pase de lista escuchaba su nombre: “¡José María Pacheco Aguirre!”. Entonces, así de resuelto, se paraba del guacal en donde se sentaba y repetía muy serio: “José María Aguirre, ¡presente!”.&lt;br /&gt;Diaro, todas las semanas y todos los meses, era lo mismo. La maestra, en un principio intentó convencerle de que bastaba con que respondiera presente y ya. Que eso era suficiente. Que no había necesidad de repetir su nombre. Que ella ya lo sabía; que lo tenía apuntado hasta en la lista de su memoria. Pero, José María se entercaba en responder siempre igual: “José María Aguirre ¡presente!”.&lt;br /&gt;Señalando hacia el horizonte, un día después del funeral, insistió: Los vi cuando la arboleda estaba durmiendo por la noche. Iban lento,  lentito, y luego se detuvieron; se pararon arriba y aluzaron muy fuerte haciendo de la oscuridad el día. Después, ganaron, ganaron y ganaron, hasta irse...&lt;br /&gt;-Nada aluza más que el sol, José María. Recuérdalo; nada más que el sol....&lt;br /&gt;Don Abundio sabía de las visiones de su nieto; también sabía de su rebeldía y ahora de su dolor. Nació, sin ayuda de parto, en la soledad del jacal en donde vivía su madre. Nadie le ayudó a salir, nadie le recibió, nadie le puso de cabeza para luego nalgearlo ni nadie le cobijó. Su madre, como pudo, le acogió, cuidó y amamantó. Le bautizó como José María, le inventó el apellido del padre, y le juntó el que a ella le escribieron en la boleta del registro civil.&lt;br /&gt;José María, dijo el párroco, y Pacheco Aguirre, el licenciado del ayuntamiento. Así creció en el monte, en el jacal de la hondonada del Espinazo. Gallinas, pollos, guajolotes y un perro sarnoso, fueron compañía de siempre. Luego, colgado de la espalda de su madre, conoció el mercado del pueblo adonde ella llevaba a vender sus jitomates, chiles, lechugas y acelgas. Largas horas bajo el sol; dormitando unas y mamando otras. Y luego, otra vez con las gallinas, pollos, guajolotes y el perro sarnoso al que gustaba  jalarle de la cola.&lt;br /&gt;–De verdad, desde que murió mi mamá pasan casi al anochecer, cuando ya se cansó la tarde. Se ven ora jalando pa'lla; ora jalando pa'ca. Así de rapidito, haciendo como dibujos en el cielo, claritos como las lágrimas,  de veras que sí abuelo.&lt;br /&gt;-En el cielo nadie llora José María, sólo son las cabrillas. Las cabrillas, hijo, esas nubecitas de estrellas que anuncian la venida de los diciembres y que después parten  antes que los tres grandes luceros.&lt;br /&gt;Madre e hijo vivieron siempre solos. Ella, sembrando, lavando, echando tortilla al comal. Él, soplando el anafre, acarreando agua del arroyo y desgranando la mazorca tierna. Después, cuando se sintió grande, decidió arar un nuevo girón de loma y ganó callos en las manos y ampollas en los pies. El maíz creció generoso y la vida con él, hasta que preguntó por su papá.&lt;br /&gt;–Tu padre se fue allá arriba.&lt;br /&gt;Y José María volteaba al cielo encapotado, y buscaba y buscaba: “¿Hasta dónde, pues...?”&lt;br /&gt;Cuando cumplió edad para ir a la escuela de Agua Fría, le vieron llegar de la mano de su madre. Una y otra vez todas las mañanas; y una y otra vez le vieron partir de la mano de ella, cuando se acababa la clase del abecedario.&lt;br /&gt;–¿Y tu papá, José María, qué hace tu papá? ¿Ónde está tu papá, José María, ónde? ¿Por qué nunca viene tu papá, José María, por qué?&lt;br /&gt;–Porque está arriba.&lt;br /&gt;–¿Dónde que no lo veo?&lt;br /&gt;–Allá muy alto, tan alto, que tampoco yo lo veo.&lt;br /&gt;–¿Qué tan alto?&lt;br /&gt;–Muy alto.&lt;br /&gt;–¿Más alto que los cerros?&lt;br /&gt;–No sé. Mi mamá dice que se fue allá arriba. Pero un día bajará... -respondía José María seguro de decir verdad.&lt;br /&gt;Cuando supo que irse arriba significaba morirse, José María se sintió mal; sintió que le habían arrebatado algo, un algo muy suyo: una esperanza, una ilusión, un pensamiento que le había acompañado hasta el día que conoció la mala noticia. Aquel vacío se volvió tristeza, y como ya nadie bajaría, se quitó el apellido paterno.&lt;br /&gt;–¿Pa'que lo quero si ya no existe? –decía. La maestra intentó convencerlo de que no debía; que su nombre y apellidos eran para siempre. Su madre, al conocer del hecho, se encogió de hombros sin preocupación: "Tiene razón, ¿pa'qué cargar con un apellido sin vida?”&lt;br /&gt;Sin embargo, José María no se olvidó de voltear a las nubes, como buscando contestación.&lt;br /&gt;Cuando la madre enfermó para morir, el abuelo Abundio llegó a cuidar de la tierrita, a jalonearle el poco alimento que ofrecía, mientras que José María alimentaba los animales, molía el maíz, y temprano se iba a trazar nuevos surcos.&lt;br /&gt;El viejo, en sus largas conversaciones, se cuidó mucho de no mencionar la figura paterna. Sabía que era herida abierta en el corazón de José María y rezaba por la salvación de todos. Cuando murió la madre de José María el cielo se quedó sin estrellas. Ni luces ni lágrimas&lt;br /&gt;–Mire abuelo, cuando estaba de regreso de Agua Fría, otra vez salieron las dos luces. Se quedaron paradas bajo las nubes. Así como flotando; tranquilas y relucientes. Luego, una agarró para el nuevo santuario enrojeciéndose como carbón encendido y luego volteó pa' San Miguel, como una flecha sin voz. La otra esperó, brilló claro como el metal y se fue como una rayita en la noche.&lt;br /&gt;–En el cielo nada se queda suspendido, José María; ni las nubes flotan.&lt;br /&gt;–Pero siempre andan por ahí, abuelo. Cuando uno las busca, no salen. Cuando ni se les hace caso, ahí están, como jugando con uno. Y salen, y suben, y bajan. A veces en parejitas, así de igualitas, como dos lágrimas  de Dios.&lt;br /&gt;José María se enredó en sus afanes y se cobijó con la figura del anciano. Antes del entierro, decidió dejarse el Aguirre, porque, después de todo, fue el apellido materno el que le dio vida y pensamiento.&lt;br /&gt;Cuando por sepultura quedó un montón de tierra, los vio por primera vez... Allá arriba, donde le había dicho su mamá que estaba su papá. ¡Zum!, ya se iban pa'l cerro. ¡Zum!, ya se regresaban pa'l río. ¡Zum!, un flamazo de luz fuerte, como los rayos del sol. Hasta que un buen día, serenos, se fueron y se fueron, aluzándose como foquitos navideños, como diciendo adiós entre las cabrillas, chisporroteando como debe hacer el corazón cuando se cansa, pero lento. Eran como gotas de lágrimas, porque el cielo, quizá, decidió llorar por la madre de José María.&lt;br /&gt;–Oiga abuelo, usted que conoce, ¿qué son esas cosas?&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-6252424350683625144?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/6252424350683625144/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=6252424350683625144' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/6252424350683625144'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/6252424350683625144'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2007/03/como-dos-lgrimas.html' title='COMO DOS LÁGRIMAS'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-3925579002455352910</id><published>2007-03-22T09:12:00.000-07:00</published><updated>2007-03-22T09:14:47.152-07:00</updated><title type='text'>LA POZA AZUL</title><content type='html'>LA POZA AZUL&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por José Dávila A&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El viejo Luciano era el venerable personaje del cafetín de la plaza principal de Macuspana, allá, en Tabasco. Aquel hombre, quebrado por el recuerdo infinito, formaba parte del inventario del pueblo. Todos conocían su piel morena hincada por colmillos de lagarto. Todos sabían de su mirada extraviada en las tinieblas del espanto, y todos dragaban en su memoria cansada de arrastrar tanta historia. De lejos y de cerca, hasta un ciego podía adivinar su rostro maltratado por un pantanal de angustias. Le conocí, como le conocían los demás: siempre sentado a la mesa del pequeño portal, frente a una taza de café humeante, una botella de aguardiente y un hatillo de cigarros de hoja. Despierto, con su terca pesadilla a cuestas, Luciano se dirigía lo mismo al viandante que al trovador, al parroquiano que a la cocinera, al presente que a lo desconocido, para compartir retazos de la leyenda que le atormentaban los sueños.&lt;br /&gt;En aquella noche de extraña quietud, de un golpe de ojo me examinó de pies a cabeza.  Después sonrió resignado, asintió bonachón y musitó casi para sus adentros: “Acércate hijo, acércate, que los recuerdos queman... Tu también quieres saber de la Poza Azul, ¿no es cierto? El demonio te ha de enviar, ¿sino quién más? ¿Quién más que Satanás goza con el dolor y la agonía de los cristianos? Vaya pues, ¡qué carajos! Sabrás de las miserias de este pueblo, pero jamás sabrás si te cuento certeza o fantasía. La verdad tan sólo me pertenece a mí, porque...”&lt;br /&gt;Luciano se interrumpió de golpe; fumó hondo, bebió rápido y con mirada en donde nacía el fuego, repitió con voz ronca: “...La verdad tan sólo me pertenece a mí, ¡porque me la gané encarando de frente a la muerte! Nunca preguntes, nunca me interrumpas, pero al final ¡pagas la cuenta!... ¿Entendiste?”–agregó lúgubre&lt;br /&gt;Me invitó una silla y con el  cigarrillo perpetuamente aprisionado en sus labios, empezó, precavido, a relatar despojos de su pasado: “Una madrugada alejada de estrellas y luceros, les vieron partir a una cacería sin regreso. Pancho Bobo, Miguelito y el Tico Loco. Los tres confiados, optimistas, ambiciosos. Los pendejos, locos de poder, ni siquiera engancharon el nuevo amanecer para enterrar su cargamento de locuras en el fondo del atascadero. No los volvieron a ver jamás... Por los oscuros callejones con charcas eternas, en las riberas del traicionero fangal, en las sombras del confesionario hisopado con agua bendita o en las pestilentes cantinas y prostíbulos clandestinos, el presidente municipal y sus regidores, los lancheros, comadronas, arponeros, prostitutas y hasta lavanderas de río, en cuchicheos aventuraron: “¡La Poza Azul se los tragó!” Y de puro miedo, tampoco nadie se atrevió a buscarlos”.&lt;br /&gt;Ya con la miraba afiebrada, sudando frío, recordó: “En la ciénaga abundaban los lagartos. Había un mar de ellos que se tragaban lo mismo que toros, que vacas, que perros. ¡Así de grandes eran! Cinco o seis metros de largo ¡no miento! Su piel valía una fortuna, pero para ganarla había que tener mucha hambre y codicia, ser más inteligencia que esos endiablados animales y, sobre todo, ¡agallas bien puestas! De lo contrario, la insolencia se pagaba con la vida”.&lt;br /&gt;El anciano de Macuspana, con mente calenturienta frenó sus visiones y en la profundidad de la bóveda celeste buscó la luna, quizá para que le iluminara el alma adolorida, el alma de lagartero que el tiempo le regateaba. Segundos más tarde, apuntando el detalle, volvió a contar como si estuviera viendo una película de episodios.&lt;br /&gt;–En los agostos, teniendo por testigo a las suaves lluvias de la pradera, el Gello Carita perdió las dos piernas y una mano. Quedó baldado el pobre ignorante. Iluso de él que deseaba matar al lagarto real. Tres días después, tras tormentosas pesadillas, se pegó un escopetazo en la cabeza. Diablo de infeliz, ¡sólo así encontró la paz que le robó la Poza Azul! Y pa’qué decir del desdichado Chelín, el hombre de la triste figura como el Quijote que, con su arpón en ristre buscaba en el manglar su molino de viento. El inocente era tan flaco, que el lagarto en su embestida ni le vio; sólo le atropelló y le rompió el cerebro.&lt;br /&gt;Cuando las sombras del ocaso empezaban a embozar el caserío del pueblo, Luciano, puntual, salía de su casa con rumbo fijo. Siempre se le veía mascullando, gesticulando, maldiciendo. Tal parecía que traía, por sombra, un lagarto. Al llegar al cafetín y alcanzar  la mesa de siempre, tranquilizaba sus torturas y al igual que consumía uno tras otro los cigarrillos, extinguía, uno tras otro,  sus ayeres. El viejo, lo sabían todos, fue temerario en la Poza Azul. En cada invite de cara al rey del pantano, sin ventaja o traición, desafió su destino. La cobardía jamás tentó su valor, sin embargo el averno del cenagal se anidó para siempre en su corazón. &lt;br /&gt;–Muchos fueron los hombres que conocieron la poza y pocos los que regresaron –reanudó sus memorias el anciano con el sudor corriendo por los surcos que el tiempo había arado en su rostro cetrino–. Los más con el terror en los ojos. Carlín, Anselmo Triste y Juan Guao, enloquecieron después de cinco días de vigilia. Entonces la gente ya no quiso saber de dolor y desventuras, de viudas locas y de hijos mudos y huérfanos. Todos señor, todos quemaron el pantano. Le prendieron fuego y se levantó a los cielos una hornaza infernal. Hay quienes juran que entre las llamas danzaban las almas en pena de los cazadores desaparecidos, todavía acosadas por el lagarto real. ¡Diablo de animal! Sí señor, lo del infierno al infierno. ¡Pero ni así se murieron todos esos cabrones! Es cosa de los malos espíritus que la Poza Azul esté embrujada.&lt;br /&gt;De aquellos años, Luciano me aseguró que Tabasco estaba infestado de lagartos grises, negros y amarillos: “Eran montones de miles, ¡por la Virgen que sí! Las ciénegas hervían de animales. Eran tantos que ¡hasta brotaban por las coladeras de las casas! El animal se había convertido en una amenazante plaga y el gringo llegó pagando por cada cuero, un real por pie lineal. ¡Entonces todos salieron a despellejarlos! ¡Entonces se desató la fiebre del lagarto! Se mataron cientos, decenas de cientos de saurios en el  río  de la Pasión. Y la piel, ¡maldita sea!, seguía y seguía subiendo de precio. Y el bastardo criminal, envenenado de ansia, borracho de sangre, seguía asesinando  y suicidándose. A los largartos ya no los arponeaban, ya no los maneaban con el lazo en una mano y la bravura en la otra. A vil disparo de fusil los ejecutaban. Un día tras otro día, una semana tras otro mes. Todos cazaban, todos descuartizaban, todos enloquecían”.&lt;br /&gt;Nostálgico, el agobiado lagartero lamentó: “En aquel momento se perdió la gallardía, señor. Se extravió la hidalguía del hombre-hombre que con arrojo  enfrentaba el peligro sin provecho propio. En el río, en la laguna, en el pantano, ¡donde fuera! En el combate era el uno o el otro. El trampero o el animal. ¡Así de pareja era la cosa! Lástima. El dinero todo lo pudre, hasta la razón...”&lt;br /&gt;Esa noche las estrellas también escucharon a Luciano jurar que el lagarto fue el único animal en el mundo que decidió comerse al hombre, porque conoció de su perversidad, de su infinita maldad: “Sí señor, se convirtió en la bestia más temible que el Creador haya puesto en estas tierras. Era la fiera jamás imaginada. Su mente trabajaba con increíble frialdad. Sombras, figuras humanas de todos tamaños las registraban con escalofriante perfección. El hombre era un intruso en su reino; su enemigo mortal. Nunca lo dudó; ya nunca lo dudará”.&lt;br /&gt;Sorbiendo más café y chupando con más fuerza el cigarro de hoja, con temblor en los labios, de pronto amonestó: “¡Cuidado!, no vaya usted a tropezar con el Satán y el Lucifer, el par de caimanes que el imbécil del Negro Tilín tiene en la pileta de su casa. ¿Por qué? Porque cuando el animal  agarra, ya no suelta. ¿Sabe?, el peligro no está en la mordida, sino en la sacudida. Sus  mandíbulas todo lo desbaratan. Son un desastre. Los desgraciados, entre ellos mismos se hacen pedazos, se truenan y se trituran. ¡Es un espanto de carnicería!”&lt;br /&gt;Luego su mente saltó otra vez a la evocación para ayuntar el hilo del relato extraviado: “Ante tanto disparo, el animal huyó. Desapareció. Aprendió a defenderse y se sumergió en sus guaridas para acechar al homicida. En las noches se necesitaba ser muy valiente o muy pendejo para caminar por las hojarascas y en los humedales donde se escondían los animales para asesinar. Fueron tiempos malos. El dinero también se escondió. Entonces el cazador enfureció y esperó el tiempo de secas. ¿Sabe?, el cocodrilo se entierra para cambiar de escamas y colmillos. Con la antorcha encendida en las manos y con el juicio delirante de pasión, sin misericordia achicharró los pantanos. El fuego llegó hasta las madrigueras devorando nidos con hembras y machos. Los incendios fueron descomunales. Todo se chamuscaba. ¡Era el abismo de la locura! El hedor que despedían las densas humaredas era insoportable a kilómetros de distancia. Los reptiles que salían con el humo rezumando de sus lomos, eran balaceados y después masacrados a golpes de palo y  tajo de hacha. Pronto, todo fue silencio y desolación.&lt;br /&gt;Tras otro nuevo sorbo de aguardiente, Luciano comentó: “De aquel delirante exterminio, todavía hay algunos lagartos que  habitan en la Poza Azul. Ahí están esperando, aguardando por nosotros, acechando al asesino. Al Pijije, un lagarto lo botó al agua en Paso Colomo. Gritó y aulló el malaventurado. Era viernes santo, pero el animal no sabía de religiones. Llevaba el rencor en los ojos y como el mismo demonio no perdonó. El cielo se vistió de sangre y el fangal se estremeció con tanta tarascada de viento frío. Hoy, el Pijije vaga sin descanso por el pueblo, buscando todavía al fantasma de colmillos tan blancos como un peine de marfil, que le mutiló el cuerpo y el pensamiento.&lt;br /&gt;El viejo Luciano suspiró y fatigado por tan dolorosas evocaciones, enmudeció. Vencido por la leyenda, entristecido por las almas en pena de Pancho Bobo, el Viejo Carita  y Juan Guao, cruzó los brazos y, como un niño, se durmió sentado con la luz de la luna envolviendo su alma. Un rescoldo de colilla cayó de su mano y la noche apagó su historia. Hoy todavía, en el jardín de la plaza de Macuspana, en sus calles silenciosas, en las húmedas baldosas  y en los barrotes del balcón de la viuda de Anselmo Triste, se asegura que están colgadas las  memorias del  anciano.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-3925579002455352910?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/3925579002455352910/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=3925579002455352910' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/3925579002455352910'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/3925579002455352910'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2007/03/la-poza-azul.html' title='LA POZA AZUL'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-8378029847630377654</id><published>2007-03-22T09:10:00.000-07:00</published><updated>2007-03-22T09:11:54.603-07:00</updated><title type='text'>LA AGONÍA DEL PALMAR</title><content type='html'>LA AGONÍA DEL  PALMAR&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por José Dávila A.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Ahí estaba el patriarca del pueblo. Sentado. Escuchando.&lt;br /&gt;Las arrugas del tiempo corrían por su anguloso rostro hablando de avanzada edad y se hundían en el recio semblante como cuando naufragan los sentimientos en el profundo latir del corazón. Silencioso, reflexivo, apoyaba la barbilla sobre las dos manos que acunaban la rústica empuñadura de una raíz de árbol utilizada como bastón para poder caminar.&lt;br /&gt;Ahí estaba de una sola pieza, como figura de museo rural con rebeldes cejas y tupido bigote.&lt;br /&gt;En torno a él, discutían exaltados los miembros del Comisariato Ejidal sobre el futuro de las tierras bautizadas como “El Palmar”, un predio en donde nunca existió huella de una blandengue palma.&lt;br /&gt;Ahí estaba. Quieto. Sin hacer ruido.&lt;br /&gt;Donaciano Silverino; tal se nombraba. El gesto denunciaba carácter y preocupación; la mirada enérgica, penetrante, estaba clavada sobre una mesa desvencijada en donde yacía un legajo de documentos oficiales. Parecía no parpadear, no respirar; no estremecerse. Embargado por el mutismo, continuaba lúgubre, atento.&lt;br /&gt;Llevaba calado a la cabeza un terroso sombrero de palma, el de siempre; el que le regaló su madre Inés cuando cumplió 17 años de edad; el mismo que le acompañó de joven cuando abría surcos en la tierra reseca; con el que llegó a la iglesia para casarse con la niña de sus ojos; el que se quitó con doloroso respeto cuando enterró a la esposa, y el mismo con el que se presentaba a las reuniones vecinales.&lt;br /&gt;Viejo él y viejo el sombrero de cuya ala enmohecida escapaba un desordenado mechón de cabello blanco; vieja la descolorida camisa que se untaba a sus anchos y huesudos hombros; viejos los pantalones de manta y viejos los huaraches de cuero. Vieja toda su historia...&lt;br /&gt;Como él de ruinoso, también eran  los escasos habitantes de “El Palmar”: un pedazo de tierra por el cual lucharon a pecho abierto sus antepasados al decidir establecerse en esta región cuyo prometedor palpitar lentamente desfalleció. Atrás, sólo quedó un reguero de chozas de madera con techos de lámina o cartón&lt;br /&gt; -El Tata parece harto corajudo –siseó un ejidatario.&lt;br /&gt;-Mejor cállate; mira que te suena un varazo –advirtió el vecino.&lt;br /&gt;Mejores tiempos vivió “El Palmar”. Cuando la lluvia se acordaba de su existencia, hacía germinar la mazorca, la papa y el fríjol. Hoy, marchito, apenas se cosecha un puñado de maíz para echar tortilla. . .&lt;br /&gt; En el momento en que las autoridades municipales  al fin les reconocieron derechos de propiedad, porque “la tierra es de quien la trabaja”, se les prometió forraje, semillas mejoradas, tractores, agua potable, electricidad, un camino empedrado y hasta una caseta telefónica para incorporarlos al “progreso”. ¿A cambio de qué? A cambio de apoyar el asentamiento de un deslumbrante centro turístico de la municipalidad ya naciente detrás del “Cerro del Pilón”, desde cuya cima se contemplaba la majestad de un mar de azul turquesa.&lt;br /&gt;-El crecimiento de la economía alcanzará a todos, don Silverino...&lt;br /&gt;Las promesas nunca se cumplieron. Ni un céntimo de regalías se recibió por el sacrificio de “El Palmar”, y los hombres, desesperados, poco a poco empezaron a emigrar al otro lado del monte, dejando atrás, bajo sepultura, sueños inconclusos. Por un miserable sueldo,  como bestias de carga, levantaban cimientos de hoteles y condominios apenas despertaba el sol. Cuando anochecía, descansaban hacinados como puercos en malolientes cobertizos, tal como si fueran calabozos de la edad media.&lt;br /&gt;Aparejado al nuevo polo de desarrollo, nació una ciudad cuyo explosivo crecimiento requería  de la invaluable participación del ejido.&lt;br /&gt;En torno a Donaciano Silverino, las discusiones parecían no tener fin y ni siquiera los tragos de aguardiente parecían atemperar el pensamiento. Al problema se le daba vueltas y vueltas sin encontrar la punta del hilo para escapar del laberinto en donde se encontraban extraviados.&lt;br /&gt;-El Tata no está corajudo.&lt;br /&gt;-¿Entos qué...?&lt;br /&gt;-Está triste, está resignado...&lt;br /&gt;Como si el patriarca adivinara el diálogo, sin moverse, como un santón, musitó. “Está bien, señor licenciado; abran otro entierro a cielo abierto...”&lt;br /&gt;Todos guardaron silencio y envolvieron su tristeza. Donaciano Silverino movió la mano derecha y firmó el acuerdo en donde se confirmaba que “El Palmar” continuaría siendo el monstruoso basurero municipal,  en donde sus escasos ejidatarios estaban condenados a deambular entre los pestilentes desechos en busca de comida.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-8378029847630377654?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/8378029847630377654/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=8378029847630377654' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/8378029847630377654'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/8378029847630377654'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2007/03/la-agona-del-palmar.html' title='LA AGONÍA DEL PALMAR'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-4700418385290104457</id><published>2007-03-22T09:09:00.000-07:00</published><updated>2007-03-22T09:10:25.874-07:00</updated><title type='text'>LA PLAGA</title><content type='html'>LA PLAGA&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por José Dávila A.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Una plaga mortal azota a la ciudad...&lt;br /&gt;Por doquier se encuentran regados miles de cadáveres. Unos, abandonados en lotes baldíos, en los jardines, en las banquetas de las calles o a las puertas de un convento clausurado. Otros, como soldados muertos en combate, alineados pecho a tierra reposan a lo largo de los camellones o entorno a las glorietas destinadas a encumbrar la memoria de hombres ilustres. Los más, hacinados en una esquina de barrio o grotescamente amontonados en torno a los botes de basura rebosantes de pestilentes deshechos.&lt;br /&gt;Sus cuerpos, bajo los rayos del sol o presas del intenso frío nocturnal, se tornan cada vez más rígidos. Sus miembros poco a poco adoptan formas caprichosas y sus cuerpos se tiñen de un gris fantasma.&lt;br /&gt;Es un ciclo que se renueva año con año...&lt;br /&gt;La gente hace caso omiso de los despojos y deambula tranquila entre ellos sin que les invada el más mínimo sentimiento de compasión. Se trata tan sólo de seres desechables; incluso algunos ya son esqueletos carbonizados. Nadie, pues, se ocupa si aún palpitan y menos aún se interesan en auxiliar a quienes agonizan, sabedores de que pronto exhalarán su último aliento.&lt;br /&gt;Una plaga mortal azota a la ciudad...&lt;br /&gt;Cosa curiosa: pese a su repentina y profusa aparición, los cuerpos no apestan. Es por ello que nadie demanda su entierro, cava tumbas o en acción emergente se ordena crear una monumental  fosa común. En tanto, nadie teme una posible contaminación y mucho menos se desate una epidemia. Quizá algún día, un despistado barrendero se ocupara de ellos.&lt;br /&gt;Sin embargo, las víctimas hace poco tiempo fueron objeto de admiración y se les brindó cobijo en el rincón más cálido del hogar. Fueron bienvenidos, halagados, admirados y la mar de consentidos. Su belleza arrobaba; su presencia hechizaba y el delicado aroma que despedían provocaba sentimientos de ilusión, paz, alegría, nobleza y esperanza.&lt;br /&gt;No obstante, para ellos la muerte resultaba inevitable. Lo sabían. Desde que fueron arrancados de su habitat natural, se inició su angustia. Después de todo para ello fueron concebidos. Triste destino...&lt;br /&gt;Son los arbolitos de navidad que apenas ayer presumían su majestad, esa incomparable belleza natural alegremente adornada con esferas, moños de colores, escarcha y luces multicolores. Ahora han cumplido con creces su misión, mientras que en el monte ya crecen los retoños que habrán de ser mutilados en el último mes de este año.&lt;br /&gt; Hoy, ya no huelen a nada. Yertos se han convertido en un molesto estorbo y lanzados sin misericordia a la calle, paradójicamente, con una cruz de madera clavada al pie de su tronco.&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-4700418385290104457?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/4700418385290104457/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=4700418385290104457' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/4700418385290104457'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/4700418385290104457'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2007/03/la-plaga.html' title='LA PLAGA'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-6400036745804831940</id><published>2007-03-22T09:04:00.000-07:00</published><updated>2007-03-22T09:07:38.677-07:00</updated><title type='text'>LAVOZ DEL SILENCIO</title><content type='html'>LA VOZ DEL SILENCIO&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por José Dávila A.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Es desconcertante sentir como el silencio ensordece...&lt;br /&gt;El no percibirse un solo ruido mundano, provoca que el silencio encuentre su propio lenguaje y se haga escuchar. Entonces atrapa. En ocasiones tranquiliza o inmoviliza; en otras desespera, perturba, paraliza, intimida o   aterroriza.&lt;br /&gt;El ser humano está acostumbrado a coexistir con un universo de murmullos, ecos, chirridos, traqueteos, explosiones, voces, rumores, pero no para ir de la mano con la profunda insonoridad.&lt;br /&gt;Se puede estar en un páramo desierto, en la cima de una montaña sin viento, en un oscuro sótano,  en una imponente bóveda, y la voz del silencio se hinca en los oídos.&lt;br /&gt;Tener el silencio como acompañante, trasciende. Puede ser bueno o malo, pero habla mucho de la soledad. De esa soledad de espíritu, de calma, resignación o cólera.&lt;br /&gt;A lo largo de mi vida he tenido muchos momentos de silencio. ¿Cuántos? No lo sé y creo que nadie lo sabe si en una ocasión detiene su andar y repara en ellos. Sería estúpido tratar de contabilizarlos y más estúpido  estar atento con pluma y papel en mano para marcar una raya más cuando éste se produce.&lt;br /&gt;Y de ser así, ¿a qué catálogo de estadística se le registraría? ¿Alguna vez se ha pensado cuántos  géneros de silencios existen? Hay muchos; todos y cada uno de ellos, opuestos. Para encasillarlos, habría que apelar a una buena dosis de  nuestra honestidad y confesar el por qué se está sumergido en uno de ellos. ¿Al respecto existe un tratado o método para poder identificarlos sin equívoco? Lo dudo.&lt;br /&gt;El silencio tiene su propia majestad y lo mismo fugazmente se interpone entre el ruido urbano, que irrumpe en un confidente diálogo o surge en el momento menos inesperado de nuestro devenir. Y cuando ello acontece, puede pasar inadvertido o dejar marcada nuestra existencia para siempre.&lt;br /&gt;Al respecto, es posible que haya experimentado casi todas las clases de silencio posibles, incluso cuando la sirena de una ambulancia aborta intempestivamente dejando en el ambiente un presagio de tragedia.&lt;br /&gt;Sin embargo, hay un silencio que nunca he superado; ese silencio que golpea, que emociona, que asombra, que estremece, que demanda respeto y finalmente, enorgullece tu origen de nacimiento. Es esa inolvidable sensación que todavía  entorpece mi sueño y me hace despertar con los nervios anudados. Me refiero, vaya la redundancia, al asombroso silencio de la gran Marcha del Silencio correspondiente al ensangrentado capítulo histórico del Movimiento Estudiantil del año de 1968 que se suscitó en México.&lt;br /&gt;Fue el día 27 de agosto. Miles y miles de estudiantes se congregaban y se organizaban a un lado del Museo de Antropología de Chapultepec. Se agrupaban en relación al centro de estudios al que representaban. Respetuosos y conscientes de la trascendencia de su causa, entre ellos no existía ni diferencias ni rivalidad social. Sólo un pensamiento les dominaba: protestar ordenada y calladamente en contra de la despiadada represión de que eran objeto por parte de las autoridades de gobierno. Días antes, al concluir otra marcha de protesta, el propio Presidente de la República, justificaba la violenta represión  oficial por el soez lenguaje que a voz en cuello  agredían su investidura  de Estado.&lt;br /&gt;La respuesta no se hizo esperar. La lección de civismo estaba en marcha. La consigna era desfilar a lo largo de la avenida Reforma hasta el Zócalo, el corazón mismo del país, sin pronunciar palabra. La gran mayoría se puso un gran parche en la boca y  los que no, apretaban los labios o se mordían la lengua. Lemas de protesta, demanda y denuncia se mostraban en grandes pancartas, carteles y volantes.&lt;br /&gt;Pasadas de las cinco de la tarde se inició la admirable manifestación con paso firme. Entrelazados por sus brazos, desfilaban cientos, miles de filas de jóvenes, hombres y mujeres, con el gesto firme, el pecho henchido y la ilusión palpitando en el corazón. Unos dicen que eran más 200 mil, otros que rebasaban los 400 mil, los más que se acercaban a un  millón.&lt;br /&gt;Yo no sé cuántos eran. Lo que sí sé es que cuando la vanguardia alcanzaba el centro histórico del país, apenas salían del Museo de Antropología los últimos contingentes. Eran kilómetros y kilómetros de una juventud que avanzaba lento y despertaba la admiración de padres de familia, de trabajadores, de niños y ancianos que a lo largo de toda la avenida habían formado un gran valla humana. Inmortal muestra de fervor enmarcado en un espeso ambiente de camposanto.&lt;br /&gt;El ejemplo cívico de esta cabal generación provocaba que, por instantes se quebrara el silencio. En ocasiones por las voces de aliento del pueblo, en otras por los aplausos  con que eran premiados cuando la garganta se hacía un nudo y las lágrimas nublaban los ojos.&lt;br /&gt;Contagiados por la determinación y el valor de esta juventud, la gente empezó a sumarse a su causa y caminar solidariamente hasta el Zócalo. El imponente silencio en ocasiones sólo admitía el sordo pisar de los zapatos.&lt;br /&gt;En aquella época me desempeñaba como fotógrafo de prensa y a pesar de las gráficas logradas, decidí correr, adelantarme a la manifestación para subir al mirador de la Torre Latinoamericana, en aquella época el edifico más alto del país.&lt;br /&gt;Mirar hacia abajo y presenciar la gigantesca columna humana me sobrecogió, pero lo que más me sacudió el aliento fue eso: el silencio que imperaba en el centro de la metrópoli. No se escuchaba nada. Ni el grito de un niño o el ladrido de un perro. El cotidiano  tráfago citadino había enmudecido; ni el ronronear de un motor, ni los siseos de las hojas de los árboles, ni un claxonazo ni un reproche. Ese gigantesco silencio a medida que aumentaba la procesión se levantaba al cielo en  inmensas oleadas, una tras otra, cual más impresionantes que me golpeaban el alma.&lt;br /&gt;Pocas veces una cámara fotográfica me había temblado en mis manos. Ante la Marcha del Silencio, mis nervios me traicionaban y hacían que por instantes la emoción me poseyera sin control. Sentía como los potentes latidos del corazón rebotaban en mis sienes, secaba  mi boca y  agitaba la  respiración.&lt;br /&gt;En aquella atalaya, nunca fui testigo de tanto silencio multitudinario. Apenas tenía noción del espectáculo que estaba presenciando y que marcó un hito en la historia de nuestro país. Ignoro cuánto tiempo estuve allá, en la alturas. Sólo las brumas de la noche y el alegre y sonoro repiquetear las campanas de la Catedral que saludaban el arribo de la avanzada estudiantil me hizo reaccionar y dar rienda suelta a mis emociones. Entonces empecé a llorar. Mis lágrimas eran una mezcla de conmoción, tristeza y miedo.&lt;br /&gt;En aquellos instantes triunfales de un ejemplar comportamiento cívico, sabía que la victoria sería pasajera. Tarde o temprano se iba a teñir de sangre.&lt;br /&gt;En altas horas de la madrugada, las fuerzas del ejército se lanzaron inmisericordes contra las quijotescas brigadas de jóvenes voluntarios que decidieron hacer guardia en la gran explanada hasta no obtener una razonada contestación del gobierno. ¡Ay, cuánto inocente idealismo! El temible empuje de la tanquetas y la punta de la bayoneta fue la respuesta final..&lt;br /&gt;En la Plaza Mayor otra vez se hizo el silencio...&lt;div class="blogger-post-footer"&gt;&lt;img width='1' height='1' src='https://blogger.googleusercontent.com/tracker/10780062-6400036745804831940?l=laposadadelcuentero.blogspot.com' alt='' /&gt;&lt;/div&gt;</content><link rel='replies' type='application/atom+xml' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/feeds/6400036745804831940/comments/default' title='Post Comments'/><link rel='replies' type='text/html' href='http://www.blogger.com/comment.g?blogID=10780062&amp;postID=6400036745804831940' title='0 Comments'/><link rel='edit' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/6400036745804831940'/><link rel='self' type='application/atom+xml' href='http://www.blogger.com/feeds/10780062/posts/default/6400036745804831940'/><link rel='alternate' type='text/html' href='http://laposadadelcuentero.blogspot.com/2007/03/lavoz-del-silencio.html' title='LAVOZ DEL SILENCIO'/><author><name>José</name><uri>http://www.blogger.com/profile/02726531120881018433</uri><email>noreply@blogger.com</email><gd:image rel='http://schemas.google.com/g/2005#thumbnail' width='22' height='32' src='http://4.bp.blogspot.com/_bgR1zSz9hwM/SbK0yRdK4EI/AAAAAAAAAAM/Erzl-VHGqjs/S220/Jos%C3%A9+D%C3%A1vila-+A.jpg'/></author><thr:total>0</thr:total></entry><entry><id>tag:blogger.com,1999:blog-10780062.post-2299752666955833461</id><published>2007-03-21T17:20:00.001-07:00</published><updated>2007-03-21T17:20:56.490-07:00</updated><title type='text'>LA REBELIÓN</title><content type='html'>LA REBELIÓN&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;Por José Dávila A.&lt;br /&gt;&lt;br /&gt;El decreto fue tajante...&lt;br /&gt;Los muertos de San Sebastián el Alto tenían que abandonar sus tumbas El cementerio en donde desde hacía muchos años descansaban en santa paz, había sido expropiado. Para el gobierno el motivo del desalojo era de vital importancia estratégica para detonar el crecimiento económico del país: Los terrenos habían sido escogidos para  construir el primer Casino al estilo Montecarlo a fin de combatir la pobreza extrema.&lt;br /&gt;La noticia causó estupor entre las ruinas de esqueletos cuyos títulos de perpetuidad, como por obra de magia, habían caducado. Era cierto, en el nuevo país del cambio, la perpetuidad ya no era perpetua, es decir, se había dispuesto estipularle un tiempo determinado. ¿Cuál? Aún no lo definían los dirigentes de las bancadas políticas de oposición, frotándose las manos por las regalías que, bajo la mesa, obtendrían por aprobar la propuesta del Ejecutivo por mayoría absoluta.&lt;br /&gt;Indignados, al grito  de ¡”La tierra es de quien la habita!”, los muertos de San Sebastián el Alto, fueron a consultar a los vecinos del camposanto de San Sebastián el Bajo. Quien encabezada la procesión, era don Apolonio Zambrano, mejor conocido como el “Bombazo de Acapatzingo”; en combate revolucionario de fuego graneado perdió ojo, mandíbula, costillas, brazo y 
